No sabemos que le condujo a participar en los
movimientos de rebeldía dados en la ciudad al pie del gran Cotopaxi, los
cuales tuvieron lugar entre los años de 1.813 y 1.820 y que finalmente
culminaron en la antes mencionada gloriosa fecha del 11 de Noviembre de
1.820, cuando Lizardo Ruiz era un hombre hecho y derecho, de 28 años de
edad.
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Hasta entonces se había mantenido soltero. Los hechos de Noviembre se
desencadenaron por la indignación de la gente ante las despóticas
autoridades españolas, cuando al vecino de Latacunga, Antonio Tapia, se
le dan 50 azotes en la plaza pública, como escarmiento para los demás
presos, por haberse escapado de la cárcel.
Los varones que estaban alado del movimiento
independentista, sean estos marqueses, criollos o indígenas, se
organizan y planean un ataque final y certero a la indeseable
organización ibérica. Feliciano Checa, Fernando Sáenz de Viteri, Ramón
Páez Iturralde, Pedro León de Berrazueta, Calixto Pino Iturralde y
Lizardo Ruiz Villacréses (entre otros) son los cabezas dirigentes.
Lizardo Ruiz fue en días anteriores con Francisco Flor a Pujilí a
reclutar gente y a organizar partidas volantes que interceptaron las
comunicaciones realistas en Quito. Fernando Viteri había contratado a su
vez a 50 hombres en Pujilí y les había armado con sendos machetes
costeados con dinero de su bolsillo. Se concentraron en la Hacienda
Tilipulito (no en Tilipulo como muchos "historiadores" mencionan) que
ese entonces pertenecía al General Manuel Matéu y Herrera, Marqués de
Maenza. Esta queda ubicada unos 10 kilómetros al nor-occidente de
Latacunga, en una extensa llanura algo arenosa con campos de cultivo
separados por cercas de cabuyos verde azulados. Muy cerca de allí queda
San Juan Bautista de Tilipulo, un próspero obraje, con una capilla
colonial, que por aquel tiempo era administrado por Manuel Larrea y
Jijón, yerno de los Marqueses de Miraflores, y quienes también
simpatizaban con la causa. Estas haciendas se había plantado por 1720 en
los predios de los caciques Panzaleos, entre ellos, del famoso Sancho
Hacho de Velasco. El obraje de Tilipulo procesaba las lanas de las
manadas de borregos merinos que pastaban en las extensas planicies que
rodeaban la hacienda.
En Tilipulito, los viejos muros de piedra pómez arrojada por las
entrañas del cercano y colosal Cotopaxi, albergaron los nobles planes de
los patriotas. Allí planearon con mucha precisión el ataque al cuartel
realista que por el momento ocupaba el convento de Santo Domingo,
ubicado en el centro de la ciudad de Latacunga. Puesto que la desventaja
en posiciones y armamento era manifiesta, debían primar sobre todo el
valor y el arrojo, cualidad que a aquellos jóvenes patriotas les
sobraba. Cuando llegó el momento de la verdad, al rayar el alba del 11
de Noviembre, los planes se pusieron en marcha. Don Feliciano Checa,
quien también tenia una hacienda en las cercanías de Pujilí se quedo de
reserve con la mitad de las fuerzas en Tilipulo, mientras los arrojados
Calixto Pino y Lizardo Ruiz comandaban el asalto al cuartel, con el
resto de los valientes. Se dirigieron primero al Estanco de Pólvora,
donde hoy se ubica el edificio de la ESPE Latacunga. Cuando llegaron
allí intimidaron al guardia que lo custodiaba y se apoderaron de las
armas que encontraron, para inmediatamente dirigirse al convento
convertido en cuartel, en donde se encontraban concentrados unas 60
soldados realistas, comandados por el sargento Miguel Morales y quienes
estaban ya en camino de organizar frente al inminente ataque. Se
acercaron con sigilo y luego de parapetarse tras el atrio del convento
de Santo Domingo, Lizardo Ruiz disparó un tiro certero a uno de los
centinelas ubicados sobre la bóveda del templo, rodando muerto el cabo
José Sarsoza. Esto motivo el que los demás abandonaran el estratégico
punto y que se creara un desconcierto entre los enemigos. Se produjo
entonces un intercambio de fuego entre los bandos y sin dudar un
momento, aprovechando la confusión de lo más recio del combate, Lizardo
Ruiz y Calixto Pino se lanzaron a una acción temeraria al intentar abrir
el portón atrancado del cuartel, con golpes de sus hombros, despreciando
las cagas de fusil que provenían del interior, Sea por ventura divina o
por la sobrehumana fuerza que fueron capaces de generar los dos jóvenes,
avocados ante tan desesperado trance, las trancas cedieron y las pesada
puerta se abrió. Se produjo entonces un tiroteo corto en el que cayó
muerto el comandante realista Miguel Morales, abatido por un tiro de
fusil disparado por Juan José Linares, el portero de la fábrica de
pólvora que se les había unido. Entonces arremete también el pueblo,
pues de pronto vio brillar la posibilidad de una victoria, la que antes
le había parecido imposible. Inmediatamente repicaron las campanas de la
ciudad y se iluminaron las calles, pues había llegado el atardecer. Se
oyeron más descargas en el interior del cuartel, con las que cayeron los
últimos que pusieron resistencia. Los demás realistas abandonaron las
armas y huyeron, mientras los vencedores, embriagados por el triunfo, y
posiblemente, por el alcohol sustraído de la aguardientería, recorrieron
las calles regocijándose junto a la ciudadanía. Las autoridades
españolas se dieron a la fuga aprovechando el tumulto. Al otro día, es
decir el 12 de noviembre, se organizó la marcha de un pelotón de 50
patriotas, comandados por Lizardo Ruiz y Calixto Pino, con la finalidad
de ayudar al movimiento de la vecina ciudad de Ambato, movimiento que
seguramente fue costeado por los vecinos acomodados de esta ciudad, como
los Páez y los Cevallos, y además por el acomodado y generoso ambateño
Francisco Flor. Sin embargo, cuando pasaban por San Miguel (Salcedo)
reciben ya la buena nueva de que el movimiento insurgente de Ambato se
había producido ya y que había terminado también con un rotundo éxito. Y
es así como se produjo la heroica acción que permitió que nuestra ciudad
obtuviera su emancipación política, hecho ocurrido justamente hace 184
años. Fuentes y Bibliografía: "Mi Casa Vieja" La vida del prócer Lizardo
Ruiz y su descendencia. Irma y Adolfo Holguín Utterman. Quito. Diciembre
de 2003. SAG N° 181. Volumen N°6. Capítulo Cotopaxi-Tungurahua. Paúl
García Lanas. Archivo Personal
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