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En
diciembre de 1971 la opinión progresista del Ecuador conmemoró
el centenario de la insurrección de los indígenas en Chimborazo,
guiada por Fernando Daquilema. La Federación Ecuatoriana de
Indios, la Federación Provincial de Trabajadores del Guayas, la
Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral y otras
organizaciones de masas de los trabajadores del país, así como
el Partido Comunista y la Juventud Comunista del Ecuador enviaron
delegaciones a depositar una ofrenda floral al pie del lugar en
que falleció el caudillo de la insurrección.
Sería
infructuosa la búsqueda de algún dato referente a Daquilema en
las enciclopedias y en los trabajos sobre la historia del Ecuador.
No encontraremos una sola palabra sobre Fernando Daquilema y la
insurrección indígena encabezada por él en las investigaciones
salidas de la pluma de los científicos burgueses como, por lo demás,
tampoco hallaremos nada sobre acontecimientos de este tipo, que
dejaron una huella imborrable en la historia del país.
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Fernando Daquilema
Fuente de la
foto: www.memoriadequito.net |
La única excepción es el
libro del estudioso ecuatoriano Alfredo Costales
Samaniego1, editado con una tirada sumamente
restringida, y que no llegó a ser patrimonio de la masa de
lectores.
Los
historiadores marxistas ecuatorianos denunciaron de un modo
persuasivo la conjuración de silencio en torno de Fernando
Daquilema, así como las tentativas de tergiversar los hechos
relacionados con !a insurrección. La Editorial
"Claridad" publicó en 1971 una interesante investigación
de Oswaldo Albornoz2, quien cita datos sistematizados
acerca de numerosas acciones de los indígenas, a partir del período
colonial hasta nuestra época, contra la opresión racial, por los
derechos humanos, por la tierra y contra la horrible explotación
a que están sometidos. Albornoz proporciona también datos sobre
la sublevación de Fernando Daquilema.
Con
motivo del centenario de la sublevación, el semanario El
Pueblo, órgano del CC del Partido Comunista del Ecuador,
publicó una serie de artículos referentes a este acontecimiento
de significación histórica. También en el periódico Tribuna
Popular, órgano oficial del Partido de la Unión Democrática
Popular, apareció un artículo dedicado a la memoria de
Daquilema.
.
. .Corría el año de 1871. La sangrienta dictadura de
García Moreno
cometía desenfrenos, encubierta por la Constitución de 1869,
denominada por el pueblo "Constitución negra"3. La
Constitución estipulaba que sólo los católicos podían ser ciudadanos
del Ecuador. El país vivía ajustándose a los cánones del reglamento
monástico. Con anterioridad, el presidente
García Moreno había
firmado con el Vaticano un Concordato, según el cual la Iglesia obtuvo
un poder ilimitado en el Ecuador4. Regresaron los
jesuítas,
expulsados antes del país. Un torrente de monjes, curas y demás
servidores del culto irrumpió en el Ecuador, procedente de Europa. Los
centros de enseñanza se subordinaron a la Iglesia. El país se convirtió
en un Estado teocrático. El fanatismo religioso de García Moreno no
tenía límites: rompió
las relaciones con Italia, cuando Roma fue declarada capital del Estado
italiano, e hizo una ofrenda de 10.000 pesos al Papa, en concepto de
"indemnización"5.
Juan
Montalvo, gran escritor y publicista ecuatoriano y apasionado patriota,
escribía: "García Moreno dividió al pueblo ecuatoriano en tres
partes iguales: la una la dedicó a la muerte, la otra al destierro,
la última a la servidumbre. . . "6. La ausencia de las
libertades elementales conjugaba con una explotación monstruosa del
pueblo, con un refinado sistema de impuestos y tributos, que se
recaudaban tanto para el fisco como para la Iglesia. Las cárceles, las
torturas, los fusilamientos y el exilio acechaban a quienes trataban
de alzarse contra el dictador.
Mas,
a pesar de las crueles represiones, el pueblo no cesaba de combatir
contra el régimen, que personificaba la reacción y el oscurantismo
medieval.
