Padre Juan  de Velasco


Padre Juan de Velasco.

El seis de Enero de mil setecientos veinte y siete años bautisé y puse óleo, y chrisma, a Juan Manuel, hijo legítimo del Sargento Mayor Dn. Juan de Velasco y de Doña María de Petroche, siendo sus padrinos Don Juan Ambrosio de Velasco y Doña Teresa Maldonado, y para que conste lo firmo. (f) Francisco Joseph de Zárate"

 

Julio Tobar Donoso dice: "Noble fue, pues, Velasco por la sangre, pero se mostró más noble aún hermanándose con todas las clases de la sociedad y, sobre todo, con el indio, el cual será uno de los más ardientes defensores en su Historia del Reino de Quito."

Padre Juan de Velasco 1

Se adelantó en dos siglos, a quienes ahora reconocen el trascendente valor de los mitos, para reconocer a través de ellos un aspecto básico de la conciencia colectiva de los pueblos.

César Augusto Alarcón Costta

Nació en Riobamba el 6 de enero de 1727, falleció en Faenza, Italia, el 29 de junio de 1792. Hijo de Juan de Velasco y López de Moncayo (español) y de María Pérez Petroche. Sus estudios primarios los realizó en el colegio de los jesuitas de Riobamba. En 1743 ingresó al Seminario de San Luis de Quito, al año siguiente pasó al noviciado de la Compañía de Jesús de Latacunga, donde hizo sus votos religiosos el 23 de julio de 1746. Después del terremoto de 1747 que afectó gravemente a esa ciudad, se dirigió a Quito para estudiar Filosofía en el Colegio Máximo y finalmente Teología en la Universidad de San Gregorio donde obtuvo su doctorado, para luego ser ordenado sacerdote en 1753.
Inició su labor sacerdotal y docente en Cuenca, de allí pasó a Ibarra y luego a Popayán, que entonces también pertenecía a la Real Audiencia de Quito. Mientras cumplía con sus deberes religiosos dedicó grandes esfuerzos a la investigación y recolección de informaciones, datos, personajes, idiomas, leyendas, costumbres y tradiciones sobre el Reino de Quito.

El destierro

En las primeras horas del 16 de agosto de 1767, sorpresivamente los miembros de la Compañía de Jesús de Quito fueron notificados con la decisión del rey de España de expulsarlos de todos sus dominios. Inmediatamente, el padre Juan de Velasco, junto a todos sus compañeros, abandonaron para siempre nuestro territorio. Luego de un largo viaje, finalmente el 24 de octubre de 1768 se radicó en Faenza, donde vivió en condiciones muy precarias afectado por una progresiva arterioesclerosis que fue minando su vitalidad.
En medio de esas dificultades y con gran muestra de talento y fuerza de voluntad emprendió su mayor obra titulada: "Historia del Reino de Quito en la América y crónica de la provincia de la Compañía de Jesús del mismo Reino". Veinte años de paciente labor de investigación, sistematización y consulta de sus innumerables notas, ocupó la estructuración y redacción de su monumental trabajo, cuyos dos primeros tomos los remitió, para su autorización y publicación a don Antonio Porlier del Consejo del rey de España, el 15 de marzo de 1789, y el tercero el 1º de agosto del mismo año.

Velasco, Maldonado y Espejo

El padre Juan de Velasco es uno de los grandes forjadores de nuestra Patria, a través de su gigantesco trabajo nos entregó los elementos fundamentales que constituyen los cimientos de la conciencia de nuestra identidad nacional. Como lo destaca Juan Valdano, el padre Juan de Velasco (1727-1792), junto a Pedro Vicente Maldonado (1704-1748) y a Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795), constituyen esa tríada de vigorosas individualidades del siglo XVIII, que con sabiduría y entereza proyectaron en el horizonte universal el nítido perfil de nuestra Patria. Los tres fueron los visionarios que estudiaron y comprendieron las raíces profundas de nuestra identidad. 

Velasco: la Historia; 

Maldonado: la Geografía; 

Espejo, el Espíritu Libertario.

 

El padre Juan de Velasco fue categórico al expresar la razón por la que escribió la Historia del Reino de Quito. Conforme sus propias palabras, lo hizo "no tanto para complacer a otros, cuanto por hacer ese corto obsequio a la nación, y a la Patria, ultrajada por algunas plumas rivales que pretenden obscurecer sus glorias".

 A  Pedro Vicente Maldonado. Riobamba.

El genio de Velasco

Debemos recordar que en el siglo XVIII, nuestra Patria formaba parte del enorme dominio español bajo la figura administrativa, territorial y política de Real Audiencia, pero que por encima de esa formalidad, su alma nacional brillaba con absoluta autenticidad y diferenciándose nítidamente de sus vecinos. En medio de aquella coyuntura histórica y a pesar de la distancia que le separaba de su tierra natal, el genio del padre Velasco fue capaz de reconocer nuestra identidad y profundizar su estudio a través de las evidencias y los vestigios, para reconstruir los puntos fundamentales de nuestro trayecto histórico.
Es fundamental reconocer que esa aguda inteligencia del padre Juan de Velasco, se adelantó en dos siglos, a quienes ahora reconocen el trascendente valor de los mitos, para reconocer a través de ellos un aspecto básico de la conciencia colectiva de los pueblos, así como, el contendido de las grandes lecciones de sabiduría consignadas por los ancestros a las nuevas generaciones mediante el simbolismo.
La obra del padre Juan de Velasco no se limita a la crónica de los hechos inmediatos, ni las informaciones secuenciales sobre los acontecimientos. Atraviesa lo superficial y se adentra en nuestra esencia vital a la que la reconoce como una identidad histórica que se desarrolla a través del tiempo en su propio espacio geográfico.

Otras obras

Lamentablemente, a partir de 1788 soportó el avance de la arterioesclerosis, que junto a la sordera común entre algunos miembros de su familia, le aisló del mundo y minó su vida. Entre sus numerosas obras se cuentan: "Relación histórica y apologética dedicada a Nuestra señora de la Luz"; "Tratado de Física", "Colección de poesías, hechas por un ocioso en la ciudad de Faenza";" Carta Geográfica del Reino de Quito"; "Vocabulario de la lengua peruana-quitense, llamada lengua del inga", "Tres cartas al padre Lorenzo Hervas y Panduro sobre lenguas de los indios", numerosos sonetos, décimas y octavas. (IHB, 385-386) (ABE1/147-150)(CAE2/5-23)(RPP3/394-398) (LM/234)

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1 FUENTE:  http://www.dlh.lahora.com.ec/paginas/artesanteriores/05110122/cultura4.htm


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