A los requerimientos del jefe de la provincia libre del Azuay, el Cabildo Lojano, integrado casi en su totalidad por patricios adictos a la Corona, contestó en forma negativa; pero, el pueblo llano, el artesano, el campesino, el hombre de la calle, cuando supo esta noticia, no hizo esperar su respuesta de rebeldía. Es así que, en la tarde del 18 de noviembre de 1820, previa convocatoria de Ramón Pinta, José Picoíta y Manuel Zambrano, una multitud se reúne en la Plaza de San Sebastián (hoy plaza de la Independencia) y avisando la causa de América Libre recorren las calles hasta llegar a la Plaza Mayor.
No se hizo esperar la retaliación de los realistas. Con el peso de sus abundantes armas trataron de levantar diques aquí y allá para detener el avasallador torrente independentista y lograron dominar nuevamente las plazas de Cuenca y Loja, iniciando conjuntamente un juicio contra los insurrectos. Pero la presencia de Sucre y de los ejércitos libertadores hicieron renacer un enfervorizarte entusiasmo en las gentes de Loja que volcaron todos sus contingentes humanos y materiales en armas, dinero, provisiones y acémilas, para conformar el Ejército del Sur. Por ese tiempo el Cabildo Lojano, con el afán de evitar la ocupación napoleónica de España, abrigaba la esperanza de que el ejército libertador de Bolívar pudiera reunificar e independizar a las españas. El aporte material sumaba más de quinientos mil pesos, cantidad considerable en relación con los medios económicos y la cotización de la moneda de esa época. El acta de la Independencia de Loja, que se guarda en el Salón del Cabildo, fue suscrita el 17 de febrero de 1822.
El 18 de junio de 1822, Loja celebró alborozada el triunfo de Pichincha que sellaba la independencia nacional. Con esta oportunidad, el General Sucre envió una comunicación al nuevo Cabildo Lojano, agradeciéndole sus servicios y el apoyo entregado a la causa independentista: El movimiento libertario no tocó a los intereses ni privilegios feudales, a pesar de que en Loja como ya se ha probado, fue un movimiento popular alejado de la idealidad romanesca y los objetivos de los marqueses y condes de la independencia. El 10 de octubre de 1822, en Loja, fue recibido por el Cabildo y el pueblo en forma solemne el Libertador Bolívar, en donde permaneció hasta el 23 octubre de 1822 realizando importantes gestiones en pro de la libertad y unidad de los pueblos iberoamericanos. Es necesario destacar el hecho de las graves dificultades que enfrentaba el Libertador San Martín en Lima, en donde el Virrey La Serna había retomado el control; circunstancia que determinó la necesidad de estructurar y llevar desde Colombia el ejército libertador para emancipar definitivamente al Perú y consolidar la independencia de América. Fue durante el transcurso de su permanencia en Loja, que la inspiración del Libertador plasmó la famosa composición poética de apreciable forma lírica Mi delirio sobre el Chimborazo. Lamentablemente, la ley de división territorial de Colombia, aprobada por Santander desde su escritorio y sin mayor consideración de las realidades, menospreció la importancia política de Loja.1
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