Una
de las acciones más importantes por su envergadura y significación
contra el orden despótico establecido por el dictador fue la sublevación
espontánea de los campesinos indios, dirigida por Fernando Daquilema.
El 18 de diciembre de 1871, los indígenas del pueblo de Yaruquíes
(cerca de la ciudad de Riobamba, en la provincia de Chimborazo) se
negaron a trabajar en la construcción de una carretera. Se les sumaron
de inmediato los aborígenes de los pueblos vecinos de Punín,
Cajabamba, Sicalpa, Licio y muchos otros. El movimiento abarcó a
decenas de miles de indígenas7.
Aunque
el alzamiento fue espontáneo, las causas del mismo no eran perecederas.
El 3 de agosto de 1869, García Moreno promulgó un decreto, según el
cual los indios debían trabajar gratuitamente dos veces por semana —o
sea, 104 días al año— en la construcción de carreteras, o aportar
la suma correspondiente en dinero8.
Los
apologistas de García Moreno, procedentes de los grandes feudos y del
alto clero, lo proclamaron resurrector de la Patria, ensalzando por
todos los medios sus méritos en el progreso de la economía, la
construcción de carreteras, de edificios administrativos, etc. Pero
nada decían de que todo ello era fruto de la despiadada explotación
del pueblo y, en primer término, de los indígenas, su sector más
desamparado, carente de los derechos humanos elementales, que constituía
la mitad de la población del país. En efecto, en 1871 en el Ecuador se
construyeron 250 kilómetros de carreteras y 90 puentes9. El
decreto de García Moreno testimonia que el progreso logrado por el
Ecuador en la construcción de carreteras se lo debe, ante todo, al
sudor y la sangre de los indígenas. El gobierno no pagó a los
constructores un solo centavo.
Aparte
de los trabajos subsidiarios, los indios debían pagar tributos al
Estado y a la Iglesia. Muchos impuestos se conservaban desde el período
colonial, otros habían sido instituidos por diferentes presidentes, por
lo común conservadores, que se sustituían unos a otros en el poder
desde que se proclamó la independencia en 1830. Una de las cargas
impositivas más duras y odiadas por los indígenas era
la contribución decimal, que se recaudaba a favor de la Iglesia.
En realidad, no se trataba de una décima parte, sino de mucho más, ya
que las "cuentas" las hacían las autoridades con absoluta
arbitrariedad, sin tomar en cuenta para nada qué poseía el indio en
realidad. Tratándose de la cosecha, se hacían las cuentas antes, y no
después de la misma, o sea, cuando los sembrados estaban en las mejores
condiciones. Existía, además, el denominado sistema de
"concertaje", que, de hecho, convertía a los indígenas en
esclavos. Si los indios no podían pagar todos los impuestos ni hacer
las prestaciones, dejaban de ser "libres" para convertirse en
"conciertos", o sea, pasaban a subordinarse íntegramente a
los dueños terratenientes, que los explotaban a su arbitrio.
La
historia del Ecuador registra —tanto en el período colonial como en
el republicano—, muchos ejemplos de lucha heroica y abnegada de los
indígenas por su libertad; pero a la sublevación de 1871 le
corresponde un lugar especial. Comenzó espontáneamente, pero se
convirtió en una poderosa guerra campesina de gran escala. Desde
Yaruquíes los indios marcharon hacia el pueblo de Cacha, donde
ejecutaron
a Rudesindo Rivera, odiado funcionario que recaudaba la contribución
decimal. Ese mismo día se adhirieron a los insurrectos los indígenas
de los pueblos de Cacha y Anulá. El 19 de diciembre, la tropa mandada
por Daquilema asaltó Cajabamba y San Francisco de Punín. Del 21 al
24 de diciembre, los indígenas atacaron las poblaciones Cachabamba,
Licio, Licán y otras 10. En las operaciones militares
participaron decenas de miles de indígenas. Muchas indias actuaron en
esas operaciones y asistieron a los heridos. El pueblo guarda en su
memoria los nombres de Cecilia Buñay, Cecilia Bansuy, Manuela León11.
