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Vinces, el París Chiquito: la ciudad que el cacao vistió a la francesa

A orillas de un río que lleva su nombre, Vinces convirtió la pepa de oro del cacao en balcones de madera, modas parisinas y un palacio municipal de inspiración francesa. Su historia es la del auge y la memoria del gran cacao ecuatoriano.

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Fotografía de 1909 de la Casa Municipal de Vinces
La Casa Municipal de Vinces en 1909, testimonio de la arquitectura del «París Chiquito». — Fotógrafo no identificado (1909), colección Xavier Yela — Wikimedia Commons, dominio público

En plena cuenca del Guayas, rodeada de huertas de cacao, hay una ciudad fluvial a la que todavía se llama París Chiquito. El apodo no es una ocurrencia turística: durante medio siglo, entre finales del XIX y comienzos del XX, Vinces vivió del grano de cacao más cotizado del mundo y gastó su prosperidad en educar a sus hijos en Francia, vestirse a la moda de París y construir en madera tropical una arquitectura de aires europeos.

La historia de Vinces condensa así un capítulo entero de la historia económica del Ecuador: el del boom cacaotero que financió puertos, bancos y revoluciones, y el de los pueblos del interior costeño que lo hicieron posible.

De la hacienda San Javier a San Lorenzo de Vinces

Los orígenes del poblado se remontan al siglo XVIII, cuando la corona impulsaba la colonización agrícola de las tierras bajas del Guayas. Las tierras del actual Vinces formaron la hacienda San Javier, ligada a la Compañía de Jesús; la tradición local atribuye el nombre del lugar a uno de sus administradores jesuitas, cuyo apellido —recogido por las fuentes como Vehinces o Weinza— resultaba tan difícil de pronunciar que los vecinos terminaron por reducirlo a Vinces, bautizando de paso al río.

El poblado antiguo de San Lorenzo fue arrasado por un incendio a mediados de aquel siglo —las crónicas locales lo sitúan entre 1754 y 1764— y sus habitantes se trasladaron al norte, a la ribera del río Vinces, donde levantaron el «nuevo San Lorenzo» o San Lorenzo de Vinces. De aquel núcleo ribereño desciende la ciudad actual, una de las poblaciones más antiguas de la provincia de Los Ríos.

La cantonización de 1845

El nacimiento político del cantón fue hijo directo de la Revolución Marcista. El 14 de junio de 1845, apenas tres meses después del pronunciamiento del 6 de marzo, el gobierno provisorio integrado por José Joaquín de Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa decretó la cantonización de Vinces, desmembrándolo del cantón Baba con las parroquias de Vinces y Palenque. Las gestiones corrieron a cargo de Jesús de la Cadena, y la Convención Nacional reunida en Cuenca ese mismo año confirmó la creación.

El flamante cantón perteneció primero a la provincia del Guayas, heredera del territorio de la antigua Provincia Libre proclamada el 9 de octubre de 1820. En 1860, al crearse la provincia de Los Ríos, Vinces pasó a integrarla, y de su extenso territorio original se desprendieron con los años parroquias que hoy son cantones, como Quevedo, Palenque y Mocache.

La pepa de oro

La segunda mitad del siglo XIX convirtió a la cuenca del Guayas en la primera región cacaotera del planeta, y a Vinces en uno de sus corazones. El cacao fino de aroma —la «pepa de oro»— salía de las haciendas vinceñas río abajo hacia Guayaquil y de allí a los mercados europeos. Las grandes familias hacendadas acumularon fortunas que transformaron la vida del pueblo: enviaron a sus hijos a estudiar a Francia, importaron modas, vinos y mobiliario, y organizaron una vida social que imitaba a la de las capitales europeas.

De ese trasiego nació el apodo de París Chiquito. Los jóvenes que volvían del Sena traían costumbres y estilos arquitectónicos que se tradujeron en casas de madera de dos plantas, balcones corridos, celosías y frontones de inspiración francesa, adaptados al clima y a los materiales del trópico.

