Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

LOS ANIMALES EN CORTES

 

FÁBULA XXVII.
 

LOS ANIMALES EN CORTES
 

De muchos animales quejas

sin fin y largos memoriales

llegan al León, pidiéndole que forme

leyes nuevas y el Código reforme.

 

El León, entonces, de justicia lleno,

a Cortes les convoca en sitio ameno

donde tres diputados

por cada especie llegarán nombrados.
Apenas publicado fue este bando,
cuando fueron llegando
el Toro ardiente, el Jaco belicoso
el fiero Tigre, la Pantera, el Oso,
la Liebre, el Ciervo, el Gamo, el Perdiguero,
la Oveja y el Carnero,
el Marrano, el Coyote,
y después el Pollino a medio trote.


En fin, sin excepción, de varios modos,
se vieron juntos todos
uniéndose por su orden al efecto,
desde el noble Elefante al vil insecto.
¡Con qué elocuencia grave, con qué seso
desplegó sus talentos el congreso!
Del valor militar habló el Caballo,
de vigilancia el Gallo;
alaba el Perro su lealtad constante
la castidad ensalza el Elefante,
y aun el Asno, atenido a su experiencia,
encomia la virtud de la paciencia.
Contra el ocio perora
la Hormiga afanadora;
censura el mustio Gato
el paseo libre y el mundano trato
y hasta un Lobo político, aunque Lobo,
dijo mil maravillas contra el robo;
el Venado, el Conejo bullicioso,
la Ardilla, el Ratónenlo quisquilloso,
en la junta despliegan con destreza
su natural viveza,
brillando aun más con su maligno tono

el Zorro astuto y el picante Mono.

 

Después de mil debates

en que se hablaron muchos disparates

se trató de plantar el ejercicio

de la virtud y sofocar el vicio.

 

Discurriéndose medios muy diversos

para que los infames y perversos

al punto desterrados

fueran de las campiñas y poblados:

Y aunque a cada proyecto

se le encontraba siempre algún defecto,

el Gallo en fin propuso con instancia,

que la preponderancia

de algunos animales se quitara

y la ley de igualdad se decretara.

 

La propuesta causó grande susurro

y aun se llegó a sonreir el mismo Burro;

mas como un extranjero

pasa en cualquiera parte por primero,

distintos oradores

agotando de su arte los primores

sostuviéronle al Gallo de tal modo

que inclinado quedó el congreso todo.

 

Por interés los unos,

por zánganos los otros, y por tunos,

de la igualdad sancionan el decreto,

y luego al Rey lo llevan con respeto.

 

Firmó S. M. y en la asamblea

resuenan los aplausos de la idea,

llamándola un portento

y apostrofando al Gallo por su invento.

 

Salíanse ya, cuando un Ratón casero

vio junto a sí con ademán severo

al Gato su enemigo,

y poniendo al congreso por testigo,

 

"Ved, señor, dijo:

vuestro decreto es vano aunque prolijo,

pues mi Señor el Gato aún uñas tiene

y predominio sobre mí mantiene''.

"Amigo, exclamó el León, mis animales

se han declarado iguales;

mas no es fácil quitarles con presteza
lo que al nacer les dio naturaleza
con decretos eternos:
por hoy mantenga el Toro sus dos cuernos,
el Mulo las pezuñas,
el Tigre y Gato sus filosas uñas.
Guarde el Lobo sus dientes
y cada uno sus armas diferentes
hasta que sea pensado
el negocio, y mi reino nivelado...."
 

Nunca se llegó a ver por experiencia,

pero salió por fruto esta sentencia:
"Ningún Legislador, aunque profundo,

podrá igualar el mundo".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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