Daquilema probó ser un brillante organizador y estratega. Contra los
indígenas combatía la población blanca, apoyada por los mestizos.
El gobierno de García Moreno envió urgentemente en ayuda de los
sitiados a nutridas unidades del ejército. El 20 de diciembre el
gobierno declaró en la provincia de Chimborazo el estado de sitio, formó
tribunales militares de campaña y ordenó tomar cualquier medida para
exterminar no sólo a los insurrectos, sino a la población indígena en
general. Las tropas de García Moreno cometían atrocidades: masacres,
violación de mujeres, incendio de pueblos. Los bienes usurpados a los
indígenas se consideraban trofeos de guerra. Sólo los conquistadores
habían procedido así. Por lo menos, la historia del Ecuador no había
conocido nada semejante. Las autoridades no podían confiar sólo en
la fuerza armada, y recurrieron a falsas promesas, intentando azuzar a
los indígenas de unas comunidades contra los de otras. Entre los
sublevados y las tropas gubernamentales se libraron cruentas batallas;
pero las fuerzas eran desiguales. Daquilema, que gozaba de
enorme respeto entre los indios por su valentía, honradez, inteligencia
y decisión, veía los crímenes que estaban cometiendo los soldados del
ejército de García Moreno. Al precio de su vida resolvió salvar a los
indígenas que participaron en la sublevación, así como a sus
familias, amenazadas del exterminio total. Confiaba que si él se
entregaba al gobierno cesaría la sangrienta represión.
E1
27 de diciembre, Daquilema y sus ayudantes más cercanos se entregaron
voluntariamente prisioneros. Mas no cesó el asesinato en masa de los
indígenas. El 8 de enero de 1872, más de 200 prisioneros fueron
llevados a la ciudad de Cajabamba, y entre ellos, Daquilema. En su
presencia fueron fusilados Julián Manzano y Manuel León, compañeros
de armas del jefe de la insurrección. El 27 de enero ejecutaron a los
dirigentes indígenas Manuel Lámar y Pedro Fernández. El 12 de marzo
fue condenado a la pena capital Francisco Gusñay, ejecutado un mes más
tarde12. Los que habían logrado evadirse eran perseguidos en
los desfiladeros de las montañas, organizándose su caza como si se
tratara de fieras salvajes. Otros indígenas, habitantes de las zonas
montañosas, de clima crudo, eran enviados al este del país, a los trópicos,
donde perecían a causa del clima, las enfermedades y los trabajos
forzados.
Daquilema,
el Gran Daquilema, como lo llamaban los indios, había sido arrojado a
la cárcel de Riobamba, como si fuera un delincuente común. El 23 de
marzo de 1872 comenzó a sesionar el tribunal militar que juzgaba a
Daquilema y a Juan Maji, uno de sus ayudantes. El 26 de marzo se
dictaminó la pena de muerte al jefe de la insurrección. El 7 de abril
fue sacado de la cárcel de Riobamba y llevado a pie por la carretera
de La Florida, bajo custodia reforzada, hasta Yaruquíes, donde fue
fusilado el 8 de abril junto al muro de la plaza central de su pueblo
natal, lugar en que había comenzado la sublevación13.
Daquilema marchó hacia el cadalso con la cabeza en alto, como un líder
firme y valeroso, que creía profundamente en la justicia de la causa a
la que entregaba la vida. En la provincia de Chimborazo el estado de
sitio se levanta el 13 de mayo de 1872, es decir, casi un mes después
de la ejecución de Daquilema14.
