Entonces San Martín
emprende la creación del Ejército de los Andes, en el que el pueblo
de Cuyo contribuyó con todo lo que podía. Se establecieron nuevos
impuestos, se rematan las tierras públicas, se crea una contribución
extraordinaria de guerra, se recibieron donaciones en joyas y en
dinero, se gravó con un peso cada barril de vino. Además se usaban
los transportes de carretas en forma gratuita para los materiales que
necesitaba el ejército y a las personas, sin retribución para
trabajos públicos, los artesanos servían en los talleres militares
sin sueldo, y las mujeres contribuían con sus labores cosiendo
gratuitamente los uniformes de los soldados.
Se conoció en esos
momentos que España preparaba una expedición de diez mil hombres, al
mando del general Murillo, que se dirigía hacia el Río de la Plata a
sojuzgar a los rebeldes y someterlos al dominio del rey. El entonces
coronel San Martín reunió al pueblo de Cuyo en cabildo abierto y el
6 de junio de 1815 distribuyó un bando que conviene transcribir en
parte porque demuestra el temple del Libertador: "Es llegada la
hora de los verdaderos patriotas. Se acerca al Río de la Plata una
expedición de diez mil españoles. Ya no se trata de encarecer y
exaltar las virtudes republicanas, ni es tiempo de exhortar a la
conservación de la fortunas o de las comodidades familiares. El
primer interés del día es el de la vida: este es el único bien de
los mortales. Sin ella, también perece con nosotros la patria. Basta
de ser egoístas para empeñar el último esfuerzo en este momento único
que para siempre fijará nuestra suerte. A la idea del bien común y a
nuestra existencia, todo debe sacrificarse. Desde este instante el
lujo y las comodidades deben avergonzarnos… Desde hoy quedan
nuestros sueldos reducidos a la mitad. El empleado que no quiera donar
lo que deja de percibir recibirá un boleto par su abono en mejores
circunstancias. Yo graduaré el patriotismo de los habitantes de esta
provincia por la generosidad… Cada uno es centinela de su
vida."
Las damas de Mendoza,
encabezadas por María de los Remedios de Escalada de San Martín, su
esposa, fueron recibidas por el cabildo en audiencia y, en presencia
del pueblo, se despojaron de sus alhajas y donaron sus joyas a la
patria.
Llegamos así al final
del año 1815 con las desalentadoras noticias de la derrota del Ejército
del Norte, dirigido por Rondeau, en la batalla de Sipe-Sipe el 29 de
noviembre de dicho año y deben regresar a Salta. Las fuerzas del
virrey del Perú, comandadas por el general Osorio, dominan Chile. El
ejército de Murillo, que debía llegar a Buenos Aires había
desembarcado en Venezuela y batía a las tropas de Bolívar. Fue
entonces cuando San Martín, al mando del pequeño ejército de Cuyo
era la única esperanza de las Provincias Unidas. Es en estas
circunstancias que reúne a sus oficiales y expone su plan del paso de
los Andes y la reconquista de Chile.
El año 1816.
A fines del año
anterior había sido restituido Fernando VII, al que en la Península
llamaban "El Deseado". Sus primeras disposiciones en el
trono defraudaron a los americanos. Cono ya dijimos, derogó la
Constitución de Cádiz, que habían establecido las Cortes y se habían
declarado Soberanas y, lo que es peor, declaró "reo de lesa
Majestad" a los independientes, imponiéndoles la pena de muerte.
Esto tarjo como consecuencia que los generales realistas cometieran
enormes crueldades contra las poblaciones rebeldes, especialmente en
Venezuela y en el Alto Perú.
A principio de año
comienzan a llegar a la ciudad de Tucumán los delegados de las
distintas provincias —electos por sufragio universal— y el 24 de
marzo se constituye allí el Soberano Congreso Nacional de las
Provincias Unidas del Río de la Plata. La Gobernación de Cuyo tenía
cuatro delegados, amigos de San Martín y miembros de la Logia
Lautaro. Por la provincia de San Juan: fray Justo de Santa María de
Oro y Francisco Narciso Lapida; por Mendoza: Tomás Godoy Cruz y don
Agustín Maza; por San Luis, Juan Martín de Pueyrredón, que estaba
distanciado de San Martín por su actuación en el episodio de la
disolución del primer Triunvirato en 1812.
