Personajes de la Patria
José Rodríguez Labandera, el inventor guayaquileño del primer submarino de Sudamérica
Un teniente de fragata de familia humilde construyó en Guayaquil, con maderas calafateadas y una hélice de pedales, el primer sumergible que navegó bajo las aguas de América del Sur. El Estado apenas lo miró.
Publicado el
La mañana del 18 de septiembre de 1838, los guayaquileños se agolparon en el malecón para ver algo que nadie había visto en América del Sur: una embarcación que navegaba por debajo del agua. En su interior pedaleaban dos hombres, José Rodríguez Labandera y José Quevedo. El artefacto se llamaba Hipopótamo y su constructor, un teniente de fragata de familia pobre, había pasado años imaginándolo a orillas del Guayas.
Aquella inmersión convirtió a Rodríguez Labandera en el primer hombre que condujo un sumergible en aguas sudamericanas, dos décadas antes que el célebre Ictíneo catalán. La posteridad lo ha llamado el «Edison guayaquileño» por la variedad de sus invenciones: máquinas de imprenta, tejedoras de sombreros, una pierna ortopédica articulada. Pero en vida conoció sobre todo la indiferencia: el Estado no respaldó sus proyectos, su submarino terminó pudriéndose en la orilla de Durán y ni siquiera la fecha de su muerte quedó registrada con certeza.
Su biografía obliga, por eso, a un ejercicio de cuidado: separar lo que documentaron la prensa de 1838 y los historiadores navales de lo que añadió después la tradición oral guayaquileña.
Origen y formación: la Escuela Náutica de Guayaquil
José Raimundo Rodríguez Labandera nació en Guayaquil en 1805 —algunos repertorios amplían el margen hasta 1806—, en el seno de una familia de escasos recursos. Su ciudad era entonces el principal astillero del Pacífico sur: de sus gradas habían salido durante la colonia galeones y fragatas para media América, y en sus riberas trabajaba una población entera de carpinteros de ribera, calafates, herreros y pilotos. Ese ambiente de taller a cielo abierto, donde un muchacho pobre podía aprender mirando cómo se dobla una cuaderna o se funde un herraje, marcó su vocación mecánica antes que cualquier escuela.
En 1823 ingresó a la Escuela Náutica de Guayaquil, fundada por el general Juan Illingworth Hunt y dirigida en sus cátedras por el coronel Domingo Agustín Gómez. Fue uno de sus primeros alumnos y allí estudió matemáticas, física, náutica y mecánica, la única formación científica formal que recibiría. La carrera naval siguió su curso: en 1827 era guardiamarina de la escuadra de la Gran Colombia y en 1830, al licenciarse de esa marina, alcanzó el grado de teniente de fragata.
Ya entonces asombraba a sus vecinos con ingenios menores: hacia sus veinticinco años construyó un piano de cigüeñales y una serie de juguetes mecánicos con figuras de animales capaces de moverse, piezas que anunciaban al inventor sistemático de los años siguientes.
Lima, 1837: el proyecto del sumergible
La idea de una nave capaz de sumergirse y atacar buques enemigos desde abajo la maduró Rodríguez Labandera durante años, observando la ría desde los muelles guayaquileños. Buscó primero un patrocinio fuera del país: el 7 de julio de 1837 presentó al gobierno del Perú el modelo de una embarcación capaz de navegar bajo el agua y destruir naves enemigas. Lima le concedió la autorización para construirla, pero ni un real de financiamiento.
De regreso en Guayaquil, el inventor recurrió al público. Publicó avisos en el periódico El Ecuatoriano del Guayas detallando las ventajas de su invento y reunió por suscripción los fondos necesarios. Es un dato revelador del clima de la época: en plena presidencia de Vicente Rocafuerte, un gobernante empeñado en modernizar la instrucción pública, la empresa técnica más audaz del país se costeó con colectas particulares, sin respaldo del Estado.
El Hipopótamo
Hacia julio de 1838 la nave estuvo lista. Rodríguez Labandera la bautizó Hipopótamo, en alusión al animal que se desplaza sumergido en los ríos —el nombre griego significa, literalmente, «caballo de río»—. El casco era de tablones de madera calafateados e impermeabilizados con brea; la propulsión, una hélice movida a pedales por los tripulantes; y para la orientación y la respiración contaba con un tubo que asomaba a la superficie.
Era, en rigor, un ingenio artesanal construido con los materiales de un astillero fluvial. Precisamente por eso su navegación resulta notable: sin acero, sin motor y sin apoyo oficial, el sumergible guayaquileño se adelantó a experiencias europeas mucho mejor financiadas, como el Ictíneo de Narcís Monturiol, botado en Barcelona en 1859.
