QUÉ SIGNIFICA TRABAJAR CON ENFOQUE

DE DERECHOS DE ACUERDO CON EL CÓDIGO.


QUÉ SIGNIFICA TRABAJAR CON ENFOQUE

DE DERECHOS DE ACUERDO CON EL CÓDIGO.

¿Qué significa trabajar con o desde un enfoque de derechos? Hay varias dimensiones en la respuesta a esta pregunta. Vamos a abordar sólo algunas y de manera esquemática.

ES UNA OBLIGACIÓN

 El Código, en el artículo 7 plantea que "es deber del Estado, la sociedad y la familia adoptar las medidas que sean necesaria para la plena vigencia, ejercicio efectivo, garantía, protección y exigibilidad de la totalidad de los derechos de niños, niñas y adolescentes".

Un primer punto, es que es DEBER, y que ese deber es del Estado, de la sociedad y de la familia, es decir de TODOS. El primer significado de trabajar con un enfoque de derechos, es ser concientes, coherentes y responsables con este mandato legal. Cualquier cosa que hagamos en relación a los niños, niñas y adolescentes, cualquier cosa positiva se entiende, a nivel individual, colectivo o institucional, es nuestra obligación porque es nuestro deber, y es nuestro deber porque es el derecho de ellos y ellas.

Nada positivo que hagamos proviene de nuestra buena voluntad, nada positivo que hagamos nos da méritos para un reconocimiento especial. Es simplemente nuestra obligación. Podemos sentirnos orgullosos de ser responsables con nuestras obligaciones, pero no debemos esperar ni agradecimientos ni reconocimiento especial por eso. No hay lugar ni para la beneficencia ni para la lástima. Hacer, cualquier cosa que hagamos, es nuestra obligación.

Esta es la primera dimensión del significado de trabajar con un enfoque de derechos: la conciencia de que lo que hacemos es obligatorio, porque la satisfacción de las necesidades que los niños, niñas y adolescentes tienen, es su derecho.

HAY QUE TOMAR EN CUENTA LA TOTALIDAD DE LOS DERECHOS

El mismo texto del Código nos sirve para iniciar el segundo punto. El deber que tenemos se refiere a la TOTALIDAD DE LOS DERECHOS, y a todas las dimensiones que configuran !a plena vigencia de un derecho, es decir: ejercicio efectivo, garantía, protección y exigibilidad.

Si recordamos que en e! artículo 16 el Código define la naturaleza de los derechos y garantías como "interdependientes, indivisibles, irrenunciables e intransigibles",

queda claro que la TOTALIDAD no se refiere solamente a todos los derechos, sino a todos los derechos en CONJUNTO.

Trabajar con un enfoque de derechos significa también, trabajar pensando en e! conjunto de los derechos de una manera simultánea y articulada. No es legítimo trabajar en relación a un derecho, olvidándonos de los otros, y peor aún violentándolos.

La necesidad de trabajar simultáneamente en el conjunto de los derechos emana también del significado mismo de derecho. Dijimos que el derecho es la garantía que se da para que alguien - los niños, niñas y adolescentes en nuestro caso - satisfagan una necesidad o desarrollen una capacidad. El portador, el sujeto de esa necesidad, esa cualidad y ese derecho es el niño, niña o adolescente. Una de las características de ese sujeto es que es "integral" y "único". Todas las dimensiones de ese ser humano, la física, la intelectual, psicológica, afectiva, sexual, emotiva, etc., se manifiestan simultáneamente, y las necesidades y capacidades emanan de esa "integridad". No podemos trabajar una de las dimensiones del niño, ni una necesidad, ni una capacidad. Por eso, tampoco podemos trabajar un derecho.

Basta revisar el significado de los derechos. La supervivencia es vida y desarrollo;

el desarrollo es integral; la protección es a la supervivencia y al desarrollo, y la participación, por el mero hecho de ser sujetos, es en la supervivencia, en el desarrollo y en la protección. Todo va junto. Esta dimensión del trabajo desde un enfoque de derechos se llama la integralidad.

Ahora bien, la integralidad no significa hacer todos todo, pero si se opone radicalmente a las excesivas especializaciones y al "dejar de hacer" lo que es posible, y muchas veces necesario, hacer.

