Documentos de Bolívar
La victoria de Junín: la batalla ganada sin un disparo y el canto de Olmedo a Bolívar
El 6 de agosto de 1824 la caballería patriota decidió en tres cuartos de hora la suerte del Perú. Un guayaquileño, José Joaquín de Olmedo, convirtió aquella carga en el poema mayor del neoclasicismo americano.
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En la tarde del 6 de agosto de 1824, sobre la pampa de Junín, junto al lago Chinchaycocha, en la sierra central del Perú, las caballerías patriota y realista se acuchillaron durante unos tres cuartos de hora sin que sonara un solo disparo. De aquel combate breve y extraño —todo lanza y sable— salió quebrada la moral del ejército del rey y abierta el camino hacia Ayacucho, la batalla que cuatro meses después selló la independencia sudamericana.
Junín pertenece a la historia ecuatoriana por partida doble. En el Ejército Unido Libertador marchaban jefes y soldados de los departamentos del sur de Colombia, los actuales territorios del Ecuador, con el cuencano José de La Mar entre sus generales. Y fue un guayaquileño, José Joaquín de Olmedo, quien convirtió la jornada en el poema más célebre del neoclasicismo hispanoamericano: La victoria de Junín. Canto a Bolívar, impreso en Guayaquil en 1825. Esta página reconstruye la batalla y reproduce las estrofas centrales del canto junto con la correspondencia que el poema provocó entre el poeta y el Libertador.
La campaña del Perú
Después de Pichincha y de la entrevista de Guayaquil, Bolívar asumió la dirección de la guerra en el Perú, donde la independencia proclamada en 1821 seguía sin decidirse militarmente. Durante 1823 y comienzos de 1824 organizó en la costa y sierra norte el Ejército Unido Libertador: divisiones colombianas —nutridas en buena parte con reclutas de Quito, Guayaquil y Cuenca—, divisiones peruanas al mando de José de La Mar y restos de las fuerzas argentinas y chilenas de la expedición de San Martín. A mediados de 1824 ese ejército cruzó la cordillera occidental por pasos de más de cuatro mil metros para buscar al ejército realista de José de Canterac, que maniobraba en la sierra central.
El 6 de agosto, cuando la columna realista desfilaba por la pampa de Junín en dirección al sur, Bolívar lanzó su caballería —unos novecientos jinetes— contra la retaguardia enemiga, cubierta por cerca de mil trescientos sables de Canterac.
La batalla del 6 de agosto de 1824
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Fecha y hora | 6 de agosto de 1824, hacia las cinco de la tarde |
| Lugar | Pampa de Junín, junto al lago Chinchaycocha (sierra central del Perú) |
| Fuerzas | Caballería patriota, unos 900 jinetes; caballería realista, unos 1.300 |
| Armas | Exclusivamente arma blanca: lanza y sable, sin un disparo |
| Duración | Alrededor de 45 minutos |
| Resultado | Victoria patriota; los Húsares del Perú pasan a llamarse Húsares de Junín |
El primer choque favoreció a los realistas. La caballería patriota, que desembocaba en la pampa por un desfiladero, fue cargada antes de completar su despliegue; el general argentino Mariano Necochea, que la mandaba, cayó gravemente herido de múltiples sablazos. En ese momento se produjo el episodio que la tradición militar peruana convirtió en leyenda: el mayor José Andrés Rázuri, enviado a pedir órdenes, transmitió al coronel Manuel Isidoro Suárez —jefe del escuadrón Húsares del Perú, que permanecía oculto en un repliegue del terreno— la orden de cargar, cuando lo que se le había comunicado era cubrir la retirada. Los húsares cayeron sobre el flanco de la caballería realista, ya desordenada por la persecución, y la deshicieron. Canterac se replegó hacia el sur, abandonando la iniciativa de la campaña.
Como reconocimiento, Bolívar dispuso que el escuadrón llevara en adelante el nombre de Húsares de Junín. La batalla, menor por sus cifras, fue decisiva por sus efectos: la deserción diezmó al ejército realista en las semanas siguientes, y el 9 de diciembre de 1824 Antonio José de Sucre completó la obra en Ayacucho, donde La Mar mandó la división peruana.
El canto de Olmedo: génesis de un poema
José Joaquín de Olmedo (Guayaquil, 1780-1847), prócer de la independencia de Guayaquil y primer jefe civil de su revolución, recibió la noticia de las victorias del Perú como el asunto que su poesía esperaba. A comienzos de 1825 trabajaba ya en un canto heroico que uniera Junín y Ayacucho en una sola acción poética; para salvar la distancia entre ambas batallas introdujo la aparición del inca Huaina Cápac, que profetiza desde el cielo la victoria final y el destino de América.
