Para servir la plaza ofrecida se presentó un joven de apenas veintidós
años de edad, estudiante en Oxford, modesto, serio y apasionado por la
ciencia. Era Carlos Darwin.
Hijo de
Roberto Waring Darwin, médico distinguido del Condado de Shrop, y nieto
del ilustre Erasmo Darwin, también médico y poeta nacido en Elston en
1731, Carlos Roberto Darwin vio la luz el 12 de febrero de 1809 en
Shrewsbury. Fue el abuelo Erasmo hombre de letras y de ideas muy
atrevidas para su tiempo, en algunas de las cuales acaso pueden verse en
germen ciertos principios evolucionistas que el nieto había de ahondar
y difundir años más tarde.
Desde niño
mostró Carlos Darwin extraordinaria inclinación a la naturaleza y a
observar sus fenómenos; dominábale una pasión: la de coleccionar toda
clase de objetos, conchas, piedras, estampillas, monedas. En su
autobiografía dice:
"Esta
pasión por reunir objetos, que lleva al hombre a ser naturalista sistemático,
o anticuario, o tacaño, era en mí muy fuerte y evidentemente innata
porque ni mi hermano Erasmo ni ninguna de mis hermanas tuvieron nunca
semejante capricho". A la edad de 16 años —dice
uno de sus biógrafos— la afición por coleccionar cosas había legado
a ser una pasión: conchas, minerales, insectos, huevos de aves
etc". (115)
Su padre
trataba en vano de inspirarle afición a los estudios de medicina,
tradicionales en la familia; al ver la poca inclinación que mostraba a
dicha ciencia, intentó dedicarlo al sacerdocio; pero al joven Darwin
tampoco le interesaba la Teología y era nada hábil para el aprendizaje
de idiomas.
Otro de sus biógrafos
dice que en la escuela sobresalía en Geometría, le gustaba leer los
dramas históricos de Shakespeare, los poemas de Tomson y las poesías
de Byron y de Scott. La lectura del libro de las
"Maravillas del Mundo" que conoció siendo muy niño, le
impresionó hondamente. (116) Ingresó a la
Universidad de Oxford en donde siguió:
lo
mismo que en Cambridge, estudiando sin entusiasmo, de modo que ninguna
esperanza ofrecía a sus maestros y familiares. En cambio apasionábale
la lectura de libros sobre Geología y Ciencias Naturales. Las obras del
sabio alemán Alejandro von Humboldt .devoraba con particular deleite y
tuvieron decisiva influencia en la formación de su espíritu. Esas
lecturas le inspiraron vivísimo deseo de visitar lejanos países.
Cuando leyó el aviso de FitzRoy se entusiasmó sobre
manera y pidió a su padre permiso para embarcarse y formar parte de la
expedición que el Almirantazgo británico enviaba al Estrecho de
Magallanes. El Doctor Roberto Darwin se negó rotundamente a satisfacer
los deseos de su hijo; pero con la intervención de un pariente acabó
por consentir en ese viaje que pensaba duraría poco tiempo.
Carlos Darwin
se presentó, pues, al Capitán Roberto FitzRoy y fue aceptado como
naturalista de la expedición.
FitzRoy era
descendiente del Rey Carlos II y de Bárbara Villiers, por parte de los
Duques de Grafton. Había ingresado a la marina cuando sólo tenía
catorce años de edad y antes de los veinte era ya Teniente de Marina.
FitzRoy era cuatro años mayor que Darwin. Este, cuando se presentó al
Capitán del "Beagle", era un joven de elevada estatura,
piernas largas, hombros anchos, frente amplia, ojos grises, cejas
espesas, nariz larga y boca bien formada. Su hermoso rostro
revela,
según retratos de la época, inteligencia y bondad al par que una
personalidad decidida y fuerte.
El barco que
iba a realizar, como dice Monte, "una de las hazañas científicas
más grandes de todos los tiempos", cuyo nombre figura
gloriosamente en la historia de la Ciencia era un bergantín de seis cañones,
reconstruido y adaptado para la expedición científica en las costas de Sud América que se prolongó por cinco años y medio: El
"Beagle" regresó a Inglaterra después de haber dado la
vuelta al mundo.
