Jacinto de Evia. Poeta Colonial


Fuente:

http://cervantesvirtual.com/portal/bnc/fondo_jtm_obras.shtml 

Ramillete de Varias Flores Poéticas recogidas y cultivadas en los primeros abriles de sus años por el Maestri Xacinto de Evia.

 

 

Jacinto de Evia. Poeta Colonial

Dedícale

Al Licenciado don Pedro de Arboleda Salazar, Provisor, Vicario General y Gobernador deste Obispado de Popayán, por ausencia del Ilustrísimo Señor Doctor Don Melchor Liñán de Cisneros, del Consejo de su Majestad, Obispo dél

Dedícale

Al Licenciado don Pedro de Arboleda Salazar, Provisor, Vicario General y Gobernador deste Obispado de Popayán, por ausencia del Ilustrísimo Señor Doctor Don Melchor Liñán de Cisneros, del Consejo de su Majestad, Obispo dél

CON LICENCIA

En Madrid: En la Imprenta de Nicolás de Xamares, Mercader de Libros, a de 1676

Al Licenciado don Pedro de Arboleda Salazar

Provisor, Vicario General y Gobernador deste Obispado de Popayán, por ausencia del Ilustrísimo Señor Doctor Don Melchor Liñán de Cisneros, del Consejo de su Majestad, Obispo de él

 

 





Mart. de Roa in dedicat fingul. loco, ad Petr. tern. De Cord.

     Estas primeras flores, o estrena de mi ingenio, que pretendo sacar a la sacar a la común luz, consagro al nombre ilustre de Vuesa merced y el resplandor, y ornato que le negó su origen, logro dichoso de sus luces, y la recomendación que no consiguiera por su pequeñez, se la granjea de lo preeminente de la dignidad y nobleza de Vuesa merced Primum ingenii specimen (decía un Erudito Jesuita) quod implicum edo tibi, tu nomini inscripti; ut quod a me habere non potuit, a tua luce splendorem accipiat, et quam optare posset, a tua Dignitate commendationem. De su ingenio también de Vuesa merced conseguirán crédito con su docta censura; porque los libros, no sólo se deben dedicar a quien los honre con su nombre, defienda con su autoridad, y ampare con su sombra; pero principalmente, a quien enmiende con su advertencia, e ilustre con su ingenio, que de tan gran talento no pretendo hacer vanidad de ser entendido, cuando por sabidos, tiene Vuesa merced olvidados estos verdores, y en asuntos más relevantes, y arduos, puede Vuesa merced acreditarlos con su voto.









Gregor. Nisen.

     Y si atiendo a tanta virtud política, y Cristiana, que adornan un caballero eclesiástico, de sus eminentes puestos de Vuesa merced quien no conoce su prudencia, su vigilancia, su entereza: quien no alaba aquel templar la gravedad, y majestad de la dignidad con la llaneza, y familiaridad con todos, sin que la más ínfima jerarquía se extrañe de sus agasajos, moderando la severidad de lo recto de juez eclesiástico, con la humanidad, y noble cortesía templando en las sombras de unas virtudes los resplandores de las otras, para que los ojos flacos de los pequeños puedan sin deslumbrarse, tratar las luces de la grandeza de Vuesa merced y sus ilustres prendas. De esta semejanza se valió el gran Niseno, para explicar este discurso, que aunque sean dilatadas sus palabras, las traslado todas, porque Vuesa merced se vea retratado en ellas: Sicut palpebrarum prominentibus pilis, quasi vello obiecto puritarem, et vehementiam radiorum natura obumbrans, et franges temperatum acdilitum splendorem oculis infert, quo placidius Sol proeo modo, quem usus poscit, cum umbra, quem palpebra facivat temperatus existat: Ita morum gravitas, atque maiestas cum moderata animi demissione comnixta non avertit oculos intuentium, sed iucunlum eficit obtutum, ve neque gravitatis, ac seneritatis splendor obscuritor, neque latens in anima vis propter humilitatem despiciatur; sed alterii equalter in utroque tum incelsitud me, ac sublimitate comitas, et humanitas; tum in humilitate versa vicigravitas, ac severitas anima duertatur.





D. Hiero. ic. 2. c. 16 122.

     Compitiendo, pues, en Vuesa merced las adquiridas virtudes con las heredadas glorias de sus generosos ascendientes, agravio fuera a su sangre no señalar, si quiera, las venas por donde se deriva tan ilustre; y fuera faltar a un ajustado precepto de la retórica, el omitir esta mi obligación, præcepta sunt (advirtió el Doctor Máximo) Rethorum, ut maiores eius, qui laudandus est, et eorum gesta altius repentantur, sicque ad ipsum quasi pergradus sermo perveniat. Porque si me llevar de mi afecto, publicara al mundo, no un árbol de su gloriosa ascendencia; pero arboledas ilustres, montañas de nobleza con que se pudieran acreditar ilustrísimas casas, y coronar no pocos sus más augustos timbres. Pero dejo este asunto, no sólo porque no me lo riña su modestia de Vuesa merced y aquel natural retiro, con que se hace más estimado y amado de todos; pero por hacer lisonja a mi corto caudal, pues quedará poco airoso con tan sublime empresa ese es empeño de la fama, que bien sabe el mundo, que después de haber los arboledas ilustrado en Francia famosos varones, pasaron a España por retocar con el carmín de sus venas muchos gloriosos blasones.

Prov. 17 6

















Greg. Nazianzen. Orat. Paneg. in D. Basil. Magn.

     Y si, como dice el Espíritu Santo, es corona ínclita de los hijos tener padres ilustres: Gloria filiorum patres eorum. Quién mejor se puede gloriar, ni con tanto crédito, como Vuesa merced pues es el señor deán don Jacinto de Arboleda, amabilísimo progenitor suyo, el tiempo que le gozó el siglo, fue de su ciudad la primer cabeza, el Padre de la Patria, y a el asilo universal de los pobres. Publícanlo hasta ahora las viudas, y huérfanos de la ciudad de Anurma, que lloran su desamparo. Su casa fue una familia religiosa en lo circunspecto, recogido, y bien doctrinado de los hijos, y hijas, ni hizo falta el claustro, ni orden regular, para que fuese tenida por norma de toda virtud. Y después de la muerte de su querida consorte, sublimado al carácter Sacerdotal, fue ejemplo de todos los eclesiásticos de este Obispado; no sólo doctrinandolos con su proceder, pero adornándolos con sus muchas letras, por haber sido doctado de las plausibles noticias de los dos derechos, civil y canónico, laureado con el honor de bachiller en la Universidad de Salamanca, que es la norma de ambos magisterios. Y si en el siglo le galantearon los mayores puestos de su República, y a sacerdote le rondaron los honores más acreditados de esta catedral. Pues su Majestad (que Dios guarde) de nuestra Soberana Señora, y Reina, Doña ANA MARÍA de AUSTRIA (sin haberse valido de los favores, y pretensiones que acostumbran los más beneméritos) le honró con las dignidades de tesorero, hasta la de deán de esta nobilísima Iglesia de Pamplona, en que le cogió la muerte. Y para cabeza deste Obispado, provisor, y gobernador suyo, le buscaron, como el más benemérito, dos ilustrísimas mitras, el Señor Doctor Don Vasto Jacinto de Contreras; y el Señor Doctor Don Melchor Liñán de Cisneros, ambos Obispo de este Obispado. Que nacidas vienen a su padre de Vuesa merced unas palabras del Nacianceno, hablando de su amigo el Gran Basilio, que fuera quitarle la mejor piedra, el más precioso Jacinto a la corona de sus méritos, negarle este esmalte a su nobleza: Nec per vim potestatem potius nec honorem perfectus; sed ad honore quasitus, nec ha mano favore; sed divinitus Dei gratias consecatus.

     Siendo tantos los méritos, y los años de su Nobilísimo Padre de Vuesa merced no pudo hallarse mejor arrimo a su ancianidad fatigada, que su gran cordura, su mucho juicio de Vuesa merced en sus pocos años, pues le hizo su acompañado el ilustrísimo señor Doctor don Melchor Liñán de Cisneros, dándole amplísimas facultades de provisor, y gobernador deste Obispado, aun independiente de su mismo Padre. Y muerto este, le dejo por absoluto gobernador de esta monarquía espiritual: y al parecer, con mayor satisfacción de su persona, y talentos de Vuesa merced pues fue, y es en ocasión que su Majestad de la Reina Nuestra Señora, tiene ocupado a su Ilustrísima en la visita del nuevo Reino de Granada.

