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Fábulas  completas  de Dr. Rafael García Goyena

Fábulas coloniales.

Nació en Guayaquil el 31 de Julio de 1766

y murió en Guatemala el 9 de Noviembre de 1823

Prólogo 

Elote

Musgaño

Sanate

Serpiente

Gatos

El Buey y la Serpiente.
Fábula Política
Las palomas y los sanates nidificando  

La Araña y la Oruga
El Mastin y la Rata 

El Loro y el Cerdo

La Yegua y el Buey

Los Gatos en Brama

Los Sanates en Consejo

La Cocinera , la Gallina y las Palomas

Los Muchachos, los Sanates y el Loro

El Macho de Arriero y el Caballo de Carreta

El Armado y la Raposa.

La Araña y el Mosquito.

Los animales Nocturnos , la Mariposa y la olondrina.

Los Perros

El Jinete y el Potro

La Mosca, la Hormiga y la Palomilla Nocturna.

El Piojo, la Pulga y la Nigua.

Los Fueron Jumentiles

El Zopilote con Golilla

La Mariposa y la Abeja

El Mulo, el Potrillo y la Picaza

El Venado, la Serpiente y la Paloma.

Los Sanates y el Burro.

Los Animales Congregados en Cortes

El Pavo Real, el Guarda y el Loro

Los Animales en Cortes

El Dogo Faldero  y el Mastín

Las Golondrinas y los Barqueros

Las Hormigas y la Lombriz

El Coyote y la Oveja

Esopo y el Escarabajo

El Ciervo y la Oveja, siendo Juez el Lobo.

A La Libertad

El Lorito

La Loca y la Viejo

El Poeta y el Loro

La Vieja y el Bailarín

Amistad (Epigrama)

Yo me Confieso a la Santa Inquisición

Canto a la Independencia de Guatemala

                   

 Sobre el Autor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BUEY Y  LA  SERPIENTE 
            Prólogo

Bajo un árbol sombrío
el manso buey estaba,
y a sus solas rumeaba
diciendo en baja voz:
"Yo sirvo al dueño mío
no sólo como criado
surcando con mi arado
su rústica mansión:

"Se dirige a otro objeto
mi oficio liberal,
y en la ciencia moral
hago de preceptor.

"Si repara discreto
a mi muda enseñanza,
como hace en la labranza
cuando arándola voy;
verá mi mansedumbre;
mi dócil obediencia,
mi sufrida paciencia,
mi constante tesón.

"Una escasa legumbre
me sirve de alimento
de muy poco sustento,
y de ningún sabor"....

Una serpiente astuta,
que bajo el nido asecha
a un gorrión que pelecha
al buey interrumpió:

"Yo. dijo, sin disputa,
soy maestra y preceptora
del hombre, desde la hora
que nos calienta el sol.

"Entonces inocente
en tiempo inmemorial,
le di del bien y el mal
la primera lección".

"Después ya delincuente
y de índole proterva
si mi conducta observa,
mil máximas le doy".

"En mi canto, desvío
de un retiro estudioso;
y en mi curso tortuoso
de un discreto temor".

"De todos desconfío,
porque en fraudes experta
tan sólo sé que acierta
el que piensa lo peor".

"La fama me celebra,
dándome preferencia
por mi mucha prudencia
de la que emblema soy".

Hasta aquí la culebra
sus méritos pregona,
pero nada menciona
de su veneno atroz.

En la naturaleza
todo ser es activo:
y también instructivo
según su condición.

Enseña con viveza
sencilla y elegante
el máximo elefante
y el mínimo arador.

El benéfico bruto
y la fiera dañina
le dan sana doctrina
al buen entendedor.

De todo saca fruto
quien lo bueno aprovecha,
y lo malo desecha,
benévolo lector.

 
 
 
 
 

ll

 

FÁBULA POLÍTICA 

      
Nuevo sistema de Gobierno en el
Reino Animal.

------------------------

Sabrá mi lector curioso,
si por fortuna lo ignora,.
por qué es fortuna en el día
ignorar algunas cosas....

Que en los países de levante,
allá en tierras muy remotas,
hubo en el reino animal
una conmoción  ruidosa.

En un espacioso valle
circundado de las ondas
por una parte, y de peña
inaccesible por la otra.

De todos los animales
un congreso se convoca,
desde el reptil que se arrastra
el ave que se remonta.

Confusamente mezclados
el milano y la paloma,
el cordero con el lobo,
la gallina y la raposa.

Hasta los brutos marinos
arrimados a la costa
innumerables cabezas
sobre las aguas asoman.

El objeto de la junta
es variar la antigua forma
del político gobierno,
porque a muchos incomoda.

Subida sobre un peñasco
hizo de orador la zorra,
como en otro tiempo Tulio
en las tribunas de Roma.

Sin captar benevolencias
con el asunto se exordia, .
diciéndole esta arenga
más bien sentida que docta:

Mas ha de sesenta siglos
según la cuenta más corta,
que de nuestro imperio el hombre
por príncipe se corona.

El es, como uno de tantos
mísero mortal; y consta,
que nuestras mismas flaquezas,
y pasiones le son propias.

Pero hoy en la elevación,
cercado de honor y gloria ,
orgulloso no permite
que se le siente una mosca.

Que somos su patrimonio,
por todo el orbe pregona;
y que nació para rey
en su concepto es un dogma.

Bajo su cetro de hierro,
y sus leyes caprichosas.
ninguno tiene seguras
la vida, la hacienda ni honra.

Sanguinario por carácter,
sólo porque se le antoja
nos hiere, mata y desuella
en juguete y por chacota.

Muchas familias enteras
de nuestro género lloran
sin su libertad sujetas
a esclavitud vergonzosa.

Y los que la conservamos,
a su pesar, es a costa
de una vida fugitiva
llena de susto y zozobra,.

Los brutos, que por humildes,
ante él la rodilla doblan,
dice que son sus amigos
y los oprime y devora.

A los que llama rebeldes
porque sus derechos cobran,
en sus últimas trincheras
a sangre y fuego destroza.

¿Cuál especie de las nuestras
hizo fortuna a la sombra
de su amparo? ¿dónde están
las ventajas y mejoras?

Si con dolosos regalos
suele cebar a las bobas
es porque le hagan después
pías gordo el caldo de la olla.

De modo que es más temible
por sus dádivas sinónimas
que cuando tirano ofrece
veneno, puñal o soga.

Con bárbara petulancia,
cuando de noble blasona
se apellida por grandeza
señor de cuchillo y horca.

Si los peces que me escuchan
no fueran mudos, ahora
refirieran sus crueldades
y fraudulentas tramoyas.


El corpulento cetáceo
que en el piélago se engolfa
y el humilde caracol,
que arrastra su frágil concha,
en los anchurosos senos
del elemento que moran,
no encuentran seguro asilo
que los defienda y esconda.

Déspota "el más absoluto,
su política es su bolsa,
sus leyes son los placeres,
y su razón su pistola.

Del gran soberano es esta
una diminuta copia,
y de su largo reinado
la más abreviada historia.

En este punto la inmensa
muchedumbre se endemonia,
grita, chilla, bala, gruñe,
bufa, ruge, brama, rosna.

La serpiente, dando un silbo
sobre una piedra se enrosca;
eleva el cuello, y erguida
la cabeza, así perora:

—En sólo el hombre reunidas
las facultades se logran
del discurso, la palabra,
y de la fuerza obradora.

Aquel cerebro inventor,
aquella elocuente boca;
aquella mano flexible,
que a tantos usos se amolda.

Estos son los tres poderes
que en el político idioma
a la majestad suprema
necesariamente adornan.

Mientras permanezcan juntos,
bajo de una mano sola,
si alguna vez favorables,
mil veces serán en contra.

Los poderes se dividan':
uno sea el que sanciona;
aquel quien juzga y el otro
la fuerza armada se ponga.

Así la soberanía
sus principios reconozca;
y sirvan sus atributos
a la patria de custodia.

Guardándose el equilibrio,
las autoridades obran
con mutuas emulaciones
y recíproca concordia.

Aquí quedó interrumpido
el discurso, porque todas
las bestias con el aplauso,
y víctores se alborozan.

A una voz gritan: "Se aprueba"
y al momento se disponga
la ejecución del sistema,
que por nosotros se adopta.

Al elefante que ha dado
entré los de aquella tropa
de su mucha inteligencia
unas pruebas muy notorias,

Del poder legislativo
dueño absoluto lo nombran;
y él, en señal que lo acepta
rinde hasta el suelo la trompa.

El judiciario poder
que hace las declaratorias
de la ley, lo dan al loro,
al papagayo y cotorra.

Al famoso orangutango
cuya figura confronta
con la humana y en la mano
tiene diferencia poca,.

El poder se le encomienda
de la fuerza ejecutoria;
y ya las autoridades
una de otra se divorcian.

Los proyectos que el cerebro
en bien del público forja,
unas lenguas los explican,
y otras manos los apoyan.

Es preciso confesar,
que si de los tres se toman;
de aquel mono la figura,
del perico la voz bronca,

Y del discreto elefante
la inteligencia que asombra
y se unen en un sujeto
para hacer una persona,

Nunca podrá resultar
un ente tal, que suponga
Ib que un estúpido humano
de la nación hotentota.

Sin embargo, al ejercicio
de la majestad aprontan,
y del soberano usurpan
el tratamiento y la pompa.

En las primeras sesiones
mil abusos se reforman,
mil providencias se dictan,
mil privilegios derogan.

La libertad se decreta
que los animales gozan
para explicar lo que siente
cada uno en su jerigonza.

Se establece la igualdad
con cuya farsa censoria
tanto el mínimo arador
como a la Ballena importa.

Otras útiles materias
dignas de Lacedemonia
se examinan y discuten
con aplicación heroica.

Pero hétele aquí que cuando
con más calor se funciona,
según las atribuciones
que a cada poder le tocan,

Armado de punta en blanco
con una valiente escolta
de Alanos, el hombre mismo
se presenta entre las rocas. 

Con el arribo importuno
la multitud quedó absorta;
"él es, dicen, y a nosotros
se dirige su derrota".

El elefante discreto,
que conoce y reflexiona
los peligros, el primero
puso pies en polvorosa.

En volandas le siguieron
de las indiciarías Togas
las turbas; y de las aves
la sociedad volantona.

El orangutango grave,
por hacer la fuga pronta,
multiplicando los pies
sobre las manos se postra.

Tras él huyeron las fieras
apostando a quien más corra,
desamparan la campaña
y en las malezas se emboscan.

Las culebras se desfilan
con inflexiones tortuosas,
y en los hoyos subterráneos
ocultaron su ponzoña.

Los peces se zambuyeron
a sus cavernas más hondas,
y con el gran movimiento
las aguas hicieron olas.

Sólo las especies mansas
con su suerte se conforman
y siguen, o bien paciendo
o bien rumiando a sus solas.

El hombre llega triunfante
sin que nada se le oponga;
y el reino animal se rige
por sus antiguos axiomas.

Permite, lector amigo,
que mis conceptos proponga
sin hacer aplicaciones
porque suelen ser odiosas:
----------------------
Si acaso algún Aristarco
mal mi fábula acomoda,
diré lo que dijo Iriarte:
"que con su pan se lo coma".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FÁBULA II     

-LAS PALOMAS Y LOS SANATES NIDIFICANDO. 


Con filosóficos ojos
cierto curioso observaba
las palomas y sanates
en la estación que anidaban.

Las primeras, macho y hembra
de conformidad trabajan
desde el punto que en el nido
se pone la primer paja.

Una lleva el material
y otra, sin nivel ni escuadra,
naturalmente arquitecta
con sólo el pico lo labra.

Después, en la empollación.
sobre los huevos descansan,
una llega y los fomenta
mientras la otra se levanta.

De los nacidos pichones
no se descuidan entrambas,
suministrando a cada uno
la asistencia necesaria.

De los preparados buches
al de los pollos trasladan
la ya medio digerida
y conveniente substancia.

Las palomas de este modo,
al tiempo que se propagan,
con igualdad participan
los placeres y las cargas.

Al contrario en los sanates,
la hembra tan sólo se afana:
ella el material conduce,
empieza el nido y lo acaba:

Ella los huevos calienta,
y cuando los pollos saca,
sólo ella con mil fatigas
les proporciona la vianda.

Mientras tanto el clarinero,
que es el macho de la casta,
cantando de árbol en árbol
alegre la vida pasa.

El curioso observador,
viendo diferencia tanta
entre estas aves, decía,
adivinando la causa:

"En el consorcio nupcial,
la fidelidad jurada
un padre cierto a los hijos
en el marido señala.

Este los tiene por suyos
y con tierno amor los ama,
dividiendo con la madre
los cuidados de la crianza.

Pero en el franco comercio
de una Venus libre y vaga
aun la misma madre ignora
el padre de lo que nazca.

