Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

LOS SANATES Y EL BURRO

 

FÁBULA XXIV.

 

LOS SANATES Y EL BURRO

 

Si aquel ciprés recuerdas

en donde los sanates

dicen mil disparates

como personas cuerdas,


En ese mismo, ayer,

el congreso ya junto,

propusieron por punto

que se iba a resolver:

 

¿Cuál familia o cuál rama

de las aves cantoras

por sus voces sonoras

tenga más nombre y fama?

 

Quien, al mirlo celebra

por el estilo piano:

quien, al censonte indiano

porque la voz requiebra.

 

Uno alaba al canario,

otro al dulce jilguero;

aquel al vocinglero

pito, en su tono vario.

 

Este, al realejo tierno,

otro, al chiltote grave;

y a la calandria suave

daban elogio eterno.

 

Entre tanto alboroto,

cierto sánate pudo

chiflar con grito agudo

publicando su voto.

 

"Tú, delicias del hombre,

tú, divino cantor,

tú sólo, ruiseñor,

eres de MUCHO NOMBRE".

 

Entendiendo, aquí mal

la frase del idioma,

el MUCHO NOMBRE toma

por muchos en plural.

 

Y dijo, desde abajo

el indiscreto Burro:

"si a nombres va, discurro

 que a todos aventajo.

 

"Si a decirlos yo atino

mis nombres propios cuento

así: burro, jumento,

borrico, asno, pollino".

 

Aquí la junta toda

se vuelve trisca y bulla,

dándole al asno pulla,

cada vocal le apoda.

 

Pero aquel clarinero

que a los demás preside

silencio a todos pide

y dice chufletero:

 

"Muchos nombres no bastan

a dar a nadie gloría,

cuando hay bestias de noria

que a docenas los gastan.

 

"El nombre único y solo

dará honores al sabio

que merezca en el labio

sonar del mismo Apolo".

 

Temo mandarte copia

del cuento, amigo fiel,

no vaya a caer en él

con discreción impropia,

 

Don Rodrigo de Luna,

Alvarado, Guzmán,

Vargas, Rivas, Luzán,

Vega y Núñez de Osuna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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