     Aquí se pudiera explayar la pluma, y el afecto, en repetir, y dar de nuevo a conocer al mundo los muchos méritos, y lucidas partes; téngolo por ocioso, y basta decir, que el Ilustrísimo Señor Doctor don Melchor Liñán de Cisneros, siendo tan ajustado, tan padre, tan pastor, celador, y amador de sus ovejas, tan venerado en todas las Indias, en España, y en sus nobilísimos consejos, por norma de prelados santísimos, y vigilantísimos, ha dejado cometido, y encomendado al cuidado, y gobierno de Vuesa merced su amado rebaño. Aquí se alcanza, y se ataja la ponderación más elocuente, y florida. Y solamente, con repetidas instancias, pediré a Dios, que mueva el nobilísimo, y piadosísimo corazón de nuestra Reina, para que premie sus méritos, corone sus cargos con alguna dignidad de las más ilustres iglesias de las Indias, porque vean los nacidos acá, que ni faltan méritos en ellas, y en su Majestad pulsa el cuidado de honrar a sus vasallos.

     Y cierto, que considerada tanta nobleza, y tan corto el don, me hallaba arrepentido de haber ofrecido a Vuesa merced ese Ramillete Poético de Rosas Heroicas, Panegíricas, y Amorosas: y lo dejara de corrido, sino hubiera advertido, que un monarca admitió otro para empleo de su vista, para adorno de sus manos. Ya por esta parte le juzgó por presea de más íntima: y por eso confiado, me atrevo otra vez a ponerle en sus manos, que aquellos jacintos que ennoblecían las del esposo, y por preciosos celebraba su querida: Manus eius tornatiles aurea plene Hyacintis. Advierte Beda, que eran purpúreas rosas, que recogidas, sin duda, en algún ramillete, hermoseaban las manos del esposo. Jacintos fueron aquellos que se transformaron en rosas: y estas rosas que ofrezco en manos de Vuesa merced pasarán a preciosos Jacintos, pues dellas esperan tener todo su valor, y riqueza.

     Y si como Ramillete de Rosas, o Jacintos, le consagro a las manos de las heroicas obras, y ilustres virtudes de Vuesa merced quiero, que como guirnalda, se destine también a la cabeza, para que ciña las gloriosas sienes de su nobleza, que ya Marcial me advirtió, que la guirnalda tejida de rosas, era don muy de estima para el Mecenas de su libro, cuando hablando con las rosas que la tejían, las persuadió a tan noble obsequio de esta manera:

 

                

Felix Rosa, moltibusque certis

   Nostri cinge comas Apollinaris,

   Quas tu nectare candidas sed olim,

   Sic temperamet Venus memento.

 

     Y en las manos y sienes de Vuesa merced conservan perpetuamente su verdor y lozanía: y las que por mías son rosas solas de la Primavera, de tan corta dura, que el más tibio rayo del Sol desmaya su belleza, agasajadas de sus manos, honradas de sus sienes, se conservarán siempre lozanas, aun entre la voracidad de estas horas, aun entre el rígido hielo de los Inviernos destemplados de los siglos. Este privilegio gozaban en opinión del mismo Marcial, las materiales rosas, por haber tocado las manos, y sienes de su Emperador. Y este mismo prometo a estas Heroicas, y Panegíricas Rosas, por haber llegado a las de Vuesa merced

 

Dat festinatas, Cæsar, tibi bruma coronas,

   quondam veris erant, nunc tua facta Rosa est.

 

     Prospere el Cielo a Vuesa merced con la salud, dichas, y acentos, que demandan relevantes prendas, etc.

C. D. V. M. Y. S. M. S. Q. S. M. B.

 

Maestro Jacinto de Evia.



     Por comisión del señor don Francisco Forteza, Vicario de Madrid, he visto el libro intitulado Ramillete de Flores Poéticas, escrito por el maestro Jacinto de Evia, natural de Guayaquil, en el Perú. Y por quinto no contiene cosa alguna, que desdiga de la verdad de nuestra Santa Fe, ni de la pureza de las costumbres cristianas; merece que se le conceda la licencia que vide, para utilidad de los que profesan las letras humanas, y para ejercicio honesto de la juventud estudiosa; a que se añade la conveniencia, de que los españoles que nacen en el Nuevo Mundo, restituyan a su origen, y a la patria de sus heroicos progenitores, los sabios frutos de la cultura de Europa; enriqueciéndola con los opulentos tesoros de sus capaces ingenios; no menos que con los ricos metales de que dotaron a la América los Cielos. Esto parece, salvo meliore. En este Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, y Abril, de 1674.

Juan Cortés Osorio.


Licencia del Ordinario

     Nos el doctor don Francisco Forteza, Abad de San Vicente, dignidad de la Santa Iglesia de Toledo, y Vicario desta Villa de Madrid, y su partido. Por la presente, y por lo que a Nos toca, damos licencia, para que se pueda imprimir, e imprima el libro intitulado, Ramillete de Varias Flores, compuesto en prosa, y en verso, sobre varios asuntos, por el maestro Jacinto de Evia, natural de la ciudad de Guayaquil, en el reino del Perú. Atento por la censura de estotra parte, consta no haber en él cosa alguna contra nuestra Santa Fe, y buenas costumbres. Dada en Madrid a 26 de abril de 1674.

     Dr. don Francisco Forteza.

Por su Mandado

Juan Pérez de Llamas.



Muy Poderoso Señor

     Por mandado de Vuesa Alteza he visto este libro, intitulado Ramillete de Varias Flores Poéticas, recogidas y cultivadas por el maestro Jacinto de Evia. Y confieso, que leyéndole, proseguí con más aprecio del asunto que empecé; porque hallé flores muy llenas de frutos, Ramillete del Jardín de la Esposa, que al percibir la fragrancia, ofreció a los Segadores razonadas mieses: Flores apparuerunt in terra nostra, tempus putationis ad venit, Cant. 2. v. 12. Bien se conoce en la priesa con que su Autor pasa por lo jocoso, no es ese su fin, sino empeñar la ociosa curiosidad, con esa dulzura, para que logre los cetiles desengaños de la vanidad de las cosas del mundo; en los fúnebres asuntos, en que tanto se dilata, combinando con lo florido de un Ramillete, y mostrando un espejo de lo caduco, aun de aquello que aseguraba más firmezas en la tierra. Con que juzga será su leyenda divertida ocupación de la ociosidad con provecho, que es lo que podemos desear en este género de libros. Y así puede darse la licencia que se pide: Salvo, etc. En este Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de la Orden de Redentores de la Virgen de la Merced. Mayo 14 de 1674.

M. Fray Felipe Colombo.



Licencia de los Señores del Consejo

     Yo Gabriel de Aresti, Secretario del Rey nuestro Señor, y su escribano de cámara, de los que residen en el Consejo, certifico, que por los Señores dél, se ha concedido licencia al maestro Jacinto de Evia, vecino, y natural de la ciudad de Guayaquil, en el reino del Perú, para que pueda imprimir, y vender un libro que ha compuesto, intitulado, Ramillete de Varias Flores, en prosa, y verso, sobre varios asuntos; la cual dicha impresión se ha de ver por el libro original que va rubricado de mi rúbrica, y firmado al fin de rúbrica; guardando en ella lo dispuesto por las leyes, y pragmáticas de estos reinos, que tratan de la impresión de los libros, y antes que se venda el referido libro, se ha de traer al Consejo, con fe del corrector de estar conforme al original, para que se tase el precio a que se ha de vender. Y para que conste, doy esta certificación en Madrid a 21 de 1674.

Gabriel de Aresti.



Tasa

     Tasaron los Señores del Consejo Real de su Majestad, este libro intitulado, Ramillete de Flores Varias, compuesto por el maestro Jacinto de Evia, a seis maravedís cada pliego, como más largamente consta de su original. Despachado en el oficio de Gabriel Aresti, en 3 de Junio de 1676 años.


Fe de Erratas

     Fol. 2, lin. 24 dibatum, lee clibanum; ibidem, lin. 34 præteres, lee Prætores; fol. 3, lin 16 manet, lee mane; ibidem, lin. 34 afija, lee aflija; fol. 6, li. 24 humis, lee humum; ibid. Tempore resistit, lee tempori resistit; fol. 8, lin. 23 arra, y gaste, lee arraygaste; fol. 134, lin. 4 Perides, lee Hesperides; fol. 200, lin. 17 m.s, lee mis; fol. 239, lin. 3 metafqra, lee metaphora.

     Este libro intitulado Ramillete de Flores Poéticas, con estas erratas corresponde a su original.

Dr. don Diego de Bárcena.

Corrector de la Universidad de Alcalá de Henares.

                   

     

                                                                                                                  

 

A la Juventud Estudiosa









Lips. Lib. de Cruce.

     Ofrezco a la juventud este Ramillete de varias Flores Poéticas, algunas cultivadas de mi ingenio, y otras que tenía recogidas del muy Reverendo Padre Antonio Bastidas, de la sapientísima y nobilísima Religión de la Compañía de Jesús, el tiempo que fue mi maestro de mayores y retórica. Califícolas con tan ilustre epígrafe, no porque juzgue que sean de tal aseo, y aliño, que por lo vistoso, y galante de los poemas, le venga nacido lo florido, y honroso de este título; cuanto por haber sido los primeros partos en que desabrocharon los abriles tiernos de mis años, y la amena primavera de la edad de mi maestro; porque como este es tiempo, que sólo se trata en flores, y no en frutos, me parece que por primeras, más que por su elegancia (hablo de las mías) les viene más ajustado el título de Flores. Verdad que tenía notada en Lipsio: Ut in vere anni flores gignuntur; autumnus tamen est quid ut fructum; Sic litterati in florida atare amœnioradant, insenili utiliora. Llámole Ramillete, por los varios, y diversos asuntos, y argumentos que recojo en este volumen de los jardines de tres floridos ingenios que en él propongo.