Todo macho desconoce
esta prole por extraña,
y porque puede ser de otro
nadie por suyo lo marca

-------------------------
Sepan para su gobierno
mi fábula las muchachas;
e imitando a las palomas
no pretendan ser sanatas.

 

FÁBULA   III

LA ARAÑA Y LA ORUGA 

Bajo un vaso cristalino

suelo encerrar las orugas,

para saber cuándo y cómo

en mariposas se mudan.

 

Este insecto, por instinto,

para la muerte acostumbra

disponerse en un retiro

lejos del comercio y bulla.

 

En abstinencia perpetua,

y con vigilancia suma

sus postrimeros instantes

toda su atención ocupan.

De cierto humor glutinoso

que de sus entrañas purga

con delgados hilos teje

las fatales ligaduras.

Contra lo terso del vaso

repetidas hebras cruza,

y sobre ellas sus cenizas,

y las esperanzas funda.

Allí con impulso propio

la antigua piel se desnuda,

y bajo el nombre de ninfa

una bolsa la sepulta.

 

Pasados algunos días,

en que el calor la fecunda,

ya mariposa brillante

sale volando de la urna.

 

Observando este portento

una vez, como otras muchas,

vi en un pequeño resquicio,

que estaba una araña oculta.

 

Entre el vaso y la pared

extendió su tela, astuta,

con cuyo doloso arbitrio

su efímera vida busca.

 

Atisbando cautelosa

a un gusano en su clausura

entre dientes murmuraba,

haciéndole mofa y burla.

 

" ¡Qué raro tema, decía,

el que a este bicho preocupa!

no come, bebe, ni duerme,

pensando sólo en la tumba.  

 

¡Pobre diablo! con qué empeño,

con qué calor, y qué furia

ha tomado por oficio

labrarse la sepultura.  

 

Las entrañas se devana,

y para morir madruga,

de las delicias se priva,

y hasta el pellejo renuncia.  

 

Yo también me desentraño,

pero por la causa justa

de procurarme la vida

y placeres que la endulzan.  

Al sólo nombre de muerte

el cuerpo se me espeluzna,

su más remoto peligro

me hace guardar esta gruta".  

 

Oyolo todo el gusano

y con su voz moribunda

le dijo: "los dos tenemos

razón en nuestra conducta.  

 

Tú, que otra vida no esperas

más que la presente, gusta,

de sus placeres, y teme

que la muerte los destruya.  

 

Yo voy alegre al sepulcro

y aun lo prevengo de industria,

porque la muerte es el medio

de mejorar mi fortuna.  

 

Ahora soy gusano humilde

que me arrastro con angustia,

y mañana ave del cielo

volaré por las alturas".

Lo mismo decir pudiera .

un fraile de la cartuja,

contestándole a Voltaire

los sarcasmos y las zumbas.

Siglo que ilustrado llaman

las arañas de que abunda:

aprovecha las lecciones

con que un gusano te alumbra.

 

  FÁBULA IV.

EL MASTÍN Y LA RATA

En la opulenta vivienda

de un ricote, estaba echado

un grave mastín cebado

de esos que guardan "la hacienda"

Una rata reverenda

mirando el paso seguro

dejó el subterráneo oscuro

en que tiene domicilio,

para pedirle su auxilio

en un gravísimo apuro.

 

Llega con modestia grata,

ante el perrote se humilla,

y en tales términos chilla

la humilde y tímida rata:

"Si entre los hombres se trata

de excitar, la humanidad,

yo tengo necesidad,

en mis crecidos tormentos,

de implorar los sentimientos

de vuestra animalidad".

 

"Soy una mísera viuda,

que a seis hijitos mantengo,

y bajo del sol no tengo

una alma que esté en mi ayuda".

"Me ha jurado guerra cruda,

un gatazo fementido,

que acabó con mi marido,

con mi madre, con mi abuela,

y a toda mi parentela

tiene un odio envejecido".

"No vivo libre un momento,

de continuos sobresaltos,

recelando los asaltos

de este enemigo sangriento".

"Cuando busco el alimento

necesario a mis menores

¡qué sustos y qué temores

y qué precauciones gasto

para no servir de pasto

a sus dientes trinchadores!"

Aunque es tan cruel y temible

para nosotros, con todo

se conduce de otro modo

ante tu aspecto terrible;

a sólo tu vista horrible

se eriza todo el gatazo,

pone en arco el espinazo,

cola y orejas encoje,

y en algún rincón se acoge,

temiéndose algún fracaso.

Siendo, pues, tan superior

por tu fuerza y valentía

tanta la cobardía

del tirano mi opresor,

será para tu valor

muy pequeña esta victoria,

pero eclipsará la gloria

de toda la, gatomaquia

y desde Lempa al Valáquia

celebrarán tu memoria.

 

"A esta infeliz patrocina;

tu noble esfuerzo me valga:

no permitas que se' salga

esta fiera con mi ruina".

"A tu cólera canina

no puede hacer resistencia:

líbrame de la violencia

de su famélica saña,

y harás con sólo esta hazaña

segura nuestra existencia".

 

El mastinazo tenía

sobre las manos cruzadas,

descansando las quijadas

y al soslayo la veía;

contestándole decía

a la rata dolorida:

"Lleve paciencia, querida,

sus temores y disgustos,

que a cambio de tales sustos,

se nos concede la vida".

 

"Ningún mortal se sustrajo

de pagar este tributo

desde el león, monarca bruto,

al humilde escarabajo.

"Está en regla tu trabajo

según cierto colegial,

pues tanto el bien como el mal,

el descanso y la fatiga,

entran en el plan, amiga,

del sistema universal".

 

En esta razón gritó

el amo, porque enfadado

le daba voces a un criado,

y luego el perro ladró.

Al puntó se levantó,

diciendo: "voy en ayuda

del pobre Hombre, que sin duda,

en algún peligro está,

y talvez extrañará

que a su defensa no acuda".

 

De esta suerte se despide,

y ladrando el Perro corre

hacia el hombre a quien socorre

sin que nadie lo convide.

Pero a la Rata, que pide

con necesidad extrema,

la deja que gima y tema,

añadiendo el desconsuelo

de que su pena y su duelo

está en orden del sistema.  

 

Aliviamos al pudiente

en sus penas moderadas,

y en las suyas reagravadas

dejamos al indigente.

Bien sabes, lector prudente,

que es fábula lo que escribo,

pero si eres reflexivo

y de memoria no escaso,

te acordarás de algún caso,

idéntico y efectivo.

 

FÁBULA V

EL LORO Y EL CERDO


Tengo un loro tan inquieto
que por todas parte anda
enemigo como muchos
de la quietud de la estaca.

 

Al llegarse a la cocina

le dio un elote mi criada,

y él se puso a devorarle

con el pico y con las patas:

 

Como estas por estructura

son tan mal acomodadas,

para el servicio manual

cuando es menuda la vianda,


Un grano coje, otro bota,

este suelta, aquel agarra,

y antes de probar bocado

media mazorca desgrana.


Los tordos y los sanates

se le hicieron camaradas,

y en sus desperdicios tienen

con los pollos mesa franca.
 

Un Cerdo muy bien cebado

con paso grave llegaba,

y gruñendo aquel desorden

dijo: "mire usted qué infamia!
 

Con pródigas profusiones,

mantener gente holgazana

y abusar de la simpleza

de esta ave sencilla, incauta.
 

Ea, yo pondré remedio,

no hay que afligirse por nada"

Acercóse: dicho y hecho,

todo el elote se traga.

 

La conducta del Marrano

no me ha parecido extraña,
pues no son nuestras costumbres

capaces de mejorarla.

 

Lo mismo hace un Albacea

con la hereditaria masa,

y un Tutor o Curador

con la Pupilar substancia.


FÁBULA VI


UNA YEGUA Y UN BUEY


En un soberbio caballo

por el campo se pasea

un joven, haciendo alarde

de su garbo y gentileza.


El diestro jinete pone

su docilidad en prueba

y él corresponde obediente

al manejo de la rienda.
 

Ya sofrenado reprime

contra el pecho la cabeza

formando del cuello un arco,

de largas lustrosas cerdas.
 

Tasca el espumoso freno:

las manos con pausa alterna,

todo el cuerpo equilibrado

sobre las partes traseras.

 

Bufa y la hinchada nariz

con el resoplido suena,

su larga tendida cola

con el movimiento hondea.


Ya soltándole la brida,

y aplicándole la espuela,
tiende el cuerpo, y se dispone

a la rápida carrera.
 

Con ambas manos a un tiempo

el suelo hiere, y con ellas,

y los pies horizontales

describe una línea recta.


Pero al más ligero impulso

del brazo que lo gobierna,

suspende el curso violento

y para haciendo corvetas.
 

Entre otras que allí pacían,

alzó a mirarle una Yegua

y dando un grande relincho

dijo a un Buey que estaba cerca:


"Ese potro tan bizarro

que tanto al hombre deleita

es hijo de mis entrañas,

y bien sus obras lo muestran.
 

¡Qué docilidad! qué brío!

qué índole tan noble y bella!

qué paso tan asentado!

qué bien hecho! qué presencia!

 

De su generosa estirpe

un ápice no discrepa:

bien empleados los desvelos

que tuve en su edad primera".
 

El Buey entre tanto estaba

rumiándole la respuesta,

y así que acabó le dijo

con voz reposada y seria:


"Aunque ese potro gallardo

el nacimiento te deba, -
tú no tienes parte alguna

en sus adquiridas-prendas:

 

Tú sólo alumbraste un bruto

en su física existencia,

que al arte y la industria debe

los lucimientos que aprecias.
 

El derecho que te asiste

es ser madre de una fiera

indómita por carácter,

cerril por naturaleza.

 

Yo soy testigo de vista

de cuánto al hombre le cuesta haber

domado su furia

y adestrado su rudeza".

 

Así, Padres de familia,

la república pudiera

responder por muchos hijos

que su población aumentan.

 

El hombre sin las costumbres

que la educación engendra,

en lo político toca

a la clase de las bestias.

 

FÁBULA VII


LOS GATOS EN BRAMA.


Como en este mes de enero

experimentan los gatos

aquel calor que sentimos

los hombres por todo el año,

 

insomne la noche toda

la pasé de claro en claro,

atendiendo a los conciertos

de sus amatorios tratos.

 

Ya brincan por la azotea

ya corren por el tabanco,
ya se niegan, ya se brindan,

así la hembra como el macho.

 

¡Qué gritos, y qué maúllos

para requerir de pago,

y para cubrir la deuda

qué cabriolas y qué saltos!

 

Más allá de media noche

colérico daba al diablo

toda la especie gatuna

con sus engendros bastardos.

 

Mas luego mudé de humor,

oyendo del Gallo el canto

que a grandes voces decía

en medio de su serrallo:

 

"Esta es mucha desvergüenza,

un lupanar es el barrio!

¡qué escándalo! qué deshonra!

no hay miramiento ni empacho!

 

Yo soy frágil, no lo niego;

suelo tener mis desbarros,

y en estas mismas flaquezas

de enero a enero me paso.
 

Pero sin dar mala nota,

ni andarme por los tejados,

porque esto del mal ejemplo

tiene gravísimos cargos".

Estas y otras muchas cosas,

prosiguió después cantando,

y yo, piadoso en mis juicios,

dije acá para mí sayo:

 

"Muchos sujetos conozco

modestos y cabizbajos

que pueden decir lo mismo,

lo mismo que dijo el gallo.
 

FÁBULA VIII


LOS SANATES EN CONSEJO
 

En el espacioso patio

de mi casa, un ciprés tengo,

y los sanates del barrio

tienen en él sus congresos.

 

En sus respectivas ramas

tomaron ayer asiento,

y en la cúpula del árbol

un Sánate clarinero.

 

Este mismo levantando

su vista y el pico al cielo,

como que implora su amparo

preciso para el acierto,

 

Se volvió después al magno

y respetable colegio,

que le escucha con agrado

 y con los picos abiertos.

 

"Ya se nos acerca mayo,

les dice, y en ese tiempo

de nuestro género claro
se asegura los renuevos.


Con el natural conato

que nos impele este objeto,

trabaja con entusiasmo

el uno y el otro sexo.

 

Por lo que convenga al caso,

me parece proponeros

algunos graves reparos

que me ocurren al intento.

 

Nosotros en propagarnos,

somos activos y diestros,

y se consiguen de facto

los más fecundos efectos.

 

Nuestra especie, sin embargo

no logra sensible aumento,

y en un mismo ser estamos

poco más o poco menos.

 

Juzgo proviene el atraso

de la prole que perdemos,

por los malditos muchachos

en sus criminales juegos.

 

Asaltan los nidos caros:

tiran y rompen los huevos,

y de los pollos acaso

sacrifican los dos tercios.

 

Ni el espinoso naranjo

ni este ciprés por excelso

los defienden de las manos

de los rapaces perversos.

