Su vida fue ejemplar, metafóricamente podemos resaltar: Libre como el viento. Pura como el agua. Brillante como el Sol. Durante su positiva labor pastoral en la Diócesis de Riobamba defendió a los sectores más postergados, mediante programas sociales comunitarios, con un contenido humanista.El 31 de agosto de 1988, falleció este gran pro hombre. Fue justo, bueno, honesto, sincero, auténtico, diáfano, transparente. Siempre defendió la plena vigencia de los derechos humanos, rescatando a los más marginados, a quienes les entregó un abrazo dé hermano, haciendo propia la angustia de los demás. Su figura luminaria se sublimiza a través de la historia trascendiendo como un verdadero cristiano, un sabio educador y un periodista que proclamó la verdad.Su fructífera labor ha sido reconocida a nivel nacional e internacional, por tal motivo el ex Premio Nóbel de la Paz. Adolfo Pérez Esquivel, planteó a Monseñor Proaño para Premio Nóbel de la Paz 1986. Su obra cívica al servicio de los más humildes también ha tenido eco en nuestro país, encontramos que existen escuelas, colegios y otras instituciones que llevan su nombre perennizándolo para la eternidad.Definitivamente, Monseñor Proaño no está muerto, vive en la mente y en el corazón de los ecuatorianos que aspiramos que la malhadada inmoralidad sea derrotada, para que así se instaure una nueva sociedad donde se practiquen tres mandamientos fundamentales: "No robar, no mentir y no ser ocioso". |