La Música Ecuatoriana desde su Origen hasta 1875.


La Música Ecuatoriana desde su Origen hasta 1875.1

Por J. Agustín Guerrero.

Señor doctor Miguel Riofrío.

Mi estimado amigo:

A usted que es literato, que es poeta, y que con un corazón de artista se conmueve á la vista de las pinturas y las estatuas y se arrebata con los acentos de la armonía, á usted, tengo el honor de dedicarle esta mi pequeña obrita que contiene la historia de la música ecuatoriana, como una prueba de gratitud y una muestra de nuestra antigua y verdadera amistad.

 F Agustín Guerrero.

-

 La historia de las naciones no es mas que el recuerdo de los sucesos notables y los acontecimientos diversos que han tenido lugar en bien ó desgracia de los pueblos, así como la memoria de los hombres célebres, por la particularidad de su genio para la guerra, la política y las ciencias, por eso no hay pueblo, por pequeño que sea, que no conserve siquiera la tradición de sus antepasados, á propósito de su vida, su ilustración y sus circunstancias; pero no se crea, por esto, que las páginas de la historia han sido abiertas tan sólo para los políticos y los guerreros, ellas contienen también el nombre de los artistas, para quienes dejó Dios en el mundo una mansión desconocida, y que solo al genio le es permitido el penetrar.

Si las artes hacen el complemento de la ilustración de las naciones, sea por el mérito del  trabajo, ó por las ideas bellas y originales que nacen de una imaginación privilegiada, para establecer las leyes del buen gusto, poniéndose en relación con nuestro corazón y nuestros sentimientos, ¿por qué no amar y cultivarlas como al objeto mas digno de nuestro ser y la esperanza del porvenir? ¿juzgamos acaso que ellas no convienen con la civilización, ó menguan en algo el decoro de una nación independiente?

Atenas fue libre y soberana, Roma fue libre y soberana, y esas dos reinas del poder y la sabiduría las conocieron y amaron con entusiasmo, hasta atribuirles un poder que no tenían, y creer que el canto y la Lira de Orfeo podian domar á las fieras mas terribles, conmover los árboles y las peñas y detener el curso de los ríos.

Los egipcios no fueron menos grandes que los griegos y los romanos, y los egipcios tuvieron música; y cantaron y bailaron, en sus fiestas cívicas y religiosas, al son de los instrumentos ejecutados, muchas veces, por los grandes de su reino, lo que prueba que desde la mas remota antigüedad, las artes fueron reconocidas como un bien indispensable para los pueblos, y que su ejercicio, en vez de verse de mal ojo, como entre nosotros, lo desempeñaron los grandes y los monarcas. ¿Y qué diríamos si derrepente viéramos á un músico vestido de los hábitos clericales y con un instrumento á la mano, ó si uno de nuestros presidentes de América se presentara á cantar en un teatro público para percibir el precio de su canto?

Del primero, diríamos que estaba loco, del segundo, que era un codicioso, y acabaríamos por reírnos de ambos, esto sucedería aquí, y Roma no se riyó cuando vio á todos sus músicos consagrados de sacerdotes en la restauración de la música religiosa, después de la época de Nerón, ni Nápoles se riyó cuando el emperador romano descendió del trono para ostentar su voz en el procenio y demandar del Director de orquesta las monedas que correspondían al mérito de su canto.

Las artes son el fuego sagrado que no alumbra sino á muy pocos, ni revela sus encantos mas que á los espíritus elevados, de suerte que para comprenderlas bien y penetrar sus misterios, se necesita tener un corazón como de virgen, una imaginación como de poeta y un sentimiento como de ángel. Rossini, Meyerbeer, Donizzeti, no fueron hombres comunes que adoraban lo superfluo, sino una especie de espíritus celestes, que habían venido al mundo para vivir en el pensamiento de todos y hacernos oír el lenguaje de los inmortales. El que no es afortunado en tener corazón de artista no hable de  las artes, porque es vagar en el imposible, puesto que ellas no son sino el verdadero espiritualismo, ese espiritualismo que ha sido el timbre de las naciones y el delirio de los reyes. ¿Pero qué tuvo esta música para ser tan poderosa y necesaria en el templo, en la guerra, en los salones; y por último llegar á ser la deseada y pretendida de los soberanos? En 754 Carlomagno demanda del Papa San Estévan el permiso de dejar salir de Roma á Benito y Teodoro, cantores de su Iglesia, para que fueran á enseñar la música en Francia. Luis XIV llama á Luli, músico florentino, con el mismo objeto. El rey Jorge de Inglaterra pone en escena la ópera italiana en 1719. Leopoldo I la introduce en Viena; y finalmente, el rey Carlos VI sube al grado de compositor; y mientras los grandes de su reino desempeñaban como cantores en el escenario, él ejecutaba un instrumento al lado de los músicos de la orquesta.

¡Qué poder! Qué efectos tan maravillosos los de la música; y por cierto ¿quién no se conmueve y siente al compás de sus dulces  melodías, ó no se arrebata de júbilo al golge eléctrico de la armonía? Negar su influjo en el corazón del hombre seria negar la existencia de lo encantador y lo sublime, seria querer que el alma viva aprisionada en la materia, sin goces, sin palabra y sin sentimiento.

El alma no es de este mundo, por eso busca siempre lo espiritual para comunicarse, así como el genio, ministro de la armonía, en todas partes tiene su templo.

Y qué diferencia entre los conquistadores y los artistas, los primeros tuvieron la fuerza y la luz del rayo para extremecer y deslumbrar la tierra con sus empresas y hazañas, y los segundos fueron como la simiente del trigo que, sin ostentación ni orgullo, ha llegado á ser el alimento del mundo y elevarse hasta el altar; y sino ya que es pasada la época hagamos su comparación ¿vale mas hoy la lanza de Aquíles ó la espada de Alejandro que el Stabat mater de Rossini? Era  composición sagrada, llena de piedad y misticismo, que no pudo salir sino de una alma justa que se había apoderado de los sufrimientos de la mas grande y la mas santa de las mujeres?

¿Puede haber comparación entre el cetro de los conquistadores y el Arpa bíblica del Profeta, á cuyo acento nacieron y se elevaron al Cielo los inmortales salmos de David?

Cierto es que los nombres de César y Napoleón nos simpatizan por su valor y sus hechos; pero confieso que me gusta y quiero mas al pobre fraile Guido de Arrezo, que metido en el rincón de su celda se ocupaba de arreglar las escalas de la música, escalas como la de Jacob que llegan hasta el Cielo, ó como las leyes de Moisés, precisas, indestructibles y eternas. Sin César ni Napoleón el mundo y los hombres habríamos sido lo mismo, mientras que sin el fraile benedictino no habríamos tenido música en el templo, óperas en el teatro, ni concierto en los salones, y menos conocido el genio relevante de los Vellinis, Donizzetis ni Mercadantes, y todavía estuviéramos, contentos, bailando al son del pito y del tamboril.

Si al hablar de la música ecuatoriana he citado algunas particularidades del arte, no ha sido sino para probar de que esta tiene su historia especial en todas las naciones. La Italia, la Francia, la Alemania, no le han perdido un solo paso, ni han olvidado un solo hecho, por que están convencidas de que el número de los artistas forma también la galería de los grandes hombres  y que sus obras hacen parte de la gloria y civilización con que ellas se distinguen.

El Ecuador que tan feliz disposición ha tenido para la industria y que, á pesar de su pequeñez, ha sobrepujado en conocimientos artísticos á los demás pueblos del nuevo continente, debía haber empezado ya la historia de sus adelantos, recomendando á la posteridad el nombre de sus artistas, quien, al no hacerlo, está en el deber de acusarnos como á imbéciles y desconocidos, sabiendo que la inteligencia se adelanta con el estímulo, y que el aprecio de los conciudadanos es el mejor timbre á los ojos de quien lo entiende.

Si la época de la Colonia no dio lugar para esto, por la humillación y pupilaje en que vivieron nuestros padres, á lo menos debíamos hacerlo desde el dia de nuestra independencia, puesto que ella tuvo por objeto la libertad del hombre, la dignidad del pueblo, y la emancipación de los conocimientos útiles para establecer en el país las ventajas del honor y del trabajo.

Si la España se hubiera empeñado en cultivar las inteligencias que naturalmente se producían, al través de su opresión y despotismo, la España habría sido nuestra bienhechora, y habríamos bendecido su nombre, como lo hacemos por la religión que profesamos; pero desgraciadamente, junto con la Cruz vinieron las preocupaciones, enemigo mortal de un pueblo humilde que no podía aspirar mas que al resultado de sus conocimientos: preocupaciones que cincuenta y mas años de independencia no han sido bastantes para desterrarlas, y que todavía se conservan, ocasionando al pueblo el atraso y por consiguiente la escasez.

Los pueblos salvajes corrigen sus costumbres y se civilizan cuando hay una mano protectora que los levante;

pero el Ecuador, en materia de artes, no ha tenido protectores sino mas bien enemigos, y enemigos tan frenéticos, que ni la razón ni las instituciones han podido obligarles á proceder de un modo contrario. Despreciados y aun perseguidos los trabajadores, no se ha podido sistematizar la enseñanza, perfeccionar los estudios, ni menos dar la debida importancia á los genios.

Si los pintores y escultores cuentan con un Miguel de Santiago, un Goribar, una monja Davales, un padre Carlos y un Manuel Chil (alias el Caspicara) es porque su nombre ha venido con sus obras, y á la vista de tanto mérito no han podido menos que confesar y hacerles justicia.

Si durante, el tiempo de la Colonia las artes fueron poco acatadas, durante los años de la República han sido perseguidas, ellas han tenido sus épocas, es decir que han estado en un vaivén; pero nunca establecidas de un modo formal, ni reglamentadas por el Gobierno, hasta cuando el señor García, Moreno, comprendiendo lo que valían, las tomó á su cargo para dar vuelo al genio y mejorar la condición de los pueblos.

Si el señor García Moreno fundó los colegios de artes, al actual Gobierno corresponde su perfeccionamiento, y á nosotros el sostenerlos para que, llenando cumplidamente su objeto, se conserven como un monumento de verdadera civilización: idea poderosa que me ha obligado á investigar los datos y hacer la presente publicación, que si bien no es una verdadera historia de la música del país, á lo menos no dejará de ser una serie de apuntamientos útiles para otro que se dedique á hacerlo mejor y después que yo.

 

II

 

Cuando me propuse escribir los presentes artículos creí hacerlo de un modo que satisfaciera algún tanto á la necesidad de la historia de la música del Ecuador, presentándola desde su origen, ó por lo menos revelando algunos hechos que fueran dignos de un honroso recuerdo; pero, desgraciadamente, nada hay que pueda llenar este deseo, ni la tradición nos ofrece un dato seguro para juzgar de allí lo que pudo ser la música durante el tiempo del gobierno español.

Sensible es por cierto no saber cuándo vino, quién la trajo, dónde se estableció, y sobre todo cuáles fueron los primeros maestros, después que en trescientos años de vida no pudo faltar un genio que hiciera algo en favor de esta arte tan necesaria y querida. Seguramente el abatimiento en que vivieron nuestros padres, y la idea que tenían de su eterna esclavitud, les hizo ver la música, no como al lenguaje del alma, sino mas bien como á una farsa de sus conquistadores para perpetuar su vergonzosa dominación, pues, de otro modo no es fácil suponer que los ecuatorianos, tan amantes de las artes, y tan imitadores de todas las obras extranjeras, se hubieran mostrado indiferentes con un estudio que venia á identificarse con su naturaleza y su corazón, con esa naturaleza tan bella y llena de atractivos que es el modelo constante de loa artistas, y ese corazón que, á manera de un buen instrumento, se acompasa con la bondad y sigue fácilmente á los acentos del dolor.

Por otra parte, el gusto por la música no habia faltado, ni ella habia sido desconocida desde el principio de los tiempos, puesto que los incas la usaron, y tuvieron instrumentos, no perfectos y sonoros como los que ahora se usan, pero instrumentos que, á propósito de su vida y su ilustración, convenían muy bien con su carácter y sus pasiones. Los incas fueron francos, sencillos, naturales; y su música, como ellos, era sencilla y natural, nada de reglas artísticas ni pomposos efectos, una música compuesta de varios instrumentos irregulares, pero que formaban un concierto de voces apreciables, como sucede con el rondador de nuestros indios, que á pesar de no tener una escala perfecta, no deja de ser agradable al oído, por los intervalos consonantes de que se compone. "Usaban, dice el Presbítero don Juan de Velasco, de especies de órganos ó mas bien zamponas, con mayores y menores flautas de cañas y calabazas que hacen un particular sonido muy agradable: de taquis ó tambores de pieles templadas, para los festines, con variedad de chilchiles,  esto es, de sonajas y cascabeles: de los pingullos, que eran diversas especies de pífanos y flautas de madera, de caña, de hueso y de metal, destinados para los diferentes usos de los bailes, ó de las canciones amorosas, de las tristes ó de las serias: de las trompas asimismo diversas, unas derechas, y torcidas otras, con las extremidades de caracoles marinos, que se oían á gran distancia, y de diversos otros instrumentos, que generalmente los sonaban con destreza, porque la música era una de sus pasiones dominantes."

Probado esto, resulta que los españoles, con sus guerras desastrosas, á causa de una ambición desenfrenada, no pensaron, ni dejaron pensar, en aquello que mas tarde había de ser reclamado por la civilización, condenando todo lo que se había opuesto en su marcha, y servido de obstáculo para su progreso.

Así el Cuybi, la Quena y la Quipa de los incas fueron remplazadas por la corneta española, y los cantos sencillos del templo del Sol y de la Luna, por el ruido de la espada y el estampido del cañon, y no era posible que hubiera habido música entonces, en un pueblo donde no se oía mas que la algazara del soldado inmoral, ni imperaba otra razón que la codicia, y porque la música, la virgen de la armonía, no puede posarse sino en los corazones inocentes, ni hacerse oir mas que como la expresión de los nobles sentimientos que se agitan en el alma: razón por la que estuvo destinada para otra época, para otros tiempos; y para cuando acabadas las disensiones entre conquistadores, se oyó en mas alto grado la voz de la religión, y á cuyo nombre empezáronse á edificar las iglesias y conventos. Si, entonces apareció la música, traída por los religiosos de las órdenes monásticas que venían á establecerse en el país, quienes se dedicaron á enseñar el canto sagrado y el uso de algunos instrumentos de iglesia, como el arpa, el violín y el fagote.