 

Para evitar tales daños,

y asegurar los recelos,

es preciso discurramos

algunos prudentes medios".

 

Así concluyó, esperando

que el consistorio discreto

agradeciese el cuidado y

su patriótico celo.

 

Un susurro sordo y vago

discurre, y turba el silencio

y aumentándose por grados

paró en gritos descompuestos.

 

Algunos chillan: "son vanos

esos temores y miedos,

de los sanates sensatos

no merecen el aprecio".

 

Otros chiflan: "muy despacio

se debe meditar eso,

sobre que el negocio es arduo

y pide maduro acuerdo".

 

Este pita: "Yo de espantos

estoy curado, no temo"

 aquel otro silba: "al amo

matan cuidados ajenos".

 

De manera, que entre tantos

vocales, ni dos hubieron

que con dúo concertado

siguiesen el mismo metro.

 

Después de distintos cantos,

y de tonos tan diversos,

gritó con tiple más alto

un sanatillo moderno.

 

Y dijo: "con todos hablo;

el peligro es manifiesto,
no obstante, también alcanzo

que tiene fácil remedio.

 

Mientras nos multiplicamos

se muda temperamento

en los vecinos barrancos

de las Vacas o el Incienso.

 

Concluidos nuestros trabajos,

alegres nos volveremos

a los lugares urbanos

con los hijos ya mancebos.

 

Así se atan bien los cabos

porque se salvan los riesgos:

se goza el aire del campo,

sin perder el patrio suelo.

 

Este es mi dictamen, salvo

el más conveniente y recto".

Cerró el pico, y se miraron

entre sí, los compañeros.
 

Un sánate, el más anciano,

en tono de magisterio

replica: "siempre fue malo

emprender caminos nuevos.

 

Este mismo vecindario

me vio sin pluma y sin pelo,

aquí también se empollaron

mis ascendientes y abuelos.

 

¿Quién será tan mentecato,

que los acuse de lerdos?

o que piense mejorarlos

y ser más sánate que ellos?

 

Yo por mi parte declaro

que seguiré sus ejemplos,

aunque mire engolillados

morir a todos mis nietos".

 

Aquí todos levantaron

juntos el grito y el vuelo

y cada uno por su lado

tomó el rumbo de su genio.

 

Entonces dijo un Letrado,

esto es, un sánate y medio:

"o estos pájaros son sabios,

o los hombres somos necios.

 

Sentarse en un mismo palo,

mirarse todos muy serios,

gritar en tiple o en bajo,

practicar usos añejos:

 

Seguir cada cual su bando

sin ver el común provecho,

este es el gran resultado

del sanático consejo.

 

En vista de todo fallo:

que este mismo es el suceso

en los concursos humanos

de los políticos cuerpos.

 

FÁBULA IX

 

LA COCINERA, LAS GALLINAS Y LAS PALOMAS

 

Hoy fui testigo de un caso

que aunque común y trivial,

bajo un político aspecto

tiene algo de novedad.
Vi a la vieja cocinera

acercarse al palomar,

y a los pichones sin susto

a vista del Gavilán.

 

Cogió de ellos los precisos

para el gasto familiar

y pasóse al gallinero

que allí colindante está.

 

Quiso coger una polla,

y al hacer el ademán

el Gallo puso los gritos

en el cielo y más allá.

 

Las gallinas lo siguieron

todas de conformidad,

cacareando en varios tonos

sin concierto ni compás.

 

La vieja quedó aturdida

con el grito general,

y apretando entre las manos

la cabeza, volvió atrás;

cerróse tras sí la puerta

del bullicioso corral,

y viéndose afuera, dijo:

 

"Dios me libre: nunca más:

reniego de las gallinas

y su mucho cacarear;

no se puede coger una

sin que griten las demás.

 

Aténgame a mis palomas

que con gran sosiego y paz,

metidas en sus casitas,

las cojo de par en par".

 

Ciudadanos españoles,

los que en 'Guatemala estáis,

las gallinas os enseñan

cual es la Acción popular.

 

Quien agravia al individuo

ofende a la sociedad,

y da motivo a la queja

y clamor universal.

 

FÁBULA X

 

LOS MUCHACHOS, LOS SANATES Y EL LORO.
 

En un naranjal su nido

un Sánate construía,

y en el pico conducía

el material escogido.

 

Con algún conocimiento

de reglas de arquitectura

de la más gruesa basura

usaba para el cimiento.

 

Un bejuco, un desperdicio,

una piltrafa, un andrajo,

de un mecate, un estropajo,

fundaban el edificio.

 

Con más ligero y más fino

material, después trabaja:

cerdas, hojarasca y paja,

retales de lana y lino.

 

Al fin el nido se acaba,

y en pelillos delicados

yacen los huevos pintados

que la madre fomentaba.

 

Quiso la desgracia un día,

que un muchacho juguetón

vio que del nido un cordón

de San Francisco pendía.

 

A otros compañeros llama,

sube al árbol en un vuelo,

da con el nido en el suelo

desprendido de la rama.

 

Juntos todos, con gran prisa

proceden al inventario:

Miren ¡un escapulario!

gritó uno muerto de risa,

otro dice: aquí hay retazos

de patentes y de bulas....

La Medida de Esquipulas!

¡Jesús! qué picaronazo!

 

Dice otro: si a más no viene,

este ramo está bendito....

 miren este rosarito. . . .

solo dos misterios tiene....

 

A ver, a ver la estampita;

es de San Pedro y San Pablo

de la Cruzada. .. . ¡qué diablo

de sanata tan maldita!

 

El examen satisfecho

de los andrajos devotos,

dejaron los huevos rotos,

y el nido todo deshecho.

Mientras tanto, amotinados

los sanates, daban gritos

diciendo les: ¡oh, malditos,

herejes excomulgados!
 

{Oh qué horrendo sacrilegio!

lo más sacrosanto y pío

cómo lo ridiculizan!

las plumas se nos erizan;

no hiciera más un judío!

¡Qué juegos tan execrables

qué chacotas tan punibles!

hacer objetos risibles

las reliquias venerables!

 

Pero el cielo, que es testigo

de tanta profanación

dará a vuestra irreligión

correspondiente castigo.

 

Oyendo estos disparates,

dizque un Loro muy ladino

de un Licenciado vecino,

dijo hablando a los sanates:

"la profanación, hermanos,

ya la hizo quien de estas cosas

sagradas y religiosas,

se sirve en usos profanos.

 

A los cintos y cordones

por su bendito instituto,

no conviene el atributo

de empollar y criar pichones.

 

Ese celo tan extraño

que mostráis por su respeto,

sólo tiene por objeto

evitar el propio daño.

 

La defensa muchas veces

de la religión hacemos,

cuando de acuerdo la vemos

con los propios intereses.
La religión soberana

y su divino derecho,

conforme nuestro provecho

se consagra o se profana.


FÁBULA XI


EL MACHO DE ARRIERO

Y EL CABALLO DE CARRETA


Al potrero de Corona

fue una tarde por paseo,

que hasta un caballo, si piensa,

se divierte en un potrero.

 

Después de dar varias vueltas

sin determinar objeto,

sobre la yerba del campo

tendió largo a largo el cuerpo.


A corta distancia estaban,

de conformidad paciendo,

un Caballo de carreta

con el Macho del arriero.

 

El Mulo rozna a voces,

y en una de ellas entiendo

que al caballo le decía

con orgulloso desprecio:

 

"Eres un ente infeliz,

tu destino compadezco,

pobre caballo, que siempre

y por siempre habrás de serlo.

 

Uncido a un humilde carro,

bajo el látigo severo,
no conoces más recinto

que el de tu nativo suelo.

 

La ciudad y la pedrera

y este miserable encierro,

son los términos que abrazan

todos tus conocimientos.

 

Yo tengo medida a palmos

toda la extensión del reino:

desde Trujillo a Oajaca,

desde el Peten al Realejo.

 

¡Qué ciudades tan hermosas!

¡qué sinnúmero de pueblos!

qué bosques y qué llanuras!

¡cuántos valles, cuántos cerros!

 

Ahora mismo determino

emprender un viaje nuevo,

no hay gusto como el viajar;

el mundo es un libro abierto".

 

Aquí corcoveó el caballo,

y con relincho burlesco

le pregunta: "¿y de ese libro

qué sabe el señor viajero?

 

Al cabo de tantos trotes,

¿qué ha sacado de provecho?

antes de los viajes MACHO,

y MACHO después ha vuelto".

 

Yo, como soy enemigo

de malquistarme, no quiero

por cuanto oro tiene el mundo

aplicarle a nadie el cuento.

 

FÁBULA II.


EL ARMADO Y LA RAPOSA

Desde su madriguera

oscura y tenebrosa,

observa la Raposa

lo que pasa por fuera.

 

Haciendo de persona

satírica y aguda

a cuanto ve saluda

con risa socarrona.

 

Al pasar un Armado

le dice: "señor mío,

¡qué talento y qué brío

tan propio de un soldado!

 

Con la antigua coraza

de la sangrienta lid,

nos representa el Cid

en el talle y la traza.

 

Ese airoso morrión,

ese espaldar y peto,

inspiraran respeto

al mismo Napoleón.

 

Cuénteme, camarada,

si por mal no lo tiene,

¿Contra quién se previene

su bélica jornada?

 

Estando en una tierra
pacífica y amiga,
vestido de loriga
¿a quién hace la guerra?
Dígame por su vida,

así en cada campaña

haga una buena hazaña

¿a dónde es la partida?
El armado guerrero

con gravedad le dijo:

mi marcha la dirijo

contra todo hormiguero.

 

Estos pobres insectos

formando sociedades,

a mis comodidades

dedican sus proyectos.

 

Aunque ellos son millares,

con mi cota de malla

les presento batalla

en sus propios hogares.

 

Mis uñas alborotan

esas republiquillas;

y salen mil cuadrillas

que desde el centro brotan.

 

Su ejército incontable

me embiste con bravura;

pero esta mi armadura

les es impenetrable.

 

Con su débil esfuerzo

y su inútil conato,

sólo aumentan mi plato

y todas las almuerzo.

 

La Zorra con un gesto

manifestó disgusto,

por parecerle injusto

el proceder propuesto.

 

El Armado lo advierte,

y con tono bellaco
añade: "siempre el flaco

fue víctima del fuerte.

 

Pues te dije mis guerras,

saber ahora querría,

¿Por qué causa de día

en lo oscuro te encierras"?

 

Conoció la intención

la Zorra, allá consigo

y le responde: "amigo

siga su expedición".

 

Pon, lector, nuestro nombre

en la fábula y borra

el de Armado y de Zorrra,

y es la historia del hombre.

 

Mi fortuna se labra

de la ajena miseria:

si se habla en la materia,

barajo la palabra.

 

FÁBULA XIII.
 

LA ARAÑA Y EL MOSQUITO

Cansado de ver procesos

escritos para constancia

de los humanos excesos,

 

Ayer salí de mi estancia,

y en un jardín me paseaba

que se halla a corta distancia.

Sin reflexión repasaba

con vista vaga y errante

cuanto allí se presentaba.

 

Pero en ese mismo instante

mi atención entera llama

un objeto interesante:

 

Puesta entre una y otra rama

vi de Araña aquella tela

que se urde a un tiempo, y se trama.

 

Detúveme y obsérvela,

ponderando su artificio

y la estudiada cautela

de labrar el edificio

en sitio oscuro y secreto,

a los engaños propicio.

 

Llega un Mosquito indiscreto

y en la tela se enmaraña

quedando preso y sujeto.

 

Al punto sale la Araña

por una rehendija estrecha

que le sirve de cabana.

 

Sanguinaria luego se echa

sobre la presa que enlaza,

y con vínculos la estrecha,

 

Porque de aquella babaza

glutinosa que se exprime

fabrica su fuerte hilaza.

 

Mientras la víctima gime

ella en contorno trabaja

y con lazadas la oprime.

 

De arriba a bajo la faja

sirviéndole el funesto hilo

de cadenas y mortaja.

 

Carga con ella a su asilo,

y la chupa a su sabor

guardando eterno sigilo.

 

No se encuentra un delator

ni testigo de aquel yerro;

no hay juez ni hay asesor.

 

Al Mosquito le da entierro

el vientre que lo devora,

Y al delincuente su encierro.

 

Y yo, lector, digo ahora:

que en los procesos escritos

"jamás se prueban delitos

de una araña enredadora".
 

FÁBULA XIV.
 

LOS ANIMALES NOCTURNOS. LA MARIPOSA Y LA GOLONDRINA.
 

Para evitar delitos

muy propios de las fieras

que en las noches oscuras

ocultan las tinieblas,

 

Júpiter soberano,

próvidamente ordena

que con una luz ande

toda nocturna bestia.
 

Alegres obedecen

por propia conveniencia

el Gusanillo humilde,

la inocente Lucerna,

el Cocuyo benigno

con quien los niños juegan;

y desde prima noche

encienden sus linternas.

