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Documentos de Bolívar

La Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada: el Manifiesto de Cartagena de Bolívar

El 15 de diciembre de 1812, un coronel refugiado en Cartagena explicó por qué había caído la Primera República de Venezuela. Aquel diagnóstico fue el primer gran documento político de Bolívar.

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Retrato de Simón Bolívar pintado por José Gil de Castro
Simón Bolívar, retrato de época por José Gil de Castro (c. 1823). — José Gil de Castro — Wikimedia Commons, dominio público

A fines de 1812, Simón Bolívar era un militar de veintinueve años derrotado y desterrado. La Primera República de Venezuela acababa de derrumbarse; él mismo había perdido la plaza de Puerto Cabello y había firmado su pasaporte al exilio. Refugiado en Cartagena de Indias, al servicio de la Nueva Granada independiente, redactó un opúsculo que fechó el 15 de diciembre de 1812 y que la imprenta de Diego Espinosa publicó en 1813 con un título deliberadamente anónimo: «Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño». La posteridad lo conoce como el Manifiesto de Cartagena, y es el primer gran documento político de Bolívar: el análisis de una catástrofe convertido en programa de acción.

Memoria y Manifiesto: un solo documento

Conviene despejar primero la cuestión del nombre, que suele confundir. «Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño» es el título original del impreso de 1813; «Manifiesto de Cartagena» es la denominación historiográfica posterior, tomada de la ciudad y fecha del texto. El Archivo del Libertador lo cataloga como documento 112 con ambos nombres: la Memoria «conocida comúnmente como el Manifiesto de Cartagena». No existe, pues, un segundo documento: quien busque uno u otro título encontrará las mismas páginas.

La transmisión del texto explica el cuidado de las ediciones críticas. El manuscrito original y los ejemplares del folleto de Espinosa están perdidos; la versión más antigua disponible es la que Cristóbal Mendoza y Francisco Javier Yanes publicaron en 1826 en su Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador, declarando copiarla del impreso cartagenero. Sobre esa base, con las variantes de O’Leary, Blanco y Azpúrua y Lecuna, se establecen los textos modernos.

El contexto: la caída de la Primera República

La Primera República venezolana, proclamada en 1811, se deshizo en pocos meses de 1812. El terremoto del 26 de marzo arrasó precisamente las ciudades patriotas y fue explotado desde los púlpitos como castigo divino; el marino realista Domingo de Monteverde avanzó desde Coro casi sin resistencia; la pérdida de Puerto Cabello —cuya guarnición mandaba Bolívar, traicionado por un oficial que entregó la fortaleza— precipitó la capitulación firmada por Francisco de Miranda en julio. Bolívar salió a Curazao y de allí pasó a Cartagena, donde los patriotas granadinos libraban su propia revolución.

El manifiesto nace de esa derrota y se presenta como su autopsia. Bolívar se dirige a los granadinos como testigo y sobreviviente:

Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria, he venido a seguir aquí los estandartes de la independencia, que tan gloriosamente tremolan en estos Estados.

Simón Bolívar, Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño, Cartagena de Indias, 15 de diciembre de 1812.

Las tesis del documento

El cuerpo del manifiesto enumera, con una franqueza inusual en la literatura patriótica, los errores que a juicio de Bolívar perdieron a Venezuela: la debilidad del «sistema tolerante» con los enemigos internos, cuya impunidad convirtió cada perdón en nueva conspiración; el desprecio por las tropas veteranas en favor de milicias indisciplinadas; la disipación de las rentas y el recurso al papel moneda; y, como error capital, la adopción del federalismo en plena guerra. Su sarcasmo contra el idealismo de los legisladores produjo una de sus frases más citadas:

Los códigos que consultaban nuestros magistrados no eran los que podían enseñarles la ciencia práctica del Gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que, imaginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. Por manera que tuvimos filósofos por Jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados.

Simón Bolívar, Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño, 1812.

Contra la constitución federal de 1811 el argumento es de circunstancia, no de principio: el sistema federal, «bien que sea el más perfecto», es «el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes estados», porque exige virtudes políticas que las sociedades recién salidas del absolutismo no han podido formar. El gobierno debe «identificarse al carácter de las circunstancias»: dulce y protector en la calma, terrible en la calamidad. Y la conclusión general, que Bolívar repetiría el resto de su vida:

Yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas ventajas; seremos indefectiblemente envueltos en los horrores de las disensiones civiles, y conquistados vilipendiosamente por ese puñado de bandidos que infestan nuestras comarcas. […] Nuestra división, y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud.

