FÁBULA XXVIII.
EL DOGO
FALDERO Y EL MASTÍN.
Tuvieron no sé qué riña
y
sobre no sé qué cuento,
un arrogante Mastín
con un Doguillo faldero.
Este, aunque diminutivo
de las castas de los perros,
de su astucia y elocuencia
vivía muy satisfecho.
Contaba con cierta audacia
y
con cierto atrevimiento
de carácter, en ladrar
y
gruñir en todo tiempo.
Y
siendo tan degradado
en su talla, y en sus miembros,
se imaginaba un Goliat
en la materia de pleitos.
Ya había el animalito
dado en concursos muy serios,
pruebas de ser bullicioso
y
ladradorcillo necio.
Pero en esta vez estaba
sostenido con empeño
por el favor de sus amos
y
esto lo tenía engreído,
porque es constante que algunos
le halagaban con esmero,
le daban en sus estrados
y
en sus sofaes asiento.
A
veces se le admitía
en los corros más secretos,
y
entonces se le batía
el chocolate estupendo.
Todo, bien .se deja ver,
por interés .manifiesto
de que sirviera- el Doguillo
con su insaciable gargüero.
Con las alas de los amos
creció su orgullo y empeño
y
en ciertas desavenencias
se decidió a echar el resto.
Para salir con su idea
fraguó ciertos embelecos
con que obligar al Mastín
a
venir a cierto pleito.
Debía este decidirse
por trámites de derecho
y
por fórmulas forenses
en que el Mastín era lego.
En esta satisfacción
y
con grande atrevimiento
el doguillo le retó
señalando Juez y tiempo.
El flemático Mastín,
que de lejos vio el enredo,
sin inmutarse admitió
el desafío propuesto.
Preséntase al tribunal
donde el Dogo leguleyo
hizo el exordio estudiado
que convenía a su intento.
Allí usó de sus ardides
y
trampas, a todo riesgo,
seguro de conseguir
el triunfo del vencimiento.
Era empeñado el combate;
y
en sacar al Mastín reo
se cruzaban intereses
de odio y venganzas a un tiempo.
Mas el Mastín socarrón
que había entendido el juego,
con oportuna ocurrencia,
pone el Doguillo en aprieto.
Luego le obliga a que jure
y
con bizarro denuedo
sobre este golpe le oprime
con otro, no menos diestro.
Por fin y postre declara
el locuaz Perro faldero,
que ya nada pretendía
y
se apartaba del pleito.
Salió con rabo entre piernas,
maldiciendo sus proyectos
con mil votos y mil vidas
a
estilo de carretero.
Si este el éxito final
ha de ser de los enredos,
y
si en vez de triunfo sacan
público deslucimiento;
¿quién los meterá a los dogos
en estos graves empeños
con los valientes Mastines
que les llevan pelo y cuerpo? |

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