     Quizá parecerá de mejor gusto, y aliño que el otro que nos ofrece Claudiano, y tejieron las curiosas manos de las ninfas que asistían a Venus; pues despojando diligentes los jardines de su más florida elegancia, se vieron juntas las nevadas azucenas con las moradas violetas, los cándidos ligustros, con las purpúreas rosas.

 

Claud. l. 2 de rap. Prof.

                

Pratorum spoliatur honor: hac lilia fustis

   Intexit violis, etc.

 

Porque no sé qué gracia se tiene para agasajar el afecto atraer la mano, cuando se ofrecen entretejidas con la hermosa variedad que ostentan sus colores. Esta parece que solicitó el gusto a no sé qué mancebo allá en Estacio:

 

Stat. Lib. 1 Sylv. 2.

Tu modo fronte Rosas, Violis modo lilia mixta

   Excipis.

 

     Y así sólo convido a aquellos que en los primeros mayos de su juventud comienzan a gustar las numerosas aguas de Hipocrene: no a los Virgilios, no a los Lopes, y Góngoras; porque como consumados maestros, y ya laureados por Apolo, las despreciarán por pueriles. A aquellos sí, para que como solícitas abejas lleven estas flores que ya en otra oración don Luis convidó a estos mismos, y que en las primeras flores de la elocuencia ejercitaban los ingenios en las eruditas escuelas de la Compañía de Jesús de Sevilla.

 

D. Luis de Góngora (1) a la traslación de una reliquia de S. Hermenegildo, al Colegio de la Compañía de Jesús.

Pier. Lib. 36 de Ap. part. 186-187.

Hoy pues, aquesta tu Latina Escuela

A la docta ovejuela

No sin devota emulación imitas

Vuela el campo, las flores solicita,

Campo de erudición, flor de alabanza,

Por honrar sus estudios de ti, y de ellas.

 

     Y aunque este fue el primer motivo de llamarlas flores; pero también, porque de suyo son todos los poemas. Y así no hay jeroglífico, que con mayor elegancia, y suavidad simbolice con los poetas, como la abeja; porque así como esta vive siempre entre flores, y fuentes, y de su fragrancia, y dulzura, solicita el mayor logro de su estudiosa tarea. A imitación suya los poetas apacientan sus agudos ingenios entre las flores de los cultivados poemas, y corrientes venas de aquellos que por su eminente numen, divino furor, y florida elegancia merecieron en el Parnaso, y en el coro de las nueve hermanas, el sagrado laurel para enjugar el sudor glorioso de las victoriosas sienes. Bien expresó esta correspondencia Lucrecio, cuando dijo:

 

Lucret. l. 3 reru. Natur.

Floris feris, ut apes in saltibus omnia libant.

   Omnia nos itidem depascimus aurea dicta;

   Aurea perpetua semper dignissima vita.

 

 





Mar. Anton. Mur. lib. 8 c. 3.

De tan elegantes flores fabrican el suavísimo néctar de sus sonoros números, y con su dulzura solicitan más ansiosos los delicados ingenios que las materiales abejas con sus suaves panales, el tardo gusto, y grosero paladar de los mortales sin exageración alguna lo tenía advertido Marco Antonio Mucreto: Apes e variis floribus succum exprimetes, opus dulcissimum conficiant: Poetæ quoque vagantes per hostos illos gratiarum, et veneris, de quibus est apud Pinlarum, et exiis billissimum quoque carpentes ea concinuant carmina, quibus nemel quidem ipsum mellitius videri potest.



Didac. De Avend. Ep. difert proces. n. 102.

     Y si las abejas se valen, no sólo del jugo de las flores; pero de las cristalinas fuentes, y dulces venas de las aguas, para componer el ambrosía de sus colmenas; suavísimos arroyos son los versos, de que también se valen las estudiosas abejas de los poetas para fabricar los sabrosos panales de sus poemas: Carmina apud prophanos (dijo un erudito ingenio de este siglo) riuis leniter fluentibus comparata reperimus, Virgilio Eglog. 2.

Virgil. Eglog. 2.

Claudite iam riuos pueri, sat prata biberunt.





Cyr. Hievosol. Catech. 16.



Apollon.

     Y si aguas, porque no diremos, que también se convierten por la imitación; ya en las rosas de las rimas amorosas; ya en las azucenas de los versos heroicos; ya en los lirios de los poemas fúnebres. Transformación, que con elegancia nos declaró Cirilo de ese rocío, y pluvia material, que a mi ver viene más ceñida a este argumento: Una pluvia in universum defeendit mundum, quæ alba quidem fit in spinis, rubea autem in roris, purpurea in Hyacinthis. Destas imitaciones verás muchas en estos números que ofrezco de mi maestro, y míos, que dirás muy bien, que aquellas aguas se transformaron en estas flores. Mucho se asemejan también estos poemas a lo cristalino de las fuentes, por la suma claridad que hallarás en todos ellos; porque seguí lo que solía repetir mi maestro, que quería parecer antes humilde en el estilo, y concepto, que levantado por obscuro; porque tenía muy de memoria aquella sentencia que dijo Apolonio aun en lo afectado: Sinolles intelligit aceres.











Plin. in Hist. ad espas.

     También advierto, que encontrarán aquí los mancebos el agua de algunos versos tan pura como están en sus fuentes, y las flores de otros, tan intactas como las produjeron sus propios vergeles; pero hemos imitado a otros valiente espíritus, que por acreditar e ilustrar sus poemas, se valieron de ajenos versos: Que aunque mirado a buena luz, ha sido en mi descubrir más los borrones a los rayos de tantos aciertos; pero yo los doy por bien empleados; porque colores tan valientes sobresalgan mejor con las sombras de mis defectos, y confieso ingenuo, que quisiera acordarme de las fuentes, de adonde mi maestro, y yo los sacamos, para restituirlos puntuales a los márgenes; más por la prolijidad, y casi tener dejados estos libros de las manos, me excusará por ahora la noble juventud que es gloria restituirlos, y más cuando con tanto logro me aproveché de su elegancia, que callarlos, es querer ser cogido con infamia en el huerto: ratera condición de un infelice ingenio. Oigamos a Plinio tan discreto documento: Omnoxi profecto animi, et infelicis ingenii est deprehendi im furto malle, quam tuum readere, cum prefertim fors fiat ex usura.

     Y aunque ofrezco flores, no todos las juzgarán tales, porque a unos les parecerán rosas fragrantes, y hermosas; y a otros espinas desabridas, por defectuosas. Como con ingenio dijo el otro poeta, que refiere el elocuentísimo Padre Martín de Roa:

 

Mart. ad Roa in rat. sing. loc.

Inveniat quod quisque velit, non omnibus unum est

   Quod placet; hic spinas colligit, ile rosas.

 

Pero también puedo asegurar con Juan Oven, que no sólo se hallarán en este Ramillete rosas que recreen con su fragrancia; pero espinas, que con su agudeza más soliciten, y piquen, que retraigan el ingenio:

 

Ioannes Oue. Ap.pon. spig. 5.

Quo naves perfundat, habet rosa suavis odorem,

   Quo contrectarem pungat, acumen habet.

 

Pero no por esto las califico por tan perfectas, que cuanto razone, y hable, presuma rosas, y floridos conceptos; pues de más que eso era sobrada vanidad de mis versos, fuera no conocer que la tierra nueva, por fértil que sea, la primera vez que la sujetan al arado, mas son los abrojos que produce, que no las rosas, y flores con que se adorna, y fecundo: mucho tendrán que borrar, muchas espinas que quitar: y no hago mucho en conocerlo, cuando los consumados, y laureados poetas confiesan estos defectos con propios, y ajenos versos. Oye Marcial, hablando de los suyos, excusándose modesto con no sé qué hábito de los suyos:

 

Mart. l. 1 Ep. 17.

Sunt bona sunt quædam mediocria, sunt mala plura,

   Quæ legis: his aliter non sit, Avire, liber.

 

Y el príncipe de los líricos en su Arte Poética, afirma, que se deben perdonar muchos defectos en los poemas, porque no es posible que se hale tan razonado, ni de tan buen humor el poeta, que los excuse todos, como ni el instrumento músico tan templado, que no disuene tal vez una cuerda:

 

Horat. In Art. Poet. prope fine.

Sunt delicta tamen, quibus ignouisse velimus.

Nam neque cordas onum redit, que vult manus, et mens,

Poscentique gravem per sæpe remittit acutum.

 

Ioann, Bond. In Horat.

Y su comentador Juan Bond lo confirma diciendo: Sunt quædam Poetarum errata, ignovisse oportet, ut musici aliquando errat, sic etiam Poetæ.











