Valores de nuestra Historia Musical

Valores de nuestra Historia Musical.1

Por Jaime Díaz Marmolejo

Si como afirma el profesor Hugo Delgado Cepeda, en 1818 el pueblo quiteño escuchó por primera vez pasillos y bambucos interpretados por  la banda del batallón Numancia, que se hallaba en tránsito a Lima, fue aquel acontecimiento el que estímulo a nuestros compatriotas a componer canciones que más tarde pasarían  a formar parte de nuestra reserva musical.

El aludido investigador y periodista refiere que hay testimonios en el sentido de que en las primeras décadas de este siglo, la gente seguía con embeleso la interpretación de pasillos y valses en voces de aficionados que lo hacían de modo estupendo. Recordemos que para  entonces ya vivía en Guayaquil Nicasio Safadi, que llegó muy tierno desde Beirut, y también Enrique Ibáñez Mora, que sería su compañero en las grabaciones realizadas en Nueva York, en 1930. Y así, como los dos compositores y cantantes, habían otros que lo hacían por afición, porque en aquella época no se hablaba de profesionalismo. Eran dúos y tríos que tenían facultades innatas para cantar y que se los escuchaba en las frecuentes serenatas en un Guayaquil todavía muy pequeño, y en otros casos al calor de unos tragos en conocidas cantinas de la urbe.

Alberto Valdivieso A. 

Un “diablo privilegiado”

Hacia 1921, año de la fundación de Diario EL UNIVERSO, se encontraba en plenitud de facultades Alberto Valdivieso Alvarado, conocido en el mundo de la farándula como "Diablo ocioso", que a decir de quienes tuvieron oportunidad de conocerlo, ha sido el mejor cantante de pasillos de todos los tiempos. De voz privilegiada y muy hábil con la guitarra. Valdivieso cantó algún tiempo con Nicasio Safadi y formaron un dúo inigualable.

 Para 1930, año en que el dúo Ecuador fue a Estados Unidos, acompañado de don José Domingo Feraud Guzmán, el popular "Diablo ocioso" se hallaba en Chile. Los críticos dijeron que si Valdivieso hubiese estado en este puerto, es seguro que habría estado con Safadi en la ciudad de los rascacielos. Valdivieso fue ídolo indiscutido reclamado en Chile y Argentina. En el país de las pampas se atrevió a cantar tangos y milongas, y se ganó el cariño de los "gauchos".

En 1933 retornó a Guayaquil, uniéndose a Enrique Ibáñez y al no menos famoso Carlos Silva Pareja, para formar un trío que llenó de música a la ciudad.

La noche del 23 de mayo de 1934, el teatro Colón estuvo abarrotado, pues "Diablo ocioso" se despedía de su querida urbe. Volvía a Chile. Aquella noche también intervinieron en el homenaje al ídolo la orquesta que dirigía el violinista Fermín Silva de la Torre y los dúos Alcibíades Elizalde-Carlos Silva Pareja y Orellana-Guillén.

Valdivieso Alvarado se quedó definitivamente en Chile, donde encontró cariño y afecto. En 1945 se recibió la noticia de su muerte. El compositor, guitarrista y cantante Alberto Guillen Navarro, autor del hermoso pasillo "Cenizas”, contaba a sus amigos que pasaría mucho tiempo antes de que surgiera un cantante de la talla de Alberto Valdivieso Alvarado. Lástima que en los años de su carrera su voz no haya sido registrada en buenas grabaciones. 

Carlota Jaramillo

La década Gloriosa.

 

Mucho se ha hablado en el sentido de que el "boom" de la música nacional ocurre a partir de las grabaciones del Dúo Ecuador, en Norteamérica.

 Eso es cierto. Las canciones de Safadi e Ibáñez tuvieron caudalosa acogida, pues exhibieron fidelidad y un magnífico acompañamiento orquestal.

En adelante, el interés por cantar y grabar pasillos fue evidente. Además, como confesó Nicasio Safadi, "con esos discos ya pude ganarme unos sucres".

Sin embargo, en cuanto a la riqueza de producción de temas, no quedan dudas que fue la década de los años 20 al 30 la más prolífica. Basta una simple revisión de compositores e intérpretes, cuya producción tuvo lugar en ese tiempo.

