Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

LOS MUCHACHOS, LOS SANATES Y EL LORO.

 

FÁBULA X

 

LOS MUCHACHOS, LOS SANATES Y EL LORO.
 

En un naranjal su nido

un Sánate construía,

y en el pico conducía

el material escogido.

 

Con algún conocimiento

de reglas de arquitectura

de la más gruesa basura

usaba para el cimiento.

 

Un bejuco, un desperdicio,

una piltrafa, un andrajo,

de un mecate, un estropajo,

fundaban el edificio.

 

Con más ligero y más fino

material, después trabaja:

cerdas, hojarasca y paja,

retales de lana y lino.

 

Al fin el nido se acaba,

y en pelillos delicados

yacen los huevos pintados

que la madre fomentaba.

 

Quiso la desgracia un día,

que un muchacho juguetón

vio que del nido un cordón

de San Francisco pendía.

 

A otros compañeros llama,

sube al árbol en un vuelo,

da con el nido en el suelo

desprendido de la rama.

 

Juntos todos, con gran prisa

proceden al inventario:

Miren ¡un escapulario!

gritó uno muerto de risa,

otro dice: aquí hay retazos

de patentes y de bulas....

La Medida de Esquipulas!

¡Jesús! qué picaronazo!

 

Dice otro: si a más no viene,

este ramo está bendito....

 miren este rosarito. . . .

solo dos misterios tiene....

 

A ver, a ver la estampita;

es de San Pedro y San Pablo

de la Cruzada. .. . ¡qué diablo

de sanata tan maldita!

 

El examen satisfecho

de los andrajos devotos,

dejaron los huevos rotos,

y el nido todo deshecho.

Mientras tanto, amotinados

los sanates, daban gritos

diciendo les: ¡oh, malditos,

herejes excomulgados!
 

{Oh qué horrendo sacrilegio!

lo más sacrosanto y pío

cómo lo ridiculizan!

las plumas se nos erizan;

no hiciera más un judío!

¡Qué juegos tan execrables

qué chacotas tan punibles!

hacer objetos risibles

las reliquias venerables!

 

Pero el cielo, que es testigo

de tanta profanación

dará a vuestra irreligión

correspondiente castigo.

 

Oyendo estos disparates,

dizque un Loro muy ladino

de un Licenciado vecino,

dijo hablando a los sanates:

"la profanación, hermanos,

ya la hizo quien de estas cosas

sagradas y religiosas,

se sirve en usos profanos.

 

A los cintos y cordones

por su bendito instituto,

no conviene el atributo

de empollar y criar pichones.

 

Ese celo tan extraño

que mostráis por su respeto,

sólo tiene por objeto

evitar el propio daño.

 

La defensa muchas veces

de la religión hacemos,

cuando de acuerdo la vemos

con los propios intereses.
La religión soberana

y su divino derecho,

conforme nuestro provecho

se consagra o se profana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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