Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

EL ZOPILOTE CON GOLILLA.

 

FÁBULA XX

 

EL ZOPILOTE CON GOLILLA.
 

Gastamos, Delio querido,

nuestros juveniles años,

en revolver las lecciones

con diurna y nocturna mano,

para saber cómo hablaban,

allá en los siglos pasados,

los Listrios y los Ligurios,

pueblos del antiguo Lassio.

 

Sabes, pues, que desde entonces

entiendo, aunque nunca parlo,

los monótonos dialectos

de los animales varios:

y que este conocimiento

nos suele dar buenos ratos,

como pienso lo tendrás

oyendo el siguiente caso:

 

Dos Zopilotes estaban

en el vecino tejado,

uno de ellos con golilla

de un gran pergamino blanco.

 

Y yo desde mi ventana

sus guzguaces escuchando,

oí que al otro le decía

el que estaba engolillado:

 

"Nunca podrás olvidarte

de aquella trampa del gancho

y la cuerda; pues en ella

íbamos a caer entrambos.

 

"Yo sólo quedé cautivo

en poder de los muchachos,

temiéndome las resultas

de sus juegos sanguinarios.

Pero, por fortuna mía

después de haberme observado,

poniéndome en cruz las alas

y mirándome despacio,

con alegría festiva

este cuello me encajaron,

y me echaron a volar

entre vítores y aplausos.

 

Sabrás, pues, que desde entonces

se me ha infundido en los cascos

la presunción de que soy

el Zopilote más sabio:

que a todos hago ventaja

en la vista y en olfato,

y que mi pluma elegante

puede encumbrarme muy alto.

 

Mi figura circunspecta

y mi genio reservado

y melancólico, forman

mi carácter literario.

Con aire meditabundo,

siempre con el pico bajo

pausadamente camino

moviéndome paso a paso.

 

Y mis propios compañeros

en los cursos que me hallo,

como me miran vestido

de este honorífico ornato,

al punto me hacen lugar

por respeto y por espanto,

y me observan de hito en hito

llenos de envidia o de pasmo.

 

Yo los miro sobre el hombro

como a unos pobres bobancios,

que ignorantes se alucinan

de cualesquiera espantajo.

Y he creído que esta guarnacha

tiene algún secreto encanto

que me ha inspirado los humos

de que más que todos valgo.

 

Hasta este punto llegaba,

y un litigante pesado

por instruirme en sus asuntos

de los míos me distrajo.

Pero tú, como discreto,

con numen suplementario,

lo que de mi cuento falta

sabrás llevarlo hasta el cabo.

Mas guárdate, dulce amigo,

por tu vida, de contarlo

ante los que usan golilla,

por más que te tiente el diablo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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