Los resultados
de este viaje fueron de trascendencia muy honda en la historia de la
ciencia: Además de preciosos datos geográficos y oceanógraficos; de
importantes investigaciones climatológicas, geológicas y botánicas,
una concepción nueva o por lo menos olvidada desde los lejanos tiempos
de Lucrecio, atrajo la atención del pensamiento humano. Ya no eran teorías
o atisbos de sabios naturalistas o filósofos griegos o romanos, sino
hechos concretos que no encontraban explicación satisfactoria sino
mediante leyes biológicas que venían a revolucionar muchos conceptos
en las ciencias de los seres vivos. Y el extraordinario espíritu analítico
unido a la especial capacidad de síntesis de Carlos Darwin hizo que
esta transformación de la Biología se popularizara y volviesen a
discutirse con calor las doctrinas de Juan Bautista Lamarck (1744-1829),
de Jorge Cuvier (1769-1832) y de Sir Charles Lyell (1797-1875).
El 27 de
diciembre de 1831 levó anclas el bergantín "Beagle" y dirigió
la proa a Sud América. Darwin llevaba consigo las obras de Humboldt,
los "Principios de Geología" de Carlos Lyell que acababan de
ser publicados, y "El Paraíso Perdido" de Milton. La obra de Lyell fue guía valiosa en sus investigaciones geológicas, pues ofrecía
una explicación nueva a las transformaciones del globo.
Las
descripciones de Darwin, desde el momento en que llegó a las costas del
Brasil, revelan el "embeleso", la admiración, el transporte
que le produjo la bella y rica naturaleza tropical americana. Sus
observaciones geológicas establecieron las primeras y sistematizadas
teorías de la formación del Continente según la ciencia moderna y
completaron los geniales estudios de Humboldt. Después de hacer el
cuadro de la formación geológica, después de reunir abundante
material para el estudio de la Zoología y la Botánica del Nuevo Mundo
en campos y selvas del Brasil y de la Argentina, especialmente de la Patagonia y la Tierra del Fuego; después de haber ascendido a la
Cordillera de los Andes en Chile y haber hecho curiosas observaciones
etnográficas y sociológicas sobre nuestro Continente, Darwin se dirigió
al Archipiélago de Galápagos.

Llegó a las
islas el 15 de septiembre de 1835 y el 17 por la mañana desembarcó en
la isla Chatham.
Desde
el primer momento comprendió la importancia científica de esa extraña
tierra: "Is
very remarkable!
dice, "It
seems to
be a littie
world withim it
self;
the greater
number
of its
inhabitants,
both
vegetable
and
animal, being
found nowhere
else".
Sorpresa le
causó la formación geológica del Archipiélago en el que no vacila en
afirmar "hay por lo menos dos mil cráteres". Al contemplar
las ingentes masas de lava Darwin se dio cuenta de la formación
esencialmente volcánica de las islas. El sabio observador sostiene que
por erupciones ocurridas en el fondo del Océano se inició su formación.
Durante muchas centurias nuevas erupciones acumularían material pétreo
hasta que las nuevas tierras emergieron de la superficie del mar. En
todo caso, hablando en términos geológicos, la antigüedad de las
islas no es muy grande. Enfriadas las tobas volcánicas, poco a poco se
fue formando la flora y la fauna de las islas por migraciones casuales
llevadas por las olas y por los vientos. El sabio naturalista en su
famosa obra "Origen de las Especies" dice:
"Aunque
en las islas oceánicas las especies son pocas en número, con
frecuencia es extremadamente grande la proporción de las clases endémicas,
es decir, de aquellas que no se encuentran en ninguna otra parte del
mundo". .. "En las islas de los Galápagos
hay 26 especies de aves terrestres, de las cuales son peculiares 21,
o acaso 23, mientras que de las 11 especies marinas solamente dos
son peculiares, y es cosa sabida que las aves de mar podrían llegar
a estas islas mucho más fácil y frecuentemente que las de
tierra". (117) "Las islas oceánicas
carecen algunas veces de animales de ciertas clases, cuyos lugares
están ocupados por otras; así los reptiles en las islas de los Galápagos
y las gigantescas aves sin alas en la Nueva Zelandia ocuparon
recientemente el lugar de los mamíferos" ... "El Doctor
Hooker ha demostrado que en las islas de los Galápagos los números
proporcionales de los órdenes diferentes de plantas parecen muy
distintos de las que son de otras partes. Todas estas diferencias en
número y la carencia completa de ciertos grupos de animales y
plantas, son generalmente atribuidas a supuestas
diferencias en las condiciones físicas de las islas, pero esta
explicación es no poco dudosa, aunque la facilidad de emigración
parece haber sido tan importante como la naturaleza de las
condiciones". (118).