Ps. 38 v. 4.

     Bien sé que ha de sentir mi maestro, cuando sepa que saco a la común luz estas primeras flores de su juventud, que en su concepto sólo eran verdores, e imperfecciones de lo poco razonado de esta edad. Y no me lo permitiera la eminencia de su estado, y la seriedad de su religión; pero más quiero padecer su sueño (que aún respeto, como quien militó a su feruela) que defraudar a los eruditos de tan floridos números; pero ni estos pueden desacreditarle, ni menoscabar lo sagrado de su profesión, no sólo por lo ajustado de los asuntos que sigue; pero tampoco por la poesía que profesó en sus primeros años; porque para apoyo de lo eminente deste arte basta que los libros canónicos que han tenido por autor al Espíritu Santo, en sus originales fuesen poemas; y que aquel calor del espíritu poético, se origine de tan suprema deidad. Muy bien lo expresa David, el mayor profeta, como el mayor poeta (que todos sus Salmos son versos) cuando dijo: Concalavit, et in mediatione mea exardecit ignis. Versificándose en el Profeta Rey, lo que me dijo el fabuloso Ovidio:

 

Ergo ubi vaticinos concepi mente furores,

   Incalvitque Deo.

 



Mat. 26, v. 30.

     Esto bastaba para crédito de este arte, y el haberse valido Cristo de ella antes de su Pasión para esforzarse a las penas, Hymno dicto. Y haberla profesado su Madre en el Cántico del Magnificat; Pero los mayores de la Iglesia Griega, y Latina, un Gregorio Nacianceno, un Ambrosio, un Dámaso, etc., y los hombres más eminentes de todos los siglos, no se avergonzaron de profesarla. Tampoco asquearon las musas los mayores cetros, y coronas del mundo. (Y más cuando es con templanza, con gravedad, y elegancia) Nerva Emperador, profesó la poesía, y se aventajó en ella a los más cultos poetas de Roma, a quien encomia Marcial, cuando así le habla:

 



Mart. l. 8, Ep. 70.

Quanta quies placidi; tanta est facunda Nerva:

Sed cohibes vires, ingeniumque pudor

Cum fiscare sacrum largo Permessida posset.

Ore verecundam maluit esse sitim.

 

Pero mayor que Nerva, el Emperador Carlos Quinto, Rey de las Españas, solía componer sagrados himnos, con que se prevenía, y animaba para combatir animoso contra los enemigos de la Iglesia.

     Y quién podrá negar, que es una honestísima ocupación, con que divierten mayores empleos, que no siempre se puede atender a la actuosa ocupación de Marta, ni a la ardiente contemplación de Magdalena. Con ella se recrea el ánimo, y recobran las fuerzas que disminuyen las penosas tareas del estudio. Oigamos a Claudiano, que así lo persuade:

 

Nec pudeat longos interrupisse labores,

Claud. in bell. Gildonico.

   Et tenuem Musis costituisse moram.

Fertur, et indomitus tandem post prælia Mavors,

   Lassa per Ophrysias fundere membra nives,

Oblitu; sut posita clementior hasta,

   Pieris aures pacificare modis.

 



Didac, de Avend. in Upit. dis. procem. n. 108.

Ni contradice a la profesión religiosa, que la devotísima virgen Santa Teresa de Jesús templaba con la poesía las serias ocupaciones del espíritu: y así a una hija suya que se admiraba, como siendo tan avarienta de lo precioso del tiempo, lo gastase en el ocioso empleo de los versos, le respondió prudente: Prolixa est vita, et ad multa, et varia sifficiens, net tempus deperit quod honestis exercitiis, quale hoc meam fine divinæ gloriæ transigitur. ¡Gran sentencia!







D. Basil. serm. De Parad.

     No son las flores que en este ramillete ofrezco, como aquesas materiales de los jardines, y vergeles, de tan corto alentar, que de la Aurora al Ocaso, es el más dilatado periodo de su vivir. Ni tampoco están expuestas a las inclemencias de los tiempos; porque conservan siempre intacta, y amena su hermosura, y fragrancia, sin que la violencia, de los vientos, las inconstantes mudanzas de la Luna, el rigor de la escarcha, y el ardor del Sol ajen su verdor, marchiten su belleza. Parece que miraba este mi discurso el Gran Basilio, cuando en contraposición de estas de acá, describía aquellas flores, que a privilegios del Paraíso conservaban inmarcesible su elegancia: Atque id quidem brevis est vernorum flornum gratia, desiderantes nos destituens. Nondum enim decerpsimus, et in manibus nostris emarceseunt. Illic florem non ad breve tempus fulgentem, sed durabilem in cunditorem habentem, grat ita per tu, indefinentem delectat ioncm prebentem, infatiabilem fragrantia redentem, et coloris præstantia insigniter coruscantem, non ventorum violentiæ exoluunt, non novi lunia tabefaciunt, non glacius congelat, non solis ardor comburit. Pero que mucho, si nacieron en las amenas riberas de Aganipe, se alimentaron de sus cristales, bebieron de sus aguas. De aquí gozan, dice Claudiano, las flores de los poemas, la exención ilustre, el alto privilegio de inmortales, sin que el furioso Aquilón, ni la ardiente canícula con sus rígidos hielos, y destemplado, bochornos, desvanezcan su fragrancia, ni descompongan el resplandor hermoso de su púrpura:

 

Claud. de Laud. Serena Regina.

 .  .  .  .  .  .  .  .  .  Si floribus illis,

Quos neque frigoribus Boreas, nec sirius urit

Æstibus, æterno sed veris honore rubentes.

 

No a la amenidad de los prados; pero sí de las flores recogidas en este Ramillete, convido otra vez con Claudiano, a la estudiosa Juventud, para que como oficiosas abejas, soliciten su fragrancia, sazonen el néctar de su elegancia, con que sirvan ingeniosos a los venideros siglos, a las futuras edades. Atendamos, que prosigue Claudiano:

 

Claudiano ead. loc.

Unde piæ pascuntur apes, et prata legentes

Transmittunt sædis Heliconia mella futuris.

 









Senec. lib. 3 de Benefic. 17.

No porque te exhorto tan confiado, presumo que son estas las más elegantes que por primeras, y mías tienen mucho de imperfectas; pero sé, que al buena abeja, de las más plebeyas flores sazona sus mejores panales. Si estas salieren a tu gusto, yo te ofrezco otras más numerosas de comedias, y heroicos poemas, que al calor de la edad más madura se fomentaron mejor. Que más he tomado este trabajo por ofrecer a la florida juventud los versos que pude recoger de mi maestro, siendo su discípulo, y otros pocos que adquirí después que salí de su escuela, por darle este breve honor, y gloria, y pagarle, siquiera esta vez reconocido, lo que debí tantas veces a su doctrina; y aun de esta manera no me eximo de ingrato en sentencia de Séneca: Gratum hominem, semper beneficium delectat, ingratum semel; pero muy bien puede la ingeniosa juventud ayudarme a cumplir esta obligación, repitiendo este mi reconocimiento, con pasar los ojos por esas floridas rimas, a que la convido agradecido. [1]

 

 

Ramillete de Varias Flores Poéticas

 

Flores Fúnebres

 





S. Nil. in pa.

     Den principio a este hermoso Ramillete de Flores Poéticas, aquellas que nos ponen a la vista la brevedad de la vida humana, y el último desengaño de nuestra mortalidad; porque fijando los ojos en el principio de nuestro barro, mejor nos acuerda nuestro fin: que no procediéramos como filósofos cristianos, ni nuestras obras tuvieran la perfección debida, so ante todas cosas no pusiéramos la consideración en este último término. A mi ver, así lo discurrió San Nilo: Specta semper, ne vero metue mortem, utrumque enim verum philosophiæ signum est. Y esta prevista, como primera causa de nuestra dicha, nos impulsa a lo bueno, saca a luz con acierto los hermosos partos de las buenas obras, ejecuta valiente, logra afortunado el empeño más arduo de la virtud. Bien lo advirtió aquel moral proverbio de los antiguos:

Vetus dictum.

Bene ages, ages quidquid, si mortem respicis.

Con que haber preferido este asunto a los otros; estas fúnebres flores a las sagradas, heroicas, y amorosas, es comenzar por el principio de la vida; que aquellos primeros llantos con que nace el infante, hacen eco en la tumba, y previenen su fin. Esta es la entrada primera; esta la puerta que nos conduce al acierto.



Iob. 14, v. 12.



Psal. 89, v. 6.

Psa. 102, v. 15.



Cant. 2, 12.

Iacob. c. 1, v. 11.

Bernard. serm. 70. in Cant.

