Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

LA MOSCA, LA HORMIGA Y LA PALOMILLA NOCTURNA.

 

FÁBULA XVII.

      LA MOSCA, LA HORMIGA

    Y LA PALOMILLA NOCTURNA.

Ahora más que nunca atento

pretendo, lector, que estés

al caso que te presento;

que aunque parezca que lo es,

no es fábula lo que os cuento.

 

Una Mosca vagabunda

que de placeres sedienta

en ellos su dicha funda,

Y por gozarlos se sienta

en la cosa más inmunda.

 

Una Hormiga afanadora,

que acopiando se mantiene

provisiones, aunque ignora

para quién, de los que tiene,

enemigos, atesora.

 

La simple Mariposilla,

que desde el punto en que nace

de la roedora Polilla,

la corte en círculos hace

a la candela que brilla:

 

Reunidos estos sujetos

de mi estudio en un rincón,

como suelen los discretos,

formaron conversación

sobre distintos objetos.

 

—No hay vida como la mía,

dice la Mosca holgazana,

sin partir con nadie el día

en lo que me da la gana

lo gasto con alegría.

Con vuelo y gusto mudable

lo graso o lo dulce chupo

al objeto deleitable;

pero por jamás me ocupo

en cosa desagradable.


Busquen allá los avaros

con inquietud y fatiga

sus bienes mil veces caros. ..."


Aquí replica la Hormiga:

—Poco a poco, vamos claros:

No apetezco de tu suerte

la libre desenvoltura,

porque sé habrán de verte

de la miel en la dulzura

ahogada en la cruda muerte.

 

Mi constante diligencia

y laborioso ejercicio

aseguran mi existencia,

negando la entrada al vicio

y a la futura indigencia.

 

Sudo, es verdad, y me afano

continuamente y apenas

descanso; pero no en vano:

miro al fin mis trojes llenos

de rubio precioso grano.

 

"El ambicioso infelice

que lucimientos anhela

en sus glorías se eternice. ..."

 

Oyendo esto aquí se vuela

la Palomilla, y le dice:

—No codicio tus graneros,

porque sé que hay un enjambre

de Sompopos bandoleros,

que estimulados del hambre

asolan los hormigueros.

 

Numerosos escuadrones

conducidos de un caudillo

asaltan tus posesiones,

lo pasan todo a cuchillo

y roban las provisiones.

Mientras tanto yo me inclino

a eternizar mi memoria

en un ilustre destino,

coronándome de gloria

la misma luz que examino.

 

"Con vuelo noble, arrogante,

por los aires conducida,

tras una antorcha radiante

hago carrera lucida

y una fortuna brillante".

 

Las oirás dicen: —"aspira

a los resplandores que amas

de la antorcha: pero mira;

son incendios de tu pira".

 

Hasta aquí de los insectos

la conferencia llegó:

y en vista de los proyectos,

humanos, añado yo:

"No son los hombres más rectos:

tras los placeres sensuales,

la codicia y la ambición,

van los míseros mortales;

y sus fines siempre son

los de aquellos animales.

 

La Mosca en la miel que gusta

muere; a la Hormiga arrasa

por su hacienda tropa injusta:

la Palomilla se abrasa

en la que ama, luz augusta.

 

Así, lector erudito,

quien la razón avasalla

por seguir el apetito,

en su misma pasión halla

quien castigue su delito.

 

 

 

 

 

 

 

abeja

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volver Atrás