Oscar Efrén Reyes.

"La revolución de Guayaquil tuvo prolongaciones externas de gran eficacia, y vino a sumarse, por tanto, a los principales factores de triunfo continental.

Ella y los éxitos de Lord Cochrane en las aguas del Pacífico, que capturaba incansablemente barcos españoles y la derrota de los realistas del Perú en Cerro de Pasco por fuerzas de San Martín, y el pronunciamiento de Trujillo, conmovieron y desmoralizaron , profundamente, a los ejércitos españoles.

Efecto de tal concatenación, fue, en seguida, nada menos que el pronunciamiento militar español contra su Virrey Pezuela, como si ese gobernante hubiera tenido la culpa de los triunfos de la revolución a lo largo del Pacífico.  En verdad, no lo era; pues la verdadera causa del desastre, según lo ha observado sagazmente un historiador chileno ya no estaba en la ineficacia administrativa o técnica del Virrey, sino ya más bien "en la falta de poder naval de España"...6

Tanto Bolívar como San Martín apreciaron, en el acto, la importancia el suceso. En Febrero de 1821  llegaba a Guayaquil un enviado de Bolívar, (el general José Mires, español a servicio de la independencia), portando una buena dotación de fusiles, sables y pistolas y, sobre todo, una comunicación sagacísima en que le ofrecía a la Junta de Gobierno de Guayaquil el contingente y los conocimientos militares de aquel distinguido oficial, quien podría ayudar "en la formación, organización y mando de una división que coopere, por esa parte, con el ejército de Colombia, a la libertad de Quito y a la conservación y seguridad de las provincias libres"....7

Y San Martín, por su lado, remitía 150 carabinas y, además un jefe militar de experiencia para la dirección de la campaña -el coronel Toribio Luzuriaga- , y un Representante Diplomático  -el coronel Tomás Guido, de la confianza de San Martín-, para que negociase lo que mutuamente podía convenir en esos momentos, o sea, en otros términos, el apoyo material del Perú a la revolución de Octubre, y la anexión , en cambio, de Guayaquil al Perú.  Según parece, ni la actuación militar de Luzuriaga ni la gestión diplomática de Guido pudieron prosperar.

Para esa época, es verdad que ya Guayaquil se había adelantado, por propia iniciativa, en la organización de la campaña sobre  las peligrosas fuerzas militares del Presidente  don Melchor Aymerich, que había concentrado en la capital con gran rapidez veteranos del poder español y voluntarios de la provincia de Pasto.

En tanto, ciudades y pueblos de la Presidencia de Quito iban pronunciándose  en favor de la emancipación.  En la mayor parte, estos pronunciamientos no ocurrían sino en medio de sangrientas luchas armadas y de heroicos episodios; pues eran adversos a la independencia no sólo los españoles propiamente, sino también , algunos tenaces nacionales partidarios de los españoles.

En la ciudad de Cuenca, los patriotas se sublevaron y dominaron las fuerzas extranjeras el 3 de Noviembre. A la cabeza de ellos destacándose un joven militar -El Teniente Tomás Ordóñez-  Hijo de uno e los grandes patriotas que, con  don Joaquín Tobar, don José Borrero, don Fernando Salazar y varios otros, habían favorecido ya la causa de la emancipación desde el propio año de 1809.  También destacáronse en ese día dos clérigos, de oratoria fogosa, con la que exaltaron a las muchedumbres: el cura Juan María Ormaza y Gacitúa, y el Dr. Francisco Javier Loyola.

En Riobamba, Latacunga y Machachi fueron tomados los cuarteles realistas el 11 de Noviembre simultáneamente. En Ambato, el 12 . Y en Alausí el 3, De tal modo que el poderío español, duramente golpeado por el interior, no tuvo sino que reconcentrarse para un encuentro total con las fuerzas patriotas  avanzaban desde Guayaquil.

Al frente de éstas venía uno de los capitanes más prestigiosos de la Revolución de Octubre : Luis Urdaneta.

Por desgracia, multitud de factores adversos influyeron en la suerte de los patriotas de Guayaquil, y el 22 de Noviembre de 1820 fueron derrotados, por primera vez en los campos de Huachi de las cercanías de Ambato. Unas semanas antes -el 20 de Octubre- habían sido también desbaratados los contingentes patriotas de Cuenca, en las altiplanicies de Verdeloma.

Estos desastres no alcanzaron a desmoralizar , por cierto, a la Junta de Gobierno de Guayaquil.  A fines del propio año  de 1820, ya se realizaba una segunda campaña, al mando, en esa vez, de personal argentino y chileno.  Una nueva racha de desgracia pasó por sobre los patriotas:  pues el 3 de Enero de 1821  las tropas independientes dirigidas por el Comandante argentino José García sufrían un nuevo descalabro en Tanizagua, cerca de Guaranda.