La navegación submarina tenía, es cierto, precedentes en otras latitudes: el Turtle del norteamericano David Bushnell había intentado atacar un navío británico en 1776, y Robert Fulton probó su Nautilus en el Sena a comienzos del siglo XIX. Pero todos aquellos ensayos contaron con guerras que los justificaran y gobiernos que los pagaran. El mérito de Rodríguez Labandera es de otro orden: concebir, financiar y tripular su nave en un puerto sudamericano de la década de 1830, sin más industria que la de sus manos ni más mecenas que sus suscriptores de periódico.
18 de septiembre de 1838: la inmersión en el Guayas
El 17 de septiembre de 1838 circularon en Guayaquil las invitaciones para el ensayo. Al día siguiente, ante una multitud reunida junto a la ría y con el gobernador Vicente González entre los testigos, el Hipopótamo se sumergió en la orilla oriental del río, por el sector de la isla Santay, frente a Durán, con Rodríguez Labandera y José Quevedo a bordo. Una bandera nacional, visible en la superficie, señalaba su avance.
La nave recorrió cerca de doce cuadras bajo el agua en dirección al malecón. No llegó por sus propios medios: la corriente y la rotura de la hélice la obligaron a emerger y ser remolcada hasta el muelle. Aun así, la prueba quedó consignada por la prensa local como un éxito sin precedentes, y los historiadores navales —Mariano Sánchez Bravo entre ellos, en Forjadores navales del Ecuador— la registran como la primera navegación submarina de América del Sur.
Conviene precisar la cronología, porque alguna literatura de divulgación sitúa la inmersión en 1837. Esa fecha corresponde en realidad a la presentación del proyecto en Lima; la prensa guayaquileña de la época y la historiografía naval documentan la prueba del Guayas el 18 de septiembre de 1838, y un segundo ensayo hacia diciembre de ese mismo año, en el que la nave volvió a presentar fallas y quedó varada.
El abandono del submarino
Después de los ensayos de 1838, Rodríguez Labandera reparó su nave y algunos cronistas afirman que intentó nuevas pruebas bajo el Guayas. Pero las autoridades mostraron poco interés en impulsar el ingenio y ningún fondo público acudió en su ayuda. El Hipopótamo terminó varado en la orilla de Durán, donde el tiempo, el clima y la corriente lo deshicieron.
El episodio quedó también fuera de los registros internacionales de la navegación submarina durante más de un siglo. Las historias generales del arma submarina saltan de Fulton a Monturiol y de Monturiol a los sumergibles de la Guerra de Secesión sin detenerse en el Guayas, en parte porque la hazaña se documentó en periódicos locales de circulación efímera y en parte porque el propio Ecuador tardó en reclamarla. Ha sido la investigación histórica ecuatoriana —con el Instituto de Historia Marítima y los trabajos de Mariano Sánchez Bravo a la cabeza— la que ha devuelto al inventor guayaquileño su lugar en esa genealogía técnica.
El inventor incansable
El fracaso del submarino no detuvo su taller. En 1831 ya había construido una máquina para la fundición de tipos de imprenta, herramienta valiosa en una ciudad donde la prensa era el principal vehículo político. En 1844 inventó una máquina tejedora de sombreros de paja toquilla, cuando esa manufactura se convertía en uno de los grandes rubros de exportación del país. Y en 1845, a pedido del general Illingworth, fabricó una pierna artificial de madera con articulaciones metálicas para el coronel José María Vallejo, prócer de la independencia mutilado por una herida de bala.
Ese catálogo —imprenta, industria textil, ortopedia— retrata a un mecánico integral, capaz de pasar del armamento naval a la prótesis quirúrgica con las mismas herramientas de carpintero y relojero. Ninguna de esas invenciones le procuró fortuna: en el Ecuador de mediados del siglo XIX no existían patentes efectivas, ni crédito industrial, ni un Estado comprador de tecnología, y los ingenios de Rodríguez Labandera quedaron en piezas únicas, admiradas y sin descendencia fabril.
Fin de vida: lo documentado y la tradición
Sobre los últimos años de Rodríguez Labandera los documentos guardan silencio. Los repertorios biográficos coinciden en que vivió empobrecido, afectado por la indiferencia oficial y el recuerdo de sus proyectos frustrados, pero no se conserva acta ni fecha cierta de su muerte: las versiones que la sitúan en tal o cual década pertenecen a la tradición, no al archivo. Es una ironía amarga que la vida de un hombre cuya hazaña quedó fechada al día —18 de septiembre de 1838— se apague sin dejar rastro documental.