     No hay cosa que también exprese la brevedad de la vida, lo empinado de la muerte, que lo delicado de las flores. Si consultamos las sagradas letras, varios son los lugares que nos ponen [2] a los ojos este desengaño: Homo brevi vivens tempore, qui quasi flos egreditur, et contevitur. Lo mesmo es (dijo Job) amanecerle al hombre la vida, que verse luego como la delicada flor, embargado de la muerte. David en varios versos de sus Salmos, endechó esta infelicidad de los mortales, aun las cortas horas que corren de la mañana a la tarde, es el más dilatado periodo, que señala a lo robusto, y florido de la edad: Mane sicut herba transeat, mane floreat, et transeat, vespere decidat, induret, et arescat. No de alguien cultivado y resguardado jardín le hace flor, mas de lo inculto, agreste, y desabrigado del campo: Homo tanquam flos agrisit estorebit, expuesto a los rayos del sol, injurias de los tiempos, a la impiedad del arado, a la grosería de los brutos, y al estragado gusto, y atrevida mano del hombre. Apenas comenzó éste a desabrochar lo fragrante de su pompa, en la primera vara de la vida, cuando le salteó el Agosto, y le cogió la poda: Flores apparuerunt in terra nostra: tempus putationis ad venit. No ya las flores más nobles; pero a la flor de la más breve, y humilde yerba se compara la mayor riqueza en su fragilidad humana: Dives autem sicut flos fœni transibit, exortus est Sol, et arefeseit fœnum, et florcius decidit. Y para que se conozca, como todo lo baraja la muerte, y en un terrón cubre la corona más alta del lilio, y la flor más plebeya del heno, lo juntó todo Bernardo: Quid enim sunt lilia? Verbum Domini fœnum quod hodie est, et cras in clibanum (2) mittitur.

Matt. 6, v. 30.

Plin. lib. 11, ca. 1.



Nat. Com. Libr. 3, c. 1.

     Y si de los sagrados pasamos a los profanos escritores, los mayores desengaños, y más vinos escarmientos expresan con los ejemplares de ñas flores. Oigamos por todos a Plinio, que nos da este recuerdo: Flores, odoresque in diem gignit natura; magna, ut pallam est admiratione hominum: quæ spectatissime floreant, celerrime marcescere. ¿Y qué otra cosa nos quisieron advertir los Sicionios, en coronarse de flores, cuando habían de sacrificar a las tres Parcas? (como advierte Natal Comite) sino que las flores son las que más las agradan, porque mejor expresan la muerte a que ellas presiden inexorables: Utebantur floribus Prætores (3) Sicyoni pro corolis quo ritu, etiam Parcis sacrificare solemne fuit, ut ait Menander in 2 lib. mysteriorum, et Pausanias in rebus Corinth.

     Pero la rosa entre todas, es la que más vivamente expresa esta brevedad del ser humano; de cuya semejanza se valen escritores, y poetas, para ponernos a los ojos, como la mayor vanidad, y pompa, corre parejas con el corto alentar desta flor. Oye algunos latinos y castellanos, que todos no era posible [3] reducirlos a muchas hojas, ni tampoco lo permitiera ña brevedad que pretendo. Lee todo el poema de Virgilio a la rosa, o bien sea de Ausonio, que con su caduca, y aparente púrpura, pretende expresar las escasas horas, que se le conceden de vida a la mayor belleza: y mira la traducción que hizo a este poema mi maestro, y estimarás los vivos, y realces, que da a las sombras muertas deste florido cadáver, con lo valiente de sus colores: y porque le has de ver después, no repito aquí sus versos. En el ínterin, oye un elegantísimo epigrama de Camerio, que casi con las mesmas sentencias nos expresa lo frágil de la rosa, y lo caduco de nuestra vida.

 

Camerius.

Ecce rossis similes homines, quas tempore verno

   Una dies nasci vidit, et una mori.

Aurora rosa florescens, heu vespere sero,

   Non rosa quærenti, sed rubus aspererit.

Utrosa mane (4) viget, tamen, et mox vespere languet.

   Sic modo qui fuimus, cras leuis rumbra sumus.

 

     Por fatal agüero de sus cortos días juzgó el apellido de Rosa, en la otra virgen el culto Pontano.

 

Pont. Iovin. in Epitaph. Puell. Rosæ.

Non tamen tibi, qui nomen fecere parentes

   Dixerunt cum te, bella puella, Rosam:

Utque rosa brevius nihil est, æqueque caducum,

   Sic cito, sic breviter, et tua forma perit.

 

     Atiende a algunos castellanos, que en lo florido destos sonetos declaran bien la brevedad de la vida del hombre, con el escaso alentar de su candor purpúreo.

 

Hija del Sol, y de sus flores hija,

   Sol de las flores nace en la mañana,

Thom. Gudiel.

   Rosa, que ofende nácares ufana,

   si a la Aurora su púrpura prohíja.

Sobre mucha beldad el tiempo aguija,

   y encubierta en la luz la muerte cana,

   a joven, flor con rayos inhumana,

   hace que el Sol hasta morir la aflija (5).

Muere belleza, porque el tiempo quiere

   darte ejemplar a menos reducido,

   del discurso luciente de tus años.

La luna deste espejo deslucido,

   clara te avisa, que lo bello muere,

   si a lisonjas te mienten tus engaños.

 

   ¡Gran soneto! Atiende a los dos que se siguen, que si tienen [4] numen, y no estás de mal humor, es fuerza que te agraden.

 

D. Pedro de Castro y Anaya, en las Auror. De Diana.

Reina del Mayo la encarnada rosa

   a presidir las flores salió al prado,

   y en la ruda violencia del arado,

   lástima, y no desvelo dio la hermosa.

La que de la azucena fue olorosa,

   y del clavel ya envidia, y cuidado,

   yace (¡oh dolor!) Del círculo encarnado

   encogida la púrpura lustrosa.

¿Viste al nacer la rosa, oh flor más bella,

   que estrenó los dudosos resplandores,

   y que expiró con la postrera estrella?

Pues Flora, en tu beldad, en tus colores

   teme su fin, que faltarás cual ella,

   que eres flor, aunque Reina de las flores.

 

     ¿Qué te parece? Por mi gusto, que leas el tercero.

 

El mismo en el lugar citado.

La Rosa en los cristales de una fuente,

   flor a flor, todo el prado desafía,

   hermosa en plumas de carmín se abría

   a ser Narciso en el cristal luciente.

Y cuando más purpúrea, y floreciente

   En compás de rubí perlas bebía,

   del achaque de un Sol, del mal de un día

   Murió, que aún la hermosura en flores miente.

¡Oh flor! El primer paso de tu vida

   fue el último también que pudo darte,

   ¡antes escarmentada, que nacida!

¡Oh documento de la humana suerte!

   ¡oh verdad en los campos escondida!

   ¿quién no se desengaña con tu suerte?

 

Muchos te pudiera dar deste autor a este mesmo asunto, y en cada uno muchos desengaños a la vida. Si gustases, los podrás leer en sus Auroras de Diana. Otras copias de su ajada belleza no faltarán en grandes poetas, pues ninguno ha florecido eminente en este siglo, y aún en los pasados, que no se haya valido de la metáfora de la rosa, para útiles recuerdos al embeleso de nuestro engaño, y al olvido de nuestro fin.

     Con ser tan cortos los términos de la rosa, aún a más breves los ciñe la maravilla. Oye al mismo poeta, y aprende bien la lición, que te enseña lo caduco desta flor.

 

D. Pedro de Castro.

Oh maravilla tan del todo hermosa,

   que arguye eternidades en la rosa [5]

   Lo poco que viviste,

   Y tú misma dudaste si naciste.

   Tan luego desmayada

   En los brazos de Flora,

   Que aún no te pudo conocer la Aurora;

   Que bien solemnizando con mi fuerte,

   Noticia de tu vida dio mi muerte.

 

Plin. lib. 21, ca. 3.

 

Cicer. pro Flaco Eripid. in Troad. vi de Pater Lud. de la Cerda, libr. 4.

Aeneid. v. 507.

Artem. al leg. a Lori in Psal. 102, v. 15.

     Ceremonia fue de los antiguos el coronar sus difuntos con flores, en particular con coronas de rosas, como lo dicen Plinio, y Cicerón, y nos lo advirtió Eurípides; pues hablando de Astianacte, hijo de Héctor, despeñado, dijo Taltibio a Hécuba

Peplis, ut adornes cadaver        Coronisque.

Enseñándonos, que si las impías manos de la muerte ciñen las sienes del cadáver con corona de tan corta dura, no sólo acuerda lo frágil de su ser, y polvos, a que en breve se ha de ver reducido; pero también le intima los cortos plazos a la segunda vida, con que de nuevo renace en la memoria de sus más allegados, y amigos; y por ajarse, y marchitarse tan en breve las rosas, afirmó supersticioso Artemidoro, que son fatales a los enfermos, que se sueñan coronados con ellas: Quod Artemidorus visus perquietem, et coronas, e rosis ab ægrotis, in faustus prodiit, et morituros prædicere, quod facil marcescant. Conque en la mentida imagen de la muerte se encuentran los hombres la verdad de su fin, y los últimos sinsabores de la amarga tragedia de su vida.

Novar. Elect. Sacra, lib. 2, num. 25.

