"La iniciación de la guerra de independencia abrió por primera vez a los alemanes la vía a América del Sur, sin las restricciones hasta entonces existentes. Sobre todo en Venezuela, fueron muchos los soldados y oficiales alemanes que participaron en las guerras de la independencia. A partir de 1816 se inició el transporte de voluntarios alemanes; la mayor parte de ellos procedían de Hamburgo, Braunschweig y, sobre todo, Hannover. Al comienzo, el reclutamiento de los voluntarios estuvo en manos de comerciantes ingleses y se llevaba a cabo desde la entonces inglesa isla de Heligoland, en el Mar del Norte. Más tarde se instalaron oficinas de reclutamiento también en Hamburgo y Hannover, en donde si bien no fueron autorizadas oficialmente, al menos si tácitamente toleradas. Así, por ejemplo, en 1816, el Senado de Hamburgo acordó la siguiente resolución: « El reclutamiento de estas personas debe ser ignorado siempre que las circunstancias lo permitan, que no se produzcan excesos y que el asunto se lleve a cabo sin notoria publicidad ». Cuando en1817, se prohibió en Inglaterra el reclutamiento de soldados para Sudamérica, | Hamburgo se convirtió en el primer centro de embarque de legionarios y se presentaron también como voluntarios oficiales alemanes. A uno de ellos, el capitán de caballería de Braunschweig, von Clauditz, Simón Bolívar le encomendó el reclutamiento de voluntarios para los Estados libres de Sudamérica. En los poderes que recibió Clauditz se decía: « El general en jefe Bolívar, en nombre del gobierno sudamericano, promete a cada soldado, después de 5 años, 500 táleros españoles y 50 acres de tierra a más de casa y granja o transporte gratuito de regreso a su patria.»
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Johann Uslar | Entre los legionarios alemanes que llegaron a Caracas se encontraba Johann Uslar, quien más tarde sería llamado «el Steuben de Sudamérica», y a quien Bolívar personalmente nombrara comandante en Boyacá, actuara como oficial del ejército patriota en Carabobo y fuera antepasado de uno de los más conocidos escritores venezolanos contemporáneos, Arturo Uslar Pietri. La mayoría de los 63 oficiales alemanes que fueron a Venezuela actuaron en el regimiento de cazadores de Uslar. Tal es el caso, por ejemplo, de Augustin Freudenthal, quien en 1825 murió siendo gobernador de Caracas. También Heinrich von Lützow llevó voluntarios alemanes a Venezuela; llegó a general de división y permaneció hasta su muerte, en 1860, en el ejército venezolano. Bajo el nombre de Enrique Luzón, está enterrado en el Panteón de Caracas como héroe de las guerras de independencia. Pero no sólo a Venezuela fueron voluntarios alemanes. |
| En un diario de Hamburgo del año 1819, se publicó una crónica de un oficial alemán que regresaba de Buenos Aires y de la que se desprende que en el sur de América Latina también luchó por la independencia un gran número de voluntarios alemanes. El más conocido de todos ellos es el tirolés von Holmberg quien bajo Belgrano llegara en Argentina a la más alta Jerarquía militar. En Bolivia, el oficial de estado mayor, Otto Philipp Braun actuó como mayor en la guardia de Bolívar y contribuyó decididamente con su caballería al triunfo de Junin.