 

Pero al sabio mandato

ni se dan ni se prestan

el mortífero Buho,

nuncio de malas nuevas;

el Murciélago infame,

que asusta a Mirta bella;

la Lechuza que al templo

ni sus luces respeta.

 

La Mariposa simple

iba dando mil vueltas

de unas luces en otras,

cual suele en la candela,

y alegre las decía:

"ahora sí compañeras

que podemos seguras

salir por donde quiera".

 

Cuando improvisamente

deslumbrada se estrella

contra un fiero Musgaño

que se la traga entera.
Viéndolo estaba todo

desde una boca-teja

la Golondrina, y dijo:

"Por boba yo saliera":

 

Los inocentes cumplen

la ilustre providencia,

y a oscuras como siempre

los malvados se quedan.

 

FÁBULA XV.
 

LOS PERROS .
 

No debe dudar ninguno

de mis candidos lectores,

que en la casa de un Magnate

haya perros a montones.

 

Un valiente alano siempre

a la cadena se pone,

y en ciertas horas se suelta

para que la casa ronde.

 

Un podenco muy ligero,

que con vivo olfato corre

tras la liebre, cuando el amo

sale a cazar en el bosque.

 

Un lanudo perro de aguas

que con los muchachos dócil

si se tiran la pelota

él la persigue y recoge.

 

Hasta la niña de casa

tiene su querido bosque,

que en sus faldas acaricia

con envidia de algún joven.

 

Después de la cena, juntos

bajo la mesa una noche,

entre podenco y alano

pasaron estas razones.

 

"Si todos nacemos perros"

aunque con distintos nombres

¿por qué han de ser desiguales

los destinos que nos toquen?

 

A nosotros las fatigas

y trabajos corresponden;

y otros logran el regalo

y estimación de los hombres.

 

No, señor, en las fortunas

turnemos todos conformes,

aunque a lanudo y gosquejo

el partido no acomode".

 

Discutida la materia

resolvieron los perrotes,

con espíritu insurgente,

remediar aquel desorden.

 

He aquí que el perro de faldas

amanece puesto al poste

de la puerta, y aunque ladre

miedo ni respeto impone.

 

Del tanque quiso el podenco

sacar la pelota; hundióse

y al cabo salió sin ella,

tragando agua a borbotones.

 

Cuando el cazador azuza

al perro, lanudo y torpe

a la seña ladra y brinca

y los conejos se esconden.

 

Y el alano corpulento

viendo la ocasión de molde,

sobre la niña en la cama

con ligero salto echóse.

 

Ella grita temerosa,

ocurre gente, y en donde

buscaba tiernos cariños,

halla desprecios y golpes.


Instruido del desengaño

su cadena reconoce

y cada cual de los otros

se reduce al antiguo orden.


Nunca podrán ser iguales

las humanas condiciones

mientras deban ser distintos

los talentos y las dotes.

 

FÁBULA XVI.
 

EL JINETE Y EL POTRO.
 

Trátase de domar un fuerte potro:

se ofrece un guapo y dice con viveza:

Yo lo voy a montar, no ha de ser otro.

Mientras aquel se ensilla y adereza,

se prepara también el guapetón

para la grande, peligrosa empresa.

Ajusta las espuelas al talón,

y acomoda en la mano la zurriaga;

pero uno dice allí por compasión:

¿Quieres que ese animal pedazos te haga

si con esos estímulos se irrita?

Cuidado con el potro que no amaga.

Deja el azote, las espuelas quita,

el agarrarse bien y fuertemente

es lo único que aquí se necesita.

Pero risueño el domador valiente

tiene por excusada, necia y tonta

la advertencia de aquel impertinente.

Y con resolución confiada y pronta,

de juicio y de temor no menos falto

con un brinco ligero el potro monta.

Este, puesto en dos pies, sube tan alto

sacudiendo la carga no consueta

con uno y otro furibundo salto.

Las piernas contra el bruto el otro aprieta

por más seguridad, cual se requiere

para sentarse bien a la jineta.

La espuela entonces con sus rayos hiere

al potro que sintiendo la aspereza,

con la furia tragarse al mundo quiere;

ya mete entre las manos la cabeza,

sobre ellas elevando el cuerpo entero

da las coces a pares con franqueza.

Ya los pies apoyándose ligero,

sobre su pecho con furor bracea

como luchando con el aire fiero.

Con vibratorio impulso corcovea

arrojando la boca espuma blanca,

mientras tanto el jinete balancea.

De la silla que ocupa ya lo arranca,

ya lo postra de bruces sobre el cuello,

ya de espaldas lo tiene sobre el anca

agitado no alcanza ni resuello.

Con todo eso le pega un zurriagazo,

¿pero qué ha sucedido? ¿qué es aquello?

¡Qué desgracia! infeliz, pobre guapazo

cómo sin alas por el aire vuelas!

¡qué golpe tan terrible, qué porrazo!

 

Estimular con látigo y espuelas

a un indómito potro cimarrón,

es avivar la juvenil pasión

con versos amorosos y novelas.

 

FÁBULA XVII.


LA MOSCA, LA HORMIGA

Y LA PALOMILLA NOCTURNA.

Ahora más que nunca atento

pretendo, lector, que estés

al caso que te presento;

que aunque parezca que lo es,

no es fábula lo que os cuento.

 

Una Mosca vagabunda

que de placeres sedienta

en ellos su dicha funda,

Y por gozarlos se sienta

en la cosa más inmunda.

 

Una Hormiga afanadora,

que acopiando se mantiene

provisiones, aunque ignora

para quién, de los que tiene,

enemigos, atesora.

 

La simple Mariposilla,

que desde el punto en que nace

de la roedora Polilla,

la corte en círculos hace

a la candela que brilla:

 

Reunidos estos sujetos

de mi estudio en un rincón,

como suelen los discretos,

formaron conversación

sobre distintos objetos.

 

—No hay vida como la mía,

dice la Mosca holgazana,

sin partir con nadie el día

en lo que me da la gana

lo gasto con alegría.

Con vuelo y gusto mudable

lo graso o lo dulce chupo

al objeto deleitable;

pero por jamás me ocupo

en cosa desagradable.


Busquen allá los avaros

con inquietud y fatiga

sus bienes mil veces caros. ..."


Aquí replica la Hormiga:

—Poco a poco, vamos claros:

No apetezco de tu suerte

la libre desenvoltura,

porque sé habrán de verte

de la miel en la dulzura

ahogada en la cruda muerte.

 

Mi constante diligencia

y laborioso ejercicio

aseguran mi existencia,

negando la entrada al vicio

y a la futura indigencia.

 

Sudo, es verdad, y me afano

continuamente y apenas

descanso; pero no en vano:

miro al fin mis trojes llenos

de rubio precioso grano.

 

"El ambicioso infelice

que lucimientos anhela

en sus glorías se eternice. ..."

 

Oyendo esto aquí se vuela

la Palomilla, y le dice:

—No codicio tus graneros,

porque sé que hay un enjambre

de Sompopos bandoleros,

que estimulados del hambre

asolan los hormigueros.

 

Numerosos escuadrones

conducidos de un caudillo

asaltan tus posesiones,

lo pasan todo a cuchillo

y roban las provisiones.

Mientras tanto yo me inclino

a eternizar mi memoria

en un ilustre destino,

coronándome de gloria

la misma luz que examino.

 

"Con vuelo noble, arrogante,

por los aires conducida,

tras una antorcha radiante

hago carrera lucida

y una fortuna brillante".

 

Las oirás dicen: —"aspira

a los resplandores que amas

de la antorcha: pero mira;

son incendios de tu pira".

 

Hasta aquí de los insectos

la conferencia llegó:

y en vista de los proyectos,

humanos, añado yo:

"No son los hombres más rectos:

tras los placeres sensuales,

la codicia y la ambición,

van los míseros mortales;

y sus fines siempre son

los de aquellos animales.

 

La Mosca en la miel que gusta

muere; a la Hormiga arrasa

por su hacienda tropa injusta:

la Palomilla se abrasa

en la que ama, luz augusta.

 

Así, lector erudito,

quien la razón avasalla

por seguir el apetito,

en su misma pasión halla

quien castigue su delito.

 

FÁBULA XVIII.

EL PIOJO, LA PULGA Y LA NIGUA.

 

En el vestido mugriento

de un pordiosero andrajoso,

que existe para argumento

comprobante y vergonzoso

del humano abatimiento,

estaba un Piojo asqueroso

y con él, allí contigua,

una Pulga y una Nigua.

 

Cada bicho de los tres,

con el aguijón que tiene,

defiende que sólo él es

quien con el hombre mantiene

más amistad y estrechez:

La disputa se sostiene

con raciocinios agudos

que conocen los más rudos.

 

El Piojo dice: "yo soy

su más allegado amigo,

por donde va siempre voy:

a todas partes le sigo,

y él está donde yo estoy:

en prueba de lo que digo

me pone, por más fineza,

sobre su misma cabeza".

 

Brincando la Pulga inquieta

dijo: "soy su amiga amada;

sin cumplidos de etiqueta

tengo con él franca entrada:

no tiene cosa secreta

ni para mí reservada,

por el paso más estrecho

tengo lugar en su pecho".

 

"Confieso, dice la Nigua

que en todo dices verdad;

pero si bien se averigua

es más grande mi amistad,

pues la experiencia atestigua

la mayor intimidad:

por unión constante y fiel

soy uña y carne con él".

 

Hasta este punto llegaba

la interesante cuestión;

y el pobre que la costeaba,

sintiendo la comezón,

alarga el brazo y la acaba,

dejando con el rascón

maltratados y dispersos

a los amigos perversos.

 

Se presentan en el día

amigotes a manojos,

como el pobre los tenía

de Pulgas, Niguas y Piojos,

que publican a porfía,

pero en su interés se ocupan

amarnos como a sus ojos;

y nuestra sangre se chupan.

 

Cuando esto, lector, suceda,

la receta de aquel pobre:

rascarse cuanto se pueda

sobre el amigote, y sobre
la comezón que nos queda;
y aun esto, Dios quiera que obre,
porque los amigos dichos
son peores que aquellos bichos.

 

 

 

FÁBULA XIX.
 

LOS FUEROS JUMENTILES.

 

A cierta función de iglesia,

que con un motivo regio

se celebraba, asistían

todos los ilustres cuerpos.

 

El Tribunal Superior

en su respetable acuerdo,

de los señores togados

y Presidente compuesto.

 

Con todo aquel aparato,

de ministros subalternos,

con paso grave y medido,

también se dirige al templo.

 

Al embocar una calle

se pasaron los maceros:

el señor Regente entonces

dijo: ¿en qué nos detenemos?

 

Es el Real Claustro, responden

de los Doctores y Maestros,

que con todas sus insignias

caminan al mismo objeto.

 

Que se suspendan, repuso

con aire imperioso y serio,

y córteseles el paso

nuestra marcha prosiguiendo!

 

Al punto así se ejecuta;

y los Doctores discretos

la autoridad reconocen,

y permanecen suspensos.

 

A pocos pasos andados

vuelven a estar los porteros

inmóviles; y pregunta

segunda vez: ¿qué hay de nuevo?

Es una recua, contestan,

de más de treinta jumentos,

que unidos uno en pos de otro,

siguen sin dar intermedio.

 

Pues es preciso esperar

que pase el último de ellos;

dijo el Señor Presidente

del Tribunal circunspecto.

 

Cumplióse al pie de la letra

el acordado decreto,

y dióseles libre PASE

a los Jumentiles Fueros.

 

Es cordura sostener

con los sabios los derechos,

y no es menos discreción

el cederlos a los necios.

 

 

FÁBULA XX

 

EL ZOPILOTE CON GOLILLA.
 

Gastamos, Delio querido,

nuestros juveniles años,

en revolver las lecciones

con diurna y nocturna mano,

para saber cómo hablaban,

allá en los siglos pasados,

los Listrios y los Ligurios,

pueblos del antiguo Lassio.

 

Sabes, pues, que desde entonces

entiendo, aunque nunca parlo,

los monótonos dialectos

de los animales varios:

y que este conocimiento

nos suele dar buenos ratos,

como pienso lo tendrás

oyendo el siguiente caso:

 

Dos Zopilotes estaban

en el vecino tejado,

uno de ellos con golilla

de un gran pergamino blanco.

 

Y yo desde mi ventana

sus guzguaces escuchando,

oí que al otro le decía

el que estaba engolillado:

 

"Nunca podrás olvidarte

de aquella trampa del gancho

y la cuerda; pues en ella

íbamos a caer entrambos.

 

"Yo sólo quedé cautivo

en poder de los muchachos,

temiéndome las resultas

de sus juegos sanguinarios.

Pero, por fortuna mía

después de haberme observado,

poniéndome en cruz las alas

y mirándome despacio,

con alegría festiva

este cuello me encajaron,

y me echaron a volar

entre vítores y aplausos.