San Martín insiste ante los delegados de su gobernación en la pronta
reunión del congreso. En el mes de mayo el Congreso trata de la
elección del nuevo Director Supremo. El primer candidato considerado
es Belgrano, luego se piensa en San Martín, pero los delegados de
Cuyo se oponen, finalmente es designado el día 3 de ese mes Juan Martín
de Pueyrredón como Director Supremo, con el consentimiento de los
delegados de San Martín. Godoy Cruz había limado las asperezas entre
los dos patriotas.
Mientras tanto, San
Martín, como Gobernador de Cuyo, insistía ante el Director Supremo
la conveniencia de acometer la empresa del paso de los Andes. Ya había
comenzado con sus actividades de espionaje y tenía confidentes en
Santiago dentro de las esferas realistas que le comunicaban las
actividades del gobernador Osorio, y luego las de su reemplazante Marcó
del Pont. Así mismo sus espías fomentaban la insurrección en los
patriotas de Chile preparando el terreno para la futura invasión. Había
sido San Martín propuesto para comandar el ejército del Perú en
reemplazo del general Rondeau, pero él no confiaba en el éxito de
esta empresa y recomienda al Director que nombre a Manuel Belgrano en
su lugar.
Durante este año se
llevan a cabo varias batallas navales realizadas por corsarios con el
pabellón del Río de la Plata, que capturan presas entre los barcos
que realizan la travesía entre América y España, interceptando
valiosos cargamentos, entorpeciendo el tráfico de esclavos, lo que le
vale a estas provincias el reconocimiento de la opinión liberal de
Europa. A su vez se intercepta correspondencia confidencial que
permite conocer el verdadero estado de las tropas realistas en el
Caribe y en Venezuela y por este medio se conoce en Buenos Aires los
progresos de Bolívar y de las tropas independientes de México. En
este contexto se prepara la expedición del Comandante Guillermo
Brown, secundado por Hipólito Buchardo, que partiendo desde el Río
de la Plata, dobla el cabo de Hornos y ataca las fortalezas Españolas
de Chile y luego los puertos fortificados del Callao y Guayaquil. Esto
permite a los patriotas conocer las defensas de estos puertos que
luego serían de utilidad para la campaña al Perú y formarían el
comienzo de la flota libertadora.
Luego de la derrota de
Sipe-Sipe en el Alto Perú, San Martín cree que ya ha llegado el
momento de promover su idea de la conquista de Lima por el Pacífico.
Envía entonces a su delegado, Manuel Ignacio Molina, a Buenos Aires
para convencer al Director de la conveniencia de la expedición a
Chile. El Ministro de Guerra era Tomás Guido, amigo de San Martín y
miembro de la Logia, que ya estaba al tanto de la idea del Libertador,
pero el gobierno no estaba convencido aún. La misión de Molina, si
bien no pudo convencer al gobierno de autorizar la expedición, al
menos consiguió una ayuda de 5.000.- pesos mensuales para el ejército.
Sirviéndose de la
astucia, San Martín hace correr la noticia que su ejército se
preparaba para marchar hacia el Alto Perú. Hizo los preparativos del
traslado para intentar que los realistas cruzaran la cordillera
pensando que Mendoza quedaba desguarnecida, y así vencerlos en una
batalla de este lado de la cordillera. Pero Marcó del Pont no cayó
en la celada y nada hizo.
San Martín envía
entonces a Buenos Aires a su ayudante de campo, José Antonio Álvarez
Condarco, ingeniero militar, con un detalle de la campaña que
planeaba. Condarco se entrevista con Antonio González Balcarce, que
actuaba en forma interina hasta la llegada del nuevo Director Supremo.
