Quisiera ¡oh Fabio! que mi voz tronara,
y
cual rayo veloz y resonante
por el inmenso globo se esparciera,
y
el eco en el Olimpo retumbara.
Después que Troya dobla la arrogante
cerviz al yugo de la suerte fiera,
y
su gloria primera
en muerte ya trocada,
escucha horrorizada
de rabia y de dolor el triste acento,
Hornero con su dulce melodía
los cielos y la tierra suspendía,
y
su sonora voz librando al viento,
cantó de Aquiles la inmarcible gloría,
y
eternizó por siglos su memoria.
Si estas hazañas que en horror profundo
sepultaron a Troya: si estas guerras
donde juró su destrucción el hombre,
dolor al sabio, admiración al mundo:
si estas, en fin, que desolaron tierras han obtenido un ínclito renombre;
hoy Fabio, no te asombre
que mi musa atrevida
aspire enardecida al subir el Parnaso en la alta cumbre:
que si a mi lira la expresión le falta
para llegar a una región tan alta,
la libertad con su divina lumbre
inspira el fuego y las palabras dicta,
que inmortalicen a mi patria invicta.
De esclavitud tres siglos espantosa
hubieran ya por Kachiquel pasado.
En ellos la justicia no mostrara
nunca su faz divina y luminosa:
lloraba su trabajo malogrado
el labrador, a quien con mano avara
el rico despojara:
gimiera encarcelado
el pobre y desdichado:
falta de apoyo erraba la inocencia;
y
por colmo de errores sin ejemplo,
sobre las aras del sagrado templo,
de tus hijos ¡oh Dios de la clemencia!
la sangre con placer se derramaba,
y
el sacerdote en ella se bañaba!....
Empero tanto crimen, maldad tanta
su término encontrar al fin debía.
Cercada de una luz fulgente y bella
la libertad asoma: aterra, espanta
al negro despotismo: brilla el día:
con victoriosa planta el indio huella
las prisiones, y sella
su futuro destino...... jAquí, Numen divino,
tu protección y tu favor invoco!
Y
vosotras, del Pindó habitadoras,
y
de sensibles pechos las señoras,
musas, en mi favor hoy os convoco:
que sin vosotras mi cansado acento
no tiene fuego, ni vigor ni aliento.
Después de tantos años de cadenas,
después que el vario aspecto de la suerte,
despertando los odios engendrados,
viniese a acumular penas a penas,
¿Quién no viera seguir la dura muerte
en pos de los tiranos aterrados?
¿Esclavos humillados
a
su vez victoriosos
se portan generosos?
¡Oh Dioses, que habitáis el alto cielo
y
fulmináis el rayo vengativo!
descended, y un ejemplo hallaréis vivo
que os enseñe a clementes en el suelo.
Venid, y contemplad cual es la gloria
del que no mancha en sangre la victoria.
Hijos de KACHIQUEL, vosotros vistes
vuestro suelo con lágrimas regado;
mas para eternizar vuestro renombre,
no las lágrimas fueron de los tristes,
no el llanto acusador del desgraciado,
sino el de gratitud, que vuestro nombre
vocifere, y asombre.
Con ejemplo no oído
al déspota vencido,
y
al vencedor soberbio e inclemente,
con mano liberal el indo alzaba
a
su antiguo tirano: le brindaba
sus frutos y su albergue; y blandamente
le exhortaba a la paz y a la armonía,
y
su amistad sincera le ofrecía.
En lugar de la trompa belicosa,
presagio de la guerra y del espanto,
sólo se oyeron himnos de alegría:
en vez de la orfandad calamitosa
que siembra la impía muerte envuelta en llanto.
La amistad, el placer reinarse veía
y
de noche y de día
los ecos sonorosos,
y
juegos bulliciosos,
y
danzas, y festines y paseos,
anunciaban la paz y la concordia;
y
a despecho y pesar de la discordia,
colmaban de los buenos los deseos.
La traición, la crueldad y la venganza
espantadas huyeron a su estanza.
Yo, Fabio, a quien la Parca destructora
aún no hubiera robado lo que amaba,
participé del general contento.
Y
si mi voz, entonces insonora,
en acorde canto no se alzaba
por la anchurosa habitación del viento,
mi humilde pensamiento
en votos mil pedía
para la patria mía,
libertad, igualdad, paz, gloria y vida.
Los dioses se mostraron indulgentes
a
mis sinceras súplicas y ardientes,
y
mi voz en el cielo fue entendida.
Lo que yo viera y oyera, caro Fabio, a tí tan solo contará mi labio.
En el silencio de la noche umbrosa,
cuando ya fatigados los mortales
entregaban al sueño su desvelo,
y
de esta vida siempre procelosa
olvidaban los bienes y los males;
yo, importunando con viveza al cielo
en ardoroso anhelo,
mis ruegos continuaba
y
mis votos doblaba.
Súbitamente brilla un sacro fuego,
ilumina mi oscura y sola estancia,
y
siento una aromática fragancia.
Un genio celestial desciende luego
cercado de una luz tan esplendente,
que todo el cuerpo sus ardores siente. "Los dioses" dijo: "de piedad movidos,
a
predecirte el porvenir me envían.
Cambia ya tus afanes en contento.
El suelo que encerraba divididos
esclavos y tiranos; do se veían
reinar el odio y el furor sangriento,
de hoy más será el asiento
y
perpetua morada
de la igualdad sagrada,
de la justicia y libertad. Su nombre
será apoyo del bueno desdichado,
y
el terror del tirano y del malvado;
y
para que se extienda su renombre,
tú cantarás sus glorías dulcemente,
y
de laureles ceñirás tu frente".
Así habló el Genio: y remontando el vuelo
huyó a mi vista cual fugaz pudiera
rápida exhalación que se evapora
hendiendo el aire en la región del cielo.
Desde entonces, tranquilo el rostro, viera
con risa a la ambición afanadora
levantar cada hora
mil torres en el viento,
y
con soberbio intento
oponerse a la fuerza del Destino.
Tú la verás, ¡Oh Patria! confundida:
por querer en más precio ser tenida:
y
ante las aras de tu altar divino,
doblando el cuello que soberbia alzara,
adorar la Igualdad que despreciara.
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