Capturado el Comandante José García, fue fusilado en el acto, y, cortada su cabeza, fue remitida a Quito, donde el Presidente Aymerich ordenó que se la pusiera en una jaula de hierro colgada sobre el puente del Machángara, para terror y escarmiento de los "insurgentes".

Por esos tiempos se había colgado, además, en distintos lugares de Quito, las cabezas de los jefes indios Chabi y Lamiña, que habían caído también en su lucha por la Patria Independiente.

Destruidas así las fuerzas patriotas, Guayaquil se preparaba ya más bien a la guerra defensiva.

Fue en esos momentos que llegaban los auxilios venezolanos y colombianos para Guayaquil: ¡ auxilios oportunísimos !

El General Mires, pues, y su aporte de armamentos fueron recibidos entusiastamente.  Para el mes de  Mayo, llegaba otro elemento más, de gran pericia militar  y de finísimo tacto diplomático -pues érase uno de los primeros hombres de la revolución americana: El General Antonio José de Sucre.

No venía solo este general: le acompañaban 700 combatientes, con sus respectivas armas y municiones, y, además un pliego de instrucciones del Libertador, para obtener, en cambio el apoyo, la anexión de Guayaquil y de Quito, con todos sus pueblos a la República de Colombia.

Al dar a conocer en Guayaquil el asunto de esta última instrucciones, no pudo conseguir Sucre una declaración inmediata ni categórica; aunque si por acta del 15 de Mayo, firmada entre él y la Junta de Gobierno, se convino en que Guayaquil quedaba a partir de ese momento, "bajo los auspicios y protección e Colombia"

Así se inició, entonces , la defensa de Guayaquil, ya con el enemigo a las puertas -pues, en Cone, de las inmediaciones de Yaguachi, Sucre dio la primera de sus batallas en el Ecuador, derrotando completamente una división del ejército españolista que venía sobre la ciudad ( 19 de Agosto de 1821)

Luego se emprendió en la marcha sobre el interior del país.

Una reacción hispanófila , encabezada por el guayaquileño Ramón Ollague y en la que parecía comprometido el propio Comandante militar de Guayaquil, don Juan de Dios Araujo, según posterior proceso, logró ser sofocada gracias a la actividad y energía de las milicias leales de la Junta de Gobierno. Y la defección de un batallón de 800 plazas, que a incitación del coronel traidor Nicolás López de Aparicio, pasara a incrementar el ejército español al grito de "Viva el Rey"-, se logró atenuar, mediante una hábil, cautelosa y pertinaz reconquista de elemento de tropa,

Pero lo que no pudo compensarse inmediatamente fue el nuevo desastre .y en esta vez, de grandes proporciones-, que sobrevino, a poco (12 de Septiembre de 1821) a la expedición de Sucre en los mismos campos de Huachi, de las cercanías de Ambato, precisamente ahí en donde el 22 de Noviembre del año anterior fueron terriblemente destrozadas las columnas de Luis Urdaneta y León de Febres Cordero."

  

" La serie de derrotas militares y otros episodios adversos que venían sucediéndose en la campaña libertadora de Guayaquil, vinieron a poner en muy serio peligro la emancipación de esta parte del continente, pues Simón Bolívar tampoco podía hasta entonces, vencer en Pasto.

Hubo , pues, que pedir auxilios, o, cuando menos, el envío del batallón Numancia, fuerte y veterana unidad colombiana que estuviera a servicio del General San Martín en el Perú.

San Martín acudió al llamamiento, y, para el 19 de Febrero de 1822  llegaba a Saraguro, del Azuay, una División Auxiliar de 1400 soldados al mando del coronel Santa Cruz.

Si las tropas de Sucre eran continentales y hasta cosmopolitas -pues en ellas había guayaquileños, patriotas del interior que acudían de los pueblos del tránsito a engrosar voluntariamente las filas venezolanos, granadinos, ingleses y españoles-, las que enviaba San Martín reunían elementos argentinos, chilenos, bolivianos y peruanos: América independiente estaba, pues, reunida para los combates decisivos, tal como había aconsejado Eugenio de Santa Cruz y Espejo y otros precursores eminentes.  Estas mismas fuerzas americanas, con la adición el contingente ecuatoriano, dará dos años después la batalla final de Ayacucho.

