El
aludido investigador y periodista refiere que hay testimonios en el
sentido de que en las primeras décadas de este siglo, la gente seguía
con embeleso la interpretación de pasillos y valses en
voces de
aficionados que lo hacían de modo estupendo. Recordemos que para
entonces ya vivía en Guayaquil Nicasio Safadi, que llegó muy
tierno desde Beirut, y también Enrique Ibáñez Mora, que sería su
compañero en las grabaciones realizadas en Nueva York, en 1930. Y así,
como los dos compositores y cantantes, habían otros que lo hacían por
afición, porque en aquella época no se hablaba de profesionalismo.
Eran dúos y tríos que tenían facultades innatas para cantar y que se
los escuchaba en las frecuentes serenatas en un Guayaquil todavía muy
pequeño, y en otros casos al calor de unos tragos en conocidas
cantinas de la urbe.

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Un “diablo privilegiado”
Hacia 1921, año de la fundación de Diario EL UNIVERSO, se
encontraba en
plenitud de facultades Alberto Valdivieso Alvarado, conocido en el mundo
de la farándula como "Diablo ocioso", que a decir de
quienes tuvieron oportunidad de conocerlo, ha sido el mejor cantante de
pasillos de todos los tiempos. De voz privilegiada y muy hábil con la
guitarra. Valdivieso cantó algún tiempo con Nicasio Safadi y formaron
un dúo inigualable.
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Para
1930, año en que el dúo Ecuador fue a Estados Unidos, acompañado de
don José Domingo Feraud Guzmán, el popular "Diablo
ocioso" se hallaba en Chile. Los críticos dijeron que si
Valdivieso hubiese estado en este puerto, es seguro que habría estado
con Safadi en la ciudad de los rascacielos. Valdivieso fue ídolo
indiscutido reclamado en Chile y Argentina. En el país de las pampas se
atrevió a cantar tangos y milongas, y se ganó el cariño de
los "gauchos".
En
1933 retornó a Guayaquil, uniéndose a Enrique Ibáñez y al no menos
famoso Carlos Silva Pareja, para formar un trío que llenó de música a
la ciudad.
La
noche del 23 de mayo de 1934, el teatro Colón estuvo abarrotado, pues "Diablo
ocioso" se despedía de su querida urbe. Volvía a Chile.
Aquella noche también intervinieron en el homenaje al ídolo la
orquesta que dirigía el violinista Fermín Silva de la Torre y los dúos
Alcibíades Elizalde-Carlos Silva Pareja y Orellana-Guillén.
Valdivieso
Alvarado se quedó definitivamente en Chile, donde encontró cariño y
afecto. En 1945 se recibió la noticia de su muerte. El compositor,
guitarrista y cantante Alberto Guillen Navarro, autor del hermoso
pasillo "Cenizas”, contaba a sus amigos que pasaría mucho tiempo
antes de que surgiera un cantante de la talla de Alberto Valdivieso
Alvarado. Lástima que en los años de su carrera su voz no haya sido
registrada en buenas grabaciones.

