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Las Galápagos en la historia del Ecuador: del descubrimiento a la anexión

Islas de nadie durante tres siglos, refugio de piratas y balleneros, el archipiélago pasó a ser ecuatoriano en 1832. Tres años después, un joven naturalista inglés lo volvería célebre para siempre.

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Tortuga gigante de Galápagos con el cuello extendido
Tortuga gigante de Galápagos en la estación Charles Darwin, isla Santa Cruz (2017). — Victor Gleim — Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

A mil kilómetros de la costa continental, el archipiélago de Galápagos permaneció durante tres siglos al margen de la historia de los imperios: demasiado árido para colonizar, demasiado remoto para gobernar. Fueron islas de nadie, conocidas por los navegantes como las «Encantadas» por la forma en que las corrientes y las neblinas parecían moverlas de sitio. Su incorporación al Ecuador, apenas dos años después de nacida la República, y la visita de un joven naturalista inglés pocos años más tarde, cambiarían para siempre ese destino de olvido.

Esta es la historia del archipiélago como territorio ecuatoriano: cómo se descubrió, quién lo frecuentó cuando no era de nadie, cómo pasó a formar parte del país y cómo terminó convertido en uno de los santuarios naturales más célebres del planeta.

El descubrimiento de 1535

Las islas entraron en el registro escrito el 10 de marzo de 1535, cuando el barco de fray Tomás de Berlanga, obispo de Panamá, fue arrastrado hacia el oeste por las corrientes mientras navegaba rumbo al Perú. Falto de agua, Berlanga desembarcó en unas islas volcánicas y áridas, pobladas de enormes tortugas —los galápagos que darían nombre al conjunto— y de aves tan mansas que se dejaban atrapar con la mano. Su carta al emperador Carlos V es la primera descripción conocida del archipiélago.

Durante los siglos siguientes las islas no tuvieron dueño ni población estable. Aparecieron en los mapas con nombres cambiantes y sirvieron de escondite y despensa a quienes surcaban el Pacífico oriental.

Piratas y balleneros

En los siglos XVII y XVIII, Galápagos fue refugio de bucaneros y corsarios que asaltaban los puertos y galeones españoles de la costa del Pacífico. Las islas les ofrecían fondeaderos discretos, agua en algunas de ellas y una reserva de carne fresca inagotable: las tortugas gigantes, capaces de sobrevivir meses en las bodegas sin comer ni beber, se convirtieron en provisión ideal para las largas travesías.

Más tarde llegaron los balleneros, sobre todo británicos y norteamericanos, que cazaban cachalotes en aguas ecuatoriales. También ellos embarcaron tortugas por millares, hasta el punto de diezmar poblaciones enteras. De aquella época data el célebre «buzón» de Post Office Bay, en la isla Floreana, donde los marineros dejaban cartas para que otros barcos las llevaran a destino. Cuando el Ecuador tomó posesión del archipiélago, esas islas eran ya un cruce conocido de rutas oceánicas, aunque sin bandera que las gobernara.

La anexión de 1832

La incorporación al Ecuador fue obra de la iniciativa de José de Villamil, un militar y empresario que vio en las islas un potencial económico —entre otras cosas, en la orchilla, un liquen del que se extraía tinte— y promovió su colonización. Villamil impulsó la Sociedad Colonizadora del Archipiélago de Galápagos y persuadió al primer presidente de la República, Juan José Flores, de anexar el territorio.

La expedición zarpó de Guayaquil en enero de 1832 al mando del coronel Ignacio Hernández. El 12 de febrero de ese año se izó la bandera y se tomó posesión formal del archipiélago en nombre del Ecuador. La primera isla colonizada, la que los ingleses llamaban Charles, recibió el nombre de Floreana en homenaje al presidente Flores; hacia finales de 1832 vivían en ella cerca de ochenta pobladores. La fecha se conmemora hoy como día oficial de las Islas Galápagos.

