Fábulas  Completas 

 Dr. Rafael García Goyena

EL MASTÍN Y LA RATA

FÁBULA IV.

EL MASTÍN Y LA RATA

En la opulenta vivienda

de un ricote, estaba echado

un grave mastín cebado

de esos que guardan "la hacienda"

Una rata reverenda

mirando el paso seguro

dejó el subterráneo oscuro

en que tiene domicilio,

para pedirle su auxilio

en un gravísimo apuro.

 

Llega con modestia grata,

ante el perrote se humilla,

y en tales términos chilla

la humilde y tímida rata:

"Si entre los hombres se trata

de excitar, la humanidad,

yo tengo necesidad,

en mis crecidos tormentos,

de implorar los sentimientos

de vuestra animalidad".

 

"Soy una mísera viuda,

que a seis hijitos mantengo,

y bajo del sol no tengo

una alma que esté en mi ayuda".

"Me ha jurado guerra cruda,

un gatazo fementido,

que acabó con mi marido,

con mi madre, con mi abuela,

y a toda mi parentela

tiene un odio envejecido".

"No vivo libre un momento,

de continuos sobresaltos,

recelando los asaltos

de este enemigo sangriento".

"Cuando busco el alimento

necesario a mis menores

¡qué sustos y qué temores

y qué precauciones gasto

para no servir de pasto

a sus dientes trinchadores!"

Aunque es tan cruel y temible

para nosotros, con todo

se conduce de otro modo

ante tu aspecto terrible;

a sólo tu vista horrible

se eriza todo el gatazo,

pone en arco el espinazo,

cola y orejas encoje,

y en algún rincón se acoge,

temiéndose algún fracaso.

Siendo, pues, tan superior

por tu fuerza y valentía

tanta la cobardía

del tirano mi opresor,

será para tu valor

muy pequeña esta victoria,

pero eclipsará la gloria

de toda la, gatomaquia

y desde Lempa al Valáquia

celebrarán tu memoria.

 

"A esta infeliz patrocina;

tu noble esfuerzo me valga:

no permitas que se' salga

esta fiera con mi ruina".

"A tu cólera canina

no puede hacer resistencia:

líbrame de la violencia

de su famélica saña,

y harás con sólo esta hazaña

segura nuestra existencia".

 

El mastinazo tenía

sobre las manos cruzadas,

descansando las quijadas

y al soslayo la veía;

contestándole decía

a la rata dolorida:

"Lleve paciencia, querida,

sus temores y disgustos,

que a cambio de tales sustos,

se nos concede la vida".

 

"Ningún mortal se sustrajo

de pagar este tributo

desde el león, monarca bruto,

al humilde escarabajo.

"Está en regla tu trabajo

según cierto colegial,

pues tanto el bien como el mal,

el descanso y la fatiga,

entran en el plan, amiga,

del sistema universal".

 

En esta razón gritó

el amo, porque enfadado

le daba voces a un criado,

y luego el perro ladró.

Al puntó se levantó,

diciendo: "voy en ayuda

del pobre Hombre, que sin duda,

en algún peligro está,

y talvez extrañará

que a su defensa no acuda".

 

De esta suerte se despide,

y ladrando el Perro corre

hacia el hombre a quien socorre

sin que nadie lo convide.

Pero a la Rata, que pide

con necesidad extrema,

la deja que gima y tema,

añadiendo el desconsuelo

de que su pena y su duelo

está en orden del sistema.  

 

Aliviamos al pudiente

en sus penas moderadas,

y en las suyas reagravadas

dejamos al indigente.

Bien sabes, lector prudente,

que es fábula lo que escribo,

pero si eres reflexivo

y de memoria no escaso,

te acordarás de algún caso,

idéntico y efectivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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