El 15 de mayo de 1825 Olmedo escribió a Bolívar que la obra estaba «bajo prensa»: la edición prínceps salió ese año de la Imprenta de la Ciudad, por M. I. Murillo, en Guayaquil, en un cuaderno de 28 páginas con notas del autor y una advertencia en cursiva que justificaba la presencia del inca. Al año siguiente el propio Olmedo, ya en misión diplomática en Londres, publicó allí la edición corregida de 1826, base de las ediciones modernas. El manuscrito autógrafo se conserva en la Biblioteca Municipal de Guayaquil y fue inscrito en 2025 en el registro regional de Memoria del Mundo de la UNESCO para América Latina y el Caribe (ID 275/2025). La Academia Ecuatoriana de la Lengua ofrece en línea el facsímil de la prínceps.
Estrofas del canto
La obertura del poema es una de las más conocidas de la lengua:
El trueno horrendo que en fragor revienta y sordo retumbando se dilata por la inflamada esfera, al Dios anuncia que en el cielo impera.
Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta la hispana muchedumbre que, más feroz que nunca, amenazaba, a sangre y fuego, eterna servidumbre, y el canto de victoria que en ecos mil discurre, ensordeciendo el hondo valle y enriscada cumbre, proclaman a Bolívar en la tierra árbitro de la paz y de la guerra.
José Joaquín de Olmedo, La victoria de Junín. Canto a Bolívar, Guayaquil, 1825.
Los Andes, «enormes, estupendas / moles sentadas sobre bases de oro», quedan constituidos en testigos eternos de la jornada:
«Nosotros vimos de Junín el campo, vimos que al desplegarse del Perú y de Colombia las banderas, se turban las legiones altaneras, huye el fiero español despavorido, o pide paz rendido. Venció Bolívar, el Perú fue libre, y en triunfal pompa Libertad sagrada en el templo del Sol fue colocada.»
José Joaquín de Olmedo, La victoria de Junín. Canto a Bolívar, Guayaquil, 1825.
La aparición del héroe sobre el campo está construida como una interrogación homérica, y la arenga que sigue condensa la doctrina moral del poema:
¿Quién es aquel que el paso lento mueve sobre el collado que a Junín domina? […] Preñada en tempestades le rodea nube tremenda; el brillo de su espada es el vivo reflejo de la gloria; su voz un trueno, su mirada un rayo. […] ¿Quién sino el hijo de Colombia y Marte?
Sonó su voz: «Peruanos, mirad allí los duros opresores de vuestra patria; bravos Colombianos en cien crudas batallas vencedores, mirad allí los enemigos fieros que buscando venís desde Orinoco: suya es la fuerza y el valor es vuestro, vuestra será la gloria; pues lidiar con valor y por la patria es el mejor presagio de victoria. Acometed, que siempre de quien se atreve más el triunfo ha sido; quien no espera vencer, ya está vencido.»
José Joaquín de Olmedo, La victoria de Junín. Canto a Bolívar, Guayaquil, 1825.
La correspondencia Bolívar–Olmedo
Olmedo envió el poema a Bolívar con dos cartas, y el Libertador respondió desde el Cuzco con otras dos que son piezas clásicas de la crítica literaria americana. En la primera, del 27 de junio de 1825, el elogio viene envuelto en ironía:
Hace muy pocos días que recibí en el camino dos cartas de Vd. y un poema: las cartas son de un político y un poeta; pero el poema es de un Apolo. […] Vd. dispara… donde no se ha disparado un tiro; Vd. abrasa la tierra con las ascuas del eje y de las ruedas de un carro de Aquiles que no rodó jamás en Junín; Vd. se hace dueño de todos los personajes: de mí forma un Júpiter; de Sucre un Marte; de La Mar un Agamenón y un Menelao; de Córdoba un Aquiles; de Necochea un Patroclo y un Ayax; de Miller un Diomedes, y de Lara un Ulises. […] Vd., pues, nos ha sublimado tanto, que nos ha precipitado al abismo de la nada.
Simón Bolívar, carta a José Joaquín de Olmedo, Cuzco, 27 de junio de 1825. Archivo del Libertador, vol. 46, f. 54.