El Palacio Municipal, símbolo de una época

Ningún edificio resume mejor aquel esplendor que el antiguo Palacio Municipal, alzado en la esquina de la plaza central. Los archivos municipales registran un primer «palacio» concluido en 1878, decorado con motivos clásicos y tallas de madera, levantado tras el incendio que en 1870 destruyó la vieja casa consistorial. La casona que hoy se conoce comenzó a construirse a inicios de 1903 y fue entregada seis años más tarde: su modelo, cuenta la tradición, vino de Francia, y su financiación fue puro cacao, con un impuesto de cincuenta centavos de sucre por cada saco exportado a Guayaquil.

Por sus salones pasaron bailes de gala y discursos presidenciales —José María Velasco Ibarra pidió allí, una vez más, su balcón—. Declarado patrimonio cultural, el edificio fue restaurado y reinaugurado en 2009 como centro cultural, biblioteca y museo de la memoria vinceña.

Declive y memoria cacaotera

El reinado de la pepa de oro terminó hacia 1920, cuando las plagas de la monilla y la escoba de la bruja, la competencia africana y la caída de los precios tras la Primera Guerra Mundial arruinaron a las haciendas. Vinces perdió su opulencia, pero no su identidad: el mundo montubio de sus campos, el mismo que retrató la literatura costeña de José de la Cuadra, siguió girando en torno al río, al rodeo y al cacao.

Hoy Vinces reivindica esa herencia como patrimonio. El malecón sobre el río, las casas afrancesadas, las haciendas abiertas al agroturismo y el humedal Abras de Mantequilla —sitio Ramsar de 22.500 hectáreas— sostienen una economía que sigue siendo agrícola y una memoria que sigue siendo cacaotera. En el mapa de las ciudades históricas del Ecuador, el París Chiquito ocupa un lugar singular: el de la ciudad que una semilla hizo europea por un instante y montubia para siempre.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene el nombre de Vinces?

De la tradición local sobre el jesuita administrador de la hacienda San Javier, cuyo apellido las fuentes recogen como Vehinces o Weinza. La dificultad para pronunciarlo hizo que los vecinos lo simplificaran en Vinces, nombre que pasó al río y al poblado de San Lorenzo de Vinces, y de allí al cantón actual.

¿Por qué se conoce a Vinces como París Chiquito?

Porque durante el auge cacaotero los grandes hacendados enviaban a sus hijos a estudiar a Francia, y estos regresaban con modas, costumbres y gustos arquitectónicos parisinos. Las casas de madera de estilo francés, los bailes de gala y hasta el modelo del palacio municipal, traído de Francia, dieron a la ciudad su apodo más célebre.

¿Cuándo se cantonizó Vinces?

El 14 de junio de 1845, tras la Revolución Marcista, por decreto del gobierno provisorio integrado por José Joaquín de Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa, gestionado por Jesús de la Cadena. El nuevo cantón se separó de Baba con las parroquias de Vinces y Palenque, perteneció primero al Guayas y desde 1860 a la provincia de Los Ríos.

¿Qué queda hoy de la época dorada del cacao?

El antiguo Palacio Municipal, declarado patrimonio cultural y restaurado como centro cultural en 2009, varias casas de madera de aire francés, las haciendas cacaoteras que hoy reciben visitantes de agroturismo y una identidad montubia que se celebra en rodeos y fiestas. Vinces sigue produciendo cacao fino de aroma, heredero de la pepa de oro.

Fuentes consultadas

  1. GAD Municipal del Cantón Vinces, El Cantón, reseña oficial
  2. GAD Municipal del Cantón Vinces, Historia del Municipio y de la casa municipal
  3. Diario ALDIA, Vinces celebra 180 años de cantonización
  4. El Universo, El orgullo y la historia vinceña reviven en restaurado Municipio