Selecciones literarias del Padre Juan Bautista Aguirre.


 

Padre Juan Bautista Aguirre.

 

A una  Tortola que  lloraba la ausencia de su amante.

A una rosa sonetos

Soneto Moral

Soneto Moral (otro)

Carta a Lisardo

Canción Heroica.

Breve diseño de las ciudades de Guayaquil y Quito

A  UNA TÓRTOLA

QUE LLORABA LA AUSENCIA DE SU AMANTE.

 

¿Por qué, tórtola, en cítara doliente

haces que el aire gima con tu canto?

Si alivios buscas en ajeno llanto,

mi dolor te lo ofrece; aquí detente.

 

Al verte sola, de tu amante ausente,

publicas triste en ayes tu quebranto;

yo también ¡ay dolor! suspiro tanto

por no poder gozar mi bien presente.

 

Pero cese ya, oh tórtola, el gemido,

que aunque es inmenso tu infeliz desvelo,

mayor sin duda mi tormento ha sido:

 

pues tú perdiste un terrenal consuelo

en tu consorte, pero yo he perdido

en mi adorado bien la luz del cielo.


A UNA ROSA

SONETOS

                       I

En catre de esmeraldas nace altiva

la bella rosa, vanidad de Flora,

y cuanto en perlas le bebió a la aurora

cobra en rubís del sol la luz activa.

 

De nacarado incendio es llama viva,

que al prado ilustra en fe de que la adora;

la luz la enciende, el sol sus hojas dora

con bello nácar de que al fin la priva.

 

Rosas, escarmentad: no presurosas

anheléis a este ardor; que si autoriza,

aniquila también el sol ¡oh rosas!

 

Naced y lucid lentas; no en la prisa

os consumáis, floridas mariposas,

que es anhelar arder, buscar ceniza.

 

                    II

De púrpura vestida ha madrugado

con presunción de sol la rosa bella,

siendo sólo una luz, purpúrea huella

del matutino pie de astro nevado.

 

Más y más se enrojece con cuidado

de brillar más que la encendió su estrella;

y esto la eclipsa, sin ser ya centella

la que golfo de luz inundó al prado.

 

¿No te bastaba, oh rosa, tu hermosura?

Pague eclipsada, pues, tu gentileza

el mendigarle al sol la llama pura;

 

y escarmiente la humana en tu belleza,

que si el nativo resplandor se apura,

la que luz deslumbró para en pavesa.


 

SONETO MORAL

No tienes ya del tiempo malogrado

en el prolijo afán de tus pasiones,

sino una sombra, envuelta en confusiones,

que imprime en tu memoria tu pecado.

 

Pasó el deleite, el tiempo arrebatado

aun su imagen borró; las desazones

de tu inquieta conciencia son pensiones

que has de pagar perpetuas al cuidado.

 

Mas si el tiempo dejó para tu daño

su huella errante, y sombras al olvido

del que fue gusto y hoy te sobresalta,

 

para el futuro estudia el desengaño

en la imagen del tiempo que has vivido,

que ella dirá lo poco que te falta.


SONETO MORAL

¡Basta ya, pecador! No tu malicia

ejercite más tiempo mi paciencia:

harto lugar te da a la penitencia

mi bondad despreciada por propicia.

 

Hoy mi amor con ternura te acaricia,

hoy disimula y sufre tu insolencia;

mas podrá ser que en breve esta clemencia

se convierta en rigores de justicia.

 

Ea, no tardes más en el pecado;

y si al ver del castigo la tardanza

hoy mi misma paciencia te ha obstinado,

adviertan tu descuido y confianza

que, mientras más retiro el brazo airado,

voy doblando el impulso a la venganza.

 

 


BREVE DISEÑO DE LAS CIUDADES DE GUAYAQUIL Y QUITO

(Carta joco-seria escrita por el autor a su cuñado don Jerónimo Mendiola, describiendo a Guayaquil y Quito.)

Dichoso paisano, en quien

con diversísimos modos

se miran los dones todos,

todas las prendas se ven,

perdona si en parabién

de tu carta no te da

algo mi amor, porque ya

cuanto yo darte podía,

que era la voluntad mía,

tú te la tienes allá.

.