 

Sabrás, pues, que desde entonces

se me ha infundido en los cascos

la presunción de que soy

el Zopilote más sabio:

que a todos hago ventaja

en la vista y en olfato,

y que mi pluma elegante

puede encumbrarme muy alto.

 

Mi figura circunspecta

y mi genio reservado

y melancólico, forman

mi carácter literario.

Con aire meditabundo,

siempre con el pico bajo

pausadamente camino

moviéndome paso a paso.

 

Y mis propios compañeros

en los cursos que me hallo,

como me miran vestido

de este honorífico ornato,

al punto me hacen lugar

por respeto y por espanto,

y me observan de hito en hito

llenos de envidia o de pasmo.

 

Yo los miro sobre el hombro

como a unos pobres bobancios,

que ignorantes se alucinan

de cualesquiera espantajo.

Y he creído que esta guarnacha

tiene algún secreto encanto

que me ha inspirado los humos

de que más que todos valgo.

 

Hasta este punto llegaba,

y un litigante pesado

por instruirme en sus asuntos

de los míos me distrajo.

Pero tú, como discreto,

con numen suplementario,

lo que de mi cuento falta

sabrás llevarlo hasta el cabo.

Mas guárdate, dulce amigo,

por tu vida, de contarlo

ante los que usan golilla,

por más que te tiente el diablo.
 

FÁBULA XXI

LA MARIPOSA Y LA ABEJA.
 

La Mariposa brillante,

matizada de colores

visita y liba las flores

con vuelo y gusto inconstante.

 

A un fresco alelí se inclina,

apenas le gusta, inquieta,

pasa luego a una violeta,

después a una clavellina.

 

Sin tocar a la verbena

sobre un tomillo aletea

percibe su aura, sabea

y descansa en la azucena.

 

De allí con rápido vuelo

en otro cuadro distinto,

da círculos a un jacinto

y se remonta hasta el cielo.

 

Vuelve con el mismo afán

sobre un clavel encarnado

y en cuanto lo hubo gustado

se traslada a un tulipán.

 

Atraída de su belleza

en una temprana rosa

por un momento reposa

y el dorado cáliz besa.

 

Ya gira sobre un jazmín,

ya sobre el lirio, de modo

que corre el ámbito todo

del espacioso jardín.

 

Sobre un alto girasol,

por último toma asiento

y en continuo movimiento

brillan sus alas al sol.

 

Haciendo de bachillera

le dirige la palabra

a cierta Abeja, que labra

dulce miel y blanca cera.

 

Y le dice: vaya, hermana,

¡qué carácter tan paciente!

te tuve por diligente

pero eres grande haragana.

 

De una en una he repasado

las flores; tú, en una sola,

en una simple amapola

media mañana has gastado.

 

Nuestra frágil vida, imita

a la flor que se apetece:

aquella en su flor perece,

y ésta en botón se marchita.

 

No malogres de esa suerte

un tiempo tan mal seguro;

goza del deleite puro

antes que pruebes la muerte''.

 

La Abeja entonces contesta

(sin divertir su atención

de su actual ocupación)

con la siguiente respuesta:

 

"Tú, en las flores sólo miras

aquel jugo delicado,

a tu gusto acomodado,

único objeto a que aspiras.

 

"Yo trabajo con constancia

en la flor que me acomoda,

hasta que le extraigo toda

la preciosa útil substancia.

 

"No consulto a mi provecho

sino al de la sociedad

y pública utilidad

en el fruto que cosecho.

 

"Sigue tu genio ligero

en pos de lo deleitable

porque lo útil y lo estable

pide un afán tesonero".

 

De este modo, amigo, piensa

una Abeja, y tú pensaras

como ella, si censuraras

los escritos de la prensa.

 

Si unas con otras cotejas

las obras de los autores,

verás que liban las flores

más Mariposas que Abejas.

 

 

FÁBULA XXII.


EL MULO, EL POTRILLO Y LA PICAZA.


Por el prado retozaba

cierto Potro vivaracho,

donde también descansaba

un anciano, pobre Macho.

 

Llamábale con ahinco

roznando el Mulo infelice;

el Potro llega en un brinco,

a quien de este modo dice:

 

—Yo no se qué tienes, hijo,

 que no es fácil te reserve

mis secretos, ¡bien se dijo:

la sangre sin fuego hierve.

 

Sabrás que bajo este traje,

en que poco o nada valgo,

desciendo de alto linaje

y soy no menos que hidalgo.

 

"De una misma parentela

somos, pues la madre mía

era hermana de tu abuela,

de consiguiente, mi tía".

 

"Tu padre, hijo de la tal,

viene a ser mi primo hermano,

aunque en línea transversal

el parentesco es cercano".

 

"Y tú por este respecto,

 o por la parte de padre,

eres un sobrino nieto

de la difunta mi madre".

 

"¡Oh! qué bien ella decía,

que por el tronco materno

era cierta mi hidalguía

 y de origen casi eterno!

 

Aquí con aire sencillo,

sin intención chiflatera,

le preguntaba el Potrillo:

¿Y tu padre qué tal era?

 

Entonces se oyó el zuzurro

de una habladora Picaza

que responde: "Un pobre Burro

de baja y humilde raza".

 

Reserva, amigo estudioso,

este cuento si se puede;

no piense algún malicioso

que lo inventamos adrede.

 

Para que temprano o tarde

se aplique en una ocurrencia

al bastardo que hace alarde

de su ilustre descendencia.

 

FÁBULA   XXIII.

 

EL VENADO, LA SERPIENTE Y LA PALOMA.

 

Por una vereda estrecha

un Ciervo se dirigía

a una siembra de sandía,

que se hallaba ya en cosecha.

 

Aunque este bruto es hermoso

por su figura elegante,

hace muy mal caminante

por lo cobarde y medroso.

 

Del más leve movimiento

entre las hojas, recela:

de un pajarillo que vuela,

del ruido que causa el viento.

 

Pausadamente camina

a cada paso orejea,

todo cuanto le rodea

con atención examina.

 

Parando pues, de este modo,

y andando por intervalos,

llegó a una puente de palos

puesta por el mucho lodo.

 

Tímido aquí se retrae

y circularmente mira,

una oreja atrás retira,

y otra por delante atrae.

 

Elevada la cabeza

hiere con la mano el suelo,

para el rabo pequeñuelo

que sacude con viveza.

 

A todas partes se vuelve,

y no viendo otros senderos,

continuar por los maderos

su caminata resuelve.

 

Pero al dar el primer paso

silbó una astuta Serpiente,

diciéndole: —"Hola, detente,

y evitarás un fracaso!

 

"Yo vi al hombre fraudulento

que estaba con mil fatigas

acomodando esas vigas,

aunque ignoro con qué intento.


"Con todo no dificulto,

siendo del hombre tal obra

(en quien la malicia sobra)

que ha de haber engaño oculto.

 

Si te pareciera vano

mi recelo, yo te juro

que no pondrás pie seguro

donde el hombre ha puesto mano"

 

No sabe entonces, suspenso

qué hacerse el pobre animal,

porque el dicho lodazal

en longitud era inmenso.

 

Por el tiro más estrecho

de latitud, es muy largo

para el salto, sin embargo

brinca y se atolla hasta el pecho.

 

Su corpulencia le vale,

y con diligencia mucha,

contra el lodo espeso lucha

y a la orilla opuesta sale.

 

Al fin ya de la jornada,

enlodado, sucio y puerco,

se vio delante del cerco

de aquella fruta vedada.

 

Iba a entrar sin embarazo

por un portillo, y observa

que oculto bajo la yerba

estaba por dentro un lazo.

 

Suspéndese vacilante,

y entre las ramas se asoma

una sencilla Paloma

diciendo: —"Pase adelante".

 

"No ponga reparo, amigo,

nada hay aquí que le asombre:

yo miro salir al hombre

y entrar por ese postigo",

 

"Siempre él tan sabio y experto,

libre va, que se expusiera

a ningún riesgo, aunque fuera

remoto y el más incierto".-

 

He aquí, que nuestro Venado

se anima, y al punto que entra,

sin saber cómo, se encuentra

por el pescuezo lazado.

 

Brinca con esfuerzo y salta,

tira, jala y se despecha;

el lazo más se le estrecha,

y el aliento ya le falta.

 

Con voz ronca y oprimida

dijo, por última vez,

"La imprudencia y sencillez

son peligros de la vida".

 

Tierna juventud humana,

de este siglo diez y nueve,

al Evangelio se debe

la máxima soberana:

simplicidad imprudente

es paloma peligrosa,

y prudencia maliciosa

es mortífera serpiente.

 

Llegó al colmo de la ciencia

quien unir a un tiempo sabe

de este reptil y aquella ave

la sencillez y prudencia.

 

FÁBULA XXIV.

 

LOS SANATES Y EL BURRO

 

Si aquel ciprés recuerdas

en donde los sanates

dicen mil disparates

como personas cuerdas,


En ese mismo, ayer,

el congreso ya junto,

propusieron por punto

que se iba a resolver:

 

¿Cuál familia o cuál rama

de las aves cantoras

por sus voces sonoras

tenga más nombre y fama?

 

Quien, al mirlo celebra

por el estilo piano:

quien, al censonte indiano

porque la voz requiebra.

 

Uno alaba al canario,

otro al dulce jilguero;

aquel al vocinglero

pito, en su tono vario.

 

Este, al realejo tierno,

otro, al chiltote grave;

y a la calandria suave

daban elogio eterno.

 

Entre tanto alboroto,

cierto sánate pudo

chiflar con grito agudo

publicando su voto.

 

"Tú, delicias del hombre,

tú, divino cantor,

tú sólo, ruiseñor,

eres de MUCHO NOMBRE".

 

Entendiendo, aquí mal

la frase del idioma,

el MUCHO NOMBRE toma

por muchos en plural.

 

Y dijo, desde abajo

el indiscreto Burro:

"si a nombres va, discurro

 que a todos aventajo.

 

"Si a decirlos yo atino

mis nombres propios cuento

así: burro, jumento,

borrico, asno, pollino".

 

Aquí la junta toda

se vuelve trisca y bulla,

dándole al asno pulla,

cada vocal le apoda.

 

Pero aquel clarinero

que a los demás preside

silencio a todos pide

y dice chufletero:

 

"Muchos nombres no bastan

a dar a nadie gloría,

cuando hay bestias de noria

que a docenas los gastan.

 

"El nombre único y solo

dará honores al sabio

que merezca en el labio

sonar del mismo Apolo".

 

Temo mandarte copia

del cuento, amigo fiel,

no vaya a caer en él

con discreción impropia,

 

Don Rodrigo de Luna,

Alvarado, Guzmán,

Vargas, Rivas, Luzán,

Vega y Núñez de Osuna.

 

 

FÁBULA XXV.
 

LOS ANIMALES CONGREGADOS EN CORTES.
 

Ya sabes que, por genio o por capricho,

vivo en este retiro, Delio amado,

al trato de las gentes entredicho

en mi sola existencia confinado;

aprendiendo del tiempo las verdades

qué me enseña el presente, del pasado.

 

Interrumpe tal vez mis soledades

uno u otro jurídico negocio

que me hace conocer las sociedades.
Cuando esto no sucede, gasto el ocio

en repasar atento los avisos

de Horacio Flaco, mi perpetuo socio.
 

Evacuados ayer los más precisos

asuntos que ocurrieron en el día,

me puse a leer gacetas y concisos.

Repleta me quedó la fantasía

de cortes, juntas y demás sucesos,

que llenan hoy de honor la monarquía.

 

Revueltos mil fantasmas en los sesos

con la cabeza me acosté tamaña,
y padecí del sueño los accesos.
Dormido me ocurrió la idea extraña

de que te voy a hacer puntual diseño,

porque puede apropiarse a nuestra España

en el difícil, cuanto heroico empeño

que tiene contra el déspota absoluto.
Atiende pues, amigo: va de sueño:

En la trampa sutil del hombre astuto

incauto cayó al fin el fuerte León

del imperio animal monarca bruto.

 

Llevado de su noble condición

no teme los engaños, ni recela

de quien tiene por dote la razón.
Noticia semejante al punto vuela,

discurre por aquel y este hemisferio

y a todos horroriza la cautela.

 

Las bravas fieras de su grande imperio

se enfurecen, alarman y disponen

a redimir al Rey del cautiverio.

 

Entre otros medios muchos se  proponen

celebrar una junta o gran congreso

de cuantas clases la nación componen.

Líbrase circular, mandato expreso

que a todos los cuadrúpedos emplaza

en beneficio del ilustre preso.

 

El reino todo se levanta en masa,

y de ariscos y fieros animales

un individuo va de cada raza.

 

Aun las especies entre sí rivales

se dan y estrechan la amistosa mano

con otras señas de cariño iguales.

