Ni la hoguera bárbara,
ni la jaula de cemento, que se le quiso imponer al siglo anterior y
al siglo inmediato pasado, pudieron aprisionar los ideales de la
revolución liberal, el espíritu libertario y libérrimo de Eloy
Alfaro, en su consecución de transformar la historia y proyectar
nuestro pueblo hacia la modernidad, hacia la institucionalidad,
hacia la vigencia de los derechos humanos y democráticos de las
Naciones, partiendo desde su pueblo el Ecuador, radiando todo su
espíritu de libertad, de libre pensamiento, de justicia de igualdad
hacia todo el continente.
Hoy lo hemos liberado de la prisión de
cemento, aquí tenemos a Alfaro raudo, libre, volando hacia el
espacio abierto e infinito, como él lo proclamó.
Hoy las nuevas generaciones, tiene una idea clara de lo que tiene
que ser el siglo XXI, ir con el pueblo, con las montoneras, con las
ideas de libertad y de igualdad a conquistar definitivamente todos
los poderes para el pueblo, toda la riqueza nacional, para el
pueblo, todo el petróleo todas las aguas, toda la minería, toda la
dignidad y toda la soberanía que están en nuestras fronteras a quien
le pertenece; por lo que él lucho, para el pueblo, para la salud,
para la educación, para la inversión social, para las libertades
fundamentales por las que él entregó su vida.
Hoy tenemos a ese Alfaro vivo. Esas ideas de libertad claras y
expuestas al mundo, al que circula a través de esta zona, al que nos
visita, están aquí representadas las ideas de libertad del mundo
entero.
Yo tuve el enorme privilegio y la suerte de crecer muy de cerca
de valores humanos, de causas de la historia que son las causas de
la Patria, viví cerca de artistas que es la mejor forma que tiene
el pueblo para expresar su pasado y para poder proyectarse hacia el
futuro; crecí amando la historia nacional, crecí amando a Alfaro.
Para iniciar el monumento asistí siendo un niño que pasaba a la
adolescencia, asistí a los profundos estudios que hacía mi padre de
la historia, para saber como debía que representar a la historia
Patria, y hacia donde debía ir. Sus conversaciones con amigos
escritores, con arquitectos, por supuesto con Rafael Rivas, sus
colegas de Bellas Artes, como darle a la historia, a su dinámica,
darle volumen, darle movimiento, darle contenido, darle la
proyección escultórica que hoy tiene.
Como proyectar una transformación cultural, que es lo que
representa Alfaro una profunda transformación del sentir que tenían
los ecuatorianos en liberarse de complejos el insurgir y poder hacer
esa historia insurgente y transformadora y convertirla en un
monumento insurgente que eso es el monumento Eloy Alfaro, y todos
nos sentimos identificados con él.
Finalmente, frente a todas esas fuerzas oscurantistas, que
siempre se opusieron, para el brillo de Eloy Alfaro, que se oponen,
a que reconozcamos a ese otro padre de todos nosotros que es Simón
Bolívar. Las fuerzas oscurantistas tuvieron que ceder, porque
triunfo la razón, la justicia, la historia, el arte, el intelecto
humano, el libre pensamiento y gracias a eso hoy tenemos aquí a Eloy
Alfaro representándonos a todos; representando nuestras claras ideas
de la libertad.
Debo agradecer a quienes lo hicieron posible: Patrimonio
Cultural, Iván Armendáriz. Debo agradecer a los 16 escultores
colegas de mi padre, debo agradecer al señor Gobernador, al Alcalde,
y a todas las fuerzas progresistas que saben que el destino de la
Patria está en la construcción de su futuro a base de lo mejor de
nuestra historia y aquí está lo mejor de la historia.
Les decía que crecí amando a Eloy Alfaro, ayudando a mi padre a
buscar la cita adecuada en libro de historia para que él pudiera
plasmar sus ideas. Me sentí su compañero, crecía y era un
adolescente. Mi papá tenía mucha imaginación, mucha creatividad para
los movimientos de masas, no tenía una fundición para el monumento a
Alfaro; le compró a su hermano Daniel Elías la fundición, y lo
acompañé hasta Portovelo y Loja para traer la fundición. Necesitamos
petróleo, diesel, fundir bronce incandescente en crisoles, ponerlos
en los moldes de hierro que él había construido a partir del barro.
Enorme trabajo. ¡Con qué esfuerzo, con qué amor, con qué
dedicación!; era el trabajo del hombre, era el trabajo del Ecuador,
era concretar las aspiraciones, los ideales que a veces sentimos que
se debilitan, pero sentimos que se fortalecen cuando recordamos a
Alfaro, cuando lo miramos raudo, abierto hacia el espacio infinito y
no encerrado, encapsulado en una jaula donde las fuerzas
oscurantistas reaccionarias siempre lo han querido tener; o
convertido en cenizas o encapsulado en jaulas; allí está Alfaro.
En alguna ocasión siendo Vicepresidente de la República, me quedé
encargado del poder pocos días u horas. En esas horas aproveché,
para emitir un Decreto y declarar a Eloy Alfaro Héroe Nacional.
Alfaro es nuestro héroe. Luego medios de comunicación ecuatorianos
hicieron una encuesta y el Ecuador votó por el mejor ecuatoriano de
todos los tiempos, eso es lo que representa Alfaro en esta ciudad
que a su vez reúne, conjuga, proyecta hacia el futuro las ideas de
libertad en todos los campos de la actividad humana.
Guayaquil es la esencia del libre pensamiento, es la esencia de
la libertad, es la esencia de las libertades fundamentales. De aquí
parte Alfaro, de aquí se mueve hacia arriba trepidantemente el
ferrocarril símbolo del progreso, símbolo de la libertad, símbolo de
la unidad nacional, símbolo del comercio, de la unión de los
pueblos, de estar abierto al mundo entero, como era Alfaro amigos,
de su categoría en todo el continente, abierto al mundo.
Ese libre pensador que hoy nosotros perennizamos en el bronce de
mi padre, en la piedra más dura y perdurable que la palabra. Aquí
está Alfaro, aquí está la libertad y todos nosotros presentes para
prometer hacia el futuro que nunca desmayaremos en la lucha por la
libertad. Él dio la vida. Nosotros estaremos dispuestos a hacerlo.
¡Bienvenidos sean, felicidades para todos ustedes!
¡ Hoy día es un día de fiesta y es un día de fiesta de banderas,
banderas de la tricolor y las banderas rojas de Alfaro enarbolemos
las banderas y gritemos por la libertad!.
Señoras y Señores.
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