García
Moreno se había mancillado con un crimen más. Todos comprendían que
Daquilema había defendido la verdad y luchado por la felicidad de sus
compatriotas. La represión había sido tan monstruosa, que los adictos
a García Moreno trataron de demostrar —falsificando la historia—,
que el presidente había indultado al jefe de la insurrección, pero
que el documento en cuestión habría llegado a Yaruquíes una
vez consumada la ejecución. El texto del "indulto", que figuró
más tarde, estaba antedatado a la fecha de la sentencia, firmado por el
Ministro de Guerra. En el texto de la sentencia hay una nota del
Ministro de Guerra: "Habiendo examinado detenidamente S. E,
el Presidente de la República, me ha ordenado devolverle a usted para
que se cumpla en todas sus partes15. Además, en un discurso
pronunciado en el Congreso en 1873, García Moreno trató de
delincuentes a los insurrectos y no mencionó el "indulto". La
versión del indulto fue iniciativa de esos jesuítas que habían sido
beneficiados por el fanático García
Moreno, descollando entre ellos
el jesuíta José María L'Goir.
El
clero quería sacar ventaja de la muerte de Daquilema y, al mismo
tiempo, calumniarlo, obligando a los indígenas a que lo olvidaran, así
como la causa por la que había dado la vida. El monje Proaño,
por ejemplo, afirmaba que, antes de la ejecución, Daquilema habría
llamado a los indígenas a no sublevarse más y no tratar de
reconquistar la antigua independencia, pues el destino demostraba que
los indígenas estaban sometidos para siempre a los blancos16.
La vida y la muerte de Daquilema refutan esta falsa aseveración. Son
notorias la firmeza y la valentía de Daquilema durante la sublevación
y su comportamiento en el instante de la ejecución.
¿Qué
motivó la derrota del movimiento de Daquilema? La sublevación en la
provincia de Chimborazo no fue apoyada por otras zonas del Ecuador,
aunque contaba en todas partes con la simpatía del pueblo. Los indígenas
luchaban solos, sin el apoyo de la población blanca y de los
mestizos, pese a que también éstos sufrían la opresión de la tiranía
de García Moreno. Daquilema no estaba capacitado para lanzar consignas,
en torno de las cuales pudiera cohesionarse el pueblo oprimido. Las
tropas gubernamentales tenían armas de fuego, en tanto que los indígenas
usaban arcos, garrotes y otras armas primitivas.
Mas
la sublevación de Daquilema dejó una honda huella en la historia del
Ecuador. Fue una manifestación de protesta contra la inhumana explotación
a que estaban sometidos los indígenas durante el proceso ya iniciado de
desarrollo de las relaciones capitalistas en el país; denunció la
esencia de la opresión clerical-terrateniente y del gobierno de García
Moreno, defensor de los intereses de la Iglesia y del Estado explotador.
La insurrección demostró cuan vigoroso potencia! está implícito en
las masas indígenas, que —bien organizadas, cohesionadas y con la
debida dirección—, pueden combatir el régimen de opresión. El
gobierno, intimidado por la envergadura de la insurrección, se vio
obligado a maniobrar. El 30 de diciembre de 1871
García Moreno
promulgó
las "aclaraciones complementarias" a la recaudadación de
impuestos. Hubo de reconocer que se habían cometido abusos en el
recuento y la recaudación de la contribución decimal, y advertir que
en el futuro los culpables de semejantes abusos serían castigados. El
Ministro del Interior reconoció, en el informe presentado al Congreso
en 1873, que el levantamiento de los indios en 1871 había sido
provocado por los abusos cometidos por los cobradores de la contribución
decimal, por "todos aquellos que quieren vivir con el trabajo
ajeno" l7. Mas el ministro no podía reconocer, claro
está, que la propia contribución decimal era un impuesto arcaico y
una carga inmensa para las masas campesinas. Miles de
"diezmeros", "rematistas", "asentistas" y
otros que fijaban el monto de los impuestos, los recaudaban y realizaban
cometiendo toda clase de desmesurados abusos, se convirtieron en
"nuevos ricos" y, más tarde, en representantes de los medios
burgueses-terratenientes. La insurrección de Daquilema fue una denuncia
más al carácter de rapiña del capitalismo, que se desarrolla en el país
a expensas de la explotación intensificada de las masas trabajadoras.