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La década Gloriosa.
Mucho
se ha hablado en el sentido de que el "boom"
de la música nacional ocurre a
partir de las grabaciones del Dúo Ecuador, en Norteamérica.
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Eso es cierto. Las canciones de Safadi e Ibáñez tuvieron caudalosa
acogida, pues exhibieron fidelidad y un magnífico acompañamiento
orquestal.
En
adelante, el interés por cantar y grabar pasillos fue evidente. Además,
como confesó Nicasio Safadi, "con esos discos ya pude ganarme unos
sucres".
Sin
embargo, en cuanto a la riqueza de producción de temas, no quedan dudas
que fue la década de los años 20 al 30 la más prolífica. Basta una
simple revisión de compositores e intérpretes, cuya producción tuvo
lugar en ese tiempo.
Veamos:
Ángel Leónidas Araujo Chiriboga, quiteño nacido en 1900, que dejó a
la posterioridad dos temas inolvidables: "Nunca" y
"Rebeldía", y que varios intérpretes los popularizaron en
nuestra capital antes de las primeras grabaciones
de la Columbia.
Su
hermano Jorge, apodado "El gato", compuso para su amada
Carlota Jaramillo aquel monumento de canción que se llama "Sendas
distintas" y que nadie
ha podido interpretar mejor que la "Alondra". Ese tema nunca
pasó de moda.
En
1925, en Radio El Prado de Riobamba, hubo audiciones especiales con
motivo de la fundación de la ciudad y, al parecer, en esa oportunidad
fue estrenada la melodía.
Carlota
Jaramillo, la Reina de la Canción, graduada de profesora en 1926, fue
actriz de teatro de variedades a partir de 1927 y se consagra
como cantante después de grabar los pasillos "Honda pena", de
Guillermo Garzón, y "Sendas distintas" e "Imploración
de amor", cuyas letras corresponden a la poetisa mexicana Rosario
Sansores.
Carlos
Brito Benavides, aclamado músico pichinchano, entregó su mejor
producción musical en la década de los años 20. Su canción más
conocida y que inclusive caló internacionalmente es
"Sombras". Pero también tiene otros temas no menos hermosos
como "Ojos tentadores", "Tus ojeras" y
"Rosas". José Ignacio Canelos, que nació en Cayambe y que
estudió en el Conservatorio Nacional, obtuvo su maestría en piano y a
su inspiración se deben los pasillos tan famosos y populares como
"Ojos Verdes" y "Ósculos". El cuencano Rafael Carpió
Abad, que aún vive para contento de sus coterráneos y compatriotas,
legó a su pueblo una canción que identifica a la morlaquía:
"Chola cuencana", y el pasillo inolvidable "Chorritos de
luz". Carpió nació en Cuenca el 23 de octubre de 1905. No hay
ecuatoriano que alguna vez no haya tarareado por lo menos el pasillo
"Lamparilla", tema clásico que pertenece a la inspiración de
Miguel Ángel Casares, quiteño nacido en 1903, y que compuso esta canción
en sus años mozos. A Casares se lo ha llamado "El cantor sin
luz", porque quedó ciego durante un viaje por barco desde Panamá.
Tiene otros dos pasillos igualmente bellos como "Arias íntimas",
letra del poeta José María Egas, y "Para mí, tu recuerdo".
Imposible
dejar de mencionar en esta revisión de compositores famosos, que
escribieron en el pentagrama en la década del 20, a Segundo Cueva
Celi,
que habiendo nacido en Loja el 10 de enero de 1901, compuso para las
generaciones venideras sus pasillos inmortales “Vaso de lágrimas",
"Pequeña ciudadana" y "Corazón que no olvida".
Otro
grande del pasillo fue Constantino Mendoza Moreira, nacido en Portoviejo
el 28 de abril de 1898. Compositor y pianista eximio fue aclamado por su
pueblo. Entre otros temas musicales tienen su autoría
"Aromando", "Laura (Rosales mustios)" y sobre todo
"Atardecer", que para muchos es el pasillo número uno del
Ecuador.