Se dice que el primer Obispo do Quito, señor doctor don García Diez de Arias, trajo algunos músicos españoles para la Catedral, y que estos, tomando á su cargo á algunos indianos, empezaron la enseñanza del violín, la flauta y el obeu, puedo ser cierto; mas por esto no podemos darles el honor de ser los primeros introductores de la música en Quito, por que cuando se fundaron las iglesias, y particularmente la Catedral, las poblaciones eran ya muy numerosas, estaban separadas las razas de blancos, mestizos ó indianos, y el Gobierno había establecido sus leyes, sus autoridades y Cabildos, es decir, que eran ya pueblos organizados bajo los dos poderes, civil y eclesiástico, y que empezaban á ver rayar la luz de la civilización, por consiguiente, estamos persuadidos de que la música fue traída por los religiosos franciscanos, dominicos, agustinos; y particularmente por los jesuitas, una de las primeras corporaciones que se estableció en el país, y cuyos grandes conocimientos en las ciencias y las artes jamás se ha podido desconocer.

Con respecto á los demás instrumentos, como la cítara, el bandolín, la guitarra y el salterio, á quienes ha desterrado el piano, con muy justo título, de los salones, se sabe que fueron traídos por varios aficionados que venían de España, como empleados de gobierno ó como particulares, así como varios músicos pobres que venían abandonando su patria al olor del oro de los incas.

Como aficionados se alcanzó á conocer, en el siglo pasado, á un señor  Ruiz Valverde, diestro flautista, un señor Arauz, comerciante, y buen tocador de cítara, y un señor Darquea, buen tocador de violín.

Esto asevera nuestro concepto, y no es nada extraño, puesto que hasta en la época presente hemos visto á muchos extrameros ilustrados que han profesado el arte, tal como los señores Eguí, que tenía el gusto de acompañar su flauta con la del hábil profesor Rafael Martínez: el doctor Endelicato pianista; y sobre todo los dos Ministros de Francia, Mr. de Mendeville que compuso algunas canciones sobre los versos del doctor Miranda, peruano, y el señor de Sanrobert, violinista, que estableció una sociedad de música en su casa, sin mas objeto que contribuir al adelanto de la música del país.

Así fue dando pasos la música ecuatoriana, hasta principios del presento siglo en que comenzó á mejorar por medio de las escuelas que empezaron á fundarse, y los extranjeros que nos iban visitando; pues, hasta entonces nuestra música no era otra que la de las marchas, sonatas y minués, de muy pobre ejecución, composiciones sin gusto, del sistema antiguo, y enteramente diversas de las que ahora forman nuestro pequeño repertorio.

Por lo que toca al canto llano y canto de órgano, no podemos sino convenir en que estos vinieron perfectos, porque la España que en la música teatral no era muy adelantada, en la religiosa era sobresaliente, á beneficio de otros maestros extranjeros que la habían cultivado, como Cerone, Tartini, Ramau, Kircher &a. y motivo por el que la música española cuenta con un número considerable de maestros de capilla, siendo los mas distinguidos, Carlos Patiño, Juan Roldan, Juan Matías Viana (inventor del bajo continuo) Morales, Duran, y otros que no han sido menos célebres por su talento y habilidad. A la España le queda también la gloria de ser la inventora de la zarzuela, siendo el mejor maestro de este ramo el señor de Gastambide.

Estos son los únicos datos que tenemos de la música antigua del Ecuador, es decir, desde la conquista hasta el año de 1810 en que empezó á organizarse por medio de una escuela teórica y práctica, fundada en el convento de San Agustín por el religioso converso fray Tomas Mideros y Miño de San José.

III

No se puede negar de que la libertad fecundiza los talentos y despierta los sentimientos mas nobles del espíritu, por eso a su nombre se levanta la inspiración, y á su voz nacen las mas bellas y fantásticas creaciones, para formar el cuadro de la gloria y poderío de las naciones. Así, el año de 1809 se oye en Quito el primer grito de la independencia americana, y en 1810 aparece el P. Mideros como fundador de la orquesta, estableciendo una aula de música, á manera de conservatorio, donde se enseñaba el canto y toda clase de instrumentos usados en aquel tiempo.

Si hasta entonces no se había prestado ningún acatamiento al arte y pasaba como un mero oficio mecánico, el P. Mideros, comprendiendo lo que valía, y deseoso de hacer conocer su importancia, abrió un local lujosamente preparado, y con una grande inscripción que decía Aula de música, y al contorno del marco de la puerta la estrofa siguiente:

Música encantadora, don del cielo,

Recreo de la humana fantasía

Y de los males consuelo.

A la vista de esto acudieron muchos jóvenes de regulares familias para dedicarse á la música, adoptándola como profesión ; mas el P. Mideros, suponiendo que no podía ser sino un acto de novelería y deseoso, á la vez, de no verse burlado en sus proyectos, acordó la medida muy prudente de exigir á sus discípulos que tomasen el hábito para continuar con sus estudios, así lo consiguió, de suerte que no pasó mucho tiempo en que logró tener veintisiete religiosos bajo su dirección, y era el mejor gusto del Padre presentarse en los coros acompañado de sus hermanos de hábito.

El P. Mideros, natural de Quito, fue desterrado á Cuenca por la pérdida de un capítulo, y durante los cuatro años que permaneció en esa ciudad, se ha dicho que perfeccionó sus estudios, de un modo privado, con un jesuita español, motivo porque el Padre no era un músico vulgar, sino de grande importancia, puesto que conocía las reglas del buen canto, y en los instrumentos era el único general, como lo acredita los mucho y buenos discípulos que dejó.

Con respecto al carácter de la música enseñada por el P. Mideros, no podemos decir sino que fue el italiano, porque según nos lo ha asegurado un discípulo suyo, el P. Mideros fue educado en su mismo convento por un sacerdote llamado Fray Mariano de la Cruz, italiano de nacimiento y que fue á morir en su pais.

Como las buenas intenciones no pueden producir sino buenos resultados, no tardó mucho en que el P. Mideros llegara á ver el progreso de sus discípulos, y el país contara con una muy regular orquesta, pues aun cuando los alumnos acabaron por abandonar el hábito, no por eso dejaron el arte, y por lo contrario, conservando siempre el respeto para con su maestro, llegaron á ser los mejores profesores de entonces.

Alcanzamos á conocer á un Juan Bastidas, buen violinista, á un Ignacio Miño, de igual mérito en el violín y el mas diestro de los organistas, á un Manuel Checa, buen arpista, que conocía algo de armonía y murió de maestro de rudimentos del actual conservatorio; y á un religioso Fray Francisco Fraga, primer tenor de la Catedral, y diestro profesor de canto llano, quien en sus últimos años se dio por desgracia á la embriaguez, razón por la que era reprendido constantemente de sus prelados  pero tenia tal convencimiento de su saber, que una vez que lo reprendieron con demasía les dijo : "castíguenme ustedes, porque ahora soy desgraciado, pero sepan que el dia que yo muera tienen que quemar todos los libros del facistol." En efecto, del P. Fraga murió en 1840, y los libros no se volvieron á abrir por mas de veintitrés años, hasta cuando el señor García Moreno trajo á los reformadores italianos, quienes los han vuelto á poner en uso; pero nunca con la gracia ni la maestría del discípulo del P. Mideros.

Fraga no fue un cantor común, conservamos un cuaderno de sus estudios, y por lo que hace á su voz, era clara y sonora, y sobre todo muy bien sacada, sin que se dejara notar esa diferencia empalagosa que resulta al tiempo de pasar de la voz de pecho á la de cabeza, lo que prueba que había hecho un buen estudio de la voz médium que tanto aconseja Panceron.

La imprudencia es un delito que debiera castigarse, por los malos resultados que produce; pues si los prelados del P. Fraga hubieran sido mas cuerdos, lo hubieran proporcionado discípulos, mejorando su condición aunque fuera dentro del claustro; y Praga habría trasmitido sus conocimientos, y el país no hubiera carecido por tanto tiempo de un ramo tan importante para la música religiosa.

De todo lo expuesto resulta que la música sangrada tuvo muy buenos profesores, y que solo la profana andaba descarriada y sin tener un asilo á donde refugiarse; y por eso es curioso ver como ha llegado hasta nosotros el uso de dos músicas opuestas, la música indiana y la música de los españoles  y no era de creerse que en un país donde no se había adoptado mas que una sola religión, una sola ley y un solo idioma, se hubiera adoptado también un solo gusto por la música? pues no fue así, las pasiones estaban encontradas, los sentimientos eran diversos, y, por supuesto, mientras los europeos, llenos de satisfacción, daban al aire sus tonadillas y boleros, los indianos, desposeídos de su propiedad y abatidos con el recuerdo de sus padres, lloraban en las cabañas, manifestando su pena al son del pingullo y del rondador. Y he aquí el origen del yaraví, de esa música natural como la del tiempo de los patriarcas, y que ha disputado á la europea, no por su perfección, porque nada tiene de perfecta, sino por el amor con que ha sido recibida y conservada por el pueblo.

El yaraví no tiene nada de fantástico ni hermoso, por lo contrario, es tan natural y sencillo como un suspiro, y falto de reglas músicas; no es mas que la repetición de dos ó tres frases melódicas, de donde resulta la monotonía, por un solo tiempo, y sin mas novedad que unas pocas notas que se alteran para variar la expresión; pero lo cierto es, que para el quiteño no hay mejor música de corazón que el yaraví, con él llora ó se divierte; y entre el yaraví y una ópera italiana, él está siempre por la música de su país; y no le falta razón, porque es la música de sus padres, se ha connaturalizado con ella desde la infancia, y parece que sus acentos melancólicos eon aun los vínculos del amor para con su patria.

Hay algunos que por darse de ilustrados, y sin saber en lo que consiste su demérito lo desprecian ; pero esto no prueba sino que obran por lo que oyen á los extranjeros, para quienes es justo el desagrado, en razón de haberse educado con las músicas de Ayden, de Beethoven y Mozart.

La música produce sus efectos según el carácter y situación del que la escucha, por eso su influencia es igual en el grande como en el pequeño, en el rico como en el pobre, y cada uno se goza con ella, según el grado de civilización en que se encuentra. De donde resulta que uno se complacen con las arias y las sabatinas de las óperas en que se representa un argumento histórico ó de civilización, mientras que otros lloran ó bailan con los arpejios del arpa ó los acordes de la guitarra. Siendo iguales los efectos  por qué echar al desprecio una música original de América, que si carece de las reglas científicas, no deja por eso de ser un documento que acredita  -la verdad de nuestra historia y la condición á que fueron reducidos nuestros antepasados

No hay duda de que ella irá desapareciendo con el tiempo y la civilización, porque las leyes del talento triunfan siempre sobre los caprichos y las costumbres; pero mientras tanto tienen su mérito y no solo para con los nacionales, sino también para con los extranjeros ilustrados que la buscan y la solicitan.

En 1865, llegó á Quito una comisión científica de España, y entre las muchas curiosidades que recogió, el señor Marcos Jiménez de la Espada, me mandó coleccionar todas las melodías indianas y populares, para llevarlas al museo de ciencias naturales de Madrid, quien, al despedirse, me dijo: "Le suplico no olvide de enviarme todo lo mas que U. pueda recoger, porque quiero que el museo no carezca de estas reliquias sudamericanas."

Si la España soberbia y antagonista nuestra no se ha desdeñado de guardar en su museo la música  de nuestros indios por qué nosotros nos empeñamos en despreciarla? ¿Somos acaso tan ignorantes ó injustos, para aborrecer lo que es propio por amar lo que es ajeno?

 

 IV  

 

Al hablar de la Escuela reformadora del P. Mideros, como la mas ordenada y perfecta, no debemos olvidar de otras particulares que se siguieron, coma la de don José Miño, pariente del P. Mideros, del religioso franciscano Fr. Antonio Altuna, y la de don Crisanto Castro, todos discípulos del P. Fr. Francisco de la Caridad, también franciscano, español de nacimiento, y músico de muy vastos conocimientos.

Establecida que fue la Escuela del P. Mideros, el P. Altuna abrió también la suya; pero no con las formalidades de la primera, ni tan general en estudios, sino puramente de las clases de órgano y canto llano, ramos en que dejó discípulos de no poca consideración, como Fr. Mariano Vaca, religioso de la misma orden, y Fr. José Viteri, religioso agustiniano, quienes conservaron la enseñanza, en sus  respectivos conventos, hasta hace pocos años en que fallecieron.

Habiendo visto el como se formaron algunos músicos, á consecuencia de. las escuelas fundadas en los conventos y otras particulares, nos corresponde saber los estudios que hicieron y en lo que se distinguían.

Por lo que lo que hace al órgano el conocimiento del bajo numerado y en el acompañamiento de los cantos religiosos, nada tenemos que decir; pues aun cuando parece que sus estudios no los hicieron de un modo muy artístico, el resultado es que, con la práctica se hicieron tanto á la cifra del bajo de órgano, que después de ellos no hemos vuelto á tener organistas iguales.

Hemos buscado con empeño los sistemas que siguieron y los métodos que usaron, y no nos ha sido posible conseguir mas que una cartilla manuscrita del P. Mideros, dividida en once elementos, y en la que no se habla mas que del número de las voces, sus alteraciones por medio de los sostenidos, bemoles, puntillos y becuadros, de las aspiraciones, tiempos y términos; y esto sin dar una explicación clara, capaz de que pudiera ser entendida por el discípulo; pero todavía esta es mejor de otra que he visto mas antigua, é incapaz de poderse entender por su lenguaje oscuro y un tecnicismo casi diverso del que ahora usamos, pues parece que mas bien se valian del dibujo para la enseñanza, puesto que hemos encontrado una mano dibujada, y en toda ella escritas las voces musicales, y particularmente en las  coyunturas de los dedos.