 

El audaz, sangriento Tigre hircano

con sus bigotes y manchada piel,

se mira popular y cortesano.

 

Sus garras disimula el Oso cruel

y en el público teatro se presenta

como patriota, ciudadano fiel.

 

La Pantera feroz, siempre sedienta

de sangre de los hombres, allí toma

asiento y a los suyos representa.

 

El Leopardo acudió también; se asoma

erizando la crin o la melena,

y el ligero Cervan de nariz roma.

No dejó de asistir la cruda Hiena,

desamparando su nevado monte.

 

En las cortes también tu voz resuena,

i oh membrudo y sagaz Rinoceronte!

El Búfalo, Hipopótamo y el Huro,

El Reno, la Girafa y el Bisonte,

todos asisten al común apuro.

 

Allá se mira la pintada Cebra,

también la Danta de pellejo duro:

el Unicornio acá, de quien celebra

la fama el cuerno, que aplicado sana

la mortal picadura de culebra.

 

De nuestra ínclita parte americana

allí miro al Cebú, oigo al Coyote

aullar en la junta soberana.

 

El Huanaco, el Espín, el Ocelote,

el Babirusa, el Llama y el Zorrillo,

el tardo Armado, el Corzo y el Pizote:

el bravo Jabalí de cruel colmillo

el gordo Tepescuinte, grato al gusto,

el Onagro también y el Huroncillo.

 

Todos a consultar el común susto

se congregaban de ambos continentes

y forman el congreso más augusto.

 

Por las otras especies obedientes

al duro yugo del dominio humano,

acordaron poner votos suplentes.

 

Como por el Caballo lusitano

la Oveja confinada en vil encierro,

la Cabra y el doméstico Marrano;

y así de los demás; menos el Perro

que por su natural inclinación

hacia los hombres, se le imputa el yerro

de la más alta pérfida traición:

y en cuantas tiene, más de treinta castas,

proscripto lo declara la nación.

 

De los desiertos y regiones vastas

del orbe, vienen en unión social

cuantos usan colmillos, uñas y astas.


Esta ha sido la junta más cabal

que se ha visto de brutos congregados,

desde la del diluvio universal.

 

Reconocidos los poderes dados,

se declara su fuerza por bastante:

y de acuerdo común, los diputados

eligieron, ninguno discrepante,

por medio de sufragios singulares,

por cabeza del Cuerpo, al Elefante.

 

Dando los pasos, pues, preliminares,

el sabio presidente abrió el congreso,

entre vivas y aplausos populares.

 

En un discurso que estudió para eso,

ponderaba la grave, atroz injuria

hecha al Monarca, que lloraban preso.


Exagera también la humana furia

que a todos predomina y avasalla

llenándolos de males y penuria.

 

"Todo el reino animal cautivo se halla;

(dice aquel orador) de todo el globo

se hace dueño absoluto este canalla:

sus satélites son: la muerte, el robo,

no respeta la hacienda ni la vida

del humilde Cordero o fiero Lobo.

 

Contra el hombre, tirano bruticida,

este grave Congreso se ha instalado:

recuperad la libertad perdida,

 

La libertad de nuestro Rey amado,

que en las redes cayó de oculto lazo:

la libertad del Reino y del Estado. ."

 

"Libertad!, grita el Tigre, en todo caso

para que por las plazas y las calles

me pueda yo pasear sin embarazo".

 

Libertad absoluta sin detalles,

al mismo tiempo reclamaba el Oso

para rugir por montes y por valles.

 

Repite libertad el cauteloso

Jakal, poniendo su mirar felino

en el Conejo débil y medroso.

 

Tengamos libertad, dice el dañino

Lobo para dejar la obscura gruta,

y salir a las claras al camino.

 

Demanda libertad la Zorra astuta,

y que mueran el hombre y el Mastín

para que pueda ser más absoluta.

 

Nuestro Gato montes y el Tlacuazín

son de la libertad declamadores:

y todos piden libertad al fin.

 

El Mono entonces dijo así: "Señores,

la amable libertad es el objeto

de las públicas ansias y clamores;

que la conseguiremos me prometo,

si descubre la luz de esta asamblea

el medio de salir de tanto aprieto.

 

El común enemigo se pasea

por nuestras posesiones muy altivo,

mientras la junta libertad vocea.

 

¿Pero qué libertad? Según percibo,

no es la que más conviene a la nación,

ni la que necesita el rey cautivo.

 

Particulares libertades son

las que oigo reclamar a cada uno

conforme a su específica intención:

libertad para hablar sin freno alguno,

libertad para hacer cuanto se quiera,

se pretende en un tiempo inoportuno.

 

"No se consigue el fin de esa manera:

el reino seguirá tiranizado

y el príncipe en poder de aquella fiera.

La salud del monarca y del estado

es el único objeto, el punto fijo,

a que debe atender nuestro cuidado,

y no refiero, por no ser prolijo,

otras muchas razones en abono".

 

Aquí la maliciosa Zorra dijo:

Oigan al charlatán, miren al Mono

como quiere con gestos y parola

imponernos la ley y dar el tono.

 

Pensará que sólo él ha dado en bola

y que sabe pensar como la gente,

sin mirar por detrás su larga cola.

 

¿Cómo tuvo valor el insolente

de acusar al magnífico concurso,

no menos que de necio, impertinente?

 

Que no sabe elegir aquel recurso

que a la necesidad actual conviene,

careciendo de todo buen discurso?

 

Nada ignoro: ya sé de donde viene

esa mordacidad: todo es resabio

del humano comercio que mantiene,

Discurrir como el hombre, con agravio

de nuestra Majestad (injuria atroz!)

es por más parecérsele en lo sabio,

así como en la cara tan feroz

y merecer con él alto renombre...."

 

El señor Presidente alzó la voz,

diciendo así: "NADIE SE ASOMBRE,

SI COMO UN ANIMAL EL HOMBRE OPINA

QUE HAYA BRUTO QUE PIENSE COMO EL                                            HOMBRE.


Aquí, amigo, la fábula termina,

porque quiso un ridículo fracaso

interrumpirnos la sesión fierina.

 

Sabrás que en otro tiempo vi. de paso

leyendo antigüedades en Heinecio

cierta doctrina conveniente al caso....

Así dormido me esforcé bastante

y con voz tartamuda dije recio:

"Ha hablado en su lugar el Elefante,

eso mismo dio causa a cierta ley,

en el juicio de un sabio protestante''.

 

Al escuchar mi acento aquella grey

me reconoce, grita y se agabilla,

diciendo: "El opresor de nuestro Rey",

 

Me cerca la brutal fiera cuadrilla,

me embiste con gran furia y con denuedo.

 

A mí me despertó la pesadilla,

y al escribírtela ahora tengo miedo,

me parece que todo es realidad.

 

Y continuar la epístola no puedo,

considérame solo, a la verdad,

entre aquella furiosa multitud,

que a título de pública salud

me acusaban de lesa-majestad.

 

FÁBULA XXVI.
 

EL PAVO REAL, EL GUARDA Y EL LORO
 

Un soberbio Pavo Real,

de pluma tersa y dorada,

con brillantez adornada

se paseaba en un corral.

 

El petulante animal

con aire de señorío

miraba el rico atavío

de su pluma: pero mudo,

aun en su elogio no pudo

decir: "este pico es mío".

 

Mientras tanto tomó asiento,

allí cerca, un pobre Guarda,

de estos de la pluma parda

que no tienen lucimiento:

 

Pero con melifluo acento

abre la dulce garganta,

y de tal manera canta,

con voz delicada y suave,

que aun el Pavón que no sabe

admiró dulzura tanta.

 

Necio entonces y orgulloso,

al mismo tiempo que rico,

quiere imitarle, abre el pico,

y da un graznido espantoso.

 

Mi Loro que es malicioso,

con una falsa risilla

dijo: "Bravo, qué bien brilla

con el resplandor del oro!

Mas no tiene lo canoro

de esa discreta avecilla".

 

Dime, musa, si has sabido

los misterios de los hados,

¿por qué están enemistados

lo rico con lo entendido?
Bajo un humilde vestido

vive el sabio en menosprecio,

mientras el soberbio necio,

lleno de oro y de arrogancia,

en medio de la ignorancia

merece el común aprecio.

 

FÁBULA XXVII.
 

LOS ANIMALES EN CORTES
 

De muchos animales quejas

sin fin y largos memoriales

llegan al León, pidiéndole que forme

leyes nuevas y el Código reforme.

 

El León, entonces, de justicia lleno,

a Cortes les convoca en sitio ameno

donde tres diputados

por cada especie llegarán nombrados.
Apenas publicado fue este bando,
cuando fueron llegando
el Toro ardiente, el Jaco belicoso
el fiero Tigre, la Pantera, el Oso,
la Liebre, el Ciervo, el Gamo, el Perdiguero,
la Oveja y el Carnero,
el Marrano, el Coyote,
y después el Pollino a medio trote.


En fin, sin excepción, de varios modos,
se vieron juntos todos
uniéndose por su orden al efecto,
desde el noble Elefante al vil insecto.
¡Con qué elocuencia grave, con qué seso
desplegó sus talentos el congreso!
Del valor militar habló el Caballo,
de vigilancia el Gallo;
alaba el Perro su lealtad constante
la castidad ensalza el Elefante,
y aun el Asno, atenido a su experiencia,
encomia la virtud de la paciencia.
Contra el ocio perora
la Hormiga afanadora;
censura el mustio Gato
el paseo libre y el mundano trato
y hasta un Lobo político, aunque Lobo,
dijo mil maravillas contra el robo;
el Venado, el Conejo bullicioso,
la Ardilla, el Ratónenlo quisquilloso,
en la junta despliegan con destreza
su natural viveza,
brillando aun más con su maligno tono

el Zorro astuto y el picante Mono.

 

Después de mil debates

en que se hablaron muchos disparates

se trató de plantar el ejercicio

de la virtud y sofocar el vicio.

 

Discurriéndose medios muy diversos

para que los infames y perversos

al punto desterrados

fueran de las campiñas y poblados:

Y aunque a cada proyecto

se le encontraba siempre algún defecto,

el Gallo en fin propuso con instancia,

que la preponderancia

de algunos animales se quitara

y la ley de igualdad se decretara.

 

La propuesta causó grande susurro

y aun se llegó a sonreir el mismo Burro;

mas como un extranjero

pasa en cualquiera parte por primero,

distintos oradores

agotando de su arte los primores

sostuviéronle al Gallo de tal modo

que inclinado quedó el congreso todo.

 

Por interés los unos,

por zánganos los otros, y por tunos,

de la igualdad sancionan el decreto,

y luego al Rey lo llevan con respeto.

 

Firmó S. M. y en la asamblea

resuenan los aplausos de la idea,

llamándola un portento

y apostrofando al Gallo por su invento.

 

Salíanse ya, cuando un Ratón casero

vio junto a sí con ademán severo

al Gato su enemigo,

y poniendo al congreso por testigo,

 

"Ved, señor, dijo:

vuestro decreto es vano aunque prolijo,

pues mi Señor el Gato aún uñas tiene

y predominio sobre mí mantiene''.

"Amigo, exclamó el León, mis animales

se han declarado iguales;

mas no es fácil quitarles con presteza
lo que al nacer les dio naturaleza
con decretos eternos:
por hoy mantenga el Toro sus dos cuernos,
el Mulo las pezuñas,
el Tigre y Gato sus filosas uñas.
Guarde el Lobo sus dientes
y cada uno sus armas diferentes
hasta que sea pensado
el negocio, y mi reino nivelado...."
 

Nunca se llegó a ver por experiencia,

pero salió por fruto esta sentencia:
"Ningún Legislador, aunque profundo,

podrá igualar el mundo".

 

FÁBULA XXVIII.
 

EL DOGO FALDERO Y EL MASTÍN.
 

Tuvieron no sé qué riña

y sobre no sé qué cuento,

un arrogante Mastín

con un Doguillo faldero.

 

Este, aunque diminutivo

de las castas de los perros,

de su astucia y elocuencia

vivía muy satisfecho.

 

Contaba con cierta audacia

y con cierto atrevimiento

de carácter, en ladrar

y gruñir en todo tiempo.

 

Y siendo tan degradado

en su talla, y en sus miembros,

se imaginaba un Goliat

en la materia de pleitos.
 

Ya había el animalito

dado en concursos muy serios,

pruebas de ser bullicioso

y ladradorcillo necio.

 

Pero en esta vez estaba

sostenido con empeño

por el favor de sus amos

y esto lo tenía engreído,

porque es constante que algunos

le halagaban con esmero,

le daban en sus estrados

y en sus sofaes asiento.

 

A veces se le admitía

en los corros más secretos,

y entonces se le batía

el chocolate estupendo.

 

Todo, bien .se deja ver,

por interés .manifiesto

de que sirviera- el Doguillo

con su insaciable gargüero.