Por los párrafos
transcritos puede verse cómo las observaciones realizadas desde el
primer momento en que Darwin visitó las islas despertaron en la mente
del gran naturalista excepcional interés. Surgieron a consideración
del filósofo múltiples problemas a cual más importantes: ¿Cómo
explicar la población vegetal y animal del Archipiélago? Por qué la
existencia de especies que no existen en otras partes del mundo? A qué
se debe la diferenciación de estas especies? Respecto de la flora dice
Darwin que sólo en la isla Fernando Noronha ha visto una vegetación
que pueda compararse con la de las Galápagos. La original y
extraordinaria fauna le impresionó sobre manera. Tiene razón von Hagen
al decir que entre aquellas caóticas masas de lava, la teoría de la
evolución fue concebida; y que si no se puede asegurar que al poner los
pies en Galápagos naciera, enteramente de golpe en el cerebro de
Darwin, esta idea, fue allí, en el Archipiélago, en donde se cristalizó.
El mismo dice
en su "Diario" lo siguiente:
"Me
habían llamado fuertemente la atención las características de los
fósiles de Sur América y las especies en el Archipiélago de las
Galápagos. Estos hechos (especialmente los últimos) son el origen
de todas mis ideas"...
Veamos cómo
describe la extraña tierra de Chatham el agudo observador de la
expedición científica inglesa:
"La
primera impresión que causa el terreno tiene poco o nada de
agradable. Tropiézase con una superficie desigual, de negra lava
basáltica lanzada en oleadas de angulosos perfiles y atravesada
por grandes grietas. Por todas partes sólo arbustos enanos medio
marchitos, en los que se ven pocas señales de vida. El seco y
abrasado suelo, con el calor del sol de mediodía, daba al aire
cierta pesadez asfixiante como la de una estufa, y hasta nos parecía
que los arbustos olían mal. A pesar de la diligencia que puse en
recoger todas las plantas posibles, sólo pude procurarme muy
pocas, y eran unas pequeñas algas de ruin aspecto más bien
pertenecientes a la flora ártica que a la ecuatorial. Los
matorrales, aun vistos a corta distancia, parecían desnudos de
follaje como nuestros árboles durante el invierno, y tardé
bastante tiempo en descubrir que, no sólo todas las plantas
estaban en la época en que se cubren de hojas sino también de
flores. El arbusto más común es uno que pertenece a la familia
de las Euforbiáceas. Los únicos árboles que dan alguna sombra
son una especie de acacia y un gran cactus de extraño aspecto.
Según dicen, después de la estación de las grandes lluvias las
islas se cubren de verdor por algún tiempo". .. .El Beagle
navegó alrededor de la isla Chatham y ancló en varias bahías.
Una noche dormí en tierra en una parte de la isla donde eran
numerosísimos los conos negros truncados, pues desde una pequeña
altura conté hasta 60, coronados todos por cráteres más o menos
completos. El mayor número se componía sencillamente de un
anillo de escorias rojas unidas por un cemento, y su altura sobre
el plano de lava no excedía de 50 a 100 pies; ninguno de ellos
había estado en actividad desde fecha muy reciente.— Los
vapores subterráneos se han filtrado a través de todo el terreno
en esta parte de la isla, como por un cedazo; en diversos puntos,
la lava, estando aun blanda, había sido lanzada en grandes
bombas, mientras en otros sitios los techos de las cavernas,
formadas de un modo semejante, se habían hundido, abriendo pozos
circulares de paredes verticales. A causa de la forma regular de
los muchos cráteres el terreno presenta un aspecto artificial,
que me recordó, por su vivo parecido, la región de Staffordshire
donde más abundan las grandes fundiciones de hierro.