Veamos: Ángel Leónidas Araujo Chiriboga, quiteño nacido en 1900, que dejó a la posterioridad dos temas inolvidables: "Nunca" y "Rebeldía", y que varios intérpretes los popularizaron en nuestra capital antes de las primeras grabaciones de la Columbia.

Su hermano Jorge, apodado "El gato", compuso para su amada Carlota Jaramillo aquel monumento de canción que se llama "Sendas distintas" y  que nadie ha podido interpretar mejor que la "Alondra". Ese tema nunca pasó de moda.

En 1925, en Radio El Prado de Riobamba, hubo audiciones especiales con motivo de la fundación de la ciudad y, al parecer, en esa oportunidad fue estrenada la melodía.

 Carlota Jaramillo, la Reina de la Canción, graduada de profesora en 1926, fue actriz de teatro de variedades a partir de 1927 y se consagra como cantante después de grabar los pasillos "Honda pena", de Guillermo Garzón, y "Sendas distintas" e "Imploración de amor", cuyas letras corresponden a la poetisa mexicana Rosario Sansores.

Carlos Brito Benavides, aclamado músico pichinchano, entregó su mejor producción musical en la década de los años 20. Su canción más conocida y que inclusive caló internacionalmente es "Sombras". Pero también tiene otros temas no menos hermosos como "Ojos tentadores", "Tus ojeras" y "Rosas". José Ignacio Canelos, que nació en Cayambe y que estudió en el Conservatorio Nacional, obtuvo su maestría en piano y a su inspiración se deben los pasillos tan famosos y populares como "Ojos Verdes" y "Ósculos". El cuencano Rafael Carpió Abad, que aún vive para contento de sus coterráneos y compatriotas, legó a su pueblo una canción que identifica a la morlaquía: "Chola cuencana", y el pasillo inolvidable "Chorritos de luz". Carpió nació en Cuenca el 23 de octubre de 1905. No hay ecuatoriano que alguna vez no haya tarareado por lo menos el pasillo "Lamparilla", tema clásico que pertenece a la inspiración de Miguel Ángel Casares, quiteño nacido en 1903, y que compuso esta canción en sus años mozos. A Casares se lo ha llamado "El cantor sin luz", porque quedó ciego durante un viaje por barco desde Panamá. Tiene otros dos pasillos igualmente bellos como "Arias íntimas", letra del poeta José María Egas, y "Para mí, tu recuerdo".

Imposible dejar de mencionar en esta revisión de compositores famosos, que escribieron en el pentagrama en la década del 20, a Segundo Cueva Celi, que habiendo nacido en Loja el 10 de enero de 1901, compuso para las generaciones venideras sus pasillos inmortales “Vaso de lágrimas", "Pequeña ciudadana" y "Corazón que no olvida".

Otro grande del pasillo fue Constantino Mendoza Moreira, nacido en Portoviejo el 28 de abril de 1898. Compositor y pianista eximio fue aclamado por su pueblo. Entre otros temas musicales tienen su autoría "Aromando", "Laura (Rosales mustios)" y sobre todo "Atardecer", que para muchos es el pasillo número uno del Ecuador.

Carlos Rubira Infante

El último de los grandes.

Fragmento de una composición:   |>Ambato tierra de flores.

 

 El 16 de septiembre de 1921, fecha de fundación de EL UNIVERSO, nació en Guayaquil Carlos Aurelio Rubira Infante, que habría de convertirse en uno de los más fecundos compositores nacionales. Porque Rubira, que además ha cantado junto a varios de los intérpretes más famosos como Olimpo Cárdenas, Fernando Maridueña y Gonzalo Vera Santos, es autor de canciones dedicadas a diferentes ciudades de la República, que se convirtieron en himnos populares de esas comunidades. Sus canciones más conocidas y que le han asegurado un espacio entre los inmortales son "Altivo ambateño", compuesto después del terrible terremoto que azotó a la provincia de Tungurahua, en agosto de 1949. También "Ambato tierra de flores", "Guayaquileño madera de guerrero", "Guayaquil pórtico de oro", "En las lejanías", "Qué pena", etc.