Según sabemos, ninguno de los músicos de entonces hizo su estudio por un método conocido, como lo hacemos ahora, todo por el sistema de ejercicios, si no que después de aprender los rudimentos se pasaba, al solfeo, por tres ó cuatro años, hasta amaestrarse en el compás, la repartición de figuras, el uso de todas las claves, y conocimiento de los términos, y después al instrumento, empezando por cuatro ó seis escalas diatónicas, luego por un minué y después por una marcha &a.  hasta ir mejorando la ejecución á beneficio del tiempo y de sus  propios esfuerzos: mérito recomendable, porque sí ahora tenemos doctrinas y métodos  que todo lo facilitan y lo aclaran, ellos careciendo de esto, todo lo debieron A su constancia y consagración, y muy especialmente al largo tiempo que hacían de solfeo; estudio indispensable para formar buenos profesores, y porque el solfeo educa el oído del discípulo, resuelve las dificultades de la teórica, perfecciona el compás, despierta el gusto y le acostumbra á la modulación de los términos mayores y menores.

Sin el estudio del solfeo no puede haber músicos, habrá ejecutantes, pero nunca buenos profesores, porque no es lo mismo ejecutar ignorantemente lo que se ve escrito, como entender para lo que vale esa escritura, y saberla aplicar á otras voces y á otros instrumentos; y finalmente conocerla de un modo inteligente para usarla cuando convenga, y en los casos diversos en que necesita. El ejecutante es un músico sin alma, sin corazón, una especie de máquina destinada á traducir puramente las voces que están escritas, y eso, talvez, sin carácter ni sentimiento, al paso que el profesor es perfecto, y por profesor se entiende el que posee un ramo de cualquiera ciencia ó arte, con el conocimiento de todos los estudios inherentes á la parte á que se ha dedicado, motivo que hizo decir á Iriarte en su poema "La música".

Porque en muchos la música no es ciencia,

Sí fruto de mecánica experiencia.

La música se estudia de tres modos, por rutina, para profesor y para artista. Al primero le es suficiente el conocimiento de la nota, para á fuerza de estudio, llegar á ejecutar con destreza lo que se le da escrito: al segundo corresponde las reglas de los acompañamientos y las diversas combinaciones á que se presta su instrumento, para poderlas escribir y dirigir la enseñanza; y al tercero, el conocimiento general de todos los instrumentos de las voces humanas, y la parte científica del arte para dirigir toda clase de música y escribir sus pensamientos de un modo original, lo que en Europa se llama maestro.

Aquí, por desgracia, no se ha hecho esta distinción que tanto conviene para estímulo de los artistas, sino que á todos se los reputa iguales, á todos se llama músicos, y el grado de su  mérito y sus conocimientos no depende sino de la voluntad del mas charlatán. ¿Y qué dirán estos si vieran presentarse en Quito á un Dalambert, un Angelieri y un Mercadante, reclamando el puesto de grandes músicos y sin sabor tocar mas que unos pocos acordes en el piano? Les dirían torpes, chambones, mentecatos. ¡Qué sacrilegio! los insultados serian, Dalarubert uno de las notabilidades músicas de París. Angelieri, el primer maestro de piano del actual Conservatorio de Milán, y cuyo discípulo fue el sin par Adolfo Fumagali, y Mercadante uno de los inmortales compositores de Europa, que va en línea recta con Rossini, Meyerbeer y Donizzeti, por eso ha dicho bien un escritor americano, que criticar lo que se conoce es hacer justicia, pero hablar de lo que no se entiende es un atrevimiento.

 

V.

 

Después de convenir en que el mucho estudio del solfeo dio por resultado algunos profesores, digamos de una vez, que conocieron los instrumentos, mas no las reglas de armonía ni composición, motivo por el que fue bien recibido y empleado en la catedral, con ochocientos pesos de renta anuales, el español don José Celles.

Este señor no fue, desgraciadamente, un buen músico, capaz de estimular y mejorar la condición de los quiteños, sino un mediano repartidor de orquesta y profesor de trompa: uno de esos que, en vez de dejar gratos recuerdos en el país que visitan, saben solo aprovechar de las circunstancias para hacer fortuna, por eso el señor Celles tomó un sueldo adelantado, abrió muy buenos créditos y se mandó mudar el día menos pensado. No obstante esto, los músicos inteligentes, le aprendieron el modo de instrumentar,  aunque con algunos vicios, tal como el uso de las quintas y -octavas seguidas, y falta de canto y resolución de las notas, en las partes acompañantes, defectos que se conservan hasta ahora y que aun falta que corregirlos.

Si con la aparición de Celles se pudo conocer gran parte de la instrumentación de orquesta, la de la mágica militar se reservó para mas tarde, porque esta clase de música fue enteramente desconocida en el país, hasta el año de 1818 en que se oyó sonar por primera vez con la venida del batallón Numancia; y después con la de los  ejércitos  libertadores de Colombia: razón porque todas las bandas, posteriormente creadas en el Ecuador, han sido dirigidas por extranjeros, de modo que hasta Loy no se cuenta mas que cuatro directores nacionales, siendo el primero el joven Concha, natural de Guayaquil, cuyos trabajos han  sido respetados de muchos extranjeros, tanto por lo armonioso y variado de los acompañamientos, como por el gusto con que solía aplicar el canto á los diversos instrumentos.

 

A pesar de que el historiador Garcilazo asegura que la música militar fue conocida desde el primer siglo de la conquista, cuando dice que Gonzalo Pizarro era el que mejor música tenia en sus ejércitos, nosotros estamos en el deber de negarlo, porque, para que existiera una banda militar, por mala y pequeña que fuera, era preciso de que esta se hubiera compuesto de algunos instrumentos de madera ó de metal, como flautas, obués, clarinetes, trampas, bajos, barítonos, trombones &a. instrumentos que, á mas de ser descubiertos, los mas de ellos, después de la conquista, ninguna tradición nos han dejado en el pueblo, ni los otros historiadores nos dan una idea sobre la clase de instrumentos que primero se conocieron en el reino de Quito; de donde resulta que la música de Gonzalo Pizarro pudo ser compuesta de cornetas, mas no de instrumentos verdaderamente músicos, y que si acaso la hubo, seria en el  Perú, y no en Quito; pues habiéndola habido aquí, no dudo de que se hubiera generalizado alguno de ellos: por lo contrario, nuestros mayores nos aseguran que los instrumentos de metal jamás fueron oídos hasta la venida de Numancia. ¿Ni quien puede persuadirse de que Pizarro, Cepeda, y otros de esta clase, hubieran estado para formar bandas músicas, cuando no pensaban sino en asesinarse y pelear, para adueñarse del poder y disponer á su antojo de la suerte y la riqueza de los indios? Ellos tendrían sus cornetas; pero no música, y la corneta no es un instrumento perfecto, es el mas pobre de notas, porque no cuenta mas que con tres voces propias, que forman dos terceras asaltos y un equísono: notas con las que no puede darse una perfecta entonación, y menos usar de los semitonos cromáticos para la variación de los términos menores. Así, quedamos convencidos de que no hubo música militar en el reino de Quito, hasta el año de 1818 en que se la oyó por primera vez.

 

Ya que nos hemos ocupado de las bandas militares, confesemos que todos los gobiernos que han seguido al del General Juan José Flores, que fundó la República del Ecuador, no han dejado de contribuir por su parte para la conservación de las bandas militares, bien es que no lo han hecho con la sana intención de fomentar el gusto ni las disposiciones del pueblo, sino mas bien por vanidad y lujo de sus ejércitos; pero el resultado es que se ha adelantado en el ramo, y que hoy podemos decir que tenemos música militar, y según nos han asegurado varios profesores extranjeros, mucho mejor que la del Perú, Chile,  Bolivia y Venezuela.

 

VI.

 

Cuando dijimos que los ecuatorianos eran recomendables por su genio especial para las artes, no se crea que es un exceso de patriotismo ó una opinión aventurada la mía, es una verdad probada desde tiempos muy atrás, y justificada por el voto imparcial de los extranjeros que no se desdeñan de aplaudir, diariamente, las felices disposiciones con que la naturaleza ha favorecido á los hijos de los Andes.

"Para ustedes no se hizo la política ni la guerra, dejen que lo sean los venezolanos y granadinos, me decía una noche el sabio Rodríguez [el ayo de Bolívar] lo propio para ustedes son las artes y la industria; y no se crea por esto que son desgraciados, porque la riqueza que tiene su origen en la inteligencia es la más grande y duradera de todas."

Así, no ha habido quien desconozca el mérito artístico de los ecuatorianos, ¿ni quien puede desconocer, cuando casi no hay un solo punto de la República que no haya dado un genio para las ciencias ó las artes?  Guayaquil, Cuenca, Riobamba, Ambato, Ibarra, Latacunga, Quito. Todos, todos tienen sus hombres célebres dignos de formar una galería de personajes ilustres y de enorgullecemos con su nombre, porque parece que el ambiente ecuatoriano ha sido embalsamado por los dioses, ó destinado para ser la mansión de la elocuencia, la poesía, la pintura, la escultura y la arquitectura; de aquí es que en todas partes lucen las obras célebres y en todas partes tenemos música.

Entre los pueblos del Ecuador, el que mas ha sobresalido en esta arte, después de Quito, es la ciudad de Cuenca, donde parece que sus hijos están llamados á ser buenos artistas, puesto que sin mas escuela que la del buen gusto, y los pocos extranjeros que la han visitado, han podido desempeñar como profesores y distinguirse en la música de soplo. Si los cuencanos hubieran conocido las reglas habrían tenido compositores, porque no les falta disposición, y, sobre todo, mucho amor por los sonidos; y aun á pesar de esto, ellos escriben, y algunos pensamientos los han dado ya á la estampa, como el "Álbum musical" de Ascencio Pauta, que lo mandó imprimir en Europa el señor García, Moreno. Esta obra que no es mas que el arranque del genio y una, música espontánea, tiene varios defectos; pero no por eso debemos calificarla de enteramente mala, puesto que los temas no desagradan, los episodios no desvirtúan el carácter, y el conjunto de la primera pieza tiene alguna novedad.

Uno de los que contribuyó para mejorar la música de Cuenca fue el doctor don Antonio Soler.

El doctor Soler, natural de Sevilla, llegó á Cuenca en 1797, con el empleo de Tesorero de las cajas reales de aquella ciudad, hombre de buen carácter y educación esmerada, con lo que logró conquistarse el aprecio de todos los que tuvieron la felicidad de conocerle.

El doctor Soler había estudiado la música junio con la Jurisprudencia; pero sobresalió mas por el lado de La armonía, y como hombre de ideas y de corazón llego á ser el dominador de la guitarra.

Soler renunció por tres  ocasiones su destino, con el objeto de volver á su país; pero la suerte quiso que no lo hiciera á consecuencia de sus enfermedades, hasta que Bolívar, conociendo su mérito, como hombre y como artista, le ofreció su amistad y lo dejó en el país, no como al empleado de sus enemigos, si no mas bien como á uno de los ciudadanos útiles de Colombia, motivo por el que permaneció en Cuenca hasta el año de 1851 en que murió, dejando por discípulo al célebre Miguel Espinosa (alias el Leuco) quien nos ha dejado también un hijo suyo, muy hábil para el misma instrumento, y que pudiera pasar como concertista de guitarra en cualquier otro punto de Sudamérica.

Con respecto á las demás provincias, fueron los discípulos del P. Mideros los que hicieron algo en favor de la música de esos pueblos, como Mariano Jurado, (alias el Callito) buen cantor y buen arpista, el que adelantó la música de Riobamba, Trinidad Morales, que aun existe, la de Latacunga, Cayetano Barahona la de Ambato y Francisco Paz la de Ibarra. Guayaquil debía ser el país mas adelantado en el arte, por la concurrencia de tantos músicos extranjeros y la existencia del único teatro con que cuenta la República; pero su posición geográfica no le da lugar para pensar en las artes, si no puramente para dedicarse al comercio; no obstante, el bello sexo lo ha comprendido y entre las señoras se hallan muy buenas pianistas.  

VII  

Establecida la orquesta en Quito desde el año de 1810, como dijimos antes, empezó el choque entre los músicos antiguos y modernos, por que sí los primeros carecían do buena instrucción, los segundos, orgullosos de pertenecer a una escuela mas adelantada, no querían confundirse con los otros, de lo que no dejaban de tener razón, porque loa antiguos eran casi memoristas, mientras que los modernos estaban reunidos y se ejercitaban en el repertorio de música española, y algo de italiana que el Padre se había podido proporcionar; mas estos caprichos ocasionaron grandes disgustos al P. Mideros.

En 1811, , el Cabildo eclesiástico convoca á examen á los músicos para proveer el destino de maestro de capilla de la Catedral, y siendo los opositores los religiosos Mideros y Altuna, el segundo, conociéndose inferior al primero, tomó la medida de unirse á los enemigos de Fray Tomas, para estar de acuerdo con los examinadores que precisamente debían ser los empleados de dicha iglesia, como que en efecto lo fueron Andrés Santacruz, Gregorio Grijalva y Francisco Suárez, quienes, llegado el momento, procedieron con la vileza de gente que en vez de obrar por su conciencia, busca el desquite de innobles pasiones en la ocasión mas oportuna; por eso, mientras el P. Mideros se presentó con la dignidad y señorío del hombre de conocimientos, y para probar que era digno del puesto que solicitaba, puso por delante todos los instrumentos que conocía, para que se le examinara sobre el que se tuviera por conveniente, el P. Altuna descansaba tranquilo, esperando en la promesa de sus amigos y en el influjo de algunos canónigos que se hallaban comprometidos.

Por esto fueron vanos todos los esfuerzos del P. Mideros, puesto que los examinadores, llevando á mal lado el examen, desconcertaron el acto con preguntas ambiguas y otras que no venían al caso; y, finalmente, fallaron en favor del P. Altuna, Clamorosa injusticia, en la que so vio, claramente, triunfar el favoritismo sobre los conocimientos, y motivo por el que el P. Mideros, se resolvió á cerrar su aula de música y á abandonar la profesión; pero, felizmente, se empeñaron sus prelados y amigos y, haciéndole presente la suerte que correrían sus discípulos, lograron hacerle desistir de la idea.