En la División Auxiliar del sur venía el batallón Granaderos, de veteranos argentinos y chilenos.  Estos abrieron el paso a las cimas del Pichincha, mediante el triunfo de Riobamba , de 21 de Abril de 1822, en que el comandante bonaerense Juan Lavalle se cubrió de gloria... 8

Para sostener estos victoriosos ejércitos, en tanto, los pueblos ecuatorianos todos, de Loja a Quito, aportaban, con patriotismo ferviente, todo cuanto podían y tenían, desde dinero hasta ropa y víveres... 9

Sucre marchaba con 3000 hombres hacia Pichincha. A excepción de algunos pueblos, todavía dominados por los españoles, todos los demás del tránsito iban recibiendo con entusiasmo a las tropas libertadoras y ofreciendo combatientes, víveres y dinero, No podía esperarse otra cosa tampoco de unos pueblos que, solos, habían mantenido la lucha contra el poder español durante tres años trágicos , de 1809 a 1812, hasta ser vencidos únicamente por la superioridad numérica, la traición y el bloqueo.

Los movimientos de la estrategia condujeron , al fin, al encuentro final en las faldas del Pichincha, al occidente de Quito.  Después de cerca de tres horas de emocionante pelea, a la vista de la antigua capital del legendario Reino de Quito, las fuerzas de los peninsulares salieron derrotadas.

Era en la mañana del 24 de Mayo de 1822."1      Hasta aquí Oscar Efrén Reyes.

 

 

Proclama por la Victoria de Pichincha..

Junta Superior de Gobierno.

Conciudadanos:

Las fuerzas unidas del Perú, Colombia y Guayaquil han roto al fin las pesadas cadenas, que arrastraban nuestros hermanos en la segunda capital de los Incas; y aunque los tiranos las habían afianzado en los enormes montes y profundas quebradas de aquel país, ellas has sido deshechas a la presencia de los hijos de la  Libertad.

Las aguas de la Plata Magdalena, Rímac y Guayaquil se reunieron; formaron un torrente, que escalando el Pichincha ahogaron en su falda a la tiranía.  Esas aguas han hecho florecer el árbol de la Libertad, regando el 24 de mayo a la hermosa  Quito, y confirmando que la Aurora del 9 de Octubre, que rayó nuestro horizonte, fue la aurora  del brillante día en que la libertad, con arte majestuoso, debía pasearse sobre las orgullosas cimas de los Andes.

Guayaquileños:

Cuando nos propusimos ser libres no podíamos dejar  gemir en la opresión a los pueblos que nos rodeaban ; la empresa era grandiosa, y los triunfos miraron con desdén nuestro noble arrojo. ¡ Crueles ! ellos, creyeron que vuestra sangre, que tres veces corrió en Guachi y Tanisagua, debilitaría y extinguiría la llama de vuestro amor  patrio; pero se hizo más viva;  y mientras vuestros hijos, hermanos y amigos corrieron a las armas, doblamos los esfuerzos y todos nuestros recursos fueron empleados para conducir  en nuestro auxilio a los hijos de la inmortal Colombia.

Los libertadores del Perú no pueden ver con indiferencia nuestra suerte, y coronados de los laureles, que arrancaron en Lima, vuelan infatigables a nuestra defensa: así de amos extremos vino la Libertad a vivificar sus cenizas en el centro que vio nacer en  809, dejando a este Pueblo la satisfacción de haberle abierto la senda por donde burlase el formidable Juananbú.

Guayaquileños:

Quito es ya libre: vuestros votos están cumplidos; la Provincia os lleva por la mano al templo de la Paz, a recoger los frutos de vuestra confianza y de vuestros sacrificios.

Un pueblo tan digno de ser libre, lo será sin duda; y reposando bajo la sombra del opulento Perú y de la heroica Colombia, llenaremos la página que nos toca en los fastos de la historia americana, y cumpliremos los grandes destinos a que estamos llamados.

Para acelerar esta época feliz, el gobierno, viendo asegurada la independencia de este pueblo y deseando asegurar del mismo modo su libertad civil, por medio de la representación general, que es el más precioso de todos los derechos de un pueblo libre; prepara la reunión del Colegio Electoral, para que de  una forma estable a las instituciones que se adoptaron entonces y para devolverle cuanto antes y sin mengua el grave depósito de la autoridad, que nos confió desde el principio de la transformación.

Conciudadanos y amigos:

En vuestra sola felicidad está el premio a las fatigas, que hemos sufrido por la Patria.

Sed moderados y virtuosos; vivid siempre cordialmente unido y seréis siempre libres y felices.  bajo  los auspicios de la Libertad y con la protección de los grandes  Estados, que nos rodean, se abre una carrera inmensa a la prosperidad de este hermoso y rico Pueblo, que será llamado por todas las naciones de la tierra, la Estrella del Occidente.

Guayaquil, Junio 9 de 1822

Olmedo, Jimena,  Roca.

(Establecimiento de la imprenta en Guayaquil, por G. Pino Roca. 1906, pp. 39-40)

 

 1 Fuente: Oscar Efrén  Reyes, Breve Historia General del Ecuador, Tomo II y III Pág 18-24

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