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Documentos de Bolívar

Mi delirio sobre el Chimborazo: el texto que Bolívar escribió a la sombra del coloso andino

En 1822, entre Pichincha y la campaña del Perú, Bolívar puso por escrito una visión: la subida al Chimborazo y el encuentro con el Tiempo. Es su página literaria más discutida y más citada.

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Pintura de Humboldt y Bonpland al pie del volcán Chimborazo
Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al pie del Chimborazo. Óleo de Friedrich Georg Weitsch (1806). — Friedrich Georg Weitsch — Wikimedia Commons, dominio público

De todos los papeles de Simón Bolívar, ninguno se parece a «Mi delirio sobre el Chimborazo». No es proclama, ni carta, ni discurso: es un poema en prosa, breve y vertiginoso, en el que el Libertador imagina que escala el volcán más alto de los Andes ecuatorianos y conversa con el Tiempo. Escrito según toda probabilidad en 1822, es un documento singular sobre cómo se veía a sí mismo el hombre que acababa de rehacer el mapa de América.

Esta página reproduce el texto casi íntegro según la edición crítica del Archivo del Libertador y resume lo que se sabe —y lo que se discute— sobre su fecha, su lugar y su autenticidad.

El contexto: 1822, el año del Ecuador

El año 1822 fue el de la incorporación del actual Ecuador a la Gran Colombia. El 24 de mayo, Sucre venció en Pichincha y Quito quedó libre; en junio Bolívar entró en la capital; en julio se reunió en Guayaquil con San Martín, en la entrevista que decidió la dirección final de la guerra, y Guayaquil se incorporó a Colombia. En los meses siguientes el Libertador recorrió la sierra y el austro organizando los nuevos departamentos del sur.

En ese itinerario el Chimborazo era presencia obligada: el camino real de Quito a Guayaquil y a Cuenca pasa a la vista del coloso, que entonces se tenía todavía —por las mediciones de La Condamine y de Humboldt— como la montaña más alta de la Tierra. Humboldt había intentado su ascensión en 1802 sin alcanzar la cumbre. Subir «al atalaya del Universo» era, pues, superar a los sabios europeos en su propio terreno y poner la gloria americana por encima de toda medida conocida.

El texto

La copia más antigua conocida está fechada en Loja, el 13 de octubre de 1822. Se reproduce el texto según la edición del Archivo del Libertador, salvo las líneas de cortesía inicial.

Yo venía envuelto con el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguilas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales; ha surcado los ríos y los mares; ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? ¡Sí podré! Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo.

Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.

De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…

«Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano».

Sobrecogido de un terror sagrado, «¿cómo, ¡oh Tiempo! —respondí— no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».

«Observa —me dijo—, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres».

La fantasma desapareció. Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.

Simón Bolívar, «Mi delirio sobre el Chimborazo», 1822. Texto según el Archivo del Libertador, doc. 7032.

Autenticidad y datación: lo que discuten los historiadores

No se conoce el original autógrafo del «Delirio», y esa ausencia ha alimentado un debate ya largo. La edición crítica del Archivo del Libertador lo resume así: la falta del original «ha dado motivo para que algunos historiadores duden de la autenticidad del escrito», pero en el lado opuesto militan «voces muy autorizadas» que lo tienen por obra indiscutible de Bolívar: Vicente Lecuna, Ángel Grisanti, Edoardo Crema, Isaac J. Barrera —el gran historiador ecuatoriano de la literatura— y Pedro Grases. Las copias tempranas, fechadas el 13 de octubre de 1822, y la afinidad del texto con el estilo epistolar bolivariano de esos meses son los principales apoyos de la atribución.

Dentro de la tesis de la autenticidad quedan dos cuestiones abiertas. La primera es el lugar: las copias están fechadas en Loja, lejos del volcán, lo que ha hecho pensar que Bolívar redactó allí el recuerdo de una visión concebida semanas antes al pasar por Riobamba; Mario Briceño Perozo examinó el problema en «La cuna de Mi delirio sobre el Chimborazo» (1968). La segunda es la ascensión misma: Lecuna la consideró puramente literaria —la cumbre solo sería alcanzada en 1880—, mientras Grisanti defendió que hubo al menos una excursión real a las faldas del monte. El texto, publicado por primera vez en 1833 en la colección documental de Yanes y Mendoza, no zanja la cuestión: se declara delirio desde el título.

El Chimborazo como símbolo

El «Delirio» fijó para la posteridad una ecuación que el Ecuador haría suya: el Chimborazo como medida de la grandeza y atalaya desde donde se contempla el destino americano. Cuando la nueva república definió sus emblemas, el volcán ocupó el centro del escudo nacional, y la literatura ecuatoriana, de los románticos en adelante, volvió una y otra vez a la escena del héroe en la cumbre. Junto con el canto de Olmedo a la victoria de Junín, el «Delirio» forma el díptico literario que une a Bolívar con el paisaje y la memoria del Ecuador; el resto de esa historia se recorre en la página de Bolívar y el Ecuador.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo escribió Bolívar Mi delirio sobre el Chimborazo?

La copia más antigua conocida está fechada en Loja el 13 de octubre de 1822, meses después de Pichincha y de la entrevista de Guayaquil, y esa es la datación comúnmente aceptada. Sobre el lugar de composición los estudiosos se dividen entre Riobamba, a la vista del volcán, y Loja; Mario Briceño Perozo dedicó al problema el estudio «La cuna de Mi delirio sobre el Chimborazo».

¿Subió realmente Bolívar al Chimborazo?

Es improbable que alcanzara la cumbre, que solo fue conquistada en 1880 por Edward Whymper. Vicente Lecuna, el gran editor de los papeles de Bolívar, sostuvo que la ascensión es figura literaria, mientras Ángel Grisanti la dio por cierta como excursión a las faldas del monte. El propio texto se presenta como delirio, una visión, no como parte de montañismo.

¿Es auténtico el texto o se trata de una atribución?

No se conoce el original autógrafo, y esa ausencia ha llevado a algunos historiadores a dudar. A favor de la autenticidad se han pronunciado voces mayores de la crítica bolivariana: Vicente Lecuna, Ángel Grisanti, Edoardo Crema, Isaac J. Barrera y Pedro Grases. Las copias tempranas fechadas en 1822 y la coherencia del estilo sostienen la atribución a Bolívar.

¿Cuándo se publicó por primera vez Mi delirio sobre el Chimborazo?

El texto circuló manuscrito y solo se imprimió en 1833, tres años después de la muerte de Bolívar, dentro de la colección documental de Francisco Javier Yanes y Cristóbal Mendoza. Desde entonces figura en todas las grandes ediciones de los escritos del Libertador y se ha traducido a numerosas lenguas.

Fuentes consultadas

  1. Archivo del Libertador, Documento 7032, «Mi delirio sobre el Chimborazo», con nota crítica sobre copias y autenticidad
  2. Internet Archive, Edición del bicentenario, Centro de Estudios Simón Bolívar, Caracas, 2022
  3. Alba Ciudad, Ministerio de la Cultura de Venezuela, «Mi delirio sobre el Chimborazo» de Simón Bolívar cumple 200 años, 2022
  4. Wikipedia, Entrada general sobre el texto