Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

LOS PERROS

 

FÁBULA XV.
 

LOS PERROS .
 

No debe dudar ninguno

de mis candidos lectores,

que en la casa de un Magnate

haya perros a montones.

 

Un valiente alano siempre

a la cadena se pone,

y en ciertas horas se suelta

para que la casa ronde.

 

Un podenco muy ligero,

que con vivo olfato corre

tras la liebre, cuando el amo

sale a cazar en el bosque.

 

Un lanudo perro de aguas

que con los muchachos dócil

si se tiran la pelota

él la persigue y recoge.

 

Hasta la niña de casa

tiene su querido bosque,

que en sus faldas acaricia

con envidia de algún joven.

 

Después de la cena, juntos

bajo la mesa una noche,

entre podenco y alano

pasaron estas razones.

 

"Si todos nacemos perros"

aunque con distintos nombres

¿por qué han de ser desiguales

los destinos que nos toquen?

 

A nosotros las fatigas

y trabajos corresponden;

y otros logran el regalo

y estimación de los hombres.

 

No, señor, en las fortunas

turnemos todos conformes,

aunque a lanudo y gosquejo

el partido no acomode".

 

Discutida la materia

resolvieron los perrotes,

con espíritu insurgente,

remediar aquel desorden.

 

He aquí que el perro de faldas

amanece puesto al poste

de la puerta, y aunque ladre

miedo ni respeto impone.

 

Del tanque quiso el podenco

sacar la pelota; hundióse

y al cabo salió sin ella,

tragando agua a borbotones.

 

Cuando el cazador azuza

al perro, lanudo y torpe

a la seña ladra y brinca

y los conejos se esconden.

 

Y el alano corpulento

viendo la ocasión de molde,

sobre la niña en la cama

con ligero salto echóse.

 

Ella grita temerosa,

ocurre gente, y en donde

buscaba tiernos cariños,

halla desprecios y golpes.


Instruido del desengaño

su cadena reconoce

y cada cual de los otros

se reduce al antiguo orden.


Nunca podrán ser iguales

las humanas condiciones

mientras deban ser distintos

los talentos y las dotes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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