| RiobambaLa rosa azul del cielo se desflora en la tarde alucinada y fresca del verano. Y hay un perfume exótico que corre en la vernácula soledad de la ciudad, mientras el rojo carbunclo del crepúsculo se desangra en el flanco celeste del horizonte Perfilan sus domos fantásticos las blancas basílicas de los cuatro nevados, cuyas campaniles cantan la avemaría de la nieve en la emoción del ángelus. Riobamba. En la noche fragante del verano el viejo Chimborazo -en la oración de nieve de su testa- eterniza el delirio del Libertador.
Antonio Montalvo |