Mostrárteme agradecido

hoy mi empeño viene a ser,

y para poderlo hacer

de estos versos me he valido;

recíbelos advertido,

de que si aun el don mayor

sólo recibe valor

del amor de quien lo da,

inmenso mi don será,

pues es inmenso mi amor.

 

Contarte un pesar intento

por ver si puedo lograr

el que mi propio pesar

sirva de ajeno contento;

escúchame, pues, atento,

que ya mi triste gemido

empieza a dar condolido

dos efectos a mi canto,

pues lo que en mi voz es llanto

será música en tu oído.

.

Guayaquil, ciudad hermosa,

de la América guirnalda,

de tierra bella esmeralda

y del mar perla preciosa,

cuya costa poderosa

abriga tesoro tanto,

que con suavísimo encanto

entre nácares divisa

congelado en gracia y risa

cuanto el alba vierte en llanto;

 

Ciudad que es por su esplendor,

entre las que dora Febo,

la mejor del mundo nuevo

y aun del orbe la mejor;

abunda en todo primor,

en toda riqueza abunda,

pues es mucho más fecunda

en ingenios, de manera

que, siendo en todo primera,

es en esto sin segunda.

 

Tribútanle con desvelo

entre singulares modos

la tierra sus frutos todos,

sus influencias el cielo; 

hasta el mar que con anhelo

soberbiamente levanta

su cristalina garganta

para tragarse esta perla,

deponiendo su ira al verla

le besa humilde la planta.

 

Los elementos de intento

la miran con tal agrado,

que parece se ha formado

de todos un elemento;

ni en ráfagas brama el viento,

ni son fuego sus calores,

ni en agua y tierra hay rigores,

y así llega a dominar

en tierra, aire, fuego y mar,

peces, aves, luces, flores.

 

Los rayos que al sol regazan

allí sus ardores frustran,

pues son luces que la ilustran

y no incendios que la abrasan;

las lluvias nunca propasan

de un rocío que de prisa

al terreno fertiliza,

y que equivale en su tanto

de la aurora al tierno llanto,

del alba a la bella risa.

 

Templados de esta manera

calor y fresco entre sí,

hacen que florezca allí

una eterna primavera;

por lo cual si la alta esfera

fuera capaz de desvelos,

tuviera sin duda celos

de ver que en blasón fecundo

abriga en su seno el mundo

ese trozo de los cielos.

 

Tanta hermosura hay en ella

que dudo, al ver su primor,

si acaso es del cielo flor,

si acaso es del mundo estrella;

es, en fin, ciudad tan bella

que parece en tal hechizo,

que la omnipotencia quiso

dar una señal patente

de que está en el Occidente

el terrenal paraíso.

.

Esta ciudad primorosa,

manantial de gente amable,

cortés, discreta y afable,

advertida e ingeniosa

es mi patria venturosa;

pero la siempre importuna

crueldad de mi fortuna,

rompiendo a mi dicha el lazo,

me arrebató del regazo

de esa mi adorada cuna.

.

Buscando un lugar maldito

a que echarme su rigor,

y no encontrando otro peor,

me vino a botar a Quito;

a Quito otra vez repito

que entre toscos, nada menos,

varios diversos terrenos,

siguiendo, hermano, su norma,

es un lugar de esta forma,

disparate más o menos.

.

Es su situación tan mala,

que por una y otra cuesta

la una mitad se recuesta,

la otra mitad se resbala;

ella se sube y se cala

por cerros, por quebradones,

por guaicos y por rincones,

y en andar así escondida

bien nos muestra que es guarida

de un enjambre de ladrones.

 

Tan empinado es el talle

del sitio sobre que estriba,

que se hace muy cuesta arriba

el andar por cualquier calle;

no hay hombre que no se halle

la vista en tierra clavada,

porque es cosa averiguada

que el que anda sin atención

cae, si no en tentación,

en una cosa privada.

 

Hacen a Quito muy hondo

una y otra rajadura,

y teniendo tanta hondura,

es ciudad de ningún fondo.

Aquí hay desdichas abondo,

aquí el hambre y sed se aúnan

y a todos nos importunan;

aquí, en fin, ¡raros enojos!

los que comen son los piojos,

los demás todos ayunan.

.

