Excelentísimo Señor:Permítame V. E. que antes de principiar a contestarle su nota de ayer, le devuelva la minuta de las bases que acompaña para una negociación. En ella se trata al Jefe del Gobierno de Colombia como a un simple General; y si esto fuera inadvertidamente podría pasarlo; mas ya se declaró que ningún documento con esta informalidad lo admitiríamos. Noto a la vez una contradicción, pues en la nota se habla dignamente del gobierno, y en la minuta se comete la falta de tratar a su Jefe cómo a un particular. Sea cuales fueren los motivos que V. E. tenga para ello, se servirá meditar que nosotros insistiendo en no mezclarnos en los asuntos interiores de nuestros vecinos, prescindimos de averiguar si V. E. tiene, o no, las cualidades que exige la constitución peruana para presidir al Perú, y nos limitamos a tratarlo como tal, por que es lo que corresponde a una nación extranjera.Viniendo la minuta en regla. entraremos en la discusión de ella: y no obstante que desde ahora merecía desecharla, no lo hago, para que jamás se nos acuse de que rehusamos el oir proposiciones, por extravagantes que sean, porque deseamos la guerra.He propuesto antes que el comisionado del gobierno de Colombia pase, a tratar con V, E.; o si se quiere, puede nombrarse una comisión de ambas partes, que ventile las cuestiones, y que arregle si es posible las bases de una transacción. He dicho a V. E. que no aspiramos a humillar al Perú, porque es de nuestro honor mismo que ningún pueblo de América se envilezca: queremos todo lo noble y todo lo justo. Si el gobierno peruano está animado de iguales sentimientos, y aleja la extraña pretensión de imponer preceptos a Colombia, nos hallará siempre prontos a ahorrar sangre americana. Vencedores en todas partes, y con el orgullo que nos inspiran nuestros triunfos, no tememos ni ventajas ficticias ni amenazas, y confiamos en sostener el decoro de nuestra patria, y la integridad absoluta de nuestro territorio, como lo hemos hecho contra potencias y ejércitos poderosos; pero nos estremecemos de ]as calamidades que amenazan a los pueblos por una guerra entre dos naciones del Nuevo Mundo, que han combatido juntas por la independencia, y que sin haberla aun obtenido completamente, van a mancharse hasta con crímenes, que nos presentarán como sedientos insaciables de la sangre humana, y como hombres sin razón para conocer sus intereses, y discutirlos en calma.En medio del disgusto que nos causa esta lucha, nos consuela la idea de que las desgracias que ella arrastre no son buscadas por nosotros. Defendemos nuestros hogares, nuestros derechos, nuestra independencia, contra un enemigo que nos ha invadido ; y las naciones que contemplan ofensas de este tamaño a un pueblo aguerrido, a quién sus agresores deben tantos beneficios, nos concederán hasta el derecho de la venganza.Prescindo tratar de las cosas de Bolivia, por que en un convenio se arreglará lo que toque a ella, en cuanto a su soberanía e independencia. No queremos inserirnos en los negocios domésticos de aquella República, pero si usaremos del derecho de las naciones, para que el equilibrio de sus poderes mantenga la paz.Si es que en fin V. E. conviene que una comisión de ambas partes discuta la cuestión pacíficamente, me prestare gustoso, por que sean cuales fueren las últimas órdenes que yo haya recibido, (*) y los resultados de esas conferencias: habrán siquiera precedido explicaciones a una batalla. Si ellas produjeren las bases de una transacción honrosa, me felicitaré más que de una victoria; y estoy cierto que cualesquiera que sean nuestras quejas, el Libertador Presidente verá con placer el restablecimiento de la concordia entre dos pueblos que le deben su existencia. De mi parte querría presentarle la paz, como la más festiva recepción en su próxima llegada al ejército del Sur.Concluiré indicando a V. E.. que si la buena fe busca una reconciliación, deben ahorrarse nuevos agravios en proposiciones que irriten más los ánimos y que los colmen de indignación, y motivos de eterna venganza.Soy de V. E. atento servidor.Antonio José de Sucre. |