Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

EL MULO, EL POTRILLO Y LA PICAZA.

 

FÁBULA XXII.


EL MULO, EL POTRILLO Y LA PICAZA.


Por el prado retozaba

cierto Potro vivaracho,

donde también descansaba

un anciano, pobre Macho.

 

Llamábale con ahinco

roznando el Mulo infelice;

el Potro llega en un brinco,

a quien de este modo dice:

 

—Yo no se qué tienes, hijo,

 que no es fácil te reserve

mis secretos, ¡bien se dijo:

la sangre sin fuego hierve.

 

Sabrás que bajo este traje,

en que poco o nada valgo,

desciendo de alto linaje

y soy no menos que hidalgo.

 

"De una misma parentela

somos, pues la madre mía

era hermana de tu abuela,

de consiguiente, mi tía".

 

"Tu padre, hijo de la tal,

viene a ser mi primo hermano,

aunque en línea transversal

el parentesco es cercano".

 

"Y tú por este respecto,

 o por la parte de padre,

eres un sobrino nieto

de la difunta mi madre".

 

"¡Oh! qué bien ella decía,

que por el tronco materno

era cierta mi hidalguía

 y de origen casi eterno!

 

Aquí con aire sencillo,

sin intención chiflatera,

le preguntaba el Potrillo:

¿Y tu padre qué tal era?

 

Entonces se oyó el zuzurro

de una habladora Picaza

que responde: "Un pobre Burro

de baja y humilde raza".

 

Reserva, amigo estudioso,

este cuento si se puede;

no piense algún malicioso

que lo inventamos adrede.

 

Para que temprano o tarde

se aplique en una ocurrencia

al bastardo que hace alarde

de su ilustre descendencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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