 

Pint. Ra. Spicil. sutract. I, c. 13, n. 1.

     Con este intento esparcían los amigos, y más allegados en los sepulcros de sus más caras prendas, rosas, y flores, como lo advierten los eruditos: Consuevisse Antiquos, ut vitae huius brevitatem notarent super mortuorum sepulchra flores spargere. Dijo el Novarino, y advirtió el Padre Pinto Ramírez, honor erudito de la sapientísima religión de la Compañía de Jesús. Oigamos ahora a Propercio:

 

Pro. l. I.

Molliter, et tenera poneret ossa Rosa.

 

Y Virgilio pintando la muerte de Marcelo, hijo de Otavia, juzgó advertido, que las flores eran las que podían declarar mejor los cortos plazos de su vida.

 

Virg. lib. 6, prope sinem.

                Manibus date lilia plenis.

Purpureos spargam flores, animamque Nepotis

His saltem acumulem donis.

 

     Atendamos a los escritores sagrados, que también nos acuerdan esta antigüedad. [6]

 

Prudent. In Cath. Hymn. 7.

             Nos tacta fovebimus ossa

             Violis, et fronde sequenti.

 

 





Virg. lib. Aus. poema Rosæ. Ant. Bast.

Cantó Aurelio Prudencio, y el elocuentísimo Jerónimo escribiendo a Pamachio: Cæteri mariti super tumulos coniugum spargunt violas, rosas, lilias, floresque purpureos. No sólo tejen coronas las rosas a los difuntos; no sólo cubren con el majestuoso aparato de su púrpura los polvos de nuestra mortalidad, y último desengaño; pero ellas mesmas sirven de epitafio para la brevedad de nuestra vida, como lo significó Virgilio en el Poema de la Rosa.

          Et tellus tecta rubore micat.

Y discantó mi maestro con grandeza, desengaño sobre estas palabras:

 

Pues mustia vi la Rosa, se despuebla,

   Y que funesta se deshoja al prado,

   Epitafio dejando de su hado

   Hojas tiernas, que a letras de rubíes,

   En la esmeralda acordarán constantes,

   Que su vida le mide por instantes.

 

A esto parece que aludió el otro poeta; pues viendo la brevedad con que se despoblaba de sus hojas la Rosa, afirmó elegante, escribía con ellas en la epigrama el epitafio de su corta vida:

 

Citatus a Ioann. de Pined. in Iob cap. 14, v. 2, num. 3.

Sic Rosa vix lætum calathi pandebat honorem

   Cum cadit, et rutilo murice pingit humum (6).

 

No sólo se esparcieron las flores, y aun se plantaron las rosas en los sepulcros de los difuntos, para doctrinarnos con lo caduco, y frágil de nuestra naturaleza; pero también, para que permaneciese más lozana, y amena su memoria, y viviesen, y aun descollasen más floridas sus heroicas virtudes, y famosos hechos. ¿Quién duda, que aludiese a esto Anacreón, en aquellos sazonados, y gustosos versos de la Rosa?

 

Anacr. de Ros.

             Defendit hæc sepultos,

             Hec tempori resistit (7).

 



Hilar. In Matt. 6, v. 30.

Pues defiende su memoria de la lima sorda de los días, y la conserva fresca de la voracidad de los tiempos. No es mala emblema desta verdad el lilio, que arrancando de la tierra, donde fomentaba su ser, y tenía echadas raíces su vida, vuelve a vivir, y retoñecer con mayor gala, y hermosura, como decía Hilario: Lilium enim etiam auulsum a radice, et a [7] terra ex feex florescit, et virescit, et rursum suo honore vestitur; que aun cortados de la vida, vive el honor, y fama de los difuntos. A esto aludió el cultísimo Remondo Jesuita, con grandeza de numen, alteza de ingenio, y profundidad de juicio, discurriendo sobre los lilios insculpidos en la urna del Cardenal Farnecio.

 

Remond. im tumul Farnes.

Lilia, quæ memori cernis florece sepulchro,

   Illa tulit Domino fertilis urna suo.

Forsitam humorem clauso de corpore traxit,

   A domino didicit forsitam esse forax.

At non perpetuos Princeps florebit in annos

   Si potuit durus lilia ferre lapis.

 





Novar. Elect. serm. 12, n. 238.

Al mesmo mármol apuesta en la duración el honor, y la memoria que adquieren las flores, que decorosamente cubren el sepulcro, sin que el erizado invierno de la muerte, pueda ajar su lozanía, ni marchitar su resplandor. Lo mesmo parece, que pretendía el Emperador Marco Aurelio, cuando reverente, y cuidadoso adornaba todos los días con flores los sepulcros de sus maestros, queriendo trampear a los siglos siempre en flor la memoria, que tan en breve se marchita en todos: Hinc Marcus Aurelius apud capitolinum tantum honorem tulit fuis Magistris, vt illorum sepulchra semper ornares.

     Las flores destos poemas fúnebres, que aquí te ofrezco, bien declaran los cortos plazos, y breves días, que se permiten a lo caduco de nuestro ser. También conservan con sus floridos números lozana la memoria, en flor las virtudes, y hechos heroicos de los héroes y heroínos, que celebran, con que a ningunos otros más ceñido el epíteto de flores que a los versos, que así acuerdan la brevedad de la vida, y perpetúan la amable memoria de los que pasando por el estrecho de la muerte al puerto de la eternidad, nos dejaron herederos de sus virtudes, y se gozan en los campos Elíseos de la gloria entre aquellas flores racionales de los Ángeles, y Santos.





Plin. in Praf. hist. ad Vesp.

     Y porque este poético ramillete tenga la dichosa estrena, que deseo, te advierto, que estas primeras flores, con la traducción de la rosa, son todas de mi maestro, porque ya que él me enseñó erudito, quiero que acredite con ellos funestos lilios, y delicadas rosas de su ingenio, las que después te ofrecerá el mío, que es gloria del discípulo, honrarse con los aciertos del maestro, y confesar ingenuo los logros [8] de su enseñanza: Est autem benignum (vt arbitror) est plenum ingenui podoris fateris per quos profeceris.

 

 

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Túmulo Honorario, construido de sus propias virtudes, a Doña Isabel de Borbón, Reina de las Españas

     Levantose una vistosa Pira en las honras, que celebró la Compañía de Jesús en la ciudad de Quito, y el pedestal (8) suyo estaba adornado con todas las virtudes, que acompañaron a nuestra Reina, de pintura muy prima, en cuerpo entero; y en las tarjetas sobre que estribaban sus plantas, iban divididos esos versos, y lugares sagrados, debidos a la diligencia, e industria de mis maestros.

 

VIRTUDES TEOLOGALES.

 

I. FIDES.

Ego lux in mundum veni, ut omnis qui credit, in tenebris, non ambulet. Ioann. 9.

Norte es la Fe, aunque en obscura llama,

   y la tuya, Isabel, fue tan entera,

   que por Astro se engasta en esa Esfera,

   con que tu Lis, ya Norte, nos inflama.

 

2. SPES.

Si exurgat adversum me prelium in Domino sperabo. Psal. 26.

En Dios firme arraigaste (9) tu esperanza,

   con que tu lauro descolló frondoso;

   si al rayo de la guerra vitorioso,

   al rayo de la muerte con pujanza.

 

3. CHARITAS.

Ordinavit in me Charitatem. Cant. 2.

No ya por Reina mi poder me abona,

   la Caridad me ciñe la diadema;

   que si es de las Virtudes la Suprema,

   mi amante Dios la ordena por Corona. [9]

 

VIRTUDES CARDINALES.

 

PRUDENTIA IV.

Dic Sapientiæ soror mea est, et Prudentiæ voca amica tua. Prov. 3.

El Imperio de España gobernaste,

   Solano, si la ciencia te asistía,

   siendo asesora, que también regía

   tu gran prudencia en el mayor contraste.

 

IUSTITIA V.

De Cælo auditum fecit indicium, terra tremuit, et quievit. Ps. 75.

Sube Isabel Astrea generosa,

   al Sacro Empíreo con ligero vuelo,

   que el colmo no adquirió su ardiente celo,

   hasta que el Cielo consiguió gloriosa.

 

FORTITUDO VI.

Fortitudo, et decor indumentum eius, et videbit in die novissimo. Proverb. 31.

Si despoja, y oprime cruel la muerte

   a los vivientes, Isabel se ufana;

   pues hoy con los despojos que la gana,

   teje la gala, con que triunfa fuerte.

 

TEMPERANCIA VII.

Deus Temperavit corpus, ut non sit schisma in corpore. I, Cor. 12.

Dios dispuso concorde de tu Imperio

   el cuerpo, y a ti que eres cabeza,

   porque pasión no altere tu firmeza,

   te atemperó su Sumo Magisterio.

 

OTRAS VIRTUDES.

 

SAPIENTIA VIII.

Cogitavit dies antiquos, et annos æternos in mente habuit. Psalm. 76.