Su memoria, en cambio, ha crecido: la marina ecuatoriana lo cuenta entre sus forjadores, y Guayaquil lo reivindica como pionero continental de la navegación submarina, junto a los otros hijos de la provincia del Guayas que hicieron del puerto un laboratorio de la república surgida del 9 de Octubre de 1820.
Datos esenciales
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Nombre completo | José Raimundo Rodríguez Labandera |
| Nacimiento | Guayaquil, 1805 (algunas fuentes indican 1806) |
| Muerte | Fecha y lugar sin documentar; vivió sus últimos años en Guayaquil |
| Formación | Escuela Náutica de Guayaquil (desde 1823) |
| Grado militar | Teniente de fragata de la marina grancolombiana (1830) |
| Obra mayor | Submarino Hipopótamo, probado en el río Guayas el 18 de septiembre de 1838 |
| Otras invenciones | Máquina de fundición de tipos (1831), tejedora de sombreros de paja toquilla (1844), pierna artificial articulada (1845) |
La figura de Rodríguez Labandera pertenece a la misma generación republicana que gobernó Vicente Rocafuerte: la de los guayaquileños que, apenas cerrado el ciclo de la independencia, quisieron que el nuevo país no solo tuviera constitución, sino también máquinas. El resto de esa galería puede recorrerse en nuestra sección de personajes de la historia del Ecuador.
Preguntas frecuentes
¿Quién fue José Rodríguez Labandera?
Un mecánico, inventor y teniente de fragata nacido en Guayaquil en 1805. Formado en la Escuela Náutica fundada por Juan Illingworth, sirvió en la marina de la Gran Colombia y dedicó su vida a la invención: construyó el submarino Hipopótamo, una máquina de fundición de tipos de imprenta, una tejedora de sombreros de paja toquilla y una pierna artificial articulada.
¿Cuándo navegó el submarino Hipopótamo bajo el río Guayas?
El 18 de septiembre de 1838. Con José Rodríguez Labandera y su ayudante José Quevedo a bordo, el sumergible partió de la orilla oriental de la ría, avanzó unas doce cuadras bajo el agua frente al malecón de Guayaquil y tuvo que ser remolcado al fallar su hélice. Fue la primera navegación submarina documentada en América del Sur.
¿Por qué el Hipopótamo fue el primer submarino de Sudamérica?
Porque ningún otro sumergible había navegado antes en aguas del subcontinente: la prueba del Guayas de 1838 precede en dos décadas al Ictíneo del catalán Narcís Monturiol, botado en 1859. Aunque hubo ensayos anteriores en Europa y Norteamérica, el Hipopótamo dio a Guayaquil un lugar temprano en la historia de la navegación submarina.
¿Qué apoyo recibió Rodríguez Labandera del gobierno?
Prácticamente ninguno. El gobierno peruano autorizó en 1837 la construcción del sumergible, pero sin aportar fondos, y en el Ecuador el inventor tuvo que costear el proyecto con suscripciones anunciadas en la prensa guayaquileña. Tras las pruebas de 1838, las autoridades no financiaron mejoras y el Hipopótamo quedó varado frente a Durán, donde se destruyó.
¿Cuándo murió José Rodríguez Labandera?
No se conoce la fecha exacta de su muerte: los repertorios biográficos ecuatorianos no registran acta ni año seguro, y solo consta que pasó sus últimos años empobrecido y olvidado en Guayaquil. Esa laguna documental contrasta con la precisión con que la prensa de 1838 registró la hazaña del Hipopótamo.
Fuentes consultadas
- Rodolfo Pérez Pimentel, Diccionario Biográfico del Ecuador, Voz «Rodríguez Labandera, José»
- El Telégrafo, «El Hipopótamo», serie Guayaquil Bicentenario
- El Universo, «José Rodríguez Labandera y su submarino, El Hipopótamo», 17 de septiembre de 2011
- El Universo, «Hace 180 años, el primer submarino de Latinoamérica surcó el río Guayas», 18 de septiembre de 2018
- Prisma Tecnológico (Universidad Tecnológica de Panamá), Juan Carlos Muñoz, «José Rodríguez Labandera: inventor, mecánico, militar y científico ecuatoriano», vol. 14, n.º 1
- Mariano Sánchez Bravo, Forjadores navales del Ecuador, Instituto de Historia Marítima, Guayaquil