Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

LA MARIPOSA Y LA ABEJA

 

FÁBULA XXI
 

LA MARIPOSA Y LA ABEJA

 

La Mariposa brillante,

matizada de colores

visita y liba las flores

con vuelo y gusto inconstante.

 

A un fresco alelí se inclina,

apenas le gusta, inquieta,

pasa luego a una violeta,

después a una clavellina.

 

Sin tocar a la verbena

sobre un tomillo aletea

percibe su aura, sabea

y descansa en la azucena.

 

De allí con rápido vuelo

en otro cuadro distinto,

da círculos a un jacinto

y se remonta hasta el cielo.

 

Vuelve con el mismo afán

sobre un clavel encarnado

y en cuanto lo hubo gustado

se traslada a un tulipán.

 

Atraída de su belleza

en una temprana rosa

por un momento reposa

y el dorado cáliz besa.

 

Ya gira sobre un jazmín,

ya sobre el lirio, de modo

que corre el ámbito todo

del espacioso jardín.

 

Sobre un alto girasol,

por último toma asiento

y en continuo movimiento

brillan sus alas al sol.

 

Haciendo de bachillera

le dirige la palabra

a cierta Abeja, que labra

dulce miel y blanca cera.

 

Y le dice: vaya, hermana,

¡qué carácter tan paciente!

te tuve por diligente

pero eres grande haragana.

 

De una en una he repasado

las flores; tú, en una sola,

en una simple amapola

media mañana has gastado.

 

Nuestra frágil vida, imita

a la flor que se apetece:

aquella en su flor perece,

y ésta en botón se marchita.

 

No malogres de esa suerte

un tiempo tan mal seguro;

goza del deleite puro

antes que pruebes la muerte''.

 

La Abeja entonces contesta

(sin divertir su atención

de su actual ocupación)

con la siguiente respuesta:

 

"Tú, en las flores sólo miras

aquel jugo delicado,

a tu gusto acomodado,

único objeto a que aspiras.

 

"Yo trabajo con constancia

en la flor que me acomoda,

hasta que le extraigo toda

la preciosa útil substancia.

 

"No consulto a mi provecho

sino al de la sociedad

y pública utilidad

en el fruto que cosecho.

 

"Sigue tu genio ligero

en pos de lo deleitable

porque lo útil y lo estable

pide un afán tesonero".

 

De este modo, amigo, piensa

una Abeja, y tú pensaras

como ella, si censuraras

los escritos de la prensa.

 

Si unas con otras cotejas

las obras de los autores,

verás que liban las flores

más Mariposas que Abejas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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