Antonio Neumane .

Por Modesto Chavez Franco. 1940

"El señor Neumane, nació en Córcega (Francia entonces), el 13 de Junio del año 1818. Fue, pues, coterráneo y casi contemporáneo de Napoleón. Sus padres fueron: Serafín Neumane y Margarita Marno, ambos de nacionalidad alemana. 

Hizo sus primeros estudios en Alemania y después pasó a Italia, contra la voluntad de sus padres, quienes querían dedicarlo a la profesión de Medicina . Se consagró desde muy temprana edad al arte Musical, e ingresó al Conservatorio en Milán, donde pronto llegó a ser uno de los más aprovechados estudiantes, viendo coronados sus esfuerzos con el título de Profesor a los 16 años.

Muy joven contrajo su primer matrimonio y salió para Viena, donde se hizo notar por sus diversas composiciones musicales para la gran cantante lírica española señora Malibrán, (María de la Felicidad García de) a quien acompañaba ya en sus ruidosos triunfos como Director de Orquesta. Los conocimientos de Neumane fueron apreciados por el entonces emperador de Austria —don Fernando —a quien la historia declara muy aficionado a las bellas artes y en especial a la música.

Probablemente el joven compositor alternaba en la dirección de la orquesta con el notable tenor y director concertador señor García, padre de la Malibrán, quien acompañaba a su hija y discípulo en sus jiras artísticas. Y posiblemente también intensificó su arte con el célebre compositor violinista Bériot, segundo esposo de la Malibrán .

Neumane fue condecorado por dicho emperador en el año 1837. Después de estos triunfos regresó a Italia, donde falleció su esposa, dejándole un hijo, llamado Eduardo. Volvió a contraer matrimonio en 1839 con la señorita Idálide Iturri, de Turín, Italia.

Modesto Chávez

Alentado por sus éxitos, resolvió venir a América y efectuó su primer viaje por Argentina y Chile a Guayaquil el año 1841, como director de orquesta en una compañía de ópera, a la vez que director de coros y maestro concertador. Aquí nacieron sus hijos: Rosa Neumane (hoy viuda de Maruri) año 1843. Ricardo Neumane, año 1845, que falleció en 1901; y tuvo, además, otra hija, de este su segundo matrimonio, nacida en Italia en 1840, que se llamó Antonieta o Nina. Entre los años 1841-1842 se estrenó la compañía de ópera y el público rindió especial aplauso al maestro Neumane. Por aquellos años compuso la- música de un Himno de Olmedo a Guayaquil. La compañía actuó en una casa particular habilitada en teatro en la esquina de las calles hoy Illingworth y Pichincha.  

El Correo Semanal de Guayaquil hace revista de esa compañía de ópera italiana en temporada de 9  funciones y habla de Norma, Elisir d' amore, Sonámbula, El Barbero de Sevilla, etc., alabando las dotes del tenor Zambaiti, del bajo Ferretti, cuya voz califica de "trueno divino en celestial fomenta"; del bufo Gastaldi; las tiples Amina y Teresa Rossi; la contralto señora Idálide Iturri de Neumane, la señorita Irene Iturri, soprano; (hermana de doña Idálide); el barítono Grandi, el tenor de coros Rizzoli; y ensalza justicieramente al Sr. Neumane, maestro concertador y director de orquesta y coros.

El mismo periódico se queja de las paredes de caña y del techo antimusical del teatro. El maestro Neumane, pues, fue el que inició el espíritu de nuestros padres en los goces exquisitos del canto lírico y la alta armonía musical.

A fines del año 1843 fue contratado como profesor de música del batallón No 1° de esta plaza. El progreso de los aprendices puso en pocos días de relieve los conocimientos musicales del profesor. A principios del año 1845, pocos días antes de la transformación política del 6 de Marzo, fue puesta en música por Neumane y tocada por las bandas otra canción patriótica de aquella época, del mismo Gran Cantor, Olmedo.  

Su carácter amistoso, afable y servicial, le granjeó el aprecio y simpatía de todos; pero ávido de nuevas emociones, salió de Guayaquil para Lima a fines de 1851 allí estableció a su familia, regresando él a Europa. Algún tiempo después volvió a Lima como representante y empresario de una gran compañía de ópera y director de orquesta; trabajó allí y siguió con la compañía a Chile. Durante su permanencia en Santiago tuvo ocasión de hacer conocer sus méritos, siendo muchas veces invitado a tomar parte en diversos concursos musicales. En una función de beneficencia efectuada en el teatro Principal de esa capital, reunió varias bandas del ejército, cuyos músicos habían sido preparados de antemano por él, y con ellas dio un gran concierto múltiple; todas las bandas tocaban a la vez la misma composición musical, de una manera igual, unísona, como podía haberlo hecho una sola banda de músicos. El éxito fue completo y entre los aplausos de los espectadores Neumane fue condecorado con una hermosa medalla de oro que se conserva hasta nuestros días. Esto fue en 1852. Después regresó a Lima donde permaneció algún tiempo y, finalmente, vino a Guayaquil donde se radicó con su familia. 