La segunda, del 12 de julio de 1825, entra en la crítica menuda —Bolívar se declara juez a pesar suyo, «como aquel paisano a quien hicieron rey de una comedia»— y formula reparos que la crítica posterior ha discutido durante dos siglos:
Vd. debió haber borrado muchos versos que yo encuentro prosaicos y vulgares […]. Después de esto, Vd. debió haber dejado este canto reposar como el vino en fermentación, para encontrarlo frío, gustarlo y apreciarlo. La precipitación es un gran delito en un poeta. […] Vd. ha trazado un cuadro muy pequeño para colocar dentro un coloso que ocupa todo el ámbito y cubre con su sombra a los demás personajes. El Inca Huaina-Capac parece que es el asunto del poema […].
Confieso a Vd. humildemente que la versificación de su poema me parece sublime; un genio lo arrebató a Vd. a los cielos. […] La estrofa 130 es bellísima; oigo rodar los torbellinos y veo arder los ejes; aquello es griego, es homérico.
Simón Bolívar, carta a José Joaquín de Olmedo, Cuzco, 12 de julio de 1825. Archivo del Libertador, vol. 46, f. 60.
Ambas cartas se conocieron por las copias del archivo de Martín de Icaza, suegro de Olmedo, publicadas en el periódico Los Andes de Guayaquil el 11 de junio de 1870, y hoy se custodian en el Archivo del Libertador. Leídas junto al poema, muestran algo poco común: el héroe de un canto épico discutiendo, verso a verso y con las armas de Horacio y Boileau, el monumento que acababan de levantarle. Sobre la otra gran página que Bolívar dejó en tierras ecuatorianas, véase Mi delirio sobre el Chimborazo; sobre el conjunto de su relación con el país, la página general de Bolívar y el Ecuador.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se dice que la batalla de Junín se ganó sin un solo disparo?
Porque fue un choque exclusivamente de caballerías, librado al arma blanca —lanza y sable— en la pampa de Junín, junto al lago Chinchaycocha. Las relaciones clásicas coinciden en que no hubo descargas de fusilería ni de artillería y en que el combate duró alrededor de cuarenta y cinco minutos. El propio Bolívar se lo recordó a Olmedo: el poeta «dispara» donde no se disparó un tiro.
¿Quiénes eran los Húsares de Junín?
Eran el escuadrón Húsares del Perú, mandado por el coronel Manuel Isidoro Suárez. Su carga sobre el flanco realista, lanzada cuando el mayor José Andrés Rázuri transmitió como orden de ataque lo que era una orden de repliegue, revirtió el combate ya casi perdido. En premio, Bolívar dispuso que el cuerpo se llamara en adelante Húsares de Junín.
¿Qué papel tuvieron los territorios del actual Ecuador en la campaña de Junín?
Tras Pichincha, los departamentos del sur de Colombia —Quito, Guayaquil y Cuenca— aportaron reclutas, caballos y recursos al Ejército Unido Libertador del Perú. Entre sus generales figuraba el cuencano José de La Mar, jefe de las fuerzas peruanas y futuro presidente del Perú, y fue un guayaquileño, Olmedo, quien dio a la victoria su monumento literario.
¿Cuándo y dónde se publicó La victoria de Junín, canto a Bolívar?
La edición prínceps salió de la Imprenta de la Ciudad, de M. I. Murillo, en Guayaquil, en 1825; por una carta de Olmedo a Bolívar del 15 de mayo se deduce que estaba en prensa ese mes. En 1826 apareció en Londres una edición corregida por el autor. El manuscrito se conserva en la Biblioteca Municipal de Guayaquil, inscrito en 2025 en el registro regional Memoria del Mundo de la UNESCO.
¿Qué opinó Bolívar del poema de Olmedo?
En dos cartas desde el Cuzco, de junio y julio de 1825, alternó el elogio y la censura. Celebró que la versificación le parecía «sublime» y homérica, pero reprochó al poeta la precipitación, los versos «prosaicos y vulgares» y el protagonismo del inca Huaina Cápac, que a su juicio ocupaba el cuadro entero. Son piezas tempranas y notables de crítica literaria americana.
Fuentes consultadas
- Archivo del Libertador, Documento 153, carta de Bolívar a Olmedo, Cuzco, 27 de junio de 1825
- Archivo del Libertador, Documento 161, carta de Bolívar a Olmedo, Cuzco, 12 de julio de 1825
- Academia Ecuatoriana de la Lengua, «La edición prínceps de La victoria de Junín. Canto a Bolívar», con facsímil digital
- UNESCO, Memoria del Mundo (América Latina y el Caribe), Manuscrito del poema, Biblioteca Municipal de Guayaquil, registro 275/2025
- Infobae, sección Historias, Reconstrucción de la batalla y del episodio de José Andrés Rázuri