Rubira Infante, a los 75 años, vive plenamente y es siempre objeto del afecto y admiración de sus compatriotas. Junto a Carlos Solís Morán, ya fallecido, y a Custodio Sánchez Meza, que acaba de cumplir 100 años de vida, son los últimos grandes compositores de la bella música ecuatoriana.

amable

Carlos Amable Ortiz: Compositor del pasado

Nacido en 1859, Carlos Amable Ortiz se convierte en el compositor que más informó del pasado. Produjo de forma incesante. Truncó su viaje a Milán por la trágica muerte del Presidente García Moreno, que le había ofrecido una beca para que siguiera estudios en Europa Ortiz vivió hasta el 3 de octubre de 1937. Sus canciones más conocidas son "A unos ojos" y "No  te olvidaré", que los  quiteños nunca dejaron de cantar. 

Francisco Paredes Herrera

Un príncipe del pasillo   

Fragmento de una composición:  |> Manabí

 

 Francisco Paredes Herrera, "El príncipe del pasillo", y Nicasio Safadi son, sin duda alguna, los más fecundos compositores  de música nacional. Paredes nació en Cuenca el 8 de septiembre de 1891 y murió en Guayaquil en 1952. Gran parte de su vida transcurrió en este puerto. Es impresionante la cantidad de pasillos compuestos por Paredes, quien en ocasiones escribía con seudónimo las letras de sus canciones. Las melodías más conocidas y que la gente escucha emocionada son "El alma en los labios", "Tú y yo", "Un triste despertar", "Vamos, linda", "Como si fuera un niño", "Rosario de besos", "Manabí" etc.

Gonzalo Benítez

El dúo de la Canción criolla.

Si Guayaquil tuvo en el dúo Valdivieso-Safadi, primero, y después el integrado por Ibáñez y Safadi, como los máximos intérpretes del pasillo entre los años 1920 y 1940, Quito tuvo a Carlota Jaramillo y al dúo Benítez-Valencia entre las más altas cumbres de la canción criolla.

Gonzalo Benítez y Luis Valencia Córdova cantaron juntos más de 20 años y sus voces inconfundibles enfervorizaron a los públicos del país. Valencia, que también cantó junto a Carlota Jaramillo, falleció en 1970. Le sobrevive Benítez, que hizo de primera voz, y continúa cantando.  De aquel dúo quedaron para la posteridad melodías tan sentidas como "Tu partida", "Aquellos ojos", "Acuérdate de mí", "Ojos verdes".

 

Julio Jaramillo 

 El Ruiseñor de América.

Fragmento de una composición:  |> Alma en los labios.

 

Julio Alfredo Jaramillo Laurido, es el cantante que más ha trascendido dentro y fuera del país. Tiene récord en grabaciones, pues nadie, ni los más famosos cantantes de Estados Unidos y Europa, ni siquiera Carlos Gardel, llevaron tantas canciones al acetato como lo hizo Jaramillo.

Hay versiones en el sentido de que su producción discográfica supera los 300 discos de larga duración, lo cual sugiere que J.J. grabó un poco más de tres mil canciones. Y, sin embargo, murió pobre.

Jaramillo fue querido en el país y también idolatrado en México, Venezuela, Colombia y el Caribe. En Ecuador se dio un fenómeno: la fama de J.J. aumentó después de muerto; tanto que personas que ni siquiera lo conocieron se convirtieron en sus fans. Discos y cassettes con canciones de Jaramillo, que aparecen en frecuentes promociones, son pronto acaparados por el público.

Julio Jaramillo cantó un sinnúmero de pasillos y también boleros y tangos. Saltó al estrellato con el vals "Fatalidad", allá en 1956, cuando muchos confundían su voz con la de Olimpo Cárdenas. Después interpretó "Nuestro juramento", bolero del puertorriqueño Esteban de Jesús, con el que tuvo éxito arrollador y se hizo internacional.

El 9 de febrero de 1978 murió en su ciudad natal y su sepelio registró un acompañamiento impresionante, como ningún otro ecuatoriano ha tenido.

 

vera

Gonzalo Vera Santos.
Romancero por excelencia

Gonzalo Vera Santos, nacido en Bahía de Caráquez el 10 de enero de 1917, fue compositor e intérprete. Logró notoriedad después de haber musicalizado el poema "Romance de mi destino", del poeta Abel Romeo Castillo. Lo mismo hizo posteriormente con los versos escritos por don Ismael Pérez Pazmiño, fundador de el UNIVERSO. Así surgió el pasillo "Juramento".