Justo era el sentimiento del P. Mideros, porque solo una grande virtud ó una buena filosofía pueden sobreponerse á las exaltaciones del amor propio, en esos momentos en que el hombre de honor ve mancillarse, injustamente, el mérito de su buena reputación. Por otra parte, á nadie mas que al P. Mideros correspondía el destino en disputa, en virtud de ser el músico de mas variados conocimientos y el que mas pruebas había dado acerca del canto y de la música de orquesta; y porque el puesto de maestro de capilla de una Catedral no es el lugar que debe de ir a profanarlo un músico adocenado, si no que es el último grado á donde ascienden los verdaderos artistas, porque bajo de su dirección se encuentran desde el último de los cantores hasta el mas sobresaliente profesor, y tanto la música sagrada como la profana, dependen de su talento y de su pluma; y de aquí es que en Europa, y particularmente en Alemania, los maestros de capilla han sido los mas eminentes músicos, como José Eybler y Estévan Fraux, de la capilla  imperial  de Viena, Juan Gambache (compositor) de la iglesia Metropolitana de San Estévan, Hummel, de la capilla de la Corte del gran Duque de Weimar, Sehneider, de la iglesia principal de  Moelli &a. Y los españoles no fueron menos hombres en este particular, porque para obtener un destino en la Catedral de Madrid, en la capilla real ú otras iglesia, solían hacerlo por medio de un público y riguroso examen, de cuyo resultado dependía su aprobación.

En Quito so observaba lo mismo, hasta hace pocos años en que tuvimos el gusto do asistir á algunos exámenes; mas ahora vemos que, con mucha facilidad, se toma á cualquier zote de la calle y so le da un puesto en el coro de la Catedral. Este proceder nos avergüenza, nos afrenta, porque aquello quiere decir que en la capital de la República, no hay profesores aptos, ó que se trata de hacer una escuela de memoristas, contrariando así el objeto del Gobierno y despreciando los estudios que se hacen en el Conservatorio.

La intención con que se fundó este lujoso Establecimiento no fue otra sino el de mejorar tanto la música sagrada como profana do la República, y he aquí el art. 2° del decreto de S de febrero de 1870.

La enseñanza de la música sagrada y profana es gratuita y se dividirá en seis clases.

1a clase preliminar............................Solfa

2a clase.............................................. Canto

3a ........................................................Piano y arpa

4a ........................................................Instrumentos do arco

5a .........................................................Id. de viento

6a clase superior...............................Órgano, armonía y composición.

Lo que prueba que la fundación del Conservatorio tuvo por objeto el perfeccionamiento  del arte y por consiguiente el realce de los profesores, siendo los conocimientos el verdadero título con que debieran distinguirse en adelante los artistas.

VIII.

Si con el nombramiento del P. Altuna se cometió un delito, con la muerte de este se hizo una justicia, colocando en su puesto de maestro de capilla á don Crisanto Castro, el  año de 1816, buen tenor y hábil violinista, y, sobre todo, de mucha chispa para la composición, como lo prueban los buenos cantos que escribió, y entre los que sobresalió el del Te deum   lawlamus.  Composición grave y majestuosa, y que no deja de infundir respeto por la Divinidad á quien se dirige.

El tiempo, que está encargado de la mejora de los hombres y las costumbres, fue presentando nuevos motivos de adelanto á la música ecuatoriana; por eso, si basta el año de  16 no se había hecho uso mas que de la música española y algo de la italiana, desconociendo el carácter de la alemana y francesa, desde entonces, hasta el año de 56, hizo una marcha rápida y progresiva, á consecuencia de los buenos artistas y profesores que nos iban visitando. Así, lo primero que asomó en Quito, entre los años de diez y ocho á veinte, fueron el señor Zapuch y su mujer, cantores de ópera, y cuyas funciones se dieron en el teatro del Colegio de San Fernando, que hoy es el convento de las monjas de los Sagrados corazones.

A fines del año de 1832 vino una compañía dramática española, la que fundó el teatro en un salón del convento de los antiguos PP. Jesuitas, que trajo dos cantores, Madama Juliana y el señor Salgado, y tres músicos peruanos, dos violines y una trompa, los que unidos á los músicos quiteños formaron una muy buena orquesta.  Orquesta que hizo decir al Director Villalva: "Si hubiera sabido que había buenos músicos en Quito, habría economizado los gastos que he hecho en los profesores quo he traído."

Todo esto venia ya en honra de los profesores nacionales; pero no se crea que ellos esperaban tan solo de la aparición de los extranjeros para adelantar,  eran hombres de honor y de aspiraciones, y por consiguiente, no dejaban de hacer sus estudios particulares y muchas veces simultáneos, motivo por que se estableció una competencia entre los religiosos Viteri y Vaca, maestros de capilla de San Agustín y San Francisco. Competencia muy favorable para el arte y de gratas satisfacciones para el país, puesto que cada uno de ellos, y á cual mas entusiasta, se empeñaba en llamar la atención del público en todas las funciones religiosas, y particularmente en las vísperas y fiesta de su Patriarca; para lo que se proporcionaban de la mejor música posible.  ¿ Y quién no esperaba con ansia los días tres y cuatro de octubre, y veintisiete y veintiocho de agosto? Las personas mas notables é ilustradas del país, y una gran parte de la población se agrupaba en el coro y las naves de la iglesia, para satisfacerse con las magníficas piezas y los variados cantos, tanto de los músicos como de la comunidad, y he aquí una función solemne en la que cada uno de los profesores procuraba hacerse más relevante en el uso de sus instrumentos, y por el mérito de su habilidad.

Pero el triunfo estaba siempre del lado de los agustino, porque el religioso Viteri se había relacionado con don Manuel Bañon, buen maestro extranjero que se hallaba en Lima, quien le proporcionaba de las piezas  mas nuevas y acomodadas al caso.  Por otra parte el P. Viteri tenia de su lado al religioso Fraga que, como vicario de coro, se esmeraba en pasar los mejores cantos á la comunidad.

IX

Si hasta aquí vemos que hubo ganado algo la música quiteña, con la venida del señor Alejandro Sejers dio un paso mas    hacia  la perfección.

Sejers gran profesor  de violín, llegó á Guayaquil á fines de 1838, mas bien como viajero que como artista, pues tanto por su carácter, como por las condecoraciones que llevaban consigo, se hacia ver que no era un músico vulgar, sino que había venido por conocer el nuevo mundo y tomar algunas vistas de pintura, como el decía. Sejers pintaba al óleo, y durante su permanencia en Quito, continuó sus estudios con nuestro malogrado y original artista Ramón Salas; mas el Gobierno del general Flores, deseoso de que adelantara la música del país, comprometió a Sejers y le señaló una buena pensión para que estableciera una sociedad en la capital de la República, la que después de poco tiempo, empezó á mostrar sus adelantos, por medio de públicos y magníficos conciertos que los daba a beneficio de las casas de beneficencia.

Si Sejers  hubiera continuado la enseñanza, siquiera por ocho años, no dudo de que   á  la presente, el Ecuador, habría sido el lugar mas prominente en  música, entre todos los pueblos de Sudamérica, un país algo parecido á Milán, donde se forman las orquestas, las compañías de canto y los profesores para toda clase de instrumentos; y, por último, de donde salen los directores para las iglesias y los teatros.

Nosotros no habríamos sido tan felices, ni tan grandes; pero sí se habría mejorado la música de toda la República, y quizá á la presente tuviéramos algo de una música original de América, lo que no es poca dicha aun entre las naciones civilizadas.

La fuente de la música es la Italia, de esas aguas bebió la Alemania y ahora tiene su música especial, seria y filosófica como su carácter; y la Francia también bebió, y su música es alegre, fantástica y variable como la política de los franceses ¿Y la España? ¡Ah! ella tiene también la música andaluza que, como el genio de sus hijos, no deja de ser alegre y burlona.

Si la música es la palabra de los pueblos, con que cuentan sus penas y sus goces; y por medio de su carácter se conoce el estado de civilización en que se encuentran. ¿Por qué la América, la parte mas bella y mas hermosa de la creación, no ha de tener palabra ni sentimiento, para decir al tiempo y á las otras naciones, lo que es en su vida de ventura ó de sufrimientos?, y aquello de originalidad en la música no es difícil, porque los americanos somos hombres, dotados de alma y corazón para sentir, lo mismo que los europeos; y particularmente á los ecuatorianos no les falta talento para lo bello, y por eso hasta la naturaleza que habitamos es un sublime panorama que nos inspira, que llora y se sonríe, que nos alegra y espanta. Y cuales el hombre, por mediana inteligencia que tenga, que no se sienta arrebatado á la vista de nuestros siempre verdes paisajes, de la choza histórica de los indios, de la eterna nieve de las montañas, de los valles, colinas y cascadas; y por último, á la presencia aterradora del cráter de los volcanes?

Bolívar ¡el Libertador de Colombia! no pudo detenerse á la vista de los encantos de   esta naturaleza joven, y por eso, dejando por un momento de ser héroe quizo Ocupar el puesto de los artistas, y subió al Chimborazo y, con el lenguaje de los mejores poetas, habló al tiempo y cantó las maravillas de la creación. Llego como impulsado por el fuego que  me  animaba y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento y con mis pies los umbrales del abismo: un delirio febril embarga toda mi mente y me siento como encendido de un fuego extraño y superior. Estas fueron las palabras del héroe, cuando conducido por el genio de las artes, penetró en la mansión de las mas bellas y fantásticas ilusiones.

El Ecuador ha sido siempre la patria de la inteligencia y del sentimiento, y por eso sus  hijos no han podido menos que ser poetas, músicos y pintores. El Ecuador no es mas viejo que las otras repúblicas de Sudamérica, y el Ecuador tiene ya una lista de artistas célebres para colocarlos en el templo de la inmortalidad. Olmedo, Miguel de Santiago, Goríbar, Chil, el P. Mideros y otros tantos, y esto es sin contar con un gran número de literatos, teólogos, geógrafos, médicos y jurisconsultos, á quienes solo la corriente de las revoluciones ha podido dejarlos en el olvido.

Nuestra condición no ha de ser siempre la misma, vivir de esperanzas y desengaños; algún dia ha de tener término las aspiraciones políticas y las venganzas de partido que tantos males ha causado á la humanidad; y entonces tendremos que arrepentimos de no haber honrado el mérito de nuestros hombres, ni haber visto con tiempo las ventajas que pudiera reportarnos el trabajo.

Si dejáramos un poco el camino áspero y escabroso de la política, dando al pueblo una libertad fundada en la virtud y el trabajo, y respetáramos, sobre todo, el mérito del honor y del talento, veríamos que nuestro pueblo no había nacido para ser pobre ni la burla de los gobernantes, sino un pueblo noble, artístico é industrial.

Si Sejers hubiera continuado con la enseñanza no hay duda de que el arte se habría ennoblecido; pero se le despreció, se le insultó, y el artista tuvo que abandonar el país después de solo un año y nueve meses de permanencia.

Llamado un día, Sejers, por un personaje del país, lo recibe en el corredor y le dice, mañana tenemos un baile en casa y quiero que U. venga á lucirse con su violín; yo había visto otros músicos; pero mi familia quiere que U. venga, y por lo que hace al precio no habrá tropiezo. Señor ¿U. ha estado en Europa? le respondió Sejers. No, le dijo el personaje, no me he resuelto á viajar: pues con razón trata U. de esta manera á los hombres como yo, repuso el artista, y tomando inmediatamente la escalera salió de la casa. Este fue un motivo mas que suficiente para que al segundo día se publicara una hoja suelta contra Sejers, y acusando al Gobierno de pródigo para con un músico. Vista que fue la publicación por el artista, mandó acto continuo su renuncia y determinó su viaje para  dentro de cuatro días. El Señor Doctor D. José Modesto Larrea, hombre noble y generoso, que sabia estimar las habilidades del pueblo, sabedor de esto, se acercó á Sejers y después de suplicarle para que retirara la renuncia le ofreció un doble sueldo de su peculio, á lo que Sejers no accedió, haciéndole presente que convenir con la propuesta era probar que lo hacia por interés, y no por amor al arte ni por el cariño que había cobrado á los quiteños.

Esta fue la causa porque Sejers abandonó el país, dejando en su puesto de Director de la sociedad al joven Agustín Baldeon, que en tan poco tiempo había llegado á tocar casi tanto como el maestro.

Sejers tuvo la satisfacción de ser recordado con gratitud, no solo de Baldeen, sino de otros muchos que habían aprovechado de sus lecciones, como Nicolás Avila que le seguía en el violín á Baldeón, y el mas diestro en el violoncello, y un Rafael Martínez flautista, cuyo nombre se conserva aun en la memoria de los quiteños.

Con respecto á Baldeón no diremos nada, porque basta saber que fue el elegido de su maestro para que le sucediera en el puesto de Director, y que las composiciones que ha dejado le recomiendan no solo como á profesor sino como artista.

Martínez, discípulo del P. Vaca, llegó á perfeccionarse tanto con Sejers, que después no ha habido quien le oiga sin admirar la gracia y la maestría con que solía arrancar los delicados acentos de su flauta, y sin que se dejara notar los cambios de respiración, ni los golpes de lengua con que otros suelen desfigurar el carácter de la pieza. Su ejecución era tan segura y franca, que, después de probar su destreza se hacia mas apreciable por la dulzura y  sentimiento con que desempeñaba su papel: condiciones que lo distinguieron tanto hasta condecorarlo en la pública exhibición de 1857. Martínez fue un excelente profesor ; pero lleva la mancha del egoísmo, porque intencionalmente no quiso dejar un discípulo que le sucediera.

Con esta especie de músicos continuó la sociedad de Baldeon desde enero de 1840 hasta el año de 1847, en que llegó á desorganizarse con la muerte del Director, y con la ausencia de otros no menos importantes. Mas los pocos que habían quedado, comprendiendo lo ventajoso de la asociación, y deseosos de no rebajar el arte, volvieron á reuniría con el nombre de Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia, la que se conservó hasta el año de 1858 en una celda del convento de Santo Domingo y bajo la dirección de Miguel Pérez, también discípulo de Sejers.

En esta época fue visitada la Sociedad por el señor Inocencio Peregrini, su mujer, y el magnífico pianista chileno, don Santiago Aiti, quienes dieron algunas funciones en el teatro, acompañados de la Sociedad Filarmónica, y no con poco crédito ni concurrencia del público.

Después de estos, hemos tenido el honor de tratar á muchos pianistas de gran mérito, como los señores Sipp, Coester &a. ; pero los mas recomendables y útiles para nosotros han sido don Antonio Neumane y don Manuel Zaporta. El primero, establecido por mas de veinte años en Guayaquil, perfeccionó las bandas militares, dejó buenas discípulas de piano, compuso el Himno Nacional de la República y fundó el Conserv.atorio de música de esta capital.