 

Con las alas de los amos

creció su orgullo y empeño

y en ciertas desavenencias

se decidió a echar el resto.

 

Para salir con su idea

fraguó ciertos embelecos

con que obligar al Mastín

a venir a cierto pleito.

 

Debía este decidirse

por trámites de derecho

y por fórmulas forenses

en que el Mastín era lego.

 

En esta satisfacción

y con grande atrevimiento

el doguillo le retó

señalando Juez y tiempo.

 

El flemático Mastín,

que de lejos vio el enredo,

sin inmutarse admitió

el desafío propuesto.

 

Preséntase al tribunal

donde el Dogo leguleyo

hizo el exordio estudiado

que convenía a su intento.

 

Allí usó de sus ardides

y trampas, a todo riesgo,

seguro de conseguir

el triunfo del vencimiento.

 

Era empeñado el combate;

y en sacar al Mastín reo

se cruzaban intereses

de odio y venganzas a un tiempo.

 

Mas el Mastín socarrón

que había entendido el juego,

con oportuna ocurrencia,

pone el Doguillo en aprieto.

 

Luego le obliga a que jure

y con bizarro denuedo

sobre este golpe le oprime

con otro, no menos diestro.

 

Por fin y postre declara

el locuaz Perro faldero,

que ya nada pretendía

y se apartaba del pleito.

 

Salió con rabo entre piernas,

maldiciendo sus proyectos

con mil votos y mil vidas

a estilo de carretero.

 

Si este el éxito final

ha de ser de los enredos,

y si en vez de triunfo sacan

público deslucimiento;

¿quién los meterá a los dogos

en estos graves empeños

con los valientes Mastines

que les llevan pelo y cuerpo?

 

FÁBULA XXIX

 

LAS GOLONDRINAS Y LOS BARQUEROS
 

Unas Golondrinas,

desde Guatemala,

quisieron hacerse

un viaje a la Habana.

 

Y dando principio

a su caminata,

volaron diez días

haciendo mil pausas.

 

Llegan a Trujillo

y estando en la playa,

en vez de tenerse

resuelven la marcha.

 

Una de prudencia

entre ellas estaba,

y las dijo: "amigas

mirad tantas aguas".


No nos expongamos

a morir ahogadas,

si a medio camino

las fuerzas nos faltan.

 

Mejor es pedir

en aquella barca

un lugar pequeño

que talvez no falta.

 

Apenas había

dicho estas palabras,

cuando respondieron

con gran petulancia:

 

"Barca no queremos,

pues con nuestras alas

tenemos de sobra

para ir hasta España".

 

Los Barqueros todos

oyendo esto estaban

y también se reían

de tal petulancia.
 

Pasada la noche,

a la madrugada,

alzaron el vuelo

con gran algazara.

 

También los Barqueros

hicieron su marcha

con la ligereza

que andan los piratas.

 

Y apenas dos leguas

llevaban andadas,

cuando ven llegar

las aves cansadas.

 

Con súplicas mil,

todas desmayadas,

amparo pedían

a los de la Barca.

 

Mas ellos entonces,

riendo a carcajadas,

sólo les decían:

¿Pues no tenéis alas?

 

Al fin perecieron

nuestras camaradas,

y así los Barqueros

tomaron venganza.

 

Esta fabulilla,

se llama la Capa,

vístala el lector

si acaso le entalla.

 

FÁBULA POLÍTICA.


LAS HORMIGAS Y LA LOMBRIZ

                             1

No canto hazañas del famoso Alcides

ya celebradas por cantor divino:

no refiero sangrientas, crudas lides

que engrandecieron el poder latino:

 

Ya es fuerza, musa, que lo heroico olvides

y te acomodes con mi actual destino:

llévate al monte del castalio coro

mi lira de marfil con cuerdas de oro.

 

Déjame solo mi bandurria humilde

de cuatro cuerdas, pero bien templadas,

en que canté las gracias de Matilde,

hace cumplidas ya quince olimpiadas.

En ella, sin que falte en una tilde,

cantaré maravillas ignoradas,

porque siendo comunes y triviales

no reparan en ellas los mortales.

 

Yo vi un reptil horrendo,, una Serpiente,

con tardo progresivo movimiento

vibrando al Sol su piel resplandeciente,

tersa y sin rugas de color sangriento.

Vi también un ejército valiente

que marachaba con orden y ardimiento,

y que al terrible monstruo se acercaba

y con dobles falanges lo rodeaba.

 

Aunque esta hidra es disforme en su grandeza

pues en su cinta caben acostados

sin que toquen los pies con la cabeza,

novecientos, o acaso mil soldados,

la acometen no obstante con braveza,

y con filas y círculos doblados

en su grande extensión la circunvalan,

al mismo tiempo que su altura escalan.

 

Contra la tersa piel del monstruo fiero

afianzaron las picas y cuchillas,

sube por ellas el marcial guerrero

y fija su cuartel en las costillas

del horrible enemigo, que ligero

sobre los escuadrones y cuadrillas

en arco eleva el cuerpo portentoso,

y en salvo deja el campo numeroso.

 

Sacude contra el suelo ambos costados

y el grave golpe que la tierra hiere

resuena por los montes y collados

que retiemblan, y el eco lo refiere.

Pero de los que están acuartelados

ni uno solo su puesto dejar quiere;

que en los robustos y espaciosos lomos

se fortifican cual si fueran plomos.

 

Se revuelca, con varias contorsiones,

y del cuerpo flexible forma anillos,

que sirven de otros tantos escalones

por donde los soldados y caudillos

suben en desfilados escuadrones

y asaltan estos móviles castillos,

de manera que, en menos de un minuto

de las tropas se cubre todo el bruto.

 

Ya no se ve la piel sangrienta y fea

ni la figura de la fiera enorme,

por todas partes su extensión negrea

(porque este es el color del uniforme

del ejército fuerte que pelea).

Aquel monstruo feroz y tan disforme,

herido por mil partes, cede y gime

bajo el inmenso pesó que lo oprime.

 

Los débiles impulsos convulsivos

indican los defectos de su aliento,

con esto los guerreros más activos

aumentan el valor y atrevimiento.

Espíritus vitales fugitivos

desamparan su tardo movimiento;

y se derrumba inerte en su defensa

flojo el sistema de su mole inmensa.

 

Descienden del cadáver, victoriosas

las formidables huestes aguerridas,

y con gran diligencia presurosas

de sus yertos costados bien asidas;

multiplicando filas numerosas

y de un impulso solo conducidas,

arrastran lentamente y sin estruendo

de la espantosa sierpe el cuerpo horrendo.

 

El ejército, así bravo y experto,

marcha, no sin sudores y fatigas,

llevando en triunfo su pesado muerto

que servirá de pasto a sus barrigas.

 

Así vence, cuando obra de concierto,

cualquiera sociedad, aun la de hormigas:

que conduciendo su Lombriz por presa

la meten en su cueva, o fortaleza,

 

Y bajo la presente alegoría

un hecho se contiene verdadero,

que la experiencia enseña cada día:

En guerras que sostiene un hormiguero,

ataca con denuedo y bizarría

a otro insecto cualquiera, grande y fiero;

y la social unión con que procede

la victoria y el triunfo le concede.

 

¿Qué sujeto más débil que una hormiga?

y su ánimo y su fuerza es invisible

cuando obra acompañado en fuerte liga

con su libre república temible.

Esfuerzo ni potencia habrá enemiga

contra el brazo y el pecho indivisible:

para ser vencedores, ciudadanos,

unid los corazones y las manos.

 

EL COYOTE Y LA OVEJA.

 

                      2

Dizque un hambriento Coyote

se estuvo una noche entera

dando vueltas al redil

de una manada de Ovejas,

sin que pudiera pillar

ni hacer presa de una de ellas:

Viendo inútil su trabajo,

sus vueltas y diligencias

lo que no pudo por mal

pretende lograr a buenas.

 

Con halagüeñas palabras,

escondiendo su fiereza,

llégase astuto a la cerca,

y llamando a la más tierna

entabla conversación,

diciéndola: "dulce prenda,

si vieras cuanto yo siento

y cuanto es grande mi pena

el veros tan abatida

a tí, y a tus compañeras,

sin libertad ni placeres,

siempre encerradas y presas,

sujetas sólo al capricho

del pastor que las gobierna,

sin que puedan disfrutar

su derecho, con franqueza

para saltar por los montes

y pasearse por las breñas. ..

 

No lo creyeras, mi bien;

mas te digo con llaneza

que no se encuentra otra dicha

que se le asemeje a esta.

Mira, toma mi consejo,

que es de mi amor una prenda:

mañana por la mañana

luego que os abran la puerta

y al prado el Zagal os lleve,

atrásate con reserva,

escápate de su vista

corriendo al bosque ligera;

que yo allí te aguardaré,

con mis brazos en tu espera

y con esto lograrás

salir una vez de penas".

 

Engañada la infeliz

creyó a la inhumana fiera.

Luego que al campo salió,

de su rebaño se aleja

hasta llegar donde estaba

el infame que aconseja.

 

Y entonces, ¿qué sucedió?

lo que era muy natural:

que al instante se la almuerza

y da fin a su maldad.

 

"Consejeros de esta especie

hay muchos que con pretexto,

de libertad y de dicha,

encubren un fin perverso".

 

                 3

ESOPO Y EL ESCARABAJO


Antaño cuando Esopo

escribió mil verdades y primores

las pláticas contando y las hazañas

del Oso, el Jabalí, la Zorra, el Topo

y demás alimañas:

dice la historia que estos mis Señores,

con el enojo se pusieron tales

que bufaban los pobres animales.

 

Serio consejo hicieron

entre reniegos, votos y por vidas

(que tan antiguas son las insolencias)

y atajar sus ofensas decidieron.

Sus altas excelencias

con el empeño estaban aturdidas;

mas a sacarlas de su gran trabajo

se ofreció ufano el sabio Escarabajo,


Juntó los materiales

de que todas sus obras se componen;

cerca de un mes sin pausa acarreando

la grata carga de delicias tales,

las iba preparando:

ya juntos, con esmero se disponen

a borrar con valor y sin zozobras

los fatales escritos con sus obras.

 

Como estas apestaban,

Esopo las sacó por el olfato;

tapóse la nariz, reparó un poco;

vio las fatigas que. se malgastaban;

rió del empeño loco,

y tal plumada dio, que del rebato

el bichillo infeliz de todos modos,

quedó aplastado y se rieron todos.

 

El mordaz Renglonero

a quien este jubón ajuste al talle,

enmiéndese si puede

o sufra y calle.

 

 

EL CIERVO Y LA OVEJA, SIENDO JUEZ EL LOBO.
 

Ante el Lobo una queja

el Ciervo presentó contra la Oveja:

pretendía sin forma y sin testigo

que le debía un celemín de trigo.

 

La Oveja aunque inocente,

viendo en el tribunal tal Presidente

no contradijo el hecho;

y juzgó el Lobo como en un barbecho:

se la mandó pagar,

fijose el plazo

y la pobre salió de este embarazo.

 

Llegado el día, ejecutola el Ciervo;

pero como iba sola,

le respondió la Oveja: "ve, protervo,

que mi promesa la arrancó tu dolo

y del juez enemigo la presencia;

de que nada te debo, en mi conciencia

voy tranquila y segura:

Sólo hace ley la fuerza mientras dura.


A LA LIBERTAD.

 

(Canción).
 

¡Oh Libertad divina, don del cielo!

tu luz bella y fulgente,

cual otro sol ardiente,

ahuyenta la tiniebla, alumbra el suelo.

Tú sola vivificas

las plantas y las flores;

das al prado colores

el fruto dulcificas,

y a tí, naturaleza

debe el ser pura, celestial belleza.
 

El saber, las riquezas, los honores,

cuando tú estás ausente,

se convierten en fuente
de eterno llanto, amargos sinsabores,
Sin tí el triste cayado
en olvido perece;
sin tí el campo no ofrece
espigas al arado,
y sin tí el bosque ocioso
nace, muere, y no surca el mar ondoso.

 

Cuando cobarde y torpe te condena

el cetro de Tiberio

duro cautiverio,

la apacible virtud gime en cadena,

la verdad desparece

el patriotismo huye,

la amistad se destruye,

el cielo se oscurece,

el averno se agita,

y la venganza y la traición vomita.

 

Mas si valiente y sabio te levanta

el genio "peregrino

de Washington divino,

alegre la virtud su triunfo canta,

muestran su bella cara la verdad, la justicia,

y la amistad propicia;

el nublado se aclara,

y en apacible aura

el aliento perdido se restaura.
 

¡Oh Libertad del cielo descendida

para el bien de la tierra!

en tí sola se encierra

oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida.

Nunca cese un momento

de regir tu divino

imperio mi destino:

y en sonoroso acento

pueda la lira mía

cantar tus glorias de la noche al día.