Son estos piojos taimados

animales infelices,

grandes como mis narices,

gordos como mis pecados;

cuando veo que estirados

van muy graves en cuadrilla,

me asusto que es maravilla

desde que un piojillo arisco,

sólo con darme un pellizco,

me sumió la rabadilla.

 

Las sillas de mano aquí

se miran como a porfía,

y te aseguro a fe mía

que tan malas no las vi.;

luego que las descubrí

por unos lados y otros,

viendo los asientos rotos

y quebradas las tablillas,

dije: Bien pueden ser sillas,

mas yo las tengo por potros,

.

En estas sillas se encierra,

llevando cualquier serrana,

mucho pelo y poca lana,

como oveja de la tierra.

Aquí, pues, en civil guerra

con femeniles enojos

son de los piojos despojos,

y con dentelladas bellas,

los piojos las muerden a ellas,

y ellas muerden a los piojos.

 

Estas quiteñas como oso

están llenas de cabello,

y aunque tienen tanto vello,

mas nada tienen hermoso;

así vivo con reposo

sin alguna tentación,

siquiera por distracción

me venga, pues si las hablo,

juzgando que son el diablo,

hago actos de contrición.

.

Lo peor es la comida

(Dios ponga tiento en mi boca):

ella es puerca y ella es poca,

mal guisada y bien vendida;

aquí toda ella es podrida,

y ¡vive Dios! que me aburro,

cuando imagino y discurro

que una quiteña taimada

me envió dentro una empanada

un gallo, un ratón y un burro.

 

Hay tal o cual procesión,

mas con rito tan impío,

que te juro, hermano mío,

que es cosa de inquisición:

van cien Cristos en montón

corriendo como unas balas,

treinta quiteños sin galas,

más de ochenta Dolorosas,

San Juan, Judas y otras cosas,

casi todas ellas malas.

 

Con calva, gallo, y sin manto,

un San Pedro se adelanta,

y, por más que el gallo canta,

no quiere llorar el Santo;

pero le provoca a llanto

de sus llaves la reyerta,

pues cuenta por cosa cierta,

estando el Santo con sueño,

que se las hurtó un quiteño

para falsear una puerta.

 

Va también tal cual rapaz

vestido de ángel andante,

con su cara por delante

y máscara por detrás;

con tan donoso disfraz

echan unas trazas raras,

dándonos señales claras

que, en el quiteño vaivén,

aun los ángeles también

son figuras de dos caras.

 

De penitentes con guantes

salen los nobles por no

dar limosna, y temo yo

que han de salir de danzantes.

Estos quiteños bergantes

¿cómo harán tal indecencia?,

pues hallo yo en mi conciencia

que es muy grave hipocresía

vestir la cicatería

con traje de penitencia.

.

Después se ven unos viejos

beatos, brujos y quebrados,

y algunos frailes cargados

con sus barbas y agarejos;

luego se sigue a lo lejos

una recua de Cofrades,

después las Comunidades,

y otras bestias con pendones,

porque aquí las procesiones

todas son bestialidades.

 

Mil pobres despilfarrados

se miran a cada instante,

mas ninguno es vergonzante,

que son bien desvergonzados;

ciegos, mudos, corcovados

y enanos hay en verdad

tantos en esta ciudad,

que yo afirmo sin rebozo

que es este Quito piojoso

el Valle de Josafat.

.

Hermano, en aqueste Quito

muchos mueren de apostemas,

de bubas, llagas y flemas,

mas nadie muere de ahito;

y hay serrano tan maldito

que al rezar la letanía

pide a la Virgen María,

con grandísimo fervor,

que le conceda el favor

de morir de apoplejía.

.

A cualquiera forastero,

con extraña cortesía,

sea de noche, sea de día,

le quitan luego el sombrero;

y si él no trata ligero

de tomar otra derrota,

le quitan también sin nota

estos corteses ladrones

la camisa y los calzones,

hasta dejarlo en pelota.

.

Andan como las cigarras

gritando por estas sierras

que son leones en las guerras

y lo son sólo en las garras;

para hurtar estos panarras

con sutileza y con tiento

son todos un pensamiento,

de suerte que yo he juzgado

que en las uñas vinculado

tienen el entendimiento.

