Navidad realmente cristiana.


 

"Felizmente la celebración de la Navidad se ha extendido por el mundo entero: aun en países no cristianos, invade el ambiente navideño, celebraciones y regalos, canto de villancico? y casas adornadas con árboles, luces y guirnaldas, ayudan a recordar con entrañable cariño en Quien siendo Dios se hizo pequeño para estar con nosotros.

Pero junto a esta magnífica difusión del mensaje cristiano, hay que reconocer con pena, que no siempre hay profundidad en el conocimiento, los sentimientos y la forma de celebrar la Navidad, sino una lamentable superficialidad que linda con lo pagano.

La verdadera manera de penetrarnos del espíritu de la pascua navideña consiste en meditar con hondura sobre el gran misterio de la Encarnación y la Redención, que, conforme proclama la Iglesia en su liturgia, son aún más admirables que la misma creación.

Un Dios omnipotente, nos infunde admiración y nos conduce a anza, a la adoración: "Los cielos y la tierra proclaman la grandeza del Señor" dice el Salmo. Pero un Dios misericordioso, que quiere vivir como hombre entre los hombres, conquista plenamente nuestro corazón.

Y para rehacer todas las cosas, para restaurarlas y elevarlas vino Dios al mundo naciendo como niño. Podía venir con el esplendor de su Majestad, con el poderío y el imperio, con la fuerza al menos de la edad madura, y prefirió la pequeñez, el desvalimiento propio de los niños.

La soberbia del hombre no quiere ver muchas veces este anonadamiento de Dios. Pretendemos cerrar los ojos de la fe y orgullosamente calcular o dictaminar como si nuestra razón pudiera explicar todas las cosas: nos cerramos al misterio y aceptamos luego los desvaríos de la mente humana y los extravíos de las pasiones más envilecedoras.

Por el contrario, Cristo, nuestro Dios hecho hombre, ha venido para salvar al hombre, para hacer el "hombre nuevo" según el espíritu, movido por su ley, que es la de la caridad, del amor. Jesús que nace humilde, pobre, desconocido en un pesebre de animales, ha venido a revelarnos plenamente la grandeza de Dios y la dignidad del hombre.

Ese Dios, escondido en la naturaleza humana ha restaurado la creación entera y ha colocado al hombre en su sitial de "imagen y semejanza de Dios", enseñándonos a tratar al Creador y Señor del universo como a Padre, a quien debemos el máximo amor y reverencia, pero también con la mayor confianza filial.

Si penetramos en el misterio de la Navidad, nos daremos cuenta de que lo que realmente importa es vivir como cristianos, como seguidores de este Dios Nuestro que se ha hecho pequeño para estar al alcance de nosotros, para que podamos seguir sus huellas.

La Navidad no solamente ha de ser conmemoración de Nacimiento del Verbo hecho carne, sino también un renacimiento personal de cada uno, buscando la unión con nuestro Redentor, por los caminos de la penitencia, del arrepentimiento y confesión de los pecados, para vivir el espíritu del Evangelio: la caridad, el amor a Dios y al prójimo.

La Navidad nos brinda la oportunidad de vivir mil detalles de caridad: hacer la vida de los demás alegre, darles buen ejemplo, ayudarles en sus necesidades, comprender, perdonar, sostener, animar...

Que no nos perdamos en preocupaciones superfluas o secundarias, como las de preparar fiestas y regalos -que de suyo no son malas, pero que no deben absorbemos- y en cambio, que procuremos vivir con más hondo espíritu cristiano este hermoso tiempo navideño."

Juan Larrea Holguín

1 Fuente: Juan Larrea Holguín, Asuntos Sociales y Religiosos VI Edición "El Telégrafo" 1997

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