 

EL LORITO

 

Como las perdices

son tan desgraciadas,

con aquel piquito

de color de grana,

su pintada pluma,

la mucha elegancia

de su hermoso pecho,

y toda la gracia

de aquellas patitas

tan recoloradas;

un lorito mío

se huyó de la jaula,

y fuese tras ellas

por esas montañas.
 

Presentose el mozo

con toda la gala

de sus coloridos,

y ellas muy pagadas

de su bizarría,

le acogen y halagan

con grandes caricias

y finezas raras.

Una le pedía,

para hacerse galas,

plumas amarillas;

otra coloradas;

otra quiere verdes;

y él por agradarlas,

fue tan boquirrubio

que en pocas semanas

quedó desplumado,

sin que le dejaran

mas que los cañones,

y aún eso de gracia.

 

Cuando lo pararon

tan de mala data,

huyéronle todas,

y tornó a la jaula

lleno de ignominia.

Inquiero la causa

de su desventura,

y él que nada calla,

me lo dijo todo;

y al ver su ignorancia,

le dije: "Lorito,

dale al cielo gracias,

porque esas perdices

eran de montaña;

que si has tropezado

con otras que andan

por las poblaciones,

ellas te dejaran

tan descañonado,

que no pelecharas.

 

LA LOCA Y LA VIEJA

 

Había una loca

de esas sosegadas,

que pasan por cuerdas

si no se les habla.

Un día en el templo,

que rezando estaba

tan grave y atenta

como una beata,

cierta vieja tonta

en hora menguada,

se hincó junto a ella,

y luego desgarra

con fuerte tosida,

su gran salivada.

—¿Cómo a mi escupirme?

Quién así me trata?—

le dice la loca,
toda amostazada:

turbóse la vieja;

quiso sosegarla

con buenas razones,

que allí fueron vanas;

y de unas en otras,

se armaron entrambas

de picos y manos,

sus únicas armas.

Hubo la de MIENTES.

Lo de NORAMALA,

lo de MAS ES ELLA,

con el de las pascuas.

La cosa iba a punto

de darse guantadas,

cuando un venerable,

ropa negra y larga,

semblante severo

y barriga inflada:

—"Es loca, le dijo

aparte, a la anciana,

déjela en su tema,

no hay que porfiarla".

—"Ya yo le decía,

le repuso ufana,

que sólo una loca

así me tratara".

—"Mejor fuera verlo

en su disonancia,

y evitar el riesgo

de ser arañada",

dijo el de lo negro,

y acabó la frasca.

 

Así pierde el tiempo

el que lo malgasta

con los testarudos

de razón escasa.
 

De argüir con los necios

¿qué fruto se saca?

A veces dicterios,

y a veces patadas.

 

 

EL POETA Y EL LORO


Un indio obsequioso,

que me visitaba

me trajo un lorito

por cosa muy rara.

 

El animalito

hablaba con gracia,

y sus coloridos

también se la daban:

Tenía en el cuello

no sé cuántas fajas

rojizas y verdes,

azules y blancas.

Su bruta cabeza

estaba adornada

con un penachito

de plumas muy varias.

Al ver su rareza

le di al indio gracias,

que es lo que percibe

siempre que regala.

En mi gabinete

fijé su morada,

poniéndole al pobre

su querida estaca.

Hace ya algún tiempo

que tengo la maña

de leer en alto

lo que más me agrada.

Con este motivo

el loro escuchaba

cuanto yo decía,

y él lo relataba.

Si hablaba de historia,

también él hablaba:

si versos leía,

versos recitaba:

tratando de leyes,

de leyes trataba,

oyendo sermones,

sermón predicaba;

metiendo así en todo

su tosca cuchara.
También fui notando

que se le quedaban

párrafos enteros

de bastantes llanas.

Viendo que era el eco

de mis voces vagas,

que las corrompía

su mucha ignorancia,

que hablaba de todo,

que nada inventaba,

que era memorista

plagiario de marca;

le dije irritado:

"Cállese el panarra,

que ya me fastidia

lo mucho que charla".

Después sosegado,

miré con cachaza

el célebre caso,

y por humorada

traté de aplicarlo

a lo que ahora pasa.

Y habiendo advertido

que muchos le igualan,

me dije entre dientes

con grande soflama:

 

¡Cuántos escritores

hay de aquesta laya,

que sólo repiten

lo que muchos hablan,

sufriendo en sus bocas

bastante rebaja

las cosas que fueran

muy bien expresadas!

Y cuántos doctores,

también con sus fajas,

lo son de memoria

como el camarada!

 

 

LA VIEJA Y EL BAILARÍN
 

Deseaba un bailarín

lucir en no sé qué fiesta

con un vestido compuesto

de mil colores y telas.

 

No tenía facultades

para conseguir la empresa:

mas él se ingenió de modo,

que al fin se salió con ella.

 

Dedicóse a recoger

los retazos de las piezas

que los sastres conservaban

mal habidos en sus tiendas.

 

Eran algunos de a vara,

y también de vara y media,

porque el sastre nunca tiene

igualdad en su conciencia.

 

En la encoge y en la alarga

según corre la tijera;

si le sobra mucho, mucho,

y si poco, se contenta.

 

Pero nuestro bailarín

buscaba más menudencias;

de suerte que diez pedazos

componían una sesma.

 

De este modo en un canasto

juntó las brillantes muestras

de la industria y patriotismo

de naciones extranjeras.

 

Como él sabía coser,

y gastaba mucha flema,

trazó un vestido muy charro

con sólo sobras ajenas.
 

Salió con él por la pascua,

y me pareció que era

un tablerito de damas

el pantalón y chaqueta.

 

Le lucía grandemente

pues toda la turba necia

se lo quedaba mirando,

casi con la boca abierta.

 

Pero los más advertidos

motejaban su extrañeza,

y los tunos descargaban

sobre él infinitas piedras.

 

Mas viendo que le zumbaban

algunas por las orejas,

se refugió en mi zaguán

lleno de miedo y vergüenza.

 

Valiose de la ocasión

mi anciana y señora abuela

para darle unos consejos,

y le habló de esta manera:

 

"Válgame Dios, hijo mío,

qué de puntadas te cuesta

ese vestido, que al fin

vale muy poca moneda!

 

Cuánto mejor te estaría

un vestidito de jerga,

que sobre ser más honesto

tan corrido no te viera!

 

Más sencillo y más barato!

sin duda alguna saliera,

y con ser menos vistoso

no fueran tantas tus penas.

 

—¿Más barato? no, señora!

menos trabajo, pudiera:

pues todos estos retazos

ni un maravedí me cuestan.

 

SOLO CON HABER ANDADO

DÍAS, DE TIENDA EN TIENDA,

Y COGIENDO AQUÍ Y ALLÍ,

SALIÓ LA OBRA COMPLETA.

 

—¿Completa? no digas eso,

replicó la buena vieja,

que no es completo lo que es

hecho de infinitas piezas.

 

Tú pretendiste lucir

valiéndote de esa treta;

pero ya ves que al que quiere

dar un chasco, le chasquean.

 

EL POBRE CON SU SAYAL

PUEDE LUCIR DONDE QUIERA;

MAS DESHONRA AL PETIMETRE

LA PANA CUANDO ES AJENA.

 

—Alto ahí, me dijo entonces,

Oigan qué linda ocurrencia,

lo que con este motivo

se me vino a la mollera:

 

Ah ¡cuántos autores nuevos

al bailarín se asemejan,

de aquellos que dan a luz

obras de varías materias!

 

SOLO CON HABER ANDADO

REGISTRANDO BIBLIOTECAS

Y COGIENDO AQUÍ Y ALLÍ,

SACAN SUS OBRAS COMPLEJAS,

 

Harto mejor les sería

que sus libros compusieran

a lo pobre, porque puede

decirles alguna vieja:

 

EL AUTOR, AUNQUE MEDIANO,

PUEDE LUCIR DONDE QUIERA:

MAS DESHONRA AL ESCRITOR

LA CIENCIA, CUANDO ES AJENA.

 

 

AMISTAD (Epigrama)
 

Yo tengo, dijo Andrés, unas piaras

de marranos ingratos, cuyas caras

no he podido mirarles en mi vida,

sino al tiempo de darles la comida.

Me tienen afligido,

pues unos diez o doce se han huido

y los oíros notando mi pobreza,

con gruñidos me aturden la cabeza,
y me dan costaladas,

mordidas, reempujones y hocicadas;

de suerte que no quiero ya ni verlos.
—Razón tienes, le dije, vé a venderlos,

o matarlos, y quedas satisfecho,

pues muertos o vendidos dan provecho:

si los vendes, te aumentan el dinero,

y si no, te sazonan el puchero.
—Yo me diera, dijo él, aquesa traza

si fueran los cochinos de otra raza;

pero aquestos merecen mil castigos.

—Pues, ¿qué puercos son esos?. .. .—MIS AMIGOS.
 

 

YO ME CONFIESO A LA SANTA INQUISICIÓN.
 

(Epístola).
 

Una loca excomunal

se ha puesto muy de mañana,

debajo de mi ventana

con un tema original:

En la cabeza un GUACAL

tiene a modo de morrión,

y ensarta una relación

tan larga como un proceso,

que empieza: YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Por este accidente ingrato,

al escribir las noticias,

que tanto, amigo, codicias,

me interrumpo cada rato.

Este clamor inmediato

de su molesta canción
me arrebata la atención;

y pierdo el hilo y el seso,

oyendo el: YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Te escribo así finalmente,

y tu allá como entendido

darás a lo interrumpido,

inteligencia y suplente;

sabrás que ya está en corriente

la nueva Constitución,

y según la observación

que se tiene, buen suceso

promete: YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Considera ya desiertas

las lóbregas bartolinas,

que a las prisiones dañinas

se cerraron ya las puertas;

mas yo las quisiera abiertas,

pues cerrada una prisión

indica la presunción

de que contiene algún preso

gritando: YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Ya se oyen los soberanos

derechos de la igualdad,

y de la gran sociedad

todos somos ciudadanos;

excepto los africanos,

cuya servil condición,

ha sido un negro borrón

que apenas lo quita el yeso

más blanco... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Hubo juntas parroquiales,

y según los votos varios,

salieron compromisarios
para las electorales.
Merecen estos vocales
toda nuestra aprobación
por ser de la aceptación
y consentimiento expreso
del pueblo.... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.


Puestos ya los electores

en su respectivo asiento

proceden al nombramiento

de alcaldes y regidores.

Ante los espectadores

hicieron la votación,

sin fraude ni colusión,

ni otro legítimo exceso

doloso.... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

En el tiempo convenido

hubo misa y asistencia

del Cabildo y de la Audiencia,

con. un concurso lucido,

el Señor os ha elegido,

dijo el padre del sermón;

la evangélica lección,

era de aquel texto expreso,

"NESCIO VOS... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Por las noticias de Europa,

(amigo, Gaceta canta)

de España la causa santa

navega con viento en popa.

Se creerá que hay una tropa

de gente tan sin razón

que todo lo hace cuestión,

aun lo que se mira impreso

de molde. ... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.
 

Se dice que un belemita

contra un fraile franciscano,

de quien "lo supo un fulano,

a quien un mengano cita:

que por una carta escrita

de Pekín, se da razón

que al pérfido Napoleón

le torcieron el pescuezo

en París.... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Nuestra Coronada Villa

la reconquistó el inglés,

y no se encuentra un francés

en una ni otra Castilla.

Evacuada ya Sevilla,

la Navarra y Aragón

tendrán pronta evacuación;

el mal gálico con eso

purgarán.... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Nuestro ilustrado Gobierno

pidió al Claustro que le informe

del método más conforme

de estudio antiguo y moderno.

Al punto se cría un temo

de sabia' diputación,

para que haya una instrucción:

ahora sí que harán progreso

las letras... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Guatemala está de moda

que ninguno la comprende,

y aquél que. más lo pretende

es el que lo ignora todo:

por eso yo me acomodo

a la vida del ratón,

que labró su. habitación
en aquel famoso queso

flamenco.... YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 

Amigo, se me sofoca

la cabeza con el ruido

monótono y sostenido

de mi penitente loca.

Por lo que. a mi afecto toca,

jamás tendrá variación,

siendo esta la confesión

que en mi juicio y exprofeso

debo hacer: YO ME CONFIESO,

A LA SANTA INQUISICIÓN.

 


CANTO A LA INDEPENDENCIA DE GUATEMALA.
 

Quisiera ¡oh Fabio! que mi voz tronara,

y cual rayo veloz y resonante

por el inmenso globo se esparciera,

y el eco en el Olimpo retumbara.

Después que Troya dobla la arrogante

cerviz al yugo de la suerte fiera,

y su gloria primera

en muerte ya trocada,

escucha horrorizada

de rabia y de dolor el triste acento,

Hornero con su dulce melodía

los cielos y la tierra suspendía,

y