Por Enrique Ayala Mora. 25 de agosto de 1998Hace diez años, luego de una dolorosa enfermedad, Mons. Leonidas Proaño murió el 31 de agosto de 1988. Ese hombre sencillo, tímido y pobre es uno de los referentes de la vida religiosa de nuestro pueblo por la profundidad del cambio de posiciones que representa.El nombre de Proaño no pertenece a los usufructuarios del "orden" que él combatió; a los que usan la fe cristiana para predicar la sumisión y el agradecimiento por la miseria y la explotación. Ese nombre es de los pobres del Ecuador, de los trabajadores, de los indios y de los oprimidos. A los diez años de su muerte, estas líneas quieren recordar la trayectoria, los cambios, los sufrimientos, los avances y esperanzas de un hombre que por ser auténtico se volvió conflictivo, que por ser visionario se volvió incómodo, que por ser cristiano se volvió subversivo.Monseñor no es solo un hito en la vida religiosa, sino en toda la vida pública del país. Podrá decirse que antes y después de Proaño, la política del Ecuador, especialmente la de la izquierda, es diferente. Los hombres no cambian los grandes momentos de la Historia, pero las transformaciones profundas se expresan en hombres que se anticipan a los acontecimientos, que comprenden el futuro. Esos son los profetas.Hasta los sesenta en el Ecuador vivíamos el conflicto laico confesional. Las fuerzas liberales y de izquierda frente a una iglesia monolíticamente conservadora. En esas circunstancias, ser socialista, o progresista, significaba ser al mismo tiempo, heredero de la tradición liberal anticlerical. Y de vuelta, ser católico, más aún, cura un obispo, representaba forzosamente alinearse con el conservadurismo. Con frecuencia el nivel de anticlericalismo era síntoma de mayor o menor radicalidad de izquierda. Con los grandes cambios de la sociedad ecuatoriana y latinoamericana, con el desarrollo capitalista, el avance de la organización popular, con el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, los ejes de oposición cambiaron hacia diversas actitudes frente al control de la propiedad y la riqueza social. Desde entonces, la izquierda se desarrolló con autonomía ideológica del liberalismo y el cristianismo dejó de identificarse forzosamente con la extrema derecha.Ser "comecuras" ya no fue condición natural de militancia de izquierda y, de otro lado, ser cristiano se volvió en muchos casos razón de ser para el compromiso revolucionario. En el Ecuador, Leonidas Proaño expresó con mayor nitidez ese vuelco. Su vida y su obra fueron el testimonio de que el cristianismo, entendido como identificación con los pobres, lleva al rechazo del sistema y la lucha por la liberación y el socialismo. Esto lo repitió monseñor una infinidad de veces, hasta el punto de que ahora las "comunidades de base", los "curas tercermundistas" son vistos desde el poder como cien veces más peligrosos que los clubes de librepensadores y los intelectuales liberales, los "extremistas" de no hace muchoAntes de que el cristianismo llegara a playas americanas, inclusive antes de que Cristo naciera, ya la actitud de denuncia de quienes asumían su fe religiosa como desafío contra la injusticia de los poderosos, les compraba un puesto de primera fila en la persecución. La Biblia, un libro escrito por religiosos dedicados al ejercicio del poder, cuenta más de una historia de profetas: Elías, Daniel, Amós eran esos críticos de los vicios sociales, denunciadores de la opresión, en otras palabras "políticos de extrema izquierda".Proaño obispo y político, fue un profeta. Su vida y su palabra fueron incómodas para los poderosos, pero se transformaron pronto y cada vez más nítidamente en esperanza de los oprimidos y preanuncio de la sociedad futura. |