Darwin y el Beagle

Apenas tres años después de la anexión, en septiembre de 1835, fondeó en las islas el HMS Beagle, un bergantín de la marina británica dedicado a labores hidrográficas. A bordo viajaba un naturalista de veintiséis años, Charles Darwin. Durante unas cinco semanas recorrió varias de las islas y recogió especímenes de aves, reptiles y plantas.

Lo que más tarde resultaría decisivo no fue un hallazgo aislado, sino una intuición: que especies emparentadas presentaban variaciones de una isla a otra, como si cada una hubiese seguido su propio camino. Esa observación, madurada durante décadas, sería uno de los cimientos de El origen de las especies (1859). Galápagos quedó ligada para siempre a la teoría de la evolución y se transformó, ante los ojos del mundo, en un laboratorio natural único.

Colonización y episodios

La vida en las islas fue dura y a menudo sombría. En el siglo XIX, la hacienda de El Progreso, en la isla San Cristóbal, levantada por el empresario Manuel J. Cobos sobre el cultivo de la caña de azúcar, funcionó con un régimen de trabajo casi carcelario que terminó en un motín y en el asesinato del patrón. Floreana, por su parte, conoció en el siglo XX una serie de episodios extraños —colonos europeos en busca del paraíso, desapariciones nunca aclaradas— que alimentaron una leyenda negra sobre las islas. Entre colonias fracasadas y penales, la ocupación humana del archipiélago avanzó a trompicones.

El santuario natural

El giro definitivo llegó en el siglo XX, cuando el valor científico y natural de Galápagos pesó más que su escaso rendimiento económico. En 1959 el Estado ecuatoriano declaró parque nacional a cerca del 97 % de la superficie terrestre del archipiélago, reservando el resto para los asentamientos ya existentes. En 1973 Galápagos se constituyó en provincia del Ecuador, con lo que las islas alcanzaron plena integración administrativa en el país.

El reconocimiento internacional culminó en 1978, cuando el archipiélago fue inscrito en la primera Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, entre los primeros sitios distinguidos por su valor universal. De islas de nadie a patrimonio de la humanidad: pocas historias resumen mejor el largo camino que va del olvido a la protección, y el papel que el Ecuador acabó desempeñando como custodio de uno de los tesoros naturales del planeta.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se anexó Galápagos al Ecuador?

El 12 de febrero de 1832. Una expedición partida de Guayaquil en enero de ese año, al mando del coronel Ignacio Hernández, tomó posesión formal del archipiélago en nombre de la República del Ecuador, presidida por Juan José Flores. Antes de esa fecha las islas no pertenecían a ningún Estado y eran conocidas por navegantes, piratas y balleneros.

¿Quién descubrió las Islas Galápagos?

Las islas fueron avistadas el 10 de marzo de 1535 por fray Tomás de Berlanga, obispo de Panamá, cuyo barco fue arrastrado hacia el oeste por las corrientes cuando navegaba hacia el Perú. Berlanga describió un paraje árido y poblado de tortugas gigantes y aves poco temerosas del hombre, la primera descripción conocida del archipiélago.

¿Qué papel tuvo Charles Darwin en Galápagos?

El naturalista inglés Charles Darwin visitó las islas en 1835, a bordo del HMS Beagle, y permaneció unas cinco semanas. Las diferencias que observó entre los seres vivos de una isla y otra alimentaron su reflexión sobre el origen de las especies. Su obra hizo de Galápagos un lugar emblemático para la ciencia mundial.

¿Cuándo se creó el Parque Nacional Galápagos?

En 1959, cuando el Estado ecuatoriano declaró parque nacional a cerca del 97 % de la superficie terrestre del archipiélago. En 1978 las islas figuraron en la primera Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y en 1973 Galápagos se había constituido en provincia del Ecuador.

Fuentes consultadas

  1. El Universo, «Hace 189 años Ecuador anexó a las Galápagos como su territorio insular»
  2. LHistoria, «Posesión de las Islas Galápagos (12 de febrero de 1832)»
  3. UNESCO, Centro del Patrimonio Mundial, Galápagos Islands, sitio n.º 1 de la Lista del Patrimonio Mundial, inscrito en 1978