Pongamos un ejemplo. En los derechos a la supervivencia, dentro del derecho a la salud, en el numeral 9 del artículo 27, el Código determina: "El acceso a servicios que fortalezcan el vínculo afectivo entre el niño o niña y su padre y madre". Puede haber servicios especializados en este importante aspecto de la vida del niño, pero ¿por qué no puede ser una función asumida por cualquier programa o servicio que tenga contacto con las familias de los niños y niñas, aunque su "especialidad" sean los aspectos productivos, el trabajo infantil o el apoyo a la escolaridad?

De eso se trata la integralidad como dimensión en un trabajo que se tome en serio el enfoque de derechos, de trabajar con el niño integral, y por lo tanto, con todas las necesidades, las capacidades y los derechos que ese niño tiene. Esta interpretación de la integralidad también se desprende del principio del interés superior del niño que "estó orientado a satisfacer el ejercicio efectivo del conjunto de los derechos del niño" y que es, además, "principio de interpretación" del Código.

Dentro de esta interpretación del sentido de la integralidad que nos obliga a hacer "lo máximo posible" para abarcar todas las dimensiones del niño y sus derechos, es importante preguntarnos por la existencia de algunos ejes o dimensiones que constituyen, necesariamente, parte de esta integralidad. Queremos plantear dos, con la certeza de que hay otros, y que ustedes sabrán encontrarlos.

«PROMOVER EL VÍCULO AFECTIVO

El primero, se desprende del artículo 1 en el que se afirma que el "Código dispone sobre la protección integral que el Estado, la sociedad y la familia deben garantizar a todos los niños, niñas y adolescentes que viven en el Ecuador, con el fin de lograr su desarrollo integral y el disfrute pleno de sus derechos, en un marco de libertad, dignidad y equidad.

Los términos dispone y deben garantizar enfatizan el carácter obligatorio de lo dispuesto. Ya dijimos que e/ Estado, la sociedad y la familia nos engloba a todos. Por lo tanto, todos debemos garantizar que los niños, niñas y adolescentes logren su desarrollo integral y el disfrute pleno de sus derechos, en un marco de libertad, dignidad y equidad. No importa lo que hagamos o sobre qué dimensión del niño y sus derechos hagamos hincapié, a todos nos toca contribuir en la construcción de ese marco de libertad, dignidad y equidad. Además, un contexto de esa naturaleza no es solamente un contexto deseable, sino que es condición necesaria para que el pleno ejercicio de los derechos sea factible y disfrutable, que provoque gozo y placer y no violencias y frustraciones.

Un marco de libertad, dignidad y equidad está constituido de muchos elementos. Pero uno de esos elementos es, sin duda, el clima relacional que debe reinar en todos los espacios de vida cotidiana en los que el niño, niña o adolescente ejerce sus derechos. EEI Código es claro e insistente en vincular la dignidad con ese clima relacional.

En el artículo 30, al hablar de las obligaciones de los centros de salud, generalizabtes a cualquier servicio, dice, en el numeral 10: Proporcionar un trato de calidez y calidad compatibles con la dignidad del niño, niña y adolescente. En el artículo 51, en el que define el derecho a la libertad personal, dignidad, reputación e imagen, dice, en el literal b: Deberá proporcionárseles relaciones de calidez y buen trato fundamentadas en el reconocimiento de su dignidad y el respeto a las diferencias. En el artículo 23 afirma: En todos los casos, la familia debe proporcionarles un clima de afecto y comprensión que permita el respeto de sus derechos y su desarrollo integral.

A este clima relacional que genera condiciones para el ejercicio de los derechos y posibilita la contención y permanencia de los niños, niñas y adolescentes en sus entornos cotidianos, se le denomina vínculo, y, con frecuencia, vínculo afectivo. Ese clima relaciona! es el que ata entre si a las personas, el que produce pertenencia. Por eso se llama vínculo. Y porque está cargado de respeto, de solidaridad y de afecto, se llama afectivo.