Neumane apareció en Guayaquil dirigiendo una Compañía lírica, el que, por su carácter suave y sus maneras cultas, llegó á granjearse el aprecio general de toda esa ciudad, hasta constituirle por su patria adoptiva. Después de tanto tiempo de permanencia, vino por conocer Quito, traído por la Compañía de don Pablo Ferreti, á fines del año de 1869. Mas el Presidente de la República, don Gabriel García Moreno, que tenía ya en su mente la idea de fundar los colegios de artes, comprometió a Neumane con el sueldo de cuatro mil pesos por año y le puso a la cabeza del Conservatorio el 3 de marzo de 1870, día en que empezó los trabajos este Establecimiento.

Neumane fue uno de esos artistas prominentes que se hacen dignos del amor y del respeto por el mérito particular de su talento, por eso, no bien hubo llegado á Quito, cuando ya fue el distinguido de las matronas y el amigo de la juventud, y razón por la que en su larga enfermedad fue asistido de la estimable y virtuosa familia del General Flores; y en su muerte seguido de una gran parte de la población, que manifestaba su profundo sentimiento al son de las marchas fúnebres de las bandas que acompañaban al cadáver. Neumane murió el 3 de marzo de 1871.

Para conocer el mérito artístico de Neumane vasta ver  su Himno Nacional, y saber que aquella composición armónica y maestra la trabajó en una noche, porque habiendo recibido por correo una copia del Himno aprobado por el Congreso de 60, escrito por otro profesor extranjero que se hallaba en Quito, dijo a sus amigos de Guayaquil: "Nadie mas que yo conoce el carácter de los ecuatorianos, y yo que amo tanto este país como al de mi nacimiento, soy el llamado para componer su Himno Nacional, mañana á las doce del día lo oirán ustedes en el teatro ;" y en efecto, al día siguiente, a las dos de la tarde, resonaban, en medio de una numerosa concurrencia, los pensamientos de Neumane, acompasando las dulcísimas palabras del poeta Mera. "Salve, oh Patria, mil veces oh Patria." Pero como no ha faltado quien diga que esta obra contiene algunos plagios, la hemos examinado detenidamente, y, no hallando ninguno, estamos en el deber de sostener lo contrario, advirtiendo que se podrá hallar alguna semejanza; pero nunca un verdadero plagio, y la semejanza no es un delito que hace desmerecer las obras de un compositor; pero dado que así lo fuera, seria disculpable, porque una cabeza tan llena de melodías y de tanta música como la de Neumane, fácil era equivocarse al trabajar una composición tan repentina y valiente como la pieza que nos ocupa. Y ¿ quién puede desconocer el mérito del autor, ni decir que Neumane no conoció nuestro carácter, y que de su pluma no hizo brotar una música conforma á nuestro corazón y á nuestros sentimientos ? Sí, allí están pintados nuestro valor y nuestros deseos, es la voz de un pueblo joven que acaba de libertarse, y que sin perder aun el acento del dolor á que había sido acostumbrado, forma un hermoso concierto para felicitar á la Patria por la obra portentosa de su independencia. La obra de Neumane es el principio de la música americana, porque en ella se ha combinado la pompa y la armonía de la música europea con el poético sentimentalismo de los acentos nacionales.

Con respecto al señor Zaporta diremos tan solo dos palabras, que con su venida á Quito se conoció el verdadero sistema de la enseñanza de piano, que mientras tanto habia andado al capricho de los organistas, y que, Zaporta, tan querido y apreciado como Neumane, dirigió las bandas militares, dejó discípulos adelantados, y es á el á quien se debe el conocimiento práctico de muchas reglas que habían sido desconocidas, por eso uno de sus alumnos, conociendo lo importante de sus lecciones, publicó una pequeña obra intitulada "Catecismo musical," la que ha servido de texto para la enseñanza de los principios elementales en toda la República, y que fue premiada con la medalla de oro en la exposición de 1857.

No es poco estimable el servicio que prestó Zaporta á la nación, revelar el sistema de enseñanza de un instrumento que era nuevo para los quiteños, y que es el mas noble y mas importante para los teatros, para los conciertos y, sobre todo, para la composición, era descorrer el velo de un nuevo estudio, para que los músicos hallen un campo mas bello y mas extenso en el ejercicio de su profesión.

Todos suponen que la dirección de un discípulo es cosa de ningún valor, porque no comprenden que de aquello depende la suerte del joven que se dedica; y por consiguiente el crédito del maestro, y el mas ó menos adelanto de la música del país. Nada nos importa que el maestro sea un genio en el arte que profesa, si por otra parte no es comunicativo, y si no conoce los secretos del arte para encarrilar al discípulo, desde su origen, por el camino del buen gusto, por eso al principio de los estudios conviene el mejor maestro, porque es el tiempo de la creación del artista, y porque de las primeras lecciones depende la buena pulsación, el modo de arrancar los sonidos libres y sonoros, la adquisición de la fuerza para la diestra ejecución, la educación del oido y la seguridad del compás; y por último, la aplicación de todas las lecciones teóricas sobre el instrumento.

Un discípulo educado de esta suerte tiene por razón natural que ser bueno y en poco tiempo, mientras que de otro modo llega á viciar la ejecución, se connaturaliza con los defectos, y después de gran tiempo no queda mas que de un pobre ejecutante. La prueba de esto son los malísimos discípulos que hubieron antes de la venida de Zaporta, y los buenos que han ido resultando con la práctica de sus doctrinas.

Muchos aseguran que la falta de buenos cantores en el Ecuador es á consecuencia del clima, por la elevación en que nos hallamos, mas yo juzgo que no solo esta es la causa para que nuestros cantores no disfruten de una voz elevada y sonora, sino también la poca práctica que han tenido los maestros para saber educar la voz de los discípulos.

La escuela antigua nos dio voces de primera orden como las de Castro, Fraga, Trujillo, Pizarro y otros tantos; pero se varió el sistema que nos dejaron los españoles y el canto tuvo que descender á la casualidad, y, hablando en verdad, es el ramo que menos se ha cultivado en el Ecuador, y el que necesita de una gran reforma para que llegue á perfeccionarse.

Entre los tiples he oído algunas voces magníficas, capaz de esperarse un buen resultado; pero después de pasados los catorce anos de su edad, les he vuelto á oír con una voz áspera y repugnante ; y es porque los maestros les han obligado á cantar al entrar en la pubertad, que es el tiempo del cambio de la voz, cuando es sabido, que las modificaciones del aire, al tiempo de su salida, y los caracteres de la voz dependen del aparato muscular, y de la forma y estructura de la laringe; y que, por consiguiente, hallándose esta alterada por la enfermedad que le ocasiona el cambio de la voz, no puede menos que crear defectos que vienen luego á ser naturales y desconcertar el orden que iba á producir por sí misma la naturaleza. Por lo contrario, es preciso respetar esta época y guardarse de cantar mientras el cambio llegue á efectuarse completamente, por eso una voz bien educada en su principio suele ser firme y duradera, al paso que la criada sin orden, voluble, de corta elevación, é incapaz de prestarse á todo lo que demandan las reglas del buen gusto.

La voz debe ser firme, y á esto deben contraerse los primeros estudios, porque el canto es el instrumento mas difícil y comprometido de todos ; y porque, si en el violín ó piano no se necesita mas que sentar el dedo sobre la cuerda ó tecla para hallar la voz que se desea, el cantor tiene, con solo la imaginación, que graduar la distancia en que debe hacer aparecer el sonido, y por la mas ó menos fuerza del aliento, y la mas ó menos contracción de los músculos de la garganta, presentarle tan seguro y tan firme cual si la arrancara de un instrumento perfectamente templada.

A la voz limpia y sonora debe acompañarle la suavidad para hacerla delicada y tierna en todos los pasajes sentimentales.

El canto es lo mismo que una buena pintura, que, para realzar los objetos, haciéndoles bellos y naturales, necesita de esos toques oscuros y claros, unidos en muchas partes por medias tintas ligeras y agradables, que, combinando lo fuerte con lo suave, y el claro con el oscuro, pongan en relación los colores opuestos y den un carácter bello y natural al cuadro. Así, el canto, con la mudanza de las voces, ya fuertes y sonoras, ya lánguidas ó débiles ; y finalmente, adornado de las consonancias medias, toma todo el valor de la expresión para hacerse amar por su seducción y sus encantos.

Algunos acostumbran de esta variación en sus cantos ; pero no sabiendo distinguir las sílabas acentuadas por la música y el verso, sucede que dan con voz suelta una sílaba ligera, sosteniendo mas de lo necesario, para pasar de salto y con voz de falsete á otra que requiere mas aliento y fortaleza de pulmones.

Oigamos una flauta con su voz dulce y aguda al lado de un violoncello ó de un contrabajo, y veremos que no son los pasos violentos ni repentinos los que simpatizan con el oído; mas sí á estos instrumentos se juntan otras voces intermedias, que suavicen gradualmente las opuestas, no dejaremos de convencernos  que su, resultado es un concierto grato y armónico.

Bien se puede decir que solo una voz humana es la representación de muchos instrumentos, porque su imitación se extiende á todas las voces graves y agudas, y en ella se encuentra, tanto los sonidos del contrabajo como los agudos acentos de la flauta, y las voces intermedias del violín y de la viola, por eso el canto no está sujeto al uso de una sola clave, sino que desempeña con todas, y según la elevación del papel que le corresponde.

No hay duda de que una voz firme y melodiosa es agradable; pero como no solo esto hace la verdad del canto, es preciso que á la flexibilidad y entonación de la voz se reúna la expresión, que es la que causa esos transportes de novedad y entusiasmo en el espíritu.

La expresión, ó pasión del cantor, no depende mas que del convencimiento que debe tener de aquello mismo que ejecuta, es decir, apoderarse del argumento para hacer sentir a. los que le escuchan.  Motivo por el que las primeras naciones del mundo han llegado á fanatizarse por el canto, y no se diga que la música es otra, que la poesía es distinta, ni que el idioma es mejor, pues aun cuando al italiano se le ha dado la preferencia, después de este es el español el mas apropiado para el canto, por su riqueza de palabras y la abundancia de vocales; por con siguiente, son los cantores los que han podido pulsar todos los corazones y armonizar todas las voluntades, porque acompañando la expresión á la sublimidad de las composiciones poéticas y músicas, han llegado á conquistar clamor de todos los países civilizados. Y solo al cantor le es dado el hacer ganar ó perder los pensamientos del poeta, por que, si el compositor tiene que estudiar el espíritu de la poesía para poner la música, al cantor le es indispensable ejecutar según las reglas del arte, poniendo de su parte todo el sentimiento y fuerza que requiere el argumento. El poeta puede escribir sus estrofas en el metro que le parezca, mientras que el músico no puede hacerlo por el término y tiempo que á él le plazcan, sino por aquellos que precisamente se convengan con el espíritu de la poesía y los acentos del verso, de suerte que la belleza de un buen canto consiste en todas las tres obras reunidas, y por eso dice un autor que para encontrar la verdad del canto es preciso que el poeta, el compositor y el ejecutante se convengan y se ayuden mutuamente; y otro dice : "Casi siempre es la poesía esclava de la música llevándose toda la atencion, el ruido ó el sonsonete, de manera que, aunque en lugar de una muy buena letra se sustituya otra muy mala, el efecto suele ser el mismo, lo cual nunca debiera suceder si el compositor dejase lucir al poeta y el cantor no quitase la expresión á ambos."

A esta combinación debieron los antiguos todos los progresos de su canto, lo mismo que los actuales genios de Europa; y si nosotros lo llegáramos á conocer, no seriamos capaces de resistir á esos transportes de pena ó de placer con que se agita el corazón de todo ser racional de otra suerte, se desvanece el sentimiento poético y el canto no pasa de ser un instrumento de voces que entonan ; pero que no agradan, de palabras que se oyen ; pero que no se entienden, y en tal caso podemos estar seguros de que no hay canto, puesto que no desempeña su misión, ni ejerce un verdadero poder sobre el corazón del hombre.

Suficiente defecto es que un cantor no arroje las palabras con la claridad y pureza del idioma, que evite un trino, un mordente, un destácato &a. signos que no son usados por nuestros cantores y que contribuyen, muy poderosamente, para la buena ejecución. ¿Y quien dirá que el cantor no es culpable cuando, sin conocer lo que es metro, lo que es sinalefa, lo que es esdrújulo, alarga la voz donde le parece y no respira á su debido tiempo, causando, así, hiatos en el canto? Sabido es que el cantor debe aprovechr hasta del aliento para dar mas importancia á su obra. y muchas veces una respiración bien dada suele producir mejor efecto que una nota musical.

X.

Habíamos dicho antes que la música empezó á degenerar con la muerte de Baldeon. Durante la época de siete años que dirigió la sociedad, todo fue progreso, adelanto y buena armonía entre los socios; mas con su muerte, que acaeció el año de 1847, la sociedad desapareció y los músicos empezaron á andar de su cuenta.

Este fue el fin que tuvo la sociedad de Sejers y sostenida por Baldeon; así como la segunda, dirigida por Pérez, acabó también de un modo repentino y clamoroso, al capricho de dos ó tres militares ignorantes que, sin conocer el mérito de la música, ni respetar el crédito de una institución artística, quisieron convertirla en la víctima de sus aspiraciones.

Un dia del mes de abril de 1851, se presentan en la Sociedad Filarmónica dos comandantes, vestidos de charreteras y espada, para tratar una orquesta que se necesitaba para esa noche, y exigiendo del Director que fuera lo mas numerosa posible  convenidos que fueron en el precio dejaron unos pocos pesos en seña y se mandaron mudar, señalando la casa y hora en que debía tener lugar la orquesta.

A las ocho de la noche, todos los buenos músicos del país, á mas de la sociedad, formaban un numeroso concierto de distintos instrumentos, procurando cada uno de los profesores, complacer con su habilidad al Comandante general que se hallaba presente. "Eran las once de la noche cuando se les manda callar, con el objeto de llevarlos otra casa, y al salir la puerta de la calle se  encuentran rodeados por dos compañías de soldados para llevarlos al cuartel, y al día siguiente, los mas de ellos, cruzaban las calles de la ciudad vestidos de capote y de morrión, formando una miserable banda, dirigida y ordenada por los autores del hecho; mas, por ventura, los pocos que habían podido salvar elevaron una queja al Gobernador de la provincia, que era entonces el señor Daniel Salvador, y consiguieron el rescate de sus compañeros.