Es
digno de señalar que la lucha de los indígenas no cesó después de
haber sido aplastada la insurrección de Daquilema. Esa lucha fue
apoyada por los hombres avanzados del país. Los dirigentes del
movimiento liberal denunciaron el régimen de opresión de los indígenas
y promovieron proyectos que mejoraran la situación de los mismos. José
Peralta, Abelardo Moncayo y otros se pronunciaron en numerosos artículos
en defensa de los indígenas, exigiendo que se les concedieran los
derechos humanos elementales 18.
Juan Montalvo fue uno de
los primeros escritores de América Latina que prestó especial atención
a la situación de los indígenas y se esforzó más que todos en
denunciar el régimen despótico de García
Moreno, narrando a la gente
las penurias de los indígenas en el Ecuador. Montalvo escribía:
"Si mi pluma tuviese don de lágrimas, yo escribiría un libro
titulado 'El indio' y haría llorar al mundo" 19.
El
triunfo de los liberales sobre los conservadores en 1895 dio cierto
respiro a los indios del Ecuador. El general Eloy Alfaro, líder de los
liberales, abolió todas las contribuciones con que se gravaban a los
indígenas, así como los trabajos gratuitos obligatorios en la
construcción de carreteras; dejó de ser obligatorio el pago de la
contribución decimal20, o sea, el presidente Alfaro
realizó precisamente los cambios por los que luchara Daquilema.
Los
liberales lograron la victoria, en gran medida, gracias al apoyo que
les prestaron los indígenas. Fueron justamente los indios de la
provincia de Chimborazo quienes —en el mismo lugar en que hacía 24 años
había combatido y perecido Daquilema—, prestaron al ejército de
los liberales un apoyo decisivo en la batalla de Gatazo y en otras
batallas de las cercanías de Quito, sumándose con un destacamento de
10.000 hombres, encabezados por los indios Alejo Saes, Manuel Guamán y
José Morocho. En prueba de reconocimiento a sus méritos, Eloy Alfaro
adjudicó a los indígenas el grado de generales del nuevo ejército de
liberales, que constituía21. En los Archivos de la Gobernación
de la provincia de Chimborazo se conservan las actas y otros documentos
de los tribunales militares de campaña que condenaron a muerte a
Fernando Daquilema y a sus compañeros de armas. Podrían aportar mucho
acerca de la insurrección, de sus dirigentes, incluido Daquilema, cuya
biografía no se ha llegado a conocer y está rodeada de leyendas, según
las cuales habría sido descendiente de incas, rey, y luchado por la
constitución de un Estado indígena, independiente de los blancos. Sólo
parte de esos documentos fueron dados a conocer por el Ministro del
Interior en el informe presentado al Congreso en 1873
22.
A
pesar de los esfuerzos invertidos por los historiadores burgueses, la
memoria de Daquilema y de su heroica lucha sigue viva hasta la fecha en
el pueblo ecuatoriano.
En
el año de la "Promoción leninista", declarada por el Partido
Comunista del Ecuador en honor al centenario de V. I. Lenin, unos
400 indígenas de la provincia de Chimborazo ingresaron al partido de
los comunistas ecuatorianos. El Partido Comunista tiene una célula
que lleva el nombre de Daquilema.
El
V Congreso de la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral,
celebrado el 18 y 19 de diciembre de 1971, se denominó Congreso en
memoria de Daquilema.
La
causa a que entregó la vida el caudillo de la insurrección indígena
es continuada por sus descendientes. Daquilema y los generales indígenas
del nuevo ejército de la época de Alfaro fueron relevados por
reconocidos dirigentes de las masas indígenas del Ecuador: Jesús
Gualavisí, Dolores Cacuango, Ambrosio Laso y otros. Junto con los
comunistas, y siendo ellos mismos comunistas, fundaron en el país los
primeros sindicatos indígenas y la Federación Ecuatoriana de Indios,
que cuentan en sus filas a miles y miles de hombres dispuestos a librar
una lucha abnegada por la dicha del pueblo.
Valerian
Goncharov
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