Generar vínculos afectivos con los niños, niñas y adolescentes con los que uno se relaciona o trabaja, es uno de los ejes o dimensiones que constituyen,

necesariamente, parte de la ¡ntegralidad, y por lo mismo de un trabajo con enfoque de derechos,

Pero trabajar con enfoque de derechos no solo es generar esos vínculos, es también promover y fortalecer los vínculos de los otros con los niños. Solo dos ejemplos. El primero ya lo dimos al hablar de la ¡ntegralidad. Nos referimos a numeral 9 del artículo 27, en el Código determina: "El acceso a servicios que fortalezcan el vínculo afectivo entre el niño o niña y su padre y madre". El otro, er el artículo 211, cuando habla de las obligaciones de las entidades de atención, es decir, de todos los servicios y programas que trabajan con niños, niñas c adolescentes, dice, en el numeral a: Promover las relaciones personales y directas con la familia e impulsar actividades que permitan el fortalecimiento del vínculo c la reinserción familiar en el menor tiempo posible, según los casos.

Generar y promover vínculos afectivos es, entonces, una de las obligaciones que todos tenemos si queremos trabajar con un enfoque de derechos.

GARANTIZAR LA PARTICIPACIÓN DE LOS NIÑOS. NIÑAS Y

El segundo eje o dimensión de la integralidad y por lo tanto del trabajo desde o con un enfoque de derechos, es el de la participación. No se puede hablar de trabajar desde un enfoque de derechos sino se garantiza y se promueve la participación de los niños, niñas y adolescentes en todos /os asuntos que les afecten.

La obligatoriedad y transversalidad de esta dimensión de los derechos está explicitada en el Código de muchas maneras. La base fundamental está en el reconocimiento del niño, niña y adolescente como si/yeto de derechos. Ser sujeto, en la gramática, significa ser el que realiza la acción. En la vida cotidiana significa lo mismo. Por eso los niños, niñas y adolescentes tienen libertad, sin más limitaciones que las expresamente establecidas en la ley. Por eso los niños, las niñas y los adolescentes tienen ideas propias, libertad de expresión, libertad de asociación, y por eso deben ser consultados en todos los asuntos que los afecten.

La importancia que el Código da a la participación se puede medir en el hecho de que hay un capítulo específico dedicado a este derecho (capítulo V del título II' del primer libro) y que es además uno de los tipos de política de protección integral (artículo 193, numeral 5).

Pero hay otros artículos del Código que ayudan a entender mejor los alcances de esta participación. En el artículo 228, numeral 3, cuando habla de los derechos y responsabilidades del niño, niña o adolescente acogido, especifica: Participaren la ejecución del proyecto de vida que comprende todas las áreas para su desarrollo integral. Si en una familia extraña que le acoge, los niños tienen derecho a ejecutar su propio proyecto de vida, ¿no es obvio que en su familia natural, y en todas las circunstancias de su vida, tiene ese mismo derecho? El primer significado de la participación es el derecho a construir proyectos de vida propios.

En el artículo 102, cuando habla de los deberes específicos de los progenitores, en el numeral 6 especifica: Asegurar su participación (de los niños, niñas y adolescentes) en las decisiones de la vida familiar. La participación, entonces, también significa participar en la construcción del proyecto de convivencia dentro de la familia.

En el artículo 249, cuando habla de las infracciones sancionadas contra el derecho a la educación, dispone multa de 100 a 500 dólares a los establecimientos educativos que nieguen o dificulten la participación organizada de sus alumnos en la planificación y ejecución de sus programas, o que permitan prácticas disciplinarías que afecten los derechos y la dignidad de los niños, niñas y adolescentes que estudian en sus establecimientos. La participación, entonces, también significa participar en la construcción de los proyectos de convivencia en tos otros entornos de vida cotidiana en los que los niños, niñas y adolescentes se desarrollan.

Y para terminar, los niños, niñas y adolescentes tienen el derecho de ejercer una ciudadanía responsable. En los centros educativos y la familia tes preparan para eso (artículo 38, literal d) pero ejercen su ciudadanía en el contexto social.

Trabajar, entonces, desde o con un enfoque de derechos significa:

Actuar sabiendo que tenemos la obligación de hacer todo lo posible para garantizar el ejercicio de todos los derechos y de todos esos derechos en conjunto»

Construir y promover la construcción de vínculos afectivos en todos los entornos de vida de los niños, niñas y adolescentes como marco necesario para ese ejercicio, y

Hacerlo con los niños, niñas y adolescentes, con su activa, efectiva y libre participación.

 

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