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El último de los grandes.
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El
16 de septiembre de 1921, fecha de fundación de EL UNIVERSO, nació en
Guayaquil Carlos Aurelio Rubira Infante, que habría de convertirse en
uno de los más fecundos compositores nacionales. Porque Rubira, que
además ha cantado junto a varios de los intérpretes más famosos como
Olimpo Cárdenas, Fernando Maridueña y Gonzalo Vera Santos, es autor de
canciones dedicadas a diferentes ciudades de la República, que se
convirtieron en himnos populares de esas comunidades. Sus canciones más
conocidas y que le han asegurado un espacio entre
los inmortales son "Altivo ambateño", compuesto después del
terrible terremoto que azotó a la provincia de Tungurahua, en agosto de
1949. También "Ambato tierra de flores", "Guayaquileño
madera de guerrero", "Guayaquil pórtico de oro",
"En las lejanías", "Qué pena", etc.
Rubira
Infante, a los 75 años, vive plenamente y es siempre objeto del afecto
y admiración de sus compatriotas. Junto a Carlos Solís Morán, ya
fallecido, y a Custodio Sánchez Meza, que acaba de cumplir 100 años de
vida, son los últimos grandes compositores de la bella música
ecuatoriana.
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Nacido
en 1859, Carlos Amable Ortiz se convierte en el compositor que más
informó del pasado. Produjo de forma incesante. Truncó su viaje a Milán
por la trágica muerte del Presidente García
Moreno, que le había ofrecido una beca para que siguiera estudios
en Europa Ortiz vivió hasta el 3 de octubre de 1937. Sus canciones más
conocidas son "A unos ojos" y "No te olvidaré", que
los quiteños nunca dejaron de cantar.
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Francisco
Paredes Herrera
Un
príncipe del pasillo
Fragmento de una
composición:
|> Manabí
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Francisco
Paredes Herrera, "El príncipe del pasillo", y Nicasio Safadi
son, sin duda alguna, los más fecundos compositores de música
nacional. Paredes nació en Cuenca el 8 de septiembre de 1891 y murió
en Guayaquil en 1952. Gran parte de su vida transcurrió en este puerto.
Es impresionante la cantidad de pasillos compuestos por Paredes, quien
en ocasiones escribía con seudónimo las letras de sus canciones. Las
melodías más conocidas y que la gente escucha emocionada son "El
alma en los labios", "Tú y yo",
"Un triste
despertar", "Vamos, linda",
"Como si fuera un niño",
"Rosario de besos", "Manabí" etc.

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El
dúo de la Canción criolla.
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Si
Guayaquil tuvo en el dúo Valdivieso-Safadi, primero, y después el
integrado por Ibáñez y Safadi, como los máximos intérpretes del
pasillo entre los años 1920 y 1940, Quito tuvo a Carlota Jaramillo y al
dúo Benítez-Valencia entre las más altas cumbres de la canción
criolla.
Gonzalo
Benítez y Luis Valencia Córdova cantaron juntos más de 20 años y sus
voces inconfundibles enfervorizaron a los públicos del país. Valencia,
que también cantó junto a Carlota Jaramillo, falleció en 1970. Le
sobrevive Benítez, que hizo de primera voz, y continúa cantando.
De aquel dúo quedaron para la posteridad melodías
tan sentidas como "Tu partida", "Aquellos ojos",
"Acuérdate de mí", "Ojos verdes".

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El
Ruiseñor de América.
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Julio
Alfredo Jaramillo Laurido, es el cantante que más ha trascendido dentro
y fuera del país. Tiene récord en grabaciones, pues nadie, ni los más
famosos cantantes de Estados Unidos y Europa, ni siquiera Carlos Gardel,
llevaron tantas canciones al acetato como lo hizo Jaramillo.
Hay
versiones en el sentido de que su producción discográfica supera los
300 discos de larga duración, lo cual sugiere que J.J. grabó un poco más
de tres mil canciones. Y, sin embargo, murió pobre.
Jaramillo
fue querido en el país y también idolatrado en México, Venezuela,
Colombia y el Caribe. En Ecuador se dio un fenómeno: la fama de J.J.
aumentó después de muerto; tanto que personas que ni siquiera lo
conocieron se convirtieron en sus fans. Discos y cassettes con canciones
de Jaramillo, que aparecen en frecuentes promociones, son pronto
acaparados por el público.
Julio
Jaramillo cantó un sinnúmero de pasillos y también boleros y tangos.
Saltó al estrellato con el vals "Fatalidad", allá en 1956,
cuando muchos confundían su voz con la de Olimpo Cárdenas. Después
interpretó "Nuestro juramento", bolero del puertorriqueño
Esteban de Jesús, con el que tuvo éxito arrollador y se hizo
internacional.
El
9 de febrero de 1978 murió en su ciudad natal y su sepelio registró un
acompañamiento impresionante, como ningún otro ecuatoriano ha tenido.
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Gonzalo
Vera Santos, nacido en Bahía de Caráquez el 10 de enero de 1917, fue
compositor e intérprete. Logró notoriedad después de haber
musicalizado el poema "Romance de mi destino", del poeta Abel
Romeo Castillo. Lo mismo hizo posteriormente con los versos escritos por
don Ismael Pérez Pazmiño, fundador de el
UNIVERSO. Así surgió el pasillo "Juramento".
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Vera
Santos, que hizo un buen dúo con Carlos Rubira Infante, debió soportar
una prolongada y cruel dolencia hasta que expiró el 6 de enero de 1989.
Olimpo
Cárdenas, oriundo de Playas de Vinces, fue también un ídolo de la
canción internacional. Sus primeras apariciones en público ocurrieron
en Guayaquil y los tangos estuvieron en su repertorio. Después cantó
pasillos y boleros con gran suceso. Un tanto decepcionado de su suerte,
emprendió viaje a Colombia, en donde logró enorme popularidad, tanto
que decidió echar raíces en el hermano país.
Antes
de su muerte vino de visita para presentarse en ferias de Quito y
Ambato. La muerte lo sorprendió en plena
actuación.
Triunfadores
internacionales.

