
Y tú estás conmigo porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida; en las últimas fulguraciones de la conciencia.
Adiós Fanny!....
Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fé; esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escritora del Decreto de Trujillo y del Mensaje al Congreso de Angostura....
No la reconoces verdad?
Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalará con su dedo despreciado la realidad de este supremo instante.
Si yo hubiera muerto en un campo de batalla, dando frente al enemigo, te dejaría mi gloria; la gloria que entreví a tú lado a los campos de un sol de primavera.
Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores; víctima de inmenso dolor, presa de infinitas amarguras. Te dejo mis recuerdos, mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos.
No es digna de tu grandeza tal ofrenda?
Estuviste en mi alma en el peligro; conmigo presidiste lo consejos de gobierno; tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses; tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera.
En las noches galantes de la Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia; en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras; pero no ibas tú, porque tú has flotado en mi alma mostrada por níveas castidades.
En la hora de los grandes desengaños, a la hora de las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus ojos arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas inmortales de Junín y Bomboná.
Recibisteis los mensajes que te envié desde la cima del Chimborazo?
Adiós Fanny! ...Todo ha terminado!.....
Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías se hunden en la nada; sólo quedas tú como visión seráfinica señoreando el infinito, dominando la eternidad.
Me toco la misión del Relámpago; rasgar un instante las tinieblas; fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.
Simón Bolívar
San Pedro Alejandrino Diciembre 6 de 1830