Habríamos querido que este acontecimiento no hubiera figurado entre las páginas de la historia; pero nos ha sido preciso manifestar los motivos por qué la música descendió otra vez á la ignorancia, y estamos en el deber de hacerlo, para probar que si el pueblo ha hecho sus esfuerzos  para civilizarse y adelantar, no ha faltado, por otra parte, una mano atrevida que le corte el hilo de sus mas nobles aspiraciones. Pues esta imprudencia influyó tanto en el ánimo de los músicos, que unos acabaron por dejar la profesión y otros por abandonar el país para ir á fijarse en otros puntos de la República; y he aquí un golpe repentino que echó á rodar en un momento toda la obra del General Flores, el trabajo de tantos años y el mérito da los profesores: pudo verse hecho mas inaudito en una República, ni faltamiento mayor á los decretos de los Presidentes Flores y Roca, que habían mandado que los profesores de música no fueran nunca enrolados en las filas militares bajo ningún pretexto? Pero hablo la espada, el militarismo estaba pujante y la  civilización tuvo que callar. Los Papas, los Obispos, los reyes de los tiempos antiguos y modernos, y hasta Nerón, el mas cruel de los emperadores romanos, le habían prestado acatamientos á la música, condecorando con nombres y medallas á sus artistas, y en el Ecuador, República democrática, en el corazón de Colombia y en la mitad del siglo diez y nueve, se da de mano y se destruye á culatazos una sociedad artística y que empezaba á nacer.

No obstante esto, el amor por el estudio se conservaba aun en los pocos que habían quedado. Llegó la época  de que el pueblo quisiera hacer efectivas y pouer en práctica las verdades de la ley y las garantías republicanas bajo el Gobierno del Genetar José María Urvina, el año de 1852 y se constituyó en sociedades democráticas  artísticas, y fue entonces cuando volvió á revivir la sociedad de Santa Cecilia, bajo la dirección de Pérez, hasta el año   de 1858 en que murió por consunción.

Las sociedades democráticas que tantos recuerdos se merecen, por el grande estímulo que dieron á los artistas y artesanos con sus  doctrinas morales y civilizadoras, sus públicas exhibiciones, en las que se llegaron á ver obras originales y de grande mérito, dando á luz   habilidades  escondidas y condecorando á las inteligencias nacionales, no fue la obra del gobierno ni la creación de ningún bando político, como se ha querido asegurar por muchos, sino puramente el pensamiento de cuatro artistas, que apoyados en la ley, quisimos poner balla á tantos desprecios y desafueros con que habíamos sido tratados durante las administraciones pasadas, fue una especie de oposición del  pueblo contra el poder, y fundado, no en las bayonetas ni la lanza sino en la ley y el trabajo; por eso la sociedad que dio la iniciativa y dirigía á las demás, que eran compuestas de sastres, plateros, Carpinteros y zapateros, llevaba el nombre de Escuela Democrática de Miguel de Santiago, porque quería que el lema de sus principios fuera el espíritu de la República, y el nombre de un artista cuya celebridad se habia hecho conocer hasta en Europa.

La lucha entre el pueblo y el poder habría empezado; mas el General Urvina, comprendiendo que el pueblo quería entrar en el goce de sus derechos, no solo respetó las sociedades, sino que las puso bajo su  protección, las mimó, les dio dinero para sus exhibiciones, y por último, confirió una medalla de oro á la sociedad filarmónica  en la persona de su Director.

Después de esto, dos fueron las causas que motivaron el mayor atraso de la música, la falta de garantías y la falta da estudio. Lo primero habla desaparecido con las revoluciones que empezaron á repetirse, y lo segundo con  la apatía en que cayeron los maestros que se hallaban cercanos á su muerte, y porque los conocimientos surgen según el mérito que se hace de ellos, y en un país donde no había amor ni entusiasmo para conservarlos, justo era que desaparecieran al menor contratiempo que se les presentara. El genio había hecho un esfuerzo, se había levantado como una llama  para reflejar en un espacio feliz; pero al tocar con una atmósfera de hielo tuvo qua retroceder al imposible y volver á hundirse en la  oscuridad.

Así, nada importaron las sociedades, nada  las escuelas, porque todo tenia que morir á los golpes de la arbitrariedad, ó servir de escala de la ambición ¿ni que adelanto podía haber donde un Coronel de milicias estaba facultado para castigar y perseguir á los profesores que no iban á formar  la banda de su cuerpo, para salir  luciendo las charreteras al son de los clarinetes y el pistón?

Ha sido tanto el pánico que infundieron estos hechos que, en cinco años de vida que cuenta el Conservatorio,  no ha habido hasta ahora un joven que haya querido dedicarse á los instrumentos de soplo para el uso de la orquesta, á pesar de estar garantizados por el art. 18 del decreto del Conservatorio que dice: " Los alumnos del conservatorio quedan exentos, por licencia temporal, del servicio de la guardia nacional mientras sean despedidos." Y quiénes  son  despedidos?  Los ineptos, los inasistentes, los de malas costumbres y falta de educación, de otro modo, ellos gozan de garantías y tienen toda la comodidad necesaria para hacer sus estudios.

Las artes para vivir necesitan de libertad, necesitan de estímulos, y el mejor de estos es la consideración del gobierno y el amor de los conciudadanos; porque de nada sirven los conocimientos sino se les da el puesto que ellos se merecen. Centenares de años han pasado, y la Grecia, la Italia, la Francia, la Alemania, no han olvidado todavía el nombre de sus artistas.  Homero Apeles, Fidias, Rafael, Miguel Angel, Jommeli, Pracsilteles , Cellini, Mozar, &a &a. son sus divinidades artísticas, cuyos nombres se pronuncia con respeto, y cuyas obras se conservan como el testimonio de la gloria y poderío á que llegaron esos  pueblos en los tiempos ya pasados; y las artes son eternas, por eso el amor para con ellas no perece, por lo contrario, él tiempo que todo lo aniquila lo destruye, parece que respetando el  poder de sus encantos, las hace mas bellas y mas hermosas  á la vista del joven observador.

Todas los pueblos saben hacer  justicia al mérito, cuando  hay  ilustración, cuando hay grandeza de alma. y cuando se llega á amar todo lo que está en relación con su  nombre y sus propios intereses; pero entre nosotros, no sé porqué razón, se afrenta y se desprecia todo lo que es nacional, todo lo que es propio, y, por último, todo lo que nos conviene. Somos, por ventura, ángeles de Dios, para asomar en todo y de repente perfectos?  Todas las cosas no tienen un principio y nacen de una causa para ir perfeccionándose después ? ¿ Somos tan inocentes para desear que los conocimientos, el honor, la comodidad y la riqueza, vengan á nuestro antojo, sin valernos de buscar los medios convenientes, ni sobreponernos á los obstáculos que se presentan para la consecución de los bienes que deseamos conseguir? Todas las naciones que hoy nos admiran y espanta, por su grandeza y civilización, fueron un tiempo tan ignorantes, y quizá mas que nosotros, porque su origen fue mas bárbaro y mas inmoral que el de nuestros incas ; pero á beneficio del tiempo y del trabajo han logrado subir de la miseria á la riqueza, de la humillación al poder y de la ignorancia á la ilustración, y he ahí el motivo porque ahora son las primeras capitales del mundo.

Si el Ecuador es un niño que empieza á dar los primeros pasos en su carrera política, científica é industrial. Si el Ecuador en vez de contar triunfos honrosos y de civilización, no cuenta mas que acontecimientos desgraciados de guerras, proscripción y sangre ¿por qué exigirle hechos que aun no convienen con su naturaleza, con su edad, ni con su modo de ser ? ¿Y por qué en vez de ayudarle y dirigirle, le fruncimos la ceja reprobando hasta sus mas pequeñas acciones?

Es la falta de trabajo lo que nos hace proceder de ese modo, y esperar que los extranjeros vengan á deliberar de nuestra suerte, de nuestros hombres, y de nuestro porvenir.

El Ecuador, á pesar de sus contratiempos, no ha sido ignorante, ha cabido civilizarse y ha dado hombres eminentes en las ciencias y las artes; y si el Ecuador hubiera gozado de paz, y hubiera tenido esmero para cultivar todo lo que le era conveniente, el Ecuador habría sido  ya mas grande y hubiera figurado en mejor escala.

La música, arte poco cultivado de los españoles y perseguido de los republicanos, no ha dejado también de contribuir de algún modo para la civilización del pais. Baldeon Miño, Castro,  no fueron músicos de echarlos al olvido, si vemos   que, luchando  con el imposible; escribieron sus pensamientos y dejaron un recuerdo de amor para con su patria.

Baldeon, el autor de seis sinfonías para orquesta. Miño [Ignacio] de cuatro misas y cinco fantasías, y Castro del Te   Deum   laudamus  y otros cantos de igual mérito, no son hombres dignos de desprecio, son muy acreedores de nuestro cariño y gratitud, así como estamos seguros que, en otro país, aquellas piezas habrían ido á adornar un museo ó biblioteca por ser las primeras producciones del arte, aunque no tuvieran mas mérito que el relativo á  nuestro  estado y nuestras circunstancias, como dijimos al principio.

No hemos tenido la felicidad de oír todas las piezas referidas; pero las pocas que hemos juzgado no nos han parecido mal, tienen pensamientos bellos, originalidad en los temas y mucha gracia en la modulación, por lo que laa creemos superiores á muchas piezas extranjeras que nos  vienen con tantas campanillas.

XI.

Uno de los estímulos que deploramos es la falta de un juicio ilustrado é imparcial en materia música, ó mas bien diremos, una crítica sensata que, fundada en los principios del arte, vea las cosas en su verdadero punto de vista para levantar al genio y dirigir la opinión, cosa por cierto muy difícil; pero de suma importancia para los artistas. Difícil, porque demanda profundos conocimientos, puesto que  la música no tiene un modelo natural con que hacer la comparación y notar la mas ó menos exactitud, como sucede con la pintura y escultura, en las que cualquier hombre ilustrado puede servir de juez, y tal vea sin riesgo de equivocarse. La  música no es  así, porque aparte de la belleza de las melodías y el efecto rumboso de los pasajes armónicos, esta sujeta á reglas precisas é invariables, como  la combinación de las voces en sus grados consonantes y disonantes, la cadencia y modulación en el uso de los términos mayores y menores, la seguridad del tiempo y la naturalidad del andamento, para manifestar la pasión, y por ultimo, en otras tantas reglas analíticas que no pueden ser juzgadas sino por personas que las conozcan y hayan hecho un estudio prolijo sobre el particular.

La música es lo mismo que la poesía, que todos la conocen, todos la cantan; pero su juicio queda reservado á  las   almas grandes como los poetas y los literatos, á cuya vista muhas composiciones que parecen relevantes quedan reducidas  á una   malísima  prosa   ¿y de qué depende? de que todos simpatizan con ella, todos la quieren ; pero son muy pocos los que la entienden según el espíritu de sus reglas.

Así todos quieren juzgar de la música creyéndose buenos censores, alegando su buen gusto y un oído muy delicado; pero que lejos  están de poderla  juzgar, porque para entenderla y fallar sobre su mérito es necesario penetrar sus secretos, conocer el carácter del autor, saber á qué género de composiciones pertenece y no ignorar las reglas armónicas de que se ha servido. Bien es  que cada uno tiene el derecho  de decir  si es bonita  o fea, si le gusta ó no le gusta ; pero nada mas que eso ; porque están tan lejos  de conocerla  de un  modo artístico  que  al llamarlos á la prueba no sabrían decir si es buena música ó mala prosa; y, por eso, la calificación  que se le  hace en Quito de la música y de sus artistas, es de ningún valer, son palabras vagas que sé las lleva el viento. Pero como se pudiera suponer que esta es una opinión aventurada, y quizá una ligereza mía, voy á probarlo con hechos de mejores pueblos, y acabar de convencer á los que no juzguen como yo.

Hubo un tal Mozart, que á la edad de siete años recorrió, acompañado de su padre, las mejores cortes de Europa, haciéndase conocer como pianista: que á la edad de doce empezó á componer, y no con poco crédito para su edad temprana; pero que mas tarde, queriendo dar un golpe do fortuna y acabar de colocar su nombre al lado de los artistas inmortales, escribió una ópera intitulada "Don Juan," la que puesta en escena, casi en todos los teatros de Europa, fue  completamente despreciada, motivo por el que Mozart acabó sus días en la miseria, reducido al oficio de copiador de papeles. Así acabó el profesor de los siete años, el acariciado, en su infancia, de la princesa María Antonieta. Pero pasa el tiempo, y un sabio inglés estudia  la obra, conoce su mérito y escribe un folleto publicando la injusticia hecha á Mozart y las grandes bellezas que contenía la ópera. Entonces la vuelven a poner en escena, una, dos, tres veces en cada teatro y, haciendo alarde de su mérito, se corona la pieza y se manda levantar, al autor, una estatua de bronce en la mejor plaza de Viena, la misma que hoy se conoce con el nombre de la plaza de Mozart.

Y Rossini, el músico de nuestra época, el que dejó cerca de dos millones de fuertes ganados con solo sus escritos, el hombre mas feliz del mundo que logró ver sus estatuas de mármol en los teatros de Italia. Ese hombre, no fue menos desgraciado que Mozart, en la exhibición de "El Barbero de Sevilla," Rossini quiso darnos una obra bufa que fuera de tanto mérito, en música, como lo es el don Quijote de Cervantes en literatura; pero la pone en escena en el teatro de Roma, con el objeto de que la Italia fuera la primera en coronar la composición que la creía mas digna de su inmortalidad y, sucede, que el público se disgusta, empiezan los desprecios, y el autor tiene que salir por debajo de las tablas del proscenio, diciendo en alta voz. "Este pueblo no entiende lo que oye."  Y en efecto no entendió, porque de lo contrario, no habría hecho sentir á Rossini, al padre de la música moderna, ni despreciado una composición que es la mejor flor conque se puede adornar la corona de la música italiana.

Si esto sucede en esas naciones ilustradas, acostumbradas á la verdadera música, y donde parece que hierven los grandes profesores y los distinguidos artistas ; y hasta las nodrizas saben conciliar el sueño de los niños tarareando entre sus labios un dueto, una aria, una cavatina ¿ qué podremos decir nosotros que, ignorando las leyes del buen gusto, preferimos los melancólicos acentos del yarabí á los encantadores sones de la Norma de Bellini, del Rigoleto de Verdi, del Profeta de Meyerber y del J­ramento de Mercadante ?....