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Pepe
Jaramillo, Tito del Salto y Kike Vega son cantantes solistas que han
ganado popularidad dentro y fuera de los linderos patrios. De Pepe
Jaramillo se ha dicho que su voz es superior a la de J.J. y que tiene
una singular forma de interpretar pasillos.
"Recordando
tu olvido", "Ausencia" y "No retomes"
aparecen entre las composiciones más solicitadas al cantante.
|
Tito
del Salto combina la interpretación de pasillos y rancheras. Su
presencia es reclamada en todos los escenarios del país, pero ha
actuado con gran éxito en Colombia, Perú, Venezuela y Estados Unidos.

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Tres
décadas de éxitos.
Fragmento de una
composición:
|>Tu
y Yo
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Después
de haber ganado el Festival Iberoamericano de la Canción con el pasillo
"Tú y yo", de Francisco Paredes Herrera, los Miño Naranjo
fueron aclamados en todo el territorio nacional. En las fiestas sonadas
del país es infaltable la presencia de este formidable dúo, que ya ha
acumulado más de 30 años de ininterrumpida actividad artística.
Nacidos
en Ambato, los Miño provienen de una familia muy vinculada a la música.
Su primer éxito lo alcanzaron en el Festival Nacional del Pasillo,
realizado en el Coliseo Julio Hidalgo, obteniendo un valioso trofeo. El
dúo de los hermanos Miño Naranjo, de cierta forma, llenó el vacío
dejado por el inmortal dúo Benítez-Valencia, que desapareció con la
muerte del popular "Potolo".
A
las hermanas Maruja y Amelia Mendoza se las denominó "Las
Alondras del Guayas". Habían empezado a cantar por los años 30 y
sus grabaciones suman al menos 400. El 15 de enero de 1994 dejó de
existir Amelia.
Las
hermanas Laura Eulalia y Mercedes Olimpia Mendoza Suasti, merecen igual
reconocimiento, junto a Hilda Murillo que goza de caudalosa popularidad
y se halla en plena vigencia pese a que también acumula un buen número
de años en los escenarios.
Las
hermanas Irma y Mary Aráuz estuvieron inmersas, desde pequeñas, en el
arte musical y lograron capitalizar gran popularidad. Cantan
individualmente temas nacionales, pero también interpretan producciones
del cancionero tropical. Su dilatada carrera ha sido recompensada con
distinciones de entidades nacionales representativas.
En
los tiempos que corren, la cantante Silvana, que también incursionó en
el mundo de las telenovelas, aparece en los primeros lugares del ranking
de preferencia del público. Logró notoriedad interpretando
canciones románticas, luego insistió en cantar temas nacionales y se
animó a realizar un álbum con melodías ecuatorianas, cuya
demanda ha sido apreciable. Silvana es atracción en cualquier escenario
que se presenta.
Bien
podemos decir, al término de esta nota, que el itinerario musical de
estos 75 años que se inició con la presencia de Alberto Valdivieso
Alvarado, "Diablo ocioso", se cierra con la simpática
Silvana. Es preciso insistir que todos los compositores, cantautores e
intérpretes, a su turno, se ganaron el aplauso de todos los públicos
del país y de otros lares.
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