Águila de Austria, ingenio peregrino,

   no a la luz del saber del tiempo giras;

   pero de Dios al Sol atento miras,

   de su alto ser lo Eterno, y lo Divino. [10]

 

MISERICORDIA IX

Secundum altitudinem cæli a terra corroboranit misericordiam suam. Psalm. 102.

Murió de su piedad, más que del hado,

   porque si franca la mostró en el suelo,

   por dilatarla más se sube al Cielo,

   que es Sol que ilustra más, más remontado.

 

MAGNIFICENCIA X.

Magnificentiam glorie sanctitatis eius loquentur, et mirabilia eius narrabunt. Psalm. 144.

Si de Isabel admiro la grandeza,

   no en el mármol estriba su memoria,

   mas en zafir celeste su alta gloria,

   se erige ilustre, aplaude su firmeza.

 

MANSUETUDO XI.

Docuit mittes vias suas, Psalm. 24.

Mas ilustró a Filipo el regio pecho

   esta cordera, que el tusón glorioso,

   siendo ejemplar al menos orgulloso

   de su gran mansedumbre el menor hecho.

 

ELEEMOSYNA XII.

Manum suam aperuit inopi, et palmas suas extendit ad pauperes, Proverb. 31.

En pobre suelo esconde el rojo grano

   su pecho compasivo en franca palma,

   y en cambio de la espiga la alta palma

   coge, porque la gana al resto humano.

 

PROVIDENCIA XIII.

Attingit ergo a fine, usque ad finem fortiter, et disponit omnia suaviter. Sap. 8. [11]

Si de la eternidad, si de la vida,

   toca el principio, mira el fin violento,

   próvida previene aquel sustento,

   que en pan se libra a su alma esclarecida.

 

RELIGIO XIV.

Dilexit decorem Domus Domini, et locum habitationis gloria Illius. Psalm. 25.

Si aquí a Dios, y María en sacro bulto

   Isabel veneró del Templo al Ara,

   ya sin embozo aspira cara a cara

   venerar a los dos en mejor culto.

 

MAIESTAS XV.

Thronus eius, sicut Sol. Psalm. 118.

Si de Imperio mejora, es consecuencia,

   que el trono se aventaje en la escultura,

   sin aquí de sombras le formó su altura,

   allá del Sol le adorna su eminencia.

 

PURITAS XVI.

Ambulabit in lege Domini. Psalm. 118.

Si del tálamo, y ley en la Fe pura

   su lis no halló con licencioso paso,

   cuando a la gloria pasa del ocaso,

   de la lis le corona la blancura.

 

 

En el Certamen que se hizo en Quito, a donde se pedía se glosase esta copla a la muerte de nuestra Reina Doña Isabel de Borbón

     Llorad lágrimas vertidas,

     Enjutos ojos serenos,

     Que a fe, que no os cuesten menos

     Lloradas, que detenidas. [12]

Glosa

 

     Si repetís el amor,

          

          Filipo de vuestra esposa,

          acción es también forzosa

          que repitáis el dolor:

          que acreditan en rigor

5

          quejas otra vez sentidas,

          y pues honran repetidas,

          sentid penas expresadas,

          expresad ansias lloradas,

          Llorad lágrimas vertidas.

10

     Lo que siente el corazón

          fieles expresan los ojos,

          si en cristalinos despojos

          aquel muestra su pasión:

          con que es cierta conclusión,

15

          Filipo, que por lo menos,

          si del corazón los senos

          anega al dolor, y el llanto,

          no tengáis en tal quebranto

          Enjutos ojos serenos.

20

     Pero si llorar flaqueza

          indica en la Majestad;

          ¿cómo a aquesta poquedad

          hoy se humilla vuestra Alteza?

          Dirá alguno, que es fineza

25

          de vuestro amor a lo menos;

          mas si a las lágrimas senos

          ensancha vuestro dolor,

          causaos fuerza superior,

          Que a fe que no os cuesten menos.

30

     Y pues Isabel ya goza

          aquel Celeste Dosel,

          enjúguese el llanto fiel

          en vuestra llama amorosa:

          pero si aún la pena ansiosa

35

          brota lágrimas sentidas,

          no queden por reprimidas,

          que es nube opuesta a su ardor,

          y fecundarán mejor

          Lloradas, que detenidas.

40

 

 

 

Al mismo intento

Diose en el Certamen el asonante agudo, y que discurriese sobre el sentimiento de la Ciudad de Quito, aludiendo a los montes que adornan el escudo de sus Armas.

Romance

 

     Pastores de aquestas cumbres,

          que a Quito dan tanto honor,

          ¿dónde la rosada Aurora

          se esconde ya de Borbón?

     Si registráis de esa altura

5

          de la luz primer albor;

          ¿dónde los floridos rayos

          de Isabel traspone el Sol?

     Sólo contemplo, Pastores,

          en lugar de su esplendor,

10

          el silencio de la noche,

          de sombras la confusión.

     El gran luminar del día

          la vez que se le atrevió

[13]

          a competirle los rayos,

15

          fue de su luz negro horror.

     ¿Cómo la tiniebla agora

          ha tomado profesión

          del Imperio que regía

          aquel su regio candor?

20

     Pero si estatuas de mármol,

          os miro en tal suspensión,

          el ocaso de la muerte

          sin duda apagó su ardor.

     Dan triste seña los montes,

25

          gigantes desta región,

          en negros lutos que arrastran,

          y las sombras les cortó.

     Un arroyo, que en sus faldas

          corrió en despeño veloz,

30

          éxtasi de hielo asiste

          a asombros de su dolor.

     Las flores, que a su cristal

          copiaron su perfección,

          tristes contemplan su muerte

35

          en su robado color.

     Los árboles que bebieron

          la risa al salir el Sol,

          haciendo sus hojas ojos,

          en llanto se convirtió.

40

     Sólo el funesto ciprés

          aviva más su verdor,

          que hay quien se vista de gala,

          quizá porque otro murió.

     Pero qué triste contemplo

45

          de aquella gruta el horror

          el honor de aquestos montes,

          Cabildo que les rigió.

     No en repetidas querellas

          hacen de sí ostentación;

50

          que dolor que tiene labios,

          mucho de pena perdió.

     En lágrimas sólo vierten

          convertido el corazón,

          que amor que sale a los ojos,

55

          es agigantado amor.

     De negras bayetas cubren

          los rostros, ¡qué confusión!

          al vasallo que hace cara,

          como alevoso, y traidor,

60

     Y aunque a la lengua no fían

          alguna demostración,

          sostituyen en las obras

          desempeño, aunque menor.

     Tanta luminaria ilustre,

65

          tanto luciente blandón,

          voces son, que de sus pechos

          acuerdan llamas de amor.

     Sino es que sean los rayos,

          que aquesta urna selló,

70

          y a pesar de sus cenizas

          muestran su lúcido ardor.

     Oh Estrellas son a su pira,

          que encienden tanto farol,

          muy debido sentimiento,

75

          pues de Isabel murió el sol.

     Pirámides destos montes

          quisiera su compasión

          erigir a las cenizas,

          y de Isabel al honor.

80

     Más ilustre Mauseolo,

          más elevado Panteón,

          y más honoraria aguja

          su fe, y lealtad escogió.

     Pues erigió de su pecho,

85

          no sólo a la ostentación,

          pero en amor, y verdad,

          por pira su corazón.

[14]

 

 

 

Al mesmo asunto que el pasado

Romance

 

     ArribaAbajoLas dos cimas, que coronan

          de Quito el mayor blasón,

          por eminentes gozaban

          del Alba el primer ardor.

     Dando en sus claros reflejos

5

          al valle que le atendió,

          ejecutorias de ilustre

          con tan prevenido honor.

     Pero que presto llegaron

          a Ocaso tanto esplendor,

10

          pues ya es túmulo de sombras,

          si teatro fue del Sol.

     Una atezada tiniebla

          su bella luz les robó;

          mas qué mucho, si ya eclipse

15

          padece el Sol de Borbón.

     A los montes su firmeza

          les desquició tal dolor,

          que en tal sentimiento al monte

          no le valió su tesón.

20

     Y si columnas del Cielo

          se vieron en su región,

          pues vacilantes caducan,

          el Cielo también tembló.

     Si atalayas de la Aurora

25

          fueron el primer albor,

          ya pirámides de sombras

          el horror las construyó.

     La república de Ninfas,

          de que su verdor pobló,

30

          y Hamadríades, que rigen

          desde el árbol a la flor.

     Cabildo, que en paz segura

          tanta planta gobernó,

          en quebrantos de su pecho

35

          mostraron su turbación.

     Acentos vierten al aire,

          que el eco fiel respondió;

          que tan crecido quebranto,

          aún al risco le dio voz.

40

     Algún alivio su duelo

          en sus acentos logró,

          que divierte mucho el labio,

          cuando le ayuda el clamor.

     Que poca dura que tuvo,

45

          pues se lo ataja el dolor;

          ya titubea el aliento,

          ya su pena enmudeció.

     Y aunque se embargó la lengua,

          los ojos, y el corazón

50

          se ayudan, pues ellos vierten,

          lo que aqueste concibió.