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La prensa alemana de esa época se interesó activamente por el destino de estos voluntarios y por los esfuerzos de independencia de los Estados libres de Sudamérica y apoyó la campaña en favor de su reconocimiento diplomático que pronto habrían de iniciar los políticos sudamericanos. Las relaciones institucionalizadas. |
Sin embargo, las relaciones políticas entre Alemania y los jóvenes Estados latinoamericanos no estuvieron exentas al comienzo de algunas dificultades. La Santa Alianza, de la que formaban parte los más importantes Estados europeos de la época, consideraba a la independencia latinoamericana como una violación del orden tradicional y como un ataque al principio de legitimidad, Ello explica la reserva inicial con que estos acontecimientos fueron juzgados. Se temía, además, que la juventud democrático-liberal de Prusia y de otros Estados alemanes viera en el movimiento latinoamericano de independencia un modelo digno de ser imitado, cosa que realmente sucedió a menudo. Las opiniones moderadas como las de Alejandro y Guillermo de Humboldt, que abogaban por relaciones liberales con los nuevos países independientes, no lograron imponerse. Sin embargo, poco a poco fue aflojándose este frente cerrado. Especialmente en las ciudades hanseáticas, que desde el primer momento habían seguido con gran simpatía los esfuerzos latinoamericanos por su independencia, fue haciéndose cada vez más notorio el disgusto por las limitaciones impuestas al intercambio comercial con Ibero América. Desde 1808 los barcos hanseáticos podían comerciar directamente con el Brasil; lo que se deseaba ahora era una apertura de los puertos de Hispanoamérica. Los compañías comerciales alemanas habían comenzado ya muy temprano a establecer filiales permanentes en la zona de las Indias Occidentales; poco a poco fueron sumándose a ellas colonias comerciales en las grandes ciudades del continente latinoamericano. A fines del siglo XVIII, el intercambio comercial había alcanzado un volumen considerable, tal como lo demuestran las estadísticas aduaneras de Hamburgo en aquellos años. A través de este puerto, los Estados alemanes importaban de América Latina maderas nobles, Índigo, algodón, pieles, materias químicas tales como corteza de quina, tabaco, especias, cacao y azúcar. Alemania exportaba productos de hierro, cáñamo, cera, vidrio y, sobre todo, paños e hilados de Westfalia, Sajonia y Prusia. El monto de estas exportaciones era de unos 10 millones de táleros anuales. Amplios grupos de la población alemana debían a estas posibilidades de exportaciones a países de ultramar su existencia económica. Por todo ello, el sector comercial hamburgués dirigió un pedido al gobierno «a fin de que considere la posibilidad de mantener relaciones oficiales con los Estados libres de Sudamérica». En 1822, comenzó la campaña de reconocimiento por parte de políticos latinoamericanos en Europa. Francisco A. Zea, antiguo vicepresidente de la Gran Colombia, recorrió, por encargo de Bolívar, varios países europeos y publicó el « Manifiesto a los gabinetes de Europa » en el que solicitaba el reconocimiento político y diplomático como Estado soberano de Colombia, es decir, de la confederación latinoamericana que habría de fundarse. En Hamburgo se decidió de inmediato establecer representaciones de la ciudad hanseática en Caracas, Valparaíso, Lima, Buenos Aires y Veracruz. También Prusia envió comisionados, entre otras ciudades, a Buenos Aires, Lima y México. Por consideración a la posición de España, en un primer momento en lugar de cónsules se enviaron «agentes de comercio " con una carta especial de recomendación del respectivo gobierno. Mientras tanto, las ciudades hanseáticas, Prusia, Hannover y otros Estados alemanes iniciaron negociaciones con los nuevos países independientes con el objeto de intercambiar representantes oficiales y celebrar acuerdos bilaterales, negociaciones que resultaron largas y complicadas. Sin embargo, poco a poco se fue llegando a una mayor comprensión y acercamiento: el 16 de junio de 1827, se firmó entre las tres ciudades hanseáticas y México un Acuerdo de comercio y navegación. Fue éste el primer acuerdo germano-latinoamericano. La iniciación de las relaciones oficiales con los demás países del subcontinente fue llevada a cabo por Hamburgo y Bremen sólo a partir de 1834. Sólo con Brasil se había firmado ya en 1827 un Tratado de comercio y navegación. En verdad, los países que practicaban el comercio con los nuevos Estados independientes tenían representantes más o menos regularmente acreditados en las ciudades más importantes de Hispanoamérica. Así, por ejemplo, ya desde 1823 había un emisario con plenipotencias oficiales prusianos, de la Compañía Renano-Indias Occidentales en el Plata. El reconocimiento diplomático de la Argentina independiente y de los demás países hispanoamericanos sólo se produjo 20 años después, cuando ya se había llevado a cabo un cambio fundamental en las concepciones de soberanía y los Estados independientes de América Latina fueron considerados como interlocutores con igualdad de derechos en la política internacional."1 | 
Acuerdo de comercio y navegación entre las ciudades hanseáticas alemanas y Brasil, 1827 |
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