La compañía se disolvió en esta ciudad.  En 1856 se construía el primer teatro propiamente tal (Olmedo, el primero), que se estrenó inconcluso todavía, con el drama "La hija de las flores", de la escritora cubana doña Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, por una compañía en que figuraban como damita joven una chica que había ganado enormes simpatías en nuestra sociedad, Amalia Pérez, y una señorita de apellido Vallejos, ecuatoriana, bailarina muy aplaudida y mimada por el público. —(Crónicas de Guayaquil Antiguo).

El Sr. Neumane, quien probablemente era el maestro concertador y director de orquesta, o empresario de esa compañía, contrató el teatro para traer una de ópera 

I ese mismo año y-que entretanto se terminara el teatro y se hicieran las reformas que indicó por necesarias en acústica, decorado, escenario y fosos, distribución de lo, calidades, alumbrado, como para trabajos de complicado arte escénico, etc. 

Venía la Compañía española Fedriani y Ramírez, en la cual ingresó también la señorita Amalia Pérez. Neumane siguió alternando sus actividades de profesor particular de música y de empresario, y el año 1861 trajo otra compañía para inaugurar en el teatro el suntuoso alumbrado a gas, gran novedad entonces. 

De regreso a Guayaquil, volvió a ser director de las bandas del ejército, director de orquesta en nuestro teatro; director en diversas sociedades filarmónicas y profesor particular de música de lo más selecto de nuestra sociedad. .

Así transcurrieron los años hasta que fue invitado para que compusiera la música del Himno del Ecuador. Su carácter modesto hizo le que muchas ocasiones se negara a tan alta obra, manifestando que reconocía grandes conocimientos en otros profesionales ecuatorianos que bien podían llenar el cometido, que "a él, como extranjero, aunque reconocía al Ecuador como su segunda patria, le impedía la delicadeza personal, el acepten". Conocido el carácter prudente y modesto del maestro, es más verosímil esta respuesta que la que le asigna eI Sr. J. Agustín Guerrero en su folleto "La Música ecuatoriana hasta 1875", y es ésta: "Nadie más que yo conoce "el carácter de los ecuatorianos; y yo que amo tanto este país como al de mi nacimiento, soy el llamado para componer su himno nacional. Mañana a las 12 del día lo oirán ustedes en el teatro". Entre exigencias y evasivas transcurrió algún tiempo, hasta que una noche se presentó en la casa de Neumane, situada en el barrio de las Peñas, hoy calle "Numa Pompilio Llona", tercera casa, mano derecha, un edecán enviado por la autoridad militar, General S. Darquea, con orden de no salir de casa de Neumame sino con el precitado Himno. Neumane, ante el  compromiso ineludible, y sólo por salir de él, sonriente pidió a su hija Rosa lo necesario para escribir música, y escribió y escribió, en tanto que el edecán esperaba; dos horas después Neumane tocaba en el piano los primeros acordes del Himno del Ecuador. '¡Quién hubiera pensado entonces que aquellos acordes repercutirían frecuentemente hasta hoy! Tocó, tocó, y dirigiéndose a los asistentes de aquella muda escena, preguntóles:

—¿Qué les parece?
—Admirable! le contestaron.

Entonces, dando al edecán esa improvisación, dijole: "Entregue esto al General Darquea".

Incide aquí el dato familiar de que el padre de nuestro Himno tenía el hábito goloso de comer mucho pan cuando se sentaba a componer. Mollete tras mollete, a pieza por pentagrama, el piano iba quedando lleno de migajas y la pauta de notas, hasta satisfacerse el estómago y la inspiración, lo que prueba que no anda tan en riña este divorcio como generalmente se cree. ¿Cuántos molletes costaría el nacimiento de nuestro himno?

Poco tiempo después las bandas del ejército tocaban dicha composición; y el Congreso declaraba Himno Oficial el himno de Antonio Neumane. 

A principios de enero de 1870, Neumane salió para Quito con la compañía Ferretti, y entonces García Moreno, el Presidente, le encargó fundar el Conservatorio de Música; este quedó fundado entre los meses de febrero y marzo del mismo año, y, según informes, fue en una casa situada en una calle que se llamaba "Calle Angosta", junto al Colegio de la Providencia, cerca del cuartel de Artillería, tras el Palacio de Gobierno.

Fundado el Conservatorio, su primer Director fue Neumane, hasta el día viernes 3 de marzo de 1871, en que le sorprendió la muerte en Quito. Sus restos fueron traídos a Guayaquil por su hijo Ricardo y colocados en la iglesia de San Francisco, donde desaparecieron en el incendio de 1896.

La señora Idálide Iturri de Neumane talleció en Guayaquil el día jueves 9 de mayo de 1878, en una casa situada en la esquina de las calles que hoy se llaman "Bolívar" y "Malecón".

Cajones llenos de piezas musicales de propia composición y otras de los mejores maestros y autores notables, conseguidas originales por el Sr. Neumane por sus relaciones personales o artísticas, se quemaron en casa de la familia Maruri en el incendio de 1902, llamado "del Carmen".    

El retrato de Neumane, al óleo, se ostenta entre muchos hombres notables del Ecuador, en una de las galerías de la Biblioteca Municipal de Guayaquil."
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1 Tomado: Biografías Olvidadas por Modesto Chávez Franco


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