     Y a tan crecidos raudales

          los acrecienta el amor,

          que las flores de sus rostros

55

          en tempestad inundó.

     Y por ellas se desatan

          con despeño tan veloz,

          que al prado de su tristeza

          hicieron información.

60

     El lirio más agraciado

          con tal nueva desmayó,

          pues le faltó la Flor de Lis

          donde él copió su primor.

     La rosa más encendida

65

          en nieve trocó el color,

          pues le faltó de Isabel

          púrpura que le adornó.

     Mustio el clavel se deshoja,

          porque de su rojo humor,

70

[15]

          al prado en sangrientas letras

          así mejor informó.

     La corona del vergel

          en la Azucena cayó,

75

          que es fuerza que otra se rinda,

          si cayó la de Borbón.

     El más lozano laurel

          a aqueste golpe cedió,

          que lo que el rayo no rinde

80

          se sujetó a este rigor.

     ¿Pero qué me admito, Cielos,

          si de la guerra faltó

          las palas que el ceñían,

          y al Orbe dio admiración?

85

     No hay planta en el bosque umbroso

          ni en el jardín se halla flor,

          a quien en raudal crecido

          aqueste arroyo informó.

     Que no sienta, que no gima,

90

          ya en el robado color,

          ya en la deshecha belleza,

          humillada su ambición.

     Mas qué mucho, si Isabel

          es Sol que les alumbró,

95

          es clavel, hermoso lirio,

          y azucena en su candor.

     Es la planta más lozana,

          es la rosa en su arrebol,

          de quien el prado, y las flores

100

          copiaron su perfección.

 

 

 

Al Águila Real que coronaba el Túmulo con aliño, a la Reina nuestra Señora Doña Isabel de Borbón, y a sus Armas, las Lises de Francia, que se mira van gravadas en el escudo que tenía insculpido en el pecho

Décimas

 

     Si en esa Pira te abrasas

          en tanta llama que inspiras,

          mal a ser Águila aspiras,

          cuando ya por Fénix pasas:

          y si el aliento traspasas

5

          a mejorado vivir,

          será el celeste zafir;

          mas si el Fénix acabaste,

          fue, porque al Sol te abrasaste

          de Filipo en tu morir.

10

     ¿Y si Fénix de tu fuego

          logras más flamante vida,

          como aquesta repetida

          en dos la contemplo luego?

          Evidencia es, que no niego,

15

          si estas dos cabezas miro;

          mas si a la verdad aspiro,

          esas dos tus hijos fueron

          Fénix, que renacieron,

          y por tus copias admiro.

20

     Si esas dos cabezas son

          tus hijos en esta empresa

          también a Filipo expresa

          de ese pecho el corazón:

          que tu Lis, dél posesión

25

          tuvo siempre en lo amoroso;

          mas si esto en vida es forzoso,

          ¿cómo al morir se hace ley?

          porque el gran pecho de un Rey,

          sólo es tu túmulo honroso.

30

     Y si es que tu pecho sella

          muerta, Filipo, esta flor,

          ¿cómo en lozano verdor

          vuelve a revivir más bella?

[16]

          Mas qué dudo, si es que en ella

35

          tu pecho llega a tocar,

          y es tan divino tu amar,

          que un nuevo milagro obra,

          pues vida que en sí zozobra,

          en ti llega a alcanzar.

40

     ¿Cómo, que brote una flor

          tu pecho? ¡prodigio es nuevo!

          pues sólo deste es renuevo

          una llama, y un ardor:

          mas no es milagro en rigor,

45

          cuando a tus rayos alienta,

          porque si vive a tu cuenta,

          lisonja es tu propia llama

          porque el Sol, que si la inflama

          más que la aja, la augmenta.

50

     Si de tu pecho el Tusón

          gloria es bien esclarecida;

          ¿cómo ahora es aplaudida

          esa Lis por tu blasón?

          Pero en esta suspensión,

55

          fácil consigo el acierto,

          pues que cordero le advierto,

          y por lograr su hermosura,

          le apacientas en la altura

          de esos lirios de tu huerto.

60

 

 

 

Pondérase lo ardiente de la Fe, lo crecido de la confianza en todos los sucesos que tuvo la Reina nuestra Señora: diose por ejemplar la segunda Canción de Garcilaso, que comienza: la soledad siguiendo

Canción

 

Entre la sombra vana

     de la humana ignorancia,

     la fe del alma al bello firmamento

     sacro esplendor se ufana,

     y aunque a grande distancia,

5

     con ella a Dios en sólo un pensamiento

     mira el entendimiento;

     a su luz, pues, Isabela

     abreviando del suelo

     largos espacios, se avecinda al Cielo,

10

     y en él contempla a Dios, a quien anhela,

     que aunque le mira atenta,

     su vista a averiguarle más se alienta.

Águila brujulea

     rayos del ser Divino,

15

     penetrando la niebla que retira

     aquella suma idea,

     su ingenio peregrino

     Sacramentos descubre en lo que mira,

[17]

     pues que su Fe le inspira,

20

     que si yace en quebranto

     España, y en dolores,

     serán espinas, que la broten flores,

     cambiando en risa su penoso llanto;

     porque su Fe eminente

25

     altamente de Dios en todo siente.

Ara le erige, y culto

     de su pecho en el templo,

     donde su amor ofrece sacrificio

     de Fe al sagrado bulto,

30

     y a impulsos deste ejemplo,

     repite en otros actos su ejercicio,

     no queda, no en indicio,

     de su Fe lo eminente,

     porque tanto se aumenta,

35

     que la verdad del juicio más exenta

     la consigue tan clara, y tan presente,

     que pasa a evidencia;

     tal es su Fe, tan alta su eminencia.

Antes del Sacramento,

40

     que el alma purifica,

     en baño amargo, en cristalino llanto,

     de Fe busca el aumento,

     sus actos multiplica;

     mas no es prodigio los aumente tanto,

45

     pues al misterio Santo,

     que es de la Fe el sublime,

     dispone, cuando en forma

     Dios se le comunica, y se transforma,

     cambio de amor, en que ella le redime,

50

     y aunque sol escondido,

     su Fe Clicie le ronda lo lucido.

Esta virtud sagrada

     hace que los progresos

     de sus gloriosas armas, y vitorias,

55

     no a su valiente espada,

     de su valor, no a excesos

     hoy atribuya, ni a sus altas glorias,

     más tan claras memorias

[18]

     a Dios las rinde sabia;

60

     que de Dios es la fuerza,

     y sólo vence aquel, a quien esfuerza,

     y el que a Dios se la niega impío, le agravia:

     ¡Oh Amazona prudente!

     con ella la altivez huellas valiente.

65

Ya no admiro, que el Cielo

     tan lata tu fortuna

     franquee, Isbela, al trofeo, a la proeza,

     pues gloria de tu celo

     con la de Dios es una,

70

     que por suya la aumenta en gran grandeza,

     y aquesa tu fineza,

     con que sabia disfrazas,

     volviendo a Dios tus hechos,

     son de tu ilustre honor claros cohechos:

75

     que buscar este ardid, y aquestas trazas,

     es que en ti se atribuya

     la gloria a Dios, pues la de Dios es tuya.

Canción, si diestro al blanco no he acertado,

     mi ceguedad es cierta,

80

     no la Fe, que a su luz todo se acierta.

 

 

Al mesmo intento, en otro certamen que se hizo en la mesma Ciudad, pidieron se glosase la copla siguiente

     Si de muertes tan sentida

     Sois vos Atropos, la que

     Causa de tal dolor fue,

     ¿Por qué nos dejáis con vida?

Glosa

 

     Menos se rindió el valor

          del gran Filipo al cuidado

          de un Imperio revelado,

          que de una muerte al dolor:

          pues que llora ya el rigor

5

          de la parca, que atrevida

          segó de Isabella vida;

          mas tal pena es alabada,

          si es de vida tan llorada,

          Si de muerte tan sentida.

10

     Ya pregunta enternecido,

          si Láquesis le robó,

          o si Cloto le cortó

[19]

          aquel estambre florido.

          Pero ya que convencido,

15

          de que esta, ni aquella fue,

          de la tercera a la Fe

          fía, y la voz al hablar

          le faltó, y al preguntar;

          Sois vos Atropos la que.

20

     Y aunque el labio enmudeció;

          pero ya el amor se alienta

          a que corra por su cuenta,

          lo que a la voz le faltó:

          Atropos se convenció

25

          deste delito, porque

          en ella rastro se ve

          de aquesta fatal herida,

          pues su segur atrevida

          Causa de tal dolor fue.

30

     Si la vida corre a cuenta

          del alma a la información,

          y si le falta esta acción

          queda del vivir exenta:

          como parca, pues sangrienta,

35

          robando el alma atrevida,

          de Isabel esclarecida,

          a sus vasallos, y al Rey,

          siendo al morir desta ley,

          ¿Por qué nos dejáis con vida?

40


Flores Amorosas

 

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