Vera Santos, que hizo un buen dúo con Carlos Rubira Infante, debió soportar una prolongada y cruel dolencia hasta que expiró el 6 de enero de 1989.

Olimpo Cárdenas

Olimpo y su repertorio.

Fragmento de una composición:   |>Bella Pequeñita

 

 Olimpo Cárdenas, oriundo de Playas de Vinces, fue también un ídolo de la canción internacional. Sus primeras apariciones en público ocurrieron en Guayaquil y los tangos estuvieron en su repertorio. Después cantó pasillos y boleros con gran suceso. Un tanto decepcionado de su suerte, emprendió viaje a Colombia, en donde logró enorme popularidad, tanto que decidió echar raíces en el hermano país.

Antes de su muerte vino de visita para presentarse en ferias de Quito y Ambato. La muerte lo sorprendió en plena actuación

Triunfadores internacionales.

Tito del Salto.

Pepe Jaramillo, Tito del Salto y Kike Vega son cantantes solistas que han ganado popularidad dentro y fuera de los linderos patrios. De Pepe Jaramillo se ha dicho que su voz es superior a la de J.J. y que tiene una singular forma de interpretar pasillos.

"Recordando tu olvido", "Ausencia" y "No retomes" aparecen entre las composiciones más solicitadas al cantante. 

Tito del Salto combina la interpretación de pasillos y rancheras. Su presencia es reclamada en todos los escenarios del país, pero ha actuado con gran éxito en Colombia, Perú, Venezuela y Estados Unidos.

Hermanos Miño-Naranjo

Tres décadas de éxitos.

Fragmento de una composición:   |>Tu y Yo

 

 Después de haber ganado el Festival Iberoamericano de la Canción con el pasillo "Tú y yo", de Francisco Paredes Herrera, los Miño Naranjo fueron aclamados en todo el territorio nacional. En las fiestas sonadas del país es infaltable la presencia de este formidable dúo, que ya ha acumulado más de 30 años de ininterrumpida actividad artística.

Nacidos en Ambato, los Miño provienen de una familia muy vinculada a la música. Su primer éxito lo alcanzaron en el Festival Nacional del Pasillo, realizado en el Coliseo Julio Hidalgo, obteniendo un valioso trofeo. El dúo de los hermanos Miño Naranjo, de cierta forma, llenó el vacío dejado por el inmortal dúo Benítez-Valencia, que desapareció con la muerte del popular "Potolo".

 

Hnas. Mendoza Sangurima

Talento de exportación.

Fragmento de una composición: |> Vaso de lagrimas

 

 A las hermanas Maruja y Amelia Mendoza se las denominó "Las Alondras del Guayas". Habían empezado a cantar por los años 30 y sus grabaciones suman al menos 400. El 15 de enero de 1994 dejó de existir Amelia.

Las hermanas Laura Eulalia y Mercedes Olimpia Mendoza Suasti, merecen igual reconocimiento, junto a Hilda Murillo que goza de caudalosa popularidad y se halla en plena vigencia pese a que también acumula un buen número de años en los escenarios.

Las hermanas Irma y Mary Aráuz estuvieron inmersas, desde pequeñas, en el arte musical y lograron capitalizar gran popularidad. Cantan individualmente temas nacionales, pero también interpretan producciones del cancionero tropical. Su dilatada carrera ha sido recompensada con distinciones de entidades nacionales representativas.

En los tiempos que corren, la cantante Silvana, que también incursionó en el mundo de las telenovelas, aparece en los primeros lugares del ranking de preferencia del público. Logró notoriedad  interpretando canciones románticas, luego insistió en cantar temas nacionales y se animó a realizar un   álbum con melodías ecuatorianas, cuya demanda ha sido apreciable. Silvana es atracción en cualquier escenario que se presenta.

Bien podemos decir, al término de esta nota, que el itinerario musical de estos 75 años que se inició con la presencia de Alberto Valdivieso Alvarado, "Diablo ocioso", se cierra con la simpática Silvana. Es preciso insistir que todos los compositores, cantautores e intérpretes, a su turno, se ganaron el aplauso de todos los públicos del país y de otros lares.

Fuente Publicado el 16 de Septiembre de 1996, Aniversario 75 de Diario el Universo.

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