Cuando dijimos que Miño, Baldeon y Castro fueron compositores, no se crea que hemos tenido la intención de nivelarlos á esos grandes genios de Europa, sino probar de que el pueblo había hecho los esfuerzos posibles para mejorar su condición, y que los acontecimientos políticos han contribuido, en gran parte, para que se redujera al estado de atraso y abatimiento en que se encuentra. Tan poco he querido sostener que aquellas composiciones están exceptas de defectos, porque vemos que los mejores maestros no han dejado de tener sus manchas en las mejores obras.

XII

Sí hasta el año 59 no habíamos tenido  más que una idea acerca del drama lírico, con la venida de la compañía Ferreti pudimos formar un juicio casi exacto, y conocer mejor esta clase de trabajos, puesto que fue la mas numerosa que habíamos visto, compuesta de un tenor, una tiple, un soprano, una contralto, un barítono, un bajo, un Director y cuerpo de coristas, la que dio sus funciones en un teatro improvisado, y que se construyó por empresa en un terreno perteneciente antes al convento de las monjas de la concepción.

Estas funciones no dejaron de ser bien concurridas, por el número de los actores, las variadas piezas que se representaban, y, particularmente, por el buen desempeño del Director Neumane y la tiple Doña Rosa España de Ferreti. Por lo demás, había mucho que sensurar, por que enfermo el tenor de la garganta, pocas noches andaba igual al termino, en las notas agudas: así como Ferreti, cambiando su papel de bajo con el de barítano, jamás dejó de presentarse con una voz débil y temblorosa, á consecuencia de la falta de fuerza en los pulmones por su avanzada edad: sin embargo, se conocía la destreza y lo bien que lo haría antes en su papel. Pero no por esto dejó la compañía de ser interesante para los músicos del país, por que con ella se pudo formar una buena idea de lo que debían ser las verdaderas representaciones líricas de Europa, la combinacion de las muchas voces acordadas con la orquesta, la variedad de las escenas sostenidas por distintos temas, y la belleza de los pensamientos y variados caracteres de los mas acreditados maestros.

La compañía Ferreti fue una escuela de pocos dias para los artistas quiteños, y ojalá nunca nos faltara esta clase de huespedes, para que el gusto se adelante y las artes conoscan el verdadero puesto que deben ocupar en la Sociedad.

Fue en esta vez que, suplicado por el tenor, aconsejado por Neumane, y arrebatado por los encantos de las músicas que había oído, quise poner en práctica mis pequeños estudios, y me resolví á hacer dos composiciones para la. noche del beneficio del señor Limberti, la una, el canto del llanero, sobre la poesía del señor Mera, y la otra, una zarzuela, que, por falta de un argumento nacional, tuve que trabajar el verso: composiciones que puestas en escena, pasó muy aplaudida la primera, y la segunda, después de correr la misma suerte hasta mas de la mitad, se mandó bajar el telón por la Policía, calificándola de inmoral. Al día siguiente, toda la opinión estaba contra mí, sumario, cárcel, confiscación de bienes, era todo lo que se pedía para el autor de la zarzuela.; mas yo permanecía tranquilo, por que estaba persuadido de la mala fe con que se obraba, y por que sabia que el desprecio había salido de dos ó tres individuos que, sin conocer bien el idioma, interpretaron mal una palabra, y para asomar como grandes é ilustradas, abandonaron el puesto, aconsejando á la autoridad para que procediera de esa manera. Pero ofendida el honor, deshonrada la profesión, y amenazado mi porvenir, tuve que recurrir á la imprenta y probar, por medio de ella, que el argumento, lejos de ser pernicioso, era moral y aconsejador y que la pieza había sido calificada. No obstante esta satisfacción, la venganza habló mas alto todavía, hasta llamar la atención del Gobierno, y hacer que el señor García Moreno pidiera la pieza, y de un modo oficial, para su calificación. Entonces es cuando se complacieron  se los enemigos de la zarzuela por que creyeron ya inevitable el castigo del músico.

Pero  ¿ que sucede? que á las veinticuatro días, el 19 de Agosto, me llama el Ministro del Interior, Señor D. Javier León y me dice, Tengo orden de entregar á U. este cuaderno, con, las palabras textuales de S. E. el Presidente de la República que dicen. "Nada tiene de malo y muy bien merecía la pieza el haber sido oída." De aquí se deduce que nunca ha faltado voluntad de parte de los artistas para proporcionarse algunos estímulos en favor de su profesión, así como sus rivales no han perdido una sola ocasión para afrentarlos, y sin otra intención que oponerse á la marcha de los conocimientos que hace el honor y la felicidad del pueblo. ¡ Pero qué rivales ! Espíritus cobardes, hombres de mala fe, puesto que obran sin nobleza, juzgan sin conocimiento y castigan por mala intención. En todos los países cultos hay críticos de las artes ; pero son críticos grandes, críticos nobles, y, más que todo, críticos entendidos, que corrigen para estimular y enseñan sin ofender; porque saben que las preocupaciones son el  desdoro de la sociedad, y la marcha de los conocimientos, el verdadero timbre de las naciones civilizadas ; si así fueran nuestros críticos que contentos nos halláramos, y no solo les agradeciéramos sus consejos, sino que aun les amaramos de corazón.

La parle más hermosa y predilecta de la sociedad, esos seres de purísimos encantos, y ante quienes no puede resistirse de amar el corazón. El bello sexo, ha tomado también parte en nuestras concurrencias músicas, ofrendando sus trabajos en el altar de la armonía, para adelantar el gusto y ennoblecer al artista, por eso, en la misma   época de Ferreti; pero en el salón de los HH. de las Escuelas Cristianas, se presentaron en concierto publico las señoritas Evelina Stag, Ana Darquea y Carmen Guerrero, las dos primeras como cantoras de ópera, y la última como pianista, dirigidas por Neumane, y acompañadas por el doctor Nicolás Zubiría.

La función fue sorprendente, porque al mérito de los magníficos cantos se unia la caridad cristiana, cediendo todo el producto de las entradas en favor de una casa de beneficencia; y este acto, tan noble y tan humanitario, tampoco dejó de tener murmuradores, la envidia se resintió, la ignorancia hincó su diente en el acto más puro y más inocente; pero al fin la habilidad triunfó, y los infelices huérfanos se alimentaron, por largo tiempo, con el blanco pan que había podido ofrecerles el talento, la virtud y la belleza.

A la vista de estos hechos, parece muy bien probado que las artes, en vez de ser amadas, han sido perseguidas; pero no se crea, por esto, que hay una prevención general contra ellas, no, la gente de buen Juicio, la parte sensata, todos los que desean de corazón la felicidad de su patria están con ellas, porque la ilustración y el amor están siempre en relaciones íntimas,y siendo el gusto por las artes el elemento más propio de los ecuatorianos, los hombres ilustrados y de talento, no pueden menos que respetar y quererlas; pero como mayor es el número de los ilusos y loa prevenidos, he aquí el choque de tantos años entre la virtud y el vicio, entre el honor y la bajesa.

XIII

Fundado el Conservatorio de música el 28 de febrero do 1870, empesó sus trabajos, con una numerosa concurrencia de jóvenes, de ambos sexos, para las clases de piano, canto, orquesta, y una de banda militar, compuesta de veintiocho jóvenes artesanos, la que tenia su uniforme para salir á la calle, y todos sujetos á un reglamento dado por el Poder Ejecutivo.

Con la muerte del Director Neúmane, que acaeció al año cabal de la fundación del Establecimiento, se me encargó la dirección hasta que viniera otro Director contratado en Europa, y durante este intervalo de tiempo, que fue el de un año seis meses, el Conservatorio dio sus dos primeros certámenes públicos, y fue en el segundo año que se empezó el estudio de las reglas armónicas.

En el mismo tiempo se hizo varias reformas concernientes al orden y estudios de la cas, lo que consta de una nota que corre impresa en " El Nacional" de 26 de Abril de 1871, n9 46

En Octubre de 72 llegó el señor D. Francisco Rosa natural de Milán, contratado en Guayaquil por el señor García Moreno, para dirigir por cuatro años el Conservatorio, y con la misma dotación que Neumane.

Al mes no cabal llegaron los SS. Antonio Casarotto profesor distinguido de trombón, y D. Pedro Traversari, profesor de flauta, con el sueldo de 140 pesos mensuales. cada uno. También vino un maestro de canto, Don Vicente Antinori, el que regresó á Guayaquil, después de un año, por no convenirse con el sueldo de cien pesos que se le habla señalado y por etiquetas con Rosa.

En Agosto de 75, y á los dos días de la muerte del señor García Moreno, llegó D. Favio de Petris, romano, para maestro de Órgano del Establecimiento, con el sueldo de 125 pesos mensuales.

Y quien no creyera que el Conservatorio de música, dirigido por tantos profesores italianos no hubiera llegado á ser el mejor Establecimiento del país? Buenos sueldos, instrumentos valiosos, ricos métodos y colecciones de música, medallas de oro y plata trabajadas en Europa, locales sumamente aseados, todo, todo, nos hacia entre ver un dichoso porvenir, y creíamos ya llegada la época de la regeneración artística, bajo los auspicios del Gobierno; pero sucede, que sí bajo la dirección de Neúmane todo era entusiasmo y esperanzas, bajo la dirección de Rosa, todo vino ád parar en desengaños, porque falto de prudencia y hábitos de mando, causo  la separación de los  mejores discípulos y desconcerto el orden de las clases, hasta llegar al estado de tener que llamar profesores de la calle para formar la orquesta de sus exámenes.

Rosa, pudo ofrecer grandes servicios al país, lo mismo que los otros profesores; pero lejos de unirse para formar un cuerpo activo y corresponder á la confianza del pueblo y del Gobierno, acabaron por disociarse, y aborrecerse del modo más imprudente, hasta que el Gobierno tenga que separar á Traversari y Petris, y Rosa, se vea en la   necesidad de  resindir del contrato, con la dotación de mil pesos por el medio año que aun le faltaba para concluir el tiempo estipulado.

Con la separación de los profesores extranjeros, quiso el Gobierno del señor Borrero que se modificara el reglamento y se hiciera alguna economía, respecto al sueldo de los italianos, y habiéndoseme encargado esta reforma, tuve á bien hacer varias modificaciones que eran de absoluta necesidad para el Establecimiento.

El señor García Moreno al fundar esta clase de establecimientos manifestó mucho patriotismo y, sobre toda, el deseo de que las artes se levantaran en el Ecuador. "Yo quiero, me dijo, que los artistas, los artesanos y todos los trabajadores mejoren de condición y aseguren el porvenir de sus familias; los extranjeros que ha traído el Gobierno son los modelos para que UU. los imiten, y no lo dudo que con esto ganará mucho el país, porque el quiteño cuando es bueno es deberás bueno."

Pero el señor García Moreno se equivocó, ó á lo menos no quiso convencerse de que no todos los extranjeros son necesarios en un país adelantado como  el nuestro, sino, puramente, aquellos cuya conducta esté garantizada por el honor, y cuyos conocimientos sean muy superiores á los de los hijos del país, de otro modo es aminorar las rentas de la nación y entorpecer las aspiraciones de los hijos del país.

Veintisiete mil, cuatrocientos y tantos pesos ha costado á la nación el sueldo de los profesores italianos, en el poco tiempo que han regenteado las clases del Conservatorio  y cuál ha sido su resultado? El público lo sabe bien......

XIV

 El cultivo de las artes  y los oficios en el  Ecuador es  indispensable, y más que indispensable, preciso, porque sin eso no se puede encarrilar el país hacia la riqueza ni la prosperidad, y siendo, por otra parte, tan escasos los medios con que se cuenta para que el pueblo se ocupe y pueda soportarla vida, muy expuesto es de que este se corrompa con la necesidad, la moral desaparezca, y   los  vicios adquieran un predominio absoluto sobre los principios sociales y aun religiosos bajo los cuales hemos vivido.

Educar al pueblo y buscar su felicidad no es contrariarle  en su sistema político, ni oponerse á la marcha de las libres instituciones, así como no conviene una libertad exagerada que llegue á insolentar á la muchedumbre , porque si de lo primero resulta la tiranía y la humillación del pueblo, con lo segundo se pierde el respeto, se desvanece el amor al trabajo, y se abre un inmenso campo á la vagancia, y á otras innobles pasiones que son el verdadero cáncer para  una República naciente como la nuestra. La felicidad del pueblo consiste en el orden, en la ilustración, en la  riqueza y en la práctica de las buenas doctrinas. Foméntese la educación primaria, protéjase la industria, y ocúpense todos los brazos en el trabajo, y veremos que la felicidad empieza, los capitales se aumentan y la libertad se hace efectiva.

Las constantes guerras civiles no ha dejado ya de ocasionar inmensos males á los asociados, como la pérdida de muchas profesiones útiles, la división de las familias y la venganza de los partidos.

La independencia fue santa y bienhechora, porque fue romper las cadenas de una vieja monarquía, para devolver al pueblo la dignidad y el señorío con que Dios y la naturaleza le habian favorecido; pero la guerra de las pasiones que antes hemos visto, no ha sido más que el contrasentido de la razón, para dar expansión á ciertas miras particulares que, lejos, y muy lejos, de conservar al pueblo en, sus derechos le han ocasionado sufrimientos y desgracias.

Que los hombres repudien la tiranía porque quieren que sean verdaderas las prerogatias de la ley  para vivir como libres y como hermanos, santo y bueno, porque aquello lo demanda la ilustración, la justicia y la naturaleza, pero que  abusando de la sencillez del pueblo, se conviertan los depositarios en absolutos, para hacer del gobierno una exclusiva propiedad, eso si que es un delito que no perdonan ni las generaciones que se suuceden, y he aquí la causa de nuestra desgracia, y ese largo choque entre opresores y oprimidos, entre víctimas y victimarios.

Cincuenta y cinco años contamos ya de independencia, y, en toda esta época de medio siglo, cuáles han sido los resultados?  principios y más principios. Dios, patria y libertad.  Palabras mágicas que han invocado los partidos para alucinar al pueblo y conservarle en el terreno de una política injustificable.