Pueyrredón era partidario ya del plan de la invasión a Chile,
entonces dio instrucciones de apoyar a San Martín con los pertrechos
de campaña (mes de junio). A partir de entonces la Capital comenzó a
enviar suministros que hicieron posible la expedición.
San Martín insiste
además ante sus delegados al Congreso en la necesidad de declarar la
independencia. Le escribía a Godoy Cruz: "¿Hasta cuándo
esperamos para declarar nuestra independencia? ¿No es una cosa bien
ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cocarda nacional, y por último,
hacerle la guerra al soberano de quien se dice dependemos… …Los
enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, puesto que
nos reconocemos vasallos." "Si esto no se hace, el Congreso
es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo la soberanía, es una
usurpación que se hace al que se cree verdadero soberano, es decir,
al rey de España." El 9 de julio el Congreso declara la
independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata de la
dominación de los reyes de España y su metrópoli. Ya no había
posibilidad de reconciliación con Fernando VII.
Pensando en los pasos
para cruzar la cordillera, San Martín aprovecha el hecho de la
declaración de la independencia para notificar de ella a Marcó. Envía
a Álvarez Condarco por el paso de Los Patos (el más largo) para
entregar el acta a los jefes realistas. Antes de partir le dijo:
"como es seguro que así entregue usted el pliego que lleva lo
despedirán con cajas destempladas por el camino más corto, que es el
de Uspallata (si no lo ahorcan) dará usted la vuelta redonda y podrá
a su regreso formarme un croquis sobre el papel."
El 15 de julio se reúnen
en Córdoba el Director Pueyrredón con San Martín donde combinan los
aspectos de la expedición. A partir de allí sellan su amistad que
durará toda sus vidas. Queda así decidida la expedición a Chile.
El cruce de los Andes
Una vez obtenido
el apoyo político a su proyecto, San Martín se dispone a realizar
los preparativos de la empresa. La maestranza estaba a cargo de fray
Luis Beltrán, natural de Mendoza, quien dejó los hábitos y,
comandando trescientos trabajadores, fundió cañones, balas, granadas
y preparó todos los implementos necesarios para la difícil marcha.
La armería estaba a cargo del mayor De la Plaza y la fábrica de pólvora
la dirigía el mayor ingeniero José Antonio Álvarez Condarco. Para
los uniformes, Beltrán construyó una tejeduría y una tintorería
para proveer los paños que las damas de Mendoza luego cosían.
El Director Supremo,
ya instalado en Buenos Aires, el día 1° de agosto promueve al
entonces coronel mayor San Martín al grado de general en jefe del Ejército
de los Andes, acuñando el nombre con que se conocería al ejército
libertador de la mitad de América del Sur. Luego aumentó la asignación
para dicho ejército a 8.000.- pesos mensuales.
En septiembre de ese año,
traslada su ejército, que se componía de 4.000 hombres, al
campamento del Plumerillo, al norte de la ciudad de Mendoza, donde Los
soldados y los jefes se entrenan para el combate. Desde allí se
completaron los últimos pertrechos necesarios.
El día 5 de enero de
1817, el ejército se dirige formado de gran parada hasta Mendoza
donde, en presencia de las autoridades y del pueblo, juran la bandera
celeste y blanca del ejército y como patrona, a la virgen del Carmen.
San Martín ocultaba
el punto por donde cruzarían la cordillera y hacía llegar a Marcó
del Pont rumores de distintos posibles pasos, insinuaba que cruzaría
por el sur y luego hacía correr rumores de que atacaría por el norte
con el objetivo de dividir sus fuerzas y lograr una sorpresa.
Todo estaba listo en
el Plumerillo para cruzar el ejército de 4000 hombres, con sus
caballos cañones municiones y víveres para un mes. Dos divisiones,
al mando del general Miguel Estanislao Soler y O´Higgins cruzarían
por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar
por el camino de Uspallata con la artillería. Una división ligera al
mando de Juan Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el Portezuelo
de la Ramada y apoderarse de Coquimbo. Otro destacamento ligero debía
cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por el
paso de Vinchina. Por el sur, el capitán Freyre penetraría por el
Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas.
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