Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

CANTO A LA INDEPENDENCIA DE GUATEMALA.

 

CANTO A LA INDEPENDENCIA DE GUATEMALA.
 

Quisiera ¡oh Fabio! que mi voz tronara,

y cual rayo veloz y resonante

por el inmenso globo se esparciera,

y el eco en el Olimpo retumbara.

Después que Troya dobla la arrogante

cerviz al yugo de la suerte fiera,

y su gloria primera

en muerte ya trocada,

escucha horrorizada

de rabia y de dolor el triste acento,

Hornero con su dulce melodía

los cielos y la tierra suspendía,

y su sonora voz librando al viento,

cantó de Aquiles la inmarcible gloría,

y eternizó por siglos su memoria.

 

Si estas hazañas que en horror profundo

sepultaron a Troya: si estas guerras

donde juró su destrucción el hombre,

dolor al sabio, admiración al mundo:

si estas, en fin, que desolaron tierras
han obtenido un ínclito renombre;

hoy Fabio, no te asombre

que mi musa atrevida

aspire enardecida
al subir el Parnaso en la alta cumbre:

que si a mi lira la expresión le falta

para llegar a una región tan alta,

la libertad con su divina lumbre

inspira el fuego y las palabras dicta,

que inmortalicen a mi patria invicta.

 

De esclavitud tres siglos espantosa

hubieran ya por Kachiquel pasado.

En ellos la justicia no mostrara

nunca su faz divina y luminosa:

lloraba su trabajo malogrado

el labrador, a quien con mano avara

el rico despojara:

gimiera encarcelado

el pobre y desdichado:

falta de apoyo erraba la inocencia;

y por colmo de errores sin ejemplo,

sobre las aras del sagrado templo,

de tus hijos ¡oh Dios de la clemencia!

la sangre con placer se derramaba,

y el sacerdote en ella se bañaba!....

 

Empero tanto crimen, maldad tanta

su término encontrar al fin debía.

Cercada de una luz fulgente y bella

la libertad asoma: aterra, espanta

al negro despotismo: brilla el día:

con victoriosa planta el indio huella

las prisiones, y sella

su futuro destino......
jAquí, Numen divino,

tu protección y tu favor invoco!

Y vosotras, del Pindó habitadoras,

y de sensibles pechos las señoras,

musas, en mi favor hoy os convoco:

que sin vosotras mi cansado acento

no tiene fuego, ni vigor ni aliento.

 

Después de tantos años de cadenas,

después que el vario aspecto de la suerte,

despertando los odios engendrados,

viniese a acumular penas a penas,

¿Quién no viera seguir la dura muerte

en pos de los tiranos aterrados?

¿Esclavos humillados

a su vez victoriosos

se portan generosos?

¡Oh Dioses, que habitáis el alto cielo

y fulmináis el rayo vengativo!

descended, y un ejemplo hallaréis vivo

que os enseñe a clementes en el suelo.

Venid, y contemplad cual es la gloria

del que no mancha en sangre la victoria.

 

Hijos de KACHIQUEL, vosotros vistes

vuestro suelo con lágrimas regado;

mas para eternizar vuestro renombre,

no las lágrimas fueron de los tristes,

no el llanto acusador del desgraciado,

sino el de gratitud, que vuestro nombre

vocifere, y asombre.

Con ejemplo no oído

al déspota vencido,

y al vencedor soberbio e inclemente,

con mano liberal el indo alzaba

a su antiguo tirano: le brindaba

sus frutos y su albergue; y blandamente

le exhortaba a la paz y a la armonía,

y su amistad sincera le ofrecía.

 

En lugar de la trompa belicosa,

presagio de la guerra y del espanto,

sólo se oyeron himnos de alegría:

en vez de la orfandad calamitosa

que siembra la impía muerte envuelta en llanto.

 

La amistad, el placer reinarse veía

y de noche y de día

los ecos sonorosos,

y juegos bulliciosos,

y danzas, y festines y paseos,

anunciaban la paz y la concordia;

y a despecho y pesar de la discordia,

colmaban de los buenos los deseos.

La traición, la crueldad y la venganza

espantadas huyeron a su estanza.

 

Yo, Fabio, a quien la Parca destructora

aún no hubiera robado lo que amaba,

participé del general contento.

Y si mi voz, entonces insonora,

en acorde canto no se alzaba

por la anchurosa habitación del viento,

mi humilde pensamiento

en votos mil pedía

para la patria mía,

libertad, igualdad, paz, gloria y vida.

Los dioses se mostraron indulgentes

a mis sinceras súplicas y ardientes,

y mi voz en el cielo fue entendida.

Lo que yo viera y oyera, caro Fabio,
a tí tan solo contará mi labio.

 

En el silencio de la noche umbrosa,

cuando ya fatigados los mortales

entregaban al sueño su desvelo,

y de esta vida siempre procelosa

olvidaban los bienes y los males;

yo, importunando con viveza al cielo

en ardoroso anhelo,

mis ruegos continuaba

y mis votos doblaba.

 

Súbitamente brilla un sacro fuego,

ilumina mi oscura y sola estancia,

y siento una aromática fragancia.

Un genio celestial desciende luego

cercado de una luz tan esplendente,

que todo el cuerpo sus ardores siente.
"Los dioses" dijo: "de piedad movidos,

a predecirte el porvenir me envían.

Cambia ya tus afanes en contento.

El suelo que encerraba divididos

esclavos y tiranos; do se veían

reinar el odio y el furor sangriento,

de hoy más será el asiento

y perpetua morada

de la igualdad sagrada,

de la justicia y libertad. Su nombre

será apoyo del bueno desdichado,

y el terror del tirano y del malvado;

y para que se extienda su renombre,

tú cantarás sus glorías dulcemente,

y de laureles ceñirás tu frente".

 

Así habló el Genio: y remontando el vuelo

huyó a mi vista cual fugaz pudiera

rápida exhalación que se evapora

hendiendo el aire en la región del cielo.

Desde entonces, tranquilo el rostro, viera

con risa a la ambición afanadora

levantar cada hora

mil torres en el viento,

y con soberbio intento

oponerse a la fuerza del Destino.

Tú la verás, ¡Oh Patria! confundida:

por querer en más precio ser tenida:

y ante las aras de tu altar divino,

doblando el cuello que soberbia alzara,

adorar la Igualdad que despreciara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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