.

El que es noble gamonal

algún obraje procura,

y de esta suerte asegura

tener en jerga el caudal.

Los quiteños, por su mal,

entablaron desdichados

estos obrajes malvados,

pues con esperanzas vanas

van al obraje por lanas

y se vuelven trasquilados.

 

Todos estos obrajeros,

por interés del vellón,

compran ovejas y son

ellos gentiles carneros.

Tienen bueyes y potreros

del caudal para ventaja,

pero, aunque ellos se hacen raja,

nunca salen de pobreza,

pues vinculan su riqueza

en cuernos, lanas y paja.

.

A todos con gran certeza

de frailes les acredito,

pues todos en este Quito

hacen voto de pobreza;

pero el fausto, la grandeza

y la gala es incesante,

pues aquí, como es constante,

se estudia con grande aprieto

la comedia de Moreto

nombrada, "Trampa adelante".

.

Cualquier chisme o patarata

lo cuentan por novedad,

y para no hablar verdad

tienen gracia gratis data:

todo hombre en lo que relata

miente o a mentir aspira;

mas esto ya no me admira,

porque digo siempre: ¡Alerta!

sólo la mentira es cierta

y lo demás es mentira.

.

Mienten con grande desvelo,

miente el niño, miente el hombre,

y, para que más te asombre,

aun sabe mentir el cielo;

pues vestido de azul velo

nos promete mil bonanzas,

y muy luego, sin tardanzas,

junta unas nubes rateras,

y nos moja muy de veras

el buen cielo con sus chanzas.

.

Llueve y más llueve, y a veces

el aguacero es eterno,

porque aquí dura el invierno

solamente trece meses;

y así mienten los franceses

que andan a Quito situando

bajo de la línea, cuando

es cierto que está este suelo

bajo las ingles del cielo,

es decir, siempre meando.

.

Este es el Quito famoso

 y yo te digo, jocundo,

que es el sobaco del mundo

viéndolo tan asqueroso.

¡Feliz tú! que de dichoso

puedes llevarte la palma,

pues gozas en dulce calma

de ese suelo soberano,

y con esto, adiós, hermano.

Tu afecto, Juan de buen alma.

 

 


 

CARTA A LiSARDO PERSUADIÉNDOLE QUE TODO LO NACIDO MUERE DOS VECES, PARA ACERTAR A MORIR UNA.

 

LIRAS

 

    ¡Ay, Lisardo querido!

si feliz muerte conseguir esperas,

es justo que advertido,

pues naciste una vez, dos veces mueras.

Así las plantas, brutos y aves lo hacen:

dos veces mueren y una sola nacen.

 

    Entre catres de armiño

tarde y mañana la azucena yace,

si una vez al cariño

del aura suave su verdor renace:

¡Ay flor marchita! ¡ay azucena triste!

dos veces muerta si una vez naciste.

 

      Pálida a la mañana,

antes que el sol su bello nácar rompa,

muere la rosa, vana

estrella de carmín, fragante pompa;

y a la noche otra vez: ¡dos veces muerta!

¡oh incierta vida en tanta muerte cierta!

 

     En poca agua muriendo

nace el arroyo, y ya soberbio río

corre al mar con estruendo,

en el cual pierde vida, nombre y brío:

¡Oh cristal triste, arroyo sin fortuna!

muerto dos veces porque vivas una.

 

     En sepulcro suave,

que el nido forma con vistoso halago,

nace difunta el ave,

que del plomo es después fatal estrago:

Vive una vez y muere dos: ¡Oh suerte!

para una vida duplicada muerte.

 

    Pálida y sin colores

la fruta, de temor, difunta nace,

temiendo los rigores

del noto que después vil la deshace.

¡Ay fruta hermosa, qué infeliz que eres!

una vez naces y dos veces mueres.

 

    Muerto nace el valiente

oso que vientos calza y sombras viste,

a quien despierta ardiente

la madre, y otra vez no se resiste

a morir; y entre muertes dos naciendo,

vive una vez y dos se ve muriendo.

 

    Muerto en el monte el pino

sulca el ponto con alas, bajel o ave,

y la vela de lino

con que vuela el batel altivo y grave

es vela de morir: dos veces yace

quien monte alado muere y pino nace.

