Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

EL VENADO, LA SERPIENTE Y LA PALOMA.

 

FÁBULA   XXIII.

 

EL VENADO, LA SERPIENTE Y LA PALOMA.

 

Por una vereda estrecha

un Ciervo se dirigía

a una siembra de sandía,

que se hallaba ya en cosecha.

 

Aunque este bruto es hermoso

por su figura elegante,

hace muy mal caminante

por lo cobarde y medroso.

 

Del más leve movimiento

entre las hojas, recela:

de un pajarillo que vuela,

del ruido que causa el viento.

 

Pausadamente camina

a cada paso orejea,

todo cuanto le rodea

con atención examina.

 

Parando pues, de este modo,

y andando por intervalos,

llegó a una puente de palos

puesta por el mucho lodo.

 

Tímido aquí se retrae

y circularmente mira,

una oreja atrás retira,

y otra por delante atrae.

 

Elevada la cabeza

hiere con la mano el suelo,

para el rabo pequeñuelo

que sacude con viveza.

 

A todas partes se vuelve,

y no viendo otros senderos,

continuar por los maderos

su caminata resuelve.

 

Pero al dar el primer paso

silbó una astuta Serpiente,

diciéndole: —"Hola, detente,

y evitarás un fracaso!

 

"Yo vi al hombre fraudulento

que estaba con mil fatigas

acomodando esas vigas,

aunque ignoro con qué intento.


"Con todo no dificulto,

siendo del hombre tal obra

(en quien la malicia sobra)

que ha de haber engaño oculto.

 

Si te pareciera vano

mi recelo, yo te juro

que no pondrás pie seguro

donde el hombre ha puesto mano"

 

No sabe entonces, suspenso

qué hacerse el pobre animal,

porque el dicho lodazal

en longitud era inmenso.

 

Por el tiro más estrecho

de latitud, es muy largo

para el salto, sin embargo

brinca y se atolla hasta el pecho.

 

Su corpulencia le vale,

y con diligencia mucha,

contra el lodo espeso lucha

y a la orilla opuesta sale.

 

Al fin ya de la jornada,

enlodado, sucio y puerco,

se vio delante del cerco

de aquella fruta vedada.

 

Iba a entrar sin embarazo

por un portillo, y observa

que oculto bajo la yerba

estaba por dentro un lazo.

 

Suspéndese vacilante,

y entre las ramas se asoma

una sencilla Paloma

diciendo: —"Pase adelante".

 

"No ponga reparo, amigo,

nada hay aquí que le asombre:

yo miro salir al hombre

y entrar por ese postigo",

 

"Siempre él tan sabio y experto,

libre va, que se expusiera

a ningún riesgo, aunque fuera

remoto y el más incierto".-

 

He aquí, que nuestro Venado

se anima, y al punto que entra,

sin saber cómo, se encuentra

por el pescuezo lazado.

 

Brinca con esfuerzo y salta,

tira, jala y se despecha;

el lazo más se le estrecha,

y el aliento ya le falta.

 

Con voz ronca y oprimida

dijo, por última vez,

"La imprudencia y sencillez

son peligros de la vida".

 

Tierna juventud humana,

de este siglo diez y nueve,

al Evangelio se debe

la máxima soberana:

simplicidad imprudente

es paloma peligrosa,

y prudencia maliciosa

es mortífera serpiente.

 

Llegó al colmo de la ciencia

quien unir a un tiempo sabe

de este reptil y aquella ave

la sencillez y prudencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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