Flores,  Rocafuerte, Urvina y García Moreno, son las mejores figuras que ha tenido la República, y los únicos que tienen sus buenas páginas en la historia, y sin las cuales no habrían pasado de este mundo más que con el nombre de buenos ó malos Presidentes, sino fuera que Flores fundó la República, el teatro, la casa de moneda y la sociedad filarmónica. Rocafuerte restableció los colegios, fundó las escuelas bajo el sistema actual, estableció una escuela de dibujo para toda clase de artesanos y emprendió en el camino del Pailon. Urvina, condecoró á la sociedad de Santa Cecilia, protegió á las sociedades del pueblo y dio la libertad de esclavos, y García, Moreno, hizo los caminos, su ferrocarril, el observatorio, la penitenciaría, y, finalmente, fundó los colegios para las artes y los oficios.

Ofrecer un bien al pueblo, por pequeño que sea, es conquistar un buen nombre, para vivir para siempre en el corazón de sus conciudadanos, y esto no solo se ha visto aquí, sino también en el viejo mundo, y con los más grandes hombres que han conocido que el despotismo y la soberbia solo producen desprecios y venganzas, así como los buenos oficios amor é inmortalidad. Por eso aparecen más grandes é ¡lustres un Papa León X coronando el cadáver de Rafael de Urbino á presencia de todo el pueblo romano. Francisco I recibiendo en sus brazos el último aliento de Leonardo de Vincí. Federico II de Prusia, defendiendo á Spontini de las acusaciones del pueblo ; y el papa Gregorio XVI concediéndole al mismo, la investidura de conde de San Andrea, después de haber llegado á ser miembro del Instituto de Francia, y caballero de la Lejion de honor y del Águila roja de Prusia.

De los grandes hombres es amar los conocimientos, por que están en armonía con su grande inteligencia, y de allí viene que desde los mas antiguos filósofos hasta los primeros santos del cristianismo, no han dejado de prestar un acatamiento á las artes, y, particularmente á la música de aprender para enseñarla.

Auyentada la música en Roma, como cómplice de los crimines de Nerón, y declarados los músicos hombres viles y degradados por el voto del pueblo, la nueva Iglesia católica, que empesaba á construirse, la llama, y le conserva en su seno hasta sacarla purificada y triunfante con la bandera del cristianismo. Época memorable en que se fundó la verdadera música religiosa, por San Ambrosio y San Gregorio, quien mandó á San Agustín para que la fuera á buscar en Inglaterra y á San Bonifacio en Alemania. Si San Gregorio funda la música religiosa, cuyo perfecto nombre es gregoriana, su sucesor, Viteliano, dispone la unión de las muchas voces ordenadas, y el acompañamiento del órgano, que por entonces era muy poco conocido en Italia.

Si los mas crueles emperadores romanos le habían considerado á la música, los mas grandes santos del cristianismo la ennoblecen y divinisan, y de allí resulta la separación de las dos músicas, profana y religiosa: la música del teatro que es la representación de las pasiones humanas, y la música de los salmos, que, pura y sublime como la religión, nos habla el lenguaje de la virtud y eleva el corazón hacia la Divinidad.

Y ni podia ser de otro modo, puesto que la Iglesia católica necesitaba de una música especial para su culto, y para dirigir las acciones del hombre, conforme á la pureza y santidad de sus doctrinas, y es por esto que, en los primeros tiempos de la Iglesia, todos los sacerdotes y los hombres importantes contribuyeron para su adelanto, hasta ponerla en un grado de nobleza y esplendor á que fue elevada después de pocos años, y con el auxilio y esmero de los papas Aguedo y Adriano, quienes, y por medio de comisionados, la propagaron con suma rapidez por toda la Francia. Por eso, si en el siglo IX se inventaron las notas para impulsar el arte de una manera prodigiosa, en el siglo posterior hizo grandes triunfos la música sagrada, por medio de los grandes maestros que la enseñaron, como Roma en Milán, San Roberto, obispo de Charles, en Francia, y Dunstan, obíspo de Cantorbery, en Inglaterra. &a.

No obstante el empeño por cultivarla, el canto llano se hallaba imperfecto con la falta de armonía y gusto por la melodía, de suerte que era aun árida y monótona, hasta cuando apareció el monje benedictino Guido de Arrezo, que, dotado de una grande inspiración, hizo muy importantes modificaciones, empesando por el orden de las escalas y facilitando todos los medios con que pudiera llegar á la perfección en que ahora se encuentra.

Con respecto a la música marcial, sabido es que ella trae su origen desde los tiempos más remotos, por que es el uso más común que se le había dado por todos los pueblos de la antigüedad. Los persas, los medos, los árabes, los griegos y los romanos, todos, la habian adoptado como al lenguaje más apropiado para hablar con sus dioses, y por consiguiente como el mejor estímulo para la guerra.

La música ha tenido sus épocas, conforme á la político de los pueblos; pero siempre ha salido triunfante, y aun los más grandes azares en que se ha visto le han proporcionado nuevos y mejores triunfos, por eso, últimamente, y en 1793 viene la República francesa, con su pueblo desenfrenado, con su diosa de la razón, y su puñal levantado contra todo lo perfecto y lo estable, y cuando se creia que la música correría la misma suerte que muchos sacerdotes y caballeros parisienses, los oradores, notando que les faltaba aun fuerza de razones para convencer al pueblo, llaman á la música en su auxilio, y le hacen resonar en conciertos vocales é instrumentales entre las sesiones de la Asamblea, lo que dio por resultado la fundación del Conservatorio de música de Paris. Conservatorio que, nacido entre los excesos de la guerra y la incredulidad, tuvo la dicha de solemnizar el grande Himno que se cantó en el reconocimiento del Ser supremo, el día de la restauración del culto católico en Francia.

Por lo expuesto se ve que todas las naciones, y desde los primeros tiempos, han reconocido la música como un ramo de civilización y una causa poderosa para suavizar las costumbres de los pueblos, y que las Repúblicas sudamericanas, y muy especialmente el Ecuador, está en el deber de buscar su perfeccionamiento, y no solamente como un ramo civilizador, sino también como una carrera honrosa para la mucha jente desocupada que tenemos.

El elemento de los artistas es el teatro, y particularmente el lírico es el que mejor conviene á los quiteños, porque allí es donde se halla la corona del poeta, del músico y del pintor. El dibujante y el colorista tienen en el teatro la escuela de las historias, con sus propias palabras y su propio vestido, para concebir ideas que van bien pronto á representarse en los lienzos. El literato y el poeta ponen en escena sus más bellos pensamientos que, adornados de las flores de la historia contemporánea, sirven para combatir todo lo criminal, lo pueril y lo ridículo. El estatuario tiene el modelo vivo en que estudiar la expresión y las pasiones, y el músico el adelanto, y la inmortalidad de su nombre.

En Quito hay mucha oposición al teatro, suponiéndole un verdadero foco de inmoralidad. Cierto es que algunos escritores libertinos han abusado de él para dar cima á sus torpes caprichos; pero los abusos no desvirtúan las instituciones, y un teatro moralmente establecido, y con una comisión de censura, nunca puede ser malo, por lo contrario,  es el mejor freno de las costumbres y el lugar á donde el pueblo, á la vez que se divierte se ilustra. Y no será malo el teatro lírico que el clero romano y los caballeros más cristianos de la antigüedad fueron los que pusieron las primeras semillas que habia de producir más tarde la música dramática.

En 1480 empieza la representación de los asuntos profanos en Roma ; pero dos siglos antes se ponen en escena las piezas de carácter religioso, siendo una de las primeras La conversión de San Pablo, música de Francisco Baverini, y que la mandó representar el cardenal Riario. En 1375 se representó en latin el drama Orfeo, de Ango Palitien. En 1480, una tragedia musical, y nueve años después se inmortalizó el caballero Bergoncio Bolta de Tortona, por la brillante fiesta que dio en su palacio de Milán, con motivo del casamiento de Juan Galias, visconde soberano de ese ducado, con Isabel de Aragón, hila del duque de Calabria. Luego después se representó el drama pastoril, El sacrificio, música de Alfonso Viola. La ópera en forma de oratorio intitulada El alma y el cuerpo, de Emilio Cavalleri; y otras tantas que tenian el carácter de la música de iglesia, hasta el siglo XVI en que se independizó la música profana de la religiosa, á consecuencia del empeño que tomaron las mejores ciudades de Italia, como Roma, Napóles, Florencia, Milán, Turin y Venecia.

Véase, pues, como han llegado á civilizarse los mejores pueblos de Europa, y como han seguido la marcha de los conocimientos para haber producido tan buenos y tan grandes artistas. Y el Ecuador que ha recibido del cielo una dote especial para esta clase de trabajos no establecerá el teatro para su honra y felicidad ? Si lo hará;  pero más tarde, cuando comprenda que las costumbres deben ser severamente castigadas, y que el pueblo que trabaja necesita de distraciones honestas para satisfacerce en los momentos de descanso.

XV

La fundación de los establecimientos artísticos, lo mismo que de los oficios comunes es uno de los  mejores bienes que puede ofrecerse al pueblo, por que está en relación con el espíritu de la época, es decir, con la civilización que viene en auxilio de todo lo bueno, lo grande y lo necesario para el hombre, y destruyendo los vicios, para elevar á la altura de su poder el mérito personal del ciudadano.

El alma del mundo actual es el progreso, por el habla, por el vive, por el se mueve, y por eso, á su voz nacen los genios, se descubren los secretos y se acercan las distancias .... y el hombre ha llegado á ser el dominador del universo á la manera de un Dios. Y que distinto era el mundo antiguo del mundo moderno, un cuerpo pesado, sujeto á los caprichos del acazo y la víctima del imposible. Mas viene el siglo diez y nueve, con sus .descubrimientos luminosos que todo lo facilitan y lo aclaran, y la humanidad se levanta con el derecho de su perfeccionamiento; y he aquí el desarrollo de la parta física y moral, y sin que los antiguos usos ni las costumbres inveteradas tengan ya derecho para contenerle.

Y quién ha dicho que el músico, el poeta y el pintor están sujetos á la vulgaridad de los pensamientos comunes, ni á la voluntad de los demás hombres?  El artista no vive sino en el espacio de las ideas y de las bellas concepciones, á donde recorre su fantasía, para dar vuelo al genio y gozarse en sus propias obras, por eso todas las escenas de la vida, los acontecimientos públicos; y aun  , á veces, los privados, le sirven de motivos para despertar en su alma las inspiraciones, y dar vida á esas creaciones que tanto honran á las sociedades y que, según el grado de talento y sentimiento, se producen más ó menos bellas, más ó menos originales.

El que nació, de veras, para artista no tiene corazón para el mal, ni puede convenirse con la humillación ni la bajeza, porque su espíritu es noble, sus sentimientos delicados, y sus aspiraciones se remontan á lo espiritual, á esa inmortalidad que la tiene cerca de sí, puesto que no depende sino de sus propios esfuerzos. Así, nunca han sido vistos como criminales, el poeta que escribe los acontecimientos raros de su país, el pintor que retrata en un lienzo los sucesos notables y los personajes de la historia, ni el músico que tocado por el sentimiento, escribe sus composiciones, para conversar con el lenguaje de los sonidos todas las acciones nobles ó desgraciadas de su patria. Por eso, oponerse á la libertad del genio, en sus trabajos, es pretender la muerte de la verdad de la historia y la paralización de la inteligencia, para someterla á la esclavitud de lo material y lo ridículo, en una palabra de la ignorancia.

Désele libertad al artista y respétese sus pensamientos, estimulándole al trabajo, y veremos que el pueblo se levanta, que las costumbres se corrigen y la verdadera civilización es el norte de todas sus acciones.

El Ecuador, comprendiendo bien sus necesidades, se ha propuesto mejorar la industria, protegiendo los estudios; y el Ecuador avanzará muy pronto, por que cuenta con los mejores elementos del bien, como son, la moral, el talento y la buena índole de sus hijos.

Fomentar la industria es buscar la verdadera riqueza de un país, y usa riqueza imperecedera, puesto que no se consume como el oro de las minas, sino que trasmitiéndose de generación en generación, se hace cada dia mas grande y mas productiva, convirtiendo á todos los hombres en miembros útiles de la sociedad.

Si los oficios mecánicos hace la prosperidad de un país, el estudio de las artes liberales es el más grande timbre con que suelen distinguirse las naciones ilustradas, porque las artes despiertan la imaginativa, dan expansión al talento, y por medio de ellas se personifican las ideas, se trasmiten loa sentimientos del corazón; y de aquí es que el pintor, el músico, el arquitecto, el estatuario y el poeta no pertenecen á la vulgaridad de los hombres, sino mis bien á una especie de espíritus desconocidos, espíritus intérpretes de los secretos de la naturaleza y queridos de Dios. Por eso sus pensamientos son raros, sus concepciones diversas y sus creaciones portentosas. Y quién no inclina la frente á la vista de las pinturas de Rafael, de la cúpula de San Pedro, de Miguel Ángel, de las estatuas de Canova, de las poesías del Dante y de las composiciones de Rossini ? ¿ De esas obras inmortales é inspiraciones del cielo, que ni las épocas ni los tiempos han podido menguar su mérito, ni oponerse á la admiración de los hombres?...

El Ecuador que ha fundado ya los establecimientos artísticos, está en el deber de sostenerlos por honor y necesidad ; pero para ver cumplidos sus deseos, preciso es de que esos establecimientos sean concurridos por jóvenes aptos, cuya disposición sea conocida, y cuyo precedentes de educación garanticen los resultados; de otro  modo es muí espuesto á no pasar de la mediocridad y volver, después de tantos sacrificios, á la época de los Santacruces y los Grijalvas.

Sabido es que la educación modera las pasiones y contribuye directamente al desarrollo de la parte intelectual, y por eso, la reforma de las artes no puede hacerse  con con el auxilio del talento y mejorando la condición de los artistas.

Al dedicarme á escribir los presentes artículos, no lo he hecho con otra intención que la de ofrecer un pequeño servicio a mi patria, presentando la historia de la música ecuatoriana, recomendando á la posteridad el nombre de algunos profesores nacionales, y deseando, á la vez, de que esta mi pequeña obrita, pudiera servir de estímulo para todos los que se dedican al delicioso arte de la música.. 

 

1. Tomado de la impresión del " 25 de julio de 1984, siendo Gerente General del Banco Central del Ecuador el señor economista Abelardo Pachano Bertero y Director del Centro de Investigación y Cultura el señor doctor Irving Iván Zapater."


Volver Atrás