Simón Bolívar, Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño, 1812.

La parte final convierte el diagnóstico en plan de campaña. Con un razonamiento de proporciones —«Coro es a Caracas, como Caracas es a la América entera»—, Bolívar advierte que la Venezuela reconquistada por España será la puerta de invasión de todo el continente, y reclama a la Nueva Granada la ofensiva inmediata:

El honor de la Nueva Granada exige imperiosamente escarmentar a esos osados invasores, persiguiéndolos hasta sus últimos atrincheramientos. […] Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros; no burléis su confianza; no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido, y libertad a todos.

Simón Bolívar, Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño, Cartagena de Indias, 15 de diciembre de 1812.

Alcance doctrinal: del diagnóstico al programa

El manifiesto obtuvo lo que pedía. El gobierno granadino confió tropas al coronel emigrado, y de aquella confianza nació en 1813 la Campaña Admirable, que devolvió Caracas a los patriotas y dio a Bolívar el título de Libertador. Pero la importancia del documento excede su efecto inmediato: en sus páginas están ya, en germen, las constantes del pensamiento político bolivariano que reaparecerán en la Carta de Jamaica (1815), en el discurso de Angostura (1819) y en el discurso ante el Congreso de Cúcuta de 1821: la desconfianza ante el federalismo importado, la defensa del ejecutivo fuerte, la unidad como condición de la independencia.

Esa doctrina llegó también a los territorios del actual Ecuador. La república centralista organizada en Cúcuta —bajo la cual vivieron Quito, Guayaquil y Cuenca de 1822 a 1830— y aun la primera carta ecuatoriana de 1830 son herederas del constitucionalismo unitario cuyo manifiesto fundacional se escribió en Cartagena; el recorrido completo de esa genealogía puede seguirse en la historia constitucional del Ecuador y en la página general de Bolívar y el Ecuador. Leído a dos siglos de distancia, el texto de 1812 conserva el interés doble de los documentos mayores: es fuente para la historia de una derrota y programa de la victoria que la siguió.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama Manifiesto de Cartagena si su título es otro?

El impreso original, salido en 1813 de la imprenta de Diego Espinosa en Cartagena de Indias, se tituló «Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño». La historiografía lo bautizó después Manifiesto de Cartagena, por la ciudad donde fue escrito y fechado el 15 de diciembre de 1812. Ambos nombres designan exactamente el mismo documento.

¿Qué causas de la caída de Venezuela señala el documento?

Bolívar enumera la debilidad del «sistema tolerante» y la impunidad de las conspiraciones, la sustitución de tropas veteranas por milicias indisciplinadas, la disipación de las rentas y el papel moneda, la adopción del federalismo en plena guerra, el terremoto del 26 de marzo de 1812 con el fanatismo que lo explotó y, sobre todo, la división interna: «Nuestra división, y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud».

¿Se conserva el manuscrito original del Manifiesto de Cartagena?

No. El manuscrito original y los ejemplares de la primera edición de Espinosa se han perdido. El texto que se lee hoy procede de la colección documental publicada en 1826 por Cristóbal Mendoza y Francisco Javier Yanes, quienes declararon copiarlo del folleto cartagenero de 1813; las ediciones críticas modernas anotan las variantes de O'Leary, Blanco y Azpúrua y Lecuna.

¿Qué consecuencias inmediatas tuvo el manifiesto?

Persuadido por el diagnóstico y por la petición final de reconquistar Venezuela, el gobierno de la Nueva Granada dio a Bolívar mando y tropas. De esa confianza nació la Campaña Admirable de 1813, que devolvió Caracas a los patriotas y valió a Bolívar el título de Libertador. El texto inauguró además la línea doctrinal centralista que mantuvo toda su vida.

Fuentes consultadas

  1. Archivo del Libertador, Documento 112, «Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño», texto crítico
  2. Señal Memoria, RTVC (Colombia), «El Manifiesto de Cartagena de 1812»
  3. Dialnet, Universidad de La Rioja, Reproducción del documento en Procesos Históricos, n.º 21, Universidad de los Andes, 2012