Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

EL MACHO DE ARRIERO Y EL CABALLO DE CARRETA

 

FÁBULA XI


EL MACHO DE ARRIERO

Y EL CABALLO DE CARRETA


Al potrero de Corona

fue una tarde por paseo,

que hasta un caballo, si piensa,

se divierte en un potrero.

 

Después de dar varias vueltas

sin determinar objeto,

sobre la yerba del campo

tendió largo a largo el cuerpo.


A corta distancia estaban,

de conformidad paciendo,

un Caballo de carreta

con el Macho del arriero.

 

El Mulo rozna a voces,

y en una de ellas entiendo

que al caballo le decía

con orgulloso desprecio:

 

"Eres un ente infeliz,

tu destino compadezco,

pobre caballo, que siempre

y por siempre habrás de serlo.

 

Uncido a un humilde carro,

bajo el látigo severo,
no conoces más recinto

que el de tu nativo suelo.

 

La ciudad y la pedrera

y este miserable encierro,

son los términos que abrazan

todos tus conocimientos.

 

Yo tengo medida a palmos

toda la extensión del reino:

desde Trujillo a Oajaca,

desde el Peten al Realejo.

 

¡Qué ciudades tan hermosas!

¡qué sinnúmero de pueblos!

qué bosques y qué llanuras!

¡cuántos valles, cuántos cerros!

 

Ahora mismo determino

emprender un viaje nuevo,

no hay gusto como el viajar;

el mundo es un libro abierto".

 

Aquí corcoveó el caballo,

y con relincho burlesco

le pregunta: "¿y de ese libro

qué sabe el señor viajero?

 

Al cabo de tantos trotes,

¿qué ha sacado de provecho?

antes de los viajes MACHO,

y MACHO después ha vuelto".

 

Yo, como soy enemigo

de malquistarme, no quiero

por cuanto oro tiene el mundo

aplicarle a nadie el cuento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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