 

     De la ballena altiva

salió Jonás y del sepulcro sale

Lázaro, imagen viva

que al desengaño humano vela y vale;

cuando en su imagen muerta y viva viere

que quien nace una vez dos veces muere.

 

    Así el pino, montaña

con alas, que del mar al cielo sube;

el río que el mar baña;

el ave que es con plumas vital nube;

la que marchita nace flor del campo

púrpura vegetal, florido ampo,

 

    Todo clama ¡oh Lisardo!

que quien nace una vez dos veces muera;

y así, joven gallardo,

en río, en flor, en ave, considera,

que, dudando quizá de su fortuna,

mueren dos veces por que acierten una.

 

     Y pues tan importante

es acertar en la última partida,

pues penden de este instante

perpetua muerte o sempiterna vida,

ahora ¡oh Lisardo! que el peligro adviertes,

muere dos veces porque alguna aciertes.


CANCIÓN HEROICA

EN QUE CON ALGUNAS SEMEJANZAS EXPRESA EL AUTOR SUS INFORTUNIOS

Nace el clavel en púrpura teñido 

dejando presuroso su clausura,

a ser Narciso de las otras flores

o Adonis de su sangre producido;

y dividida en hojas su hermosura,

ufano se deleita en sus primores...

......................................................

toda aquella belleza

que pródiga le dio Naturaleza. 

¡Oh flor desvanecida, 

verdadero retrato de mi vida!

 

El ruiseñor que amante al aire gira,

iris de plumas o vergel viviente,

mira un arroyo, y luego que lo asesta,

trinando endechas, animada lira,

con música saluda su corriente

en que canoro el gusto manifiesta;

baja a gustarla con ligero vuelo,

rozando aljófar y rizando hielo,

y con pico de grana

gustoso liba de la espuma cana.

May ¡ay! suerte enemiga,

que el ruiseñor se aprisionó en la liga

 

que en su margen, por uso,

el cazador para prenderle puso;

y luego lo encarcela

donde no tiene libertad ni vuela.

¡Oh avecilla cautiva,

de mí fortuna semejanza viva!

 

Por tras cortinas de jazmín y grana,

hermoso globo de zafir luciente,

se asoma el sol en brazos de la aurora,

y arrebolada en luces la mañana,

con brillante candor viste el oriente

y con destellos nacarados dora

cuanto el orbe atesora;

la tierra como a padre lo recibe,

los pájaros se alegran, la flor vive,

el hombre se recrea,

y todo con sus rayos lo hermosea.

Mas ¡ay! que noche oscura

es de tanto monarca sepultura,

y ve su luz ocaso,

con que llora la tierra su fracaso:

el pájaro enmudece,

la flor se encoge y todo se entristece.

¡Oh sol, oh luz, oh día,

símbolo propio de la dicha mía!

 

Ronda a la luz la amante mariposa,

y en giros de oro, en óvalos de plata,

galantear a la llama solicita:

ya la festeja en torno presurosa,

ya se retira de la luz ingrata,

ya se le acerca, ya se precipita,

porque su amor la incita

a adorar aquel globo de luz breve,

donde su muerte en poca llama bebe,

cuando a besarla llega

de su hermosura enamorada y ciega.

Mas ¡ay! infeliz suerte,

que en cenizas su gala se convierte,

hallando su inocencia

mucho castigo a poca inadvertencia,

sin que en la pira unida

Fénix renazca para nueva vida.

¡Oh costosos intentos,

imagen de mis locos pensamientos!

 

Yo clavel bello un tiempo me miraba

desdén hermoso de plebeyas flores;

mas de la envidia el huracán airado

marchito me ha dejado.

Yo en métricos primores

fui ruiseñor que libre gorjeaba;

pero ahora en grillos de oro

de Venus bella prisionero lloro.

Yo fui sol; mas mis rayos

con las tinieblas que el rencor exhala,

eclipsados los miro entre desmayos.

Fui mariposa, en fin; pero mi gala

se convirtió en pavesa

a los incendios de una cruel belleza.

Y así por varios modos

sufro de todos los tormentos todos,

siendo a mi vida imagen lastimosa

la flor, el ave, el sol, la mariposa.

 

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