Brillaba
un sol abrasador, y era fatigosísimo el caminar por un suelo tan
quebrado, teniendo que atravesar espesas malezas; pero me vi bien
remunerado por el extraño paisaje ciclópeo. En mi excursión
tropecé con dos grandes tortugas, cada una de las cuales pesaría
al menos doscientas libras; una de
ellas estaba comiendo un trozo de cactus,
y al acercarme me miró y se alejó lentamente; la otra lanzó un
fuerte rugido súbitamente, y metió la cabeza debajo del caparazón.
Estos enormes reptiles, rodeados de negra lava, los arbustos sin
hojas y los grandes cactus, me transportaron con la imaginación a
un paisaje antediluviano. Las pocas aves de oscuro plumaje no
hicieron más caso de mí que el que habían hecho las grandes
tortugas".
(Journal
of
a Naturalist
during
a Voyage Round the
Worid.—London,
1839, 1844).

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Monumento a
Darwin.1
Casona Universitaria.
Guayaquil
|
Todo el diario
está lleno de observaciones interesantes y constituye el más valioso
estudio científico realizado hasta entonces sobre el Archipiélago;
habiendo marcado, también, época memorable en la historia de las
ciencias naturales. Con justa razón escribió Darwin: El viaje del
"Beagle" ha sido el más importante acontecimiento de mi vida
y ha determinado toda mi carrera".Piemos
reproducido estos párrafos por ser ellos magnífica descripción del
aspecto de las tierras singulares que con razón se llaman "Las
Encantadas".
Darwin
permaneció en las Galápagos hasta el 20 de octubre. Las islas que más
exploró fueron la James, Chatham, Cahries y Albermale; pero visitó y
recogió muestras en casi todas. En las colecciones que
formó, descuidóse de anotar la fecha exacta de la captura de los
ejemplares, lo que nos hubiera permitido deducir el lugar preciso de
origen, pues tenemos el itinerario del bergantín "Beagle". (119)
El haber omitido la isla en donde tomó los ejemplares de aves y de
reptiles y algunos otros detalles, sólo prueba que en aquella época,
no obstante las extraordinarias dotes del naturalista inglés, la técnica
científica no se hallaba suficientemente desarrollada y por eso se omitían
datos que entonces se creía no ser de muy grande importancia.
"Pocos ejemplares de una especie eran considerados suficientes para
cualquier propósito en aquellos días", dice Swarth en su
"Avifauna of the Galápagos Islands". Las nuevas especies
descubiertas por Darwin fueron descritas por Gouid simplemente como de
las islas Galápagos. Más tarde, en el Informe General sobre las
Especies recolectadas por la "Beagle" Expedition, hubo un
intento para indicar la isla o islas en donde cada especie fue
encontrada. En ese catálogo, en muchos casos no hay indicación alguna
al respecto, y en otros se hizo por información verbal de Darwin a
Gould.
Darwin recogió
todo el material que pudo para subsiguientes estudios de la historia
natural galapaguense: llevó a Inglaterra el único mamífero terrestre
que se encuentra como autóctono en las islas: un ratón (Mus
Galapagoensis);
26
especies de aves terrestres peculiares del grupo que no se hallan en
ninguna otra parte del mundo; quince
diversas especies de tortugas y ejemplares del género de lagartos
denominado Amblyrhynchus, con sus dos diferentes especies vulgarmente
llamadas iguana de tierra e iguana marina; 15 especies nuevas de peces
de agua salada; 16 especies de conchas todas peculiares del Archipiélago
y un considerable número de coleópteros; llevó, además 193 especies
de plantas fanerógamas y criptógamas; entre las fanerógamas cien
especies eran nuevas. Las estadísticas de distribución de las nuevas
especies, las observaciones respecto de la mansedumbre de las aves y la
causa de este fenómeno son muy interesantes.
Las
importantes observaciones geográficas, geológicas y las anotaciones
respecto de la zoología y la botánica fueron consignadas por Darwin en
su famosa obra "Journal of a Naturalist during a Voyage Round the
World", publicada en Londres en 1839. Mas en otra edición que hizo
en 1844, cambió radicalmente el capítulo sobre Galápagos: Ya no
abrigaba dudas sobre su teoría respecto de la evolución de las
especies, que en las Islas Encantadas creía que estaba plenamente
confirmada. Esta obra y las referentes a la Geología e Historia Natural
de los países visitados por el "Beagle",
tuvieron, como hemos dicho, gran repercusión en el mundo científico y
fueron traducidas a varios idiomas. (120) Veamos
algunas de las observaciones hechas por el gran naturalista en su visita
al Archipiélago: Lo primero que observa es que a pesar de hallarse éste
de 500 a 600 millas distante de las costas de la América del Sur, casi
todos los productos de tierra y agua, tanto vegetales como animales
llevan de manera indiscutible sello del continente americano:
"El
naturalista que estudia los habitantes de estas islas volcánicas
del Pacífico, a distancia de algunos cientos de millas del
continente, llega a creer que está en tierra americana. ¿Por qué
sucede así? ¿Por qué las especies que se suponen creadas en el
archipiélago de los Galápagos, y no en otra parte alguna, llevan
tan marcadamente el sello de afinidad con las creadas en América?
Nada hay en las condiciones de vida, en la naturaleza geológica de
las islas, en su altura o clima, o en las proporciones con que las
diversas clases están asociadas, que tengan gran parecido con las
condiciones de la costa sudamericana; pues existe considerable
desemejanza en todos estos conceptos. Por otra parte, hay grado
considerable de parecido en la naturaleza volcánica del suelo, en
el clima, altura y tamaño de las islas, entre los archipiélagos de
los Galápagos y de Cabo Verde; pero, ¡qué diferencia tan completa
y tan absoluta en sus habitantes! Los habitantes de las islas de
Cabo Verde están relacionados con los de África, como los del otro
archipiélago con los de América. Semejantes hechos no admiten
explicación alguna por la teoría ordinaria de la creación
independiente, mientras que en la opinión aquí sostenida es
evidente que las islas de los Galápagos recibirían probablemente
colonos de América, y las de Cabo Verde de África, ya por medios ocasionales de transporte o
ya porque primitivamente formaran tierra continua, aunque no creemos
en esta última hipótesis. Dichos colonos estarían
sujetos a modificaciones, aun cuando el principio de la herencia
todavía acusa el lugar original de su nacimiento". (121)
. . ."La misma ley que ha determinado el parentesco entre los
habitantes de las islas y los del continente más próximo se
manifiesta algunas veces en pequeña escala, aunque de interesantísima
manera, dentro de los límites de un mismo archipiélago. Así cada
isla separada del archipiélago de los Galápagos está habitada, y
el hecho es maravilloso, por muchas especies distintas; pero éstas
se relacionan unas con otras en modo mucho más íntimo que con las
que habitan el continente americano o cualquier otro punto del
globo". . . "El hecho que realmente sorprende en el
Archipiélago de los Galápagos. . . es que cada nueva especie,
después de haber sido formada en cualquiera de las islas, no se
extienda rápidamente a las demás; pero éstas aunque a la vista,
están separadas unas de otras por brazos de mar de mucho fondo, más
anchos en la mayor parte de los casos que el Canal de la Mancha, no
habiendo motivo para suponer que hayan estado unidas con continuidad
en un período anterior dado. Las corrientes del
mar son rápidas entre las islas, y las de viento
extraordinariamente raras; de suerte que
las islas están en realidad mucho más separadas entre sí de lo
que parece cuando se tiene delante un mapa". (122).
Sigue Darwin analizando los fenómenos que
ofrecen la fauna y la flora de las islas para llegar a la conclusión
deque
el origen de todas las especies existentes en el Archipiélago hay
que buscarlo, acaso en época remota, en el continente americano; y
que la diversificación producida y la formación de nuevas especies
se debe más que a condiciones físicas del medio, a la selección
natural y adaptación en la lucha por la supervivencia. El
Archipiélago fue para Darwin como un laboratorio experimental que le
sirvió para confirmar sus teorías sobre la evolución de las
especies; y así podemos considerar al naturalista inglés como el
descubridor de las Galápagos para la Ciencia |