Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

EL PIOJO, LA PULGA Y LA NIGUA.

 

FÁBULA XVIII.

EL PIOJO, LA PULGA Y LA NIGUA.

 

En el vestido mugriento

de un pordiosero andrajoso,

que existe para argumento

comprobante y vergonzoso

del humano abatimiento,

estaba un Piojo asqueroso

y con él, allí contigua,

una Pulga y una Nigua.

 

Cada bicho de los tres,

con el aguijón que tiene,

defiende que sólo él es

quien con el hombre mantiene

más amistad y estrechez:

La disputa se sostiene

con raciocinios agudos

que conocen los más rudos.

 

El Piojo dice: "yo soy

su más allegado amigo,

por donde va siempre voy:

a todas partes le sigo,

y él está donde yo estoy:

en prueba de lo que digo

me pone, por más fineza,

sobre su misma cabeza".

 

Brincando la Pulga inquieta

dijo: "soy su amiga amada;

sin cumplidos de etiqueta

tengo con él franca entrada:

no tiene cosa secreta

ni para mí reservada,

por el paso más estrecho

tengo lugar en su pecho".

 

"Confieso, dice la Nigua

que en todo dices verdad;

pero si bien se averigua

es más grande mi amistad,

pues la experiencia atestigua

la mayor intimidad:

por unión constante y fiel

soy uña y carne con él".

 

Hasta este punto llegaba

la interesante cuestión;

y el pobre que la costeaba,

sintiendo la comezón,

alarga el brazo y la acaba,

dejando con el rascón

maltratados y dispersos

a los amigos perversos.

 

Se presentan en el día

amigotes a manojos,

como el pobre los tenía

de Pulgas, Niguas y Piojos,

que publican a porfía,

pero en su interés se ocupan

amarnos como a sus ojos;

y nuestra sangre se chupan.

 

Cuando esto, lector, suceda,

la receta de aquel pobre:

rascarse cuanto se pueda

sobre el amigote, y sobre
la comezón que nos queda;
y aun esto, Dios quiera que